domingo, 19 de julio de 2015

DATOS POCO CONOCIDOS SOBRE LA CUEVA DE LOS TAYOS Y SU DESCUBRIDOR JUAN MORICZ. EXTRACTO DEL CAPITULO 5 DE AUSTERRIA: LOS TÚNELES DE AGHARTA EN AMÉRICA (JAVIER STAGNARO)

 Aclaración.
Para quienes hayan leído mi libro “Austerria: Los Túneles de Agharta en América”, encontrarán hacia el final del quinto capítulo- en la pág. 68-, donde se hace referencia de Juan Móricz, “el verdadero Indiana Jones”, el siguiente comentario: “Juan Antonio (Milia) y Mónica (Williams Aguirre) se casaron y se fueron a vivir a Ecuador”. “…Don Pedro Romaniuk (su padrino de bodas) quien a instancias de ellos, viajaría a Guayaquil a conocer en persona al mismísimo Juan Móricz y compartir, junto a ellos, encuentros y congresos ufológicos en aquel país y en el vecino Perú”.
En realidad Don Pedro Romaniuk ya había conocido a Juan Móricz en Buenos Aires (Capital Federal) cuando en la década del 60 se reunían en el Instituto de Biopsicosíntesis, fundado por los Prof. Dr. Juan A. Aleandri y César Castillo, ubicado en la calle Juncal 2061, 1er piso ·B” casi calle Junín, dependiente de la Universidad John Fitzgerald Kennedy. Allí, -recuerda la Lic. en Psicología Bettina Allen, quien oficiaba de Secretaria contando con aproximadamente 30 años de edad- participaban entre otros,  el espeleólogo Julio Goyén Aguado y el Ing. Sigurd Von Wurmb. Además-agrega Bettina Allen- que Móricz dio una serie de conferencias en la Universidad Kennedy, luego del descubrimiento de la afamada Cueva de los Tayos en la región de Morona-Santiago en las estribaciones de la Cordillera del Cóndor en Ecuador aproximadamente en 1964. Efectivamente, hay documentación periodística y de boca del propio Goyén Aguado de la presencia de Juan Móricz en Buenos Aires en 1967, realizando entrevistas con miembros de la cúpula militar Argentina cuando se desempeñaba como Presidente de facto el Gral. Juan Carlos Onganía, buscando apoyo para una futura Expedición a las cavidades donde se hallaría oculto el fabuloso Tesoro denunciado por el explorador Húngaro-Argentino.
Javier E. Stagnaro, Buenos Aires, 07/07/2015.



...Cuando Moricz regresó a la Argentina en 1977 con la idea de conseguir apoyo para una
expedición y contactarse con amigos, fue que tuve la oportunidad única de hablar con él. Fue
por intermedio de mi amigo Juan Antonio, quien también había regresado al país. Supe que
Moricz se hospedaba en un pequeño hotel de la Avenida de Mayo al 600, muy próximo a la
oficina del Centro Argentino de Espeleología.
En aquel entonces Juan Moricz, estaba preocupado por su vida, dado el nivel de información al
que había tenido acceso tras el descubrimiento realizado en una de las cuevas o cavernas de
los Tayos, en la región de Morona, Santiago, en el oriente del Ecuador.
He podido cotejar documentos, donde en 1967 se le solicitaba al entonces Presidente de la
Nación Argentina, General Juan Carlos Onganía, el apoyo necesario para la creación de una
entidad socio-cultural que facilite los trabajos de investigación del eminente antropólogo y
permita llevar a buen término una expedición a la zona cordillerana del hermano país de
Ecuador -según una carta redactada por Goyén Aguado-.
En la región de los ríos Morona y Santiago, Juan Moricz ha descubierto una red de túneles y
cavernas que contienen "Objetos valiosos de gran valor cultural e histórico para la humanidad,
que consisten en láminas de metal, que elaboradas por el hombre, contienen la relación
histórica de toda una civilización perdida de la cual el género humano no tiene memoria ni
indicio todavía. Tales objetos se encuentran agrupados dentro de varias y distintas cuevas,
siendo de diversas clases en cada una de ellas". "He realizado -dice Moricz- el descubrimiento
de manera enteramente fortuita en circunstancia en que, en mi calidad de científico,
investigaba aspectos folklóricos, etnológicos y lingüísticos de tribus ecuatorianas. Los objetos
por mí descubiertos tienen las características siguientes, las cuales he podido constatar
personalmente:
- Objetos de piedra y metal en distintos tamaños, formas y colores.
- Láminas de metal grabadas con signos y escritura ideográfica, verdadera biblioteca metálica
que contiene la relación cronológica de la historia de la humanidad, el origen del hombre sobre
la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida".
Este texto, un fragmento de la denuncia notarial realizada por Juan Moricz ante el escribano Dr.
Gustavo Falconi, de Guayaquil, contiene en síntesis, las palabras que él mismo utilizara en la
conversación que mantuvimos, agregando que dada la trascendencia de la información allí
contenida, no podía brindarla parcialmente a través de un medio de comunicación local, sino
que debía realizarlo a escala mundial.
A tal fin necesitaba reunir fondos y apoyo logístico de una nación neutral para la adquisición de
un satélite de comunicaciones para realizar el anuncio de su hallazgo en "vivo y en directo" a
todo el planeta. Para ello estaba considerando la posibilidad de un acuerdo con un país árabe,
o bien contar con el dinero necesario que en algún momento podría obtener de la explotación
de los yacimientos auríferos y de esmeraldas que había descubierto en sus exploraciones.
Moricz, llegó a ser concesionario de casi noventa empresas mineras en El Ecuador, siendo
potencialmente una de las fortunas más importantes del mundo. Por esto y por lo que sabía,
temía por su vida, si dejaba traslucir algún dato de importancia a un medio no adecuado o
fácilmente interceptado y censurado.
Como si fuera parte de un guión de la serie "Los Expedientes X", creada por Chris Carter, la
vida de Juan Moricz está plagada de un sinfín de interrogantes y de detalles que lo convirtieron
en un personaje casi de ficción. De hecho, incluso se han escrito ensayos y novelas inspiradas
en su fantástica vida, de las que más adelante haré mención. Años después de ese reportaje o
entrevista, me enteré por Goyén Aguado que Moricz se había registrado en varios hoteles al
mismo tiempo, en aquel año de 1977, hospedándose en el más modesto de todos, no por falta
de fondos, sino para despistar su ubicación, ya que había sido víctima de intento de secuestro
en varias ocasiones.
El infatigable viajero e investigador Andreas Faber-Kaiser, autor de interesantísimas obras en
las que vuelca sus inquietudes y descubrimientos en busca de lo trascendente, que tuvo el
coraje de adentrarse en la selva del oriente ecuatoriano, y que contactó a Juan Moricz ense había traído del interior de las cuevas? Moricz le contestó: "No pasaría nada. Entonces no
habré sido yo el elegido para dar este mensaje".
Juan Moricz y Andreas Faber- Kaiser
La mañana del domingo 31 de marzo de 1991, en la sección "Notas del Amanecer" redactada
por la periodista Cora Cané, en la contratapa del diario "Clarín" (Clarín Porteño, de Buenos
Aires), daba cuenta de una singular noticia:
"...Las cuevas de los Tayos, punto neurálgico en el conflicto entre Perú y Ecuador, fueron
descubiertas por el húngaro naturalizado argentino y hombre de brillante personalidad, Juan
Moricz. El 21 de julio de 1969 declaró, en escritura pública... (lo que ya se ha relatado
anteriormente)". "Según él, estuvieron habitadas por el pueblo de los Belas, hace 250.000
años. Los Tayos son aves nocturnas, del tamaño del halcón, que viven en esas cuevas y
habrían sido sagradas para remotas religiones... Con su muerte, Juan Moricz se llevó los
secretos de los mundos subterráneos que él afirmaba haber descubierto. Los Andes guardan,
en toda su extensión, cuevas sin fin".
Repentinamente y casi de forma velada, se daba cuenta de la muerte de tan notorio personaje,
Faber-Kaiser quien también moriría en extrañas circunstancias, había agregado algunos datos
respecto de su desaparición diciendo que: "Janos Moricz murió a consecuencia de un infarto de
miocardio el 27 de febrero de 1991 en la habitación de un hotel en Guayaquil". Nada más.
Intentos posteriores de Goyén Aguado y de otras personas que lo conocieron y lo trataron, no
pudieron saber muchos más detalles de lo ocurrido, planteándose dudas e interrogantes sobre
la verdad de dicha información, o el real motivo del deceso de Juan Moricz.
Pero volvamos unos cuantos años más atrás y veamos cuales fueron los pormenores de su
azarosa vida, entre el mito y la realidad que hicieron de Moricz, alguien digno de ser
contemplado en su verdadera dimensión.
Revistas y periódicos de diversos países trataron la personalidad de éste investigador en 1969:
"Gracias a la escritura y al idioma he podido comprobar que los súmeros, y muy posteriormente
los hunos y los magyares, tienen un origen en América y que realizaban frecuentes viajes entre
este continente y Asia valiéndose de las corrientes ecuatoriales del Pacífico" -decía Moricz en
un reportaje al Diario La Nación-. Sonriendo, con voz muy baja y un tono de disculpa, Juan
Moricz desgrana su explosiva teoría, agregando que, según él, la cuna de la civilización está en
las más altas cumbres de Ecuador. Es así como no somos un nuevo mundo, sino el más viejo
de todos. Y para apoyar sus palabras saca un pequeño sello de su bolsillo, explicando que se
trata de una pieza precolombina, que sin embargo ostenta una escritura idéntica al antiguo
magyar. Hace ver textos y antiguos documentos, pero a pesar de las demostraciones y del tono
serio y desapasionado, en el rostro de alguno de los que escuchan se dibuja la incredulidad,
que Moricz aplasta con un desafío:
-"Ese idioma, el antiguo magyar, todavía lo hablan los indios Cayapas en la selva occidental del
Ecuador, dentro del territorio delimitado por los Ríos Santiago, Cayapas y Onzole. Además de
las tribus que habitan las estribaciones de la Cordillera Oriental y el Amazonas, existen
pequeños grupos que aún mantienen esa lengua ancestral y sus milenarias tradiciones. Yo he
estado con ellos, y pude conversar en magyar, sin necesidad de intérprete".
Los invito a que me acompañen: Moricz, nacido en Hungría, pero naturalizado argentino,
"ahora se siente americano por partida doble".
Sonriendo casi irónicamente lanza la piedra de su teoría a los oyentes, y luego se divierte
viendo cómo los agitan ondas de sorpresa. Luego retrocede. "Yo prefiero exponer los hechos, y
no elaborar teorías. Sólo soy un investigador".
En apoyo de su teoría revolucionaria, Moricz desparrama sobre la mesa cientos de carillas
cuidadosamente escritas a máquina: "Aquí hay 10.000 topónimos del antiguo reino de Quito,
todos ellos similares a nombres geográficos y apellidos existentes hoy en la cuenca de los
Cárpatos".
El rostro de Moricz se endurece y toma cariz enigmático mientras juega con un collar de
torteros o cuentas precolombinas.
Lo curioso es que el hecho de que los magyares provenían de América fue conocido siempre
por España y los Hasburgos. De allí la germanización de Hungría y la imposición del quechua
en América, para anular el "chimú", o magyar, el idioma secreto de los Incas, de la que sólo se
salvaron los pueblos de la selva.
Moricz realizó su estudio comparativo de las lenguas precolombinas del Reino de Quito y del
norte del Perú, el cañari-puruba y purucha-mochica, con el magyar de 1965, basándose en un
trabajo de J. Jijón y Caamaño. De allí surge que en la cuenca de los Cárpatos se repiten casi
todos los nombres del antiguo Reino de Quito: Ur, Urko, Maras, y miles de otros. La relación
entre los pueblos del reino de Quito y los pueblos de Asia era frecuente. De acuerdo con las
corrientes del Océano Pacífico, el puerto de salida para los viajes era Tumbes y sus regiones
aledañas. El regreso tenía lugar en la bahía de Caráquez, adonde nos trae otra extensa
corriente. Esto lo podrán comprobar mis amigos que salieron recientemente en balsas desde
Guayaquil (conviene aclarar aquí, dado que la nota no lo dice, que se refiere al famoso
navegante español Vital Alsar -ver “bibliografía”) quien realizara varias travesías transoceánicas.
La primera de ellas en 1966, que concluyó al borde de la tragedia, fue a bordo de “La
Pacífica”, donde contó con la participación del experimentado marino francés Marc Modenna.
En 1970, a los 33 años de edad, realizó la segunda expedición con “La Balsa”, donde fue
acompañado por el canadiense Norman Tetrault (23), el chileno Gabriel Salas (23) y
nuevamente, el francés Marc Modenna (44) cuyo destino final era Australia, llegando triunfalmente
a Sydney en el mes de noviembre de ese año, hazaña que repetiría en 1973. En 1976
se propuso realizar otra, junto a un grupo de veinte compañeros, con la idea de seguir la ruta
de Orellana. Saliendo de Guayaquil, remontar a Quito y bajar por el Río Coca, hasta el
Amazonas, para una vez alcanzada su desembocadura en el Atlántico, atravesarlo, hasta llegar
a la ciudad de Santander en España.
Muchos años después (12 de julio de 1984) lo haría el argentino Alfredo Barragán y la
tripulación, con una edad promedio de 36 años, completada por Jorge Iriberri, Horacio
Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta, impulsó su balsa "Atlantis" por el Océano
Atlántico desde las Islas Canarias hasta el puerto de La Guaira en Colombia. Ambos (Alsar y
Barragán) contaron con la ayuda de Moricz para realizar los trámites y conseguir la madera
balsa en Ecuador, según me relataran, el espeleólogo Julio Goyén Aguado y el arquitecto
Carlos María Zavalla.
Habiéndose cumplido el 25º Aniversario de la Expedición Atlantis, será creado en la ciudad de
Dolores (Pcia. de Buenos Aires), el Museo de la Aventura, donde podrá ser apreciada la balsa
y los elementos de dicha expedición.
Y agrega Moricz -volviendo a la nota de La Nación-: "Quito se llamó antiguamente Kitus, que se
descompone en Kit (dos) y Us (progenitores), en magyar, hoy su nombre es Ketos, que tiene la
misma significación.
Era éste el antiguo reino de Gog y Magog, tan buscado desde hace siglos por los
investigadores".
"Voy a ser muy combatido, lo sé, porque con estos descubrimientos muchas teorías quedan sin
valor, pero la ascendencia quiteña de los antiguos magyares surge hasta en su indumentaria
folklórica y sus costumbres. Por ejemplo, cuando en Hungría se entierra a un héroe, siempre se
dice "va a reposar en la Constelación de la Osa Mayor", y precisamente en los valles Quinche y
Cochasqui existen grupos de monumentos funerarios que son fieles reproducciones de la Osa
Mayor".
Prudente, Juan Moricz prefiere esperar un tiempo antes de publicar su libro, y ha decidido
volver a Ecuador, donde reanudará sus investigaciones arqueológicas, preferentemente en
cierta cueva oculta en la selva y protegida por una tribu guerrera que, atendiendo a sus
palabras, oculta una verdadera biblioteca compuesta de láminas de oro que revelará algún día
al hombre americano su condición de "padre de las razas".
Y las noticias no se hicieron esperar, el 17 de octubre de 1969, el diario Clarín, en una nota de
la señora Cora Cané -que casi podríamos denominar su biógrafa- daba cuenta de "La
Expedición Moricz 1969": "Triunfo sensacional de un argentino".
Titulares más cargados de entusiasmo que de sensacionalismo pregonaban: "América abre sus
puertas a un mundo subterráneo".
"La América misteriosa, guardadora del paisaje agresivo, de la superstición y del encantamiento;
la América de las razas bravías que con su perfil de cordillera mira de frente al cielo;
esta América descubierta, explorada, discutida, revela hoy -a la historia y al futuro- un nuevo
secreto oculto durante milenios en lo más profundo de las entrañas. Un mundo subterráneo,
que ya mencionara la mitología egipcia y griega, donde aún quedan vestigios de la creación del
hombre y de su paso por un tiempo que hasta hoy permaneció inexplorado".
Sensacional descubrimiento (los túneles andinos)
"El doctor Juan Moricz, investigador y explorador argentino de brillante trayectoria, acaba de
regresar de Guayaquil luego de presidir una de las más sensacionales expediciones "de los
últimos siglos". La Moricz 1969, que lo llevó al corazón del oriente ecuatoriano, en plena selva,
donde tiene su dominio la temida tribu de los jíbaros (Shuaras). Recorrió la zona, donde la
vegetación alcanza un desarrollo fascinante, hasta llegar a la Cueva de los Tayos (nombre éste
de un ave nocturna), cuyas profundidades varían entre uno y tres kilómetros. Descendieron
hasta los 80 metros hallando en el fondo una avenida de 60 metros de ancho aproximadamente
por unos 500 de longitud y 120 de altitud con respecto al "cielo raso" o montañas de la
superficie. Moricz estimó en unos 500 milenios su antigüedad, afirmando que "existen otros
pasadizos y corredores simétricos que van hacia otras avenidas de las cuales unos están más
abajo y otros más arriba de la avenida central; todos, trabajados con piedra laja natural,
acondicionada por el hombre. No hay dudas que constituyeron refugios humanos que ya
mencionó la mitología, pero perdida a través del tiempo y de la historia".
Este revolucionario descubrimiento cubre la primera parte de la expedición cuya próxima etapa
llevará a Moricz y a su grupo a verificar la existencia de los "Taltosok Barlangia": Taltos es
nombre genérico de seres superiores conocidos en tiempos remotos y Barlangia significa
"cuevas", en idioma magyar (en el año 1994, la novelista de ascendencia escocesa Anne
O´Brien Rice -Anne Rice- famosa por su "Entrevista con un vampiro", luego llevada como guión
del film homónimo, interpretado por los actores Brad Pitt y Tom Cruise, completa la saga de "La
hora embrujada" y "Lasher", con "El último de los Taltos" -los sobrevivientes de la raza míticapersonajes
que la autora define de la siguiente manera: "Taltos, familia de seres brillantes,
únicos y/o perturbados que desde hace siglos usan tanto la ciencia como la magia para
alcanzar la grandeza y poder sobrevivir).
Es interesante recordar que Moricz emparenta a los "Tayos", etimológicamente con los
"Taltos", en cuanto -como veremos más adelante- que ambos hacen referencia o están
conectados con la idea de "Seres Superiores".
Sostiene Moricz que razas no registradas en la historia de la humanidad y que vivieron en las
profundidades del suelo americano en la noche de los tiempos, han dejado su rastro en estas
cuevas que la cordillera oculta en lo más profundo de sus entrañas.
En la próxima expedición, deberán sortear toda suerte de peligros y riesgos, proponiéndose
descender a varios cientos de metros de profundidad. Durante semanas habrán de vivir en el
más absoluto silencio y oscuridad -sin otra luz que la de las linternas- desentrañando paso a
paso la red de laberintos que enlazan avenidas, pasillos y grandes estancias donde alguna vez
hombres de razas superiores, ya extinguidas, dieron forma a una cultura y a un sistema de
vida desconocidos. De lo que puedan descubrir surgirán elementos decisivos para aclarar
algunos de los misterios que encierra el origen de la vida humana en América.
El verdadero Indiana Jones
"La expedición que preside el argentino Juan Moricz está integrada por un numeroso grupo de
expertos, quienes cumplieron un complicado itinerario para llegar a destino: salieron desde
Guayaquil a Cuenca en automóvil y camión, desde Limón, a lomo de mula hasta El Pescado,
Tres Copales, La Esperanza y la Unión; continuó en canoa hasta la Puntilla, en el río Santiago
y su enlace con el Río Coangos; siguieron a pie hasta la jibaría de Jukma, dominio del "brujo de
la jibaría del Coangos" y continuaron hasta el lugar donde se radicó el campamento, en la
jibaría perteneciente a Guajaro.
Una sola mujer la integra: Lilian Icaza, guayaquileña, que residió en Buenos Aires durante más
de 20 años, regresando hace poco más de un año a su país. Con el coraje y la inteligencia
propios de la mujer americana, acompañó al grupo compartiendo con los hombres los
innumerables peligros que en todo momento amenazaron la vida de los expedicionarios. La
culminación de los trabajos realizados tuvo un carácter profundamente emotivo que nos llega
muy de cerca de los Argentinos: el 10 de agosto pasado (1969) fecha patria del Ecuador, los
expedicionarios celebraron en plena selva el acontecimiento, acompañados por un grupo de
jíbaros. Allí, en el misterioso mundo que todavía habla el lenguaje virgen de América, Moricz
izó la bandera de Ecuador y la de la Argentina".
Así concluía la nota de Cora Cané, esperando el próximo capítulo de una aventura, que inspiraría
con éxitos multimillonarios a varios autores, guionistas, productores y directores de
novelas y películas. Se ha asegurado que el personaje del profesor y arqueólogo "Indiana
Jones", interpretado por el actor estadounidense Harrison Ford, en el film de Steven Spielberg
"Los Cazadores del Arca Perdida": (”Raiders of Lost Ark”), (basada en un argumento de George
Lucas (director y guionista de “Star Wars” -La Guerra de las Galaxias- y Philip Kaufman,
novelada posteriormente por Campbell Black, en una adaptación de un guión de Lawrence
Kasdan), se había inspirado en la figura del eminente doctor Vendyll Jones, quien hace algunos
años estaba realizando excavaciones en "Las Cuevas de la Columna y las Especias", en la
polémica región de Qumran, dónde se hallaron en 1948 los famosos "Rollos del Mar Muerto",
en la cual esperaba encontrar indicios de la tan mentada "Arca de la Alianza". Sin embargo se
dijo lo mismo de otro aventurero, el explorador Gene Savoy, que realizó expediciones en el
Perú descubriendo decenas de nuevas ciudades y necrópolis incas y pre-incas, constituyendo
uno de sus mayores logros la ubicación de la verdadera y mítica ciudad de Vilcabamba, la
misma que buscaba Hiram Bingham cuando en 1911 partió con el patrocinio del Departamento
de Arqueología de la Universidad de Yale, en EE UU, y no muy lejos de Cuzco; el día 24 de
julio, después de una complicada escalada, llegó a Vilcabamba, situada en un angosto cerro
bajo el pico conocido como Machu Pichu, sin saber aún que ese era el lugar que buscaba.
Bingham recién publicaría en 1930 "Machupichu", la obra que daba cuenta del descubrimiento
que lo haría famoso mundialmente, como uno de los arqueólogos más importantes de la
historia moderna. Gene Savoy por su lado, llevaría las cosas por terrenos más polémicos, ya
que su tendencia mística lo emparentaba con quizá "El Explorador" por antonomasia, el célebre
coronel británico Percy Harrison Fawcett, quien creía en la existencia de una mítica ciudad que
denominó crípticamente como "Z", y que consideraba una colonia de la "Atlántida", o, como
pensaba Savoy, de los restos de la perdida "Lemuria" o continente de "Mu".
Es decir modelos no faltan para inspirar el personaje de "Indiana Jones", pero aquellos que
hayan visto el film "Los Cazadores del Arca Perdida" (o "En Busca del Arca Perdida") o leído la
novela (Ed. Planeta-1981), recordarán que el primer capítulo se desarrolla en "Sudamérica, año
1936", donde el Dr. Jones en compañía de dos peruanos apellidados "Barranca y Satipo" y
cinco indios quechuas, se adentraban en la selva Amazónica en busca del templo de los
guerreros "Chachapoyan", donde el Dr. Jones esperaba encontrar un valioso ídolo de oro.
He aquí un dato curioso, ya que la ficción del relato, nos conecta con un verdadero misterio
arqueológico y antropológico, "El enigma de los Chachapoyas y la ciudad de Kuélap", o bien
"Los indios blancos". Antonio Cerdán titula así una nota para la revista española "Mas allá de la
ciencia", en la cual podemos leer:
El aventurero “Indiana Jones”, interpretado por Harrison Ford.


"Un aura de misterio sigue rodeando a esta cultura desconocida que pobló las tierras del
sudeste de los Bracamores, en la margen derecha del río Marañon. Su centro fue el valle de
Uctubamba, término que significa "territorio de agujeros o cuevas". Sus vestigios-templos,
palacios y fortalezas siguen en pié resistiendo el clima y la maraña de vegetación que los
cubre. Un ecosistema tan abrupto que alguno de sus enclaves, como Chipurik, son casi inaccesibles,
aunque no tanto como para ocultar unas extrañas botijas de barro con forma humana
que no son más que nichos en los cuales descansaban los restos mortales de los jefes".
Pues bien, Cerdán nos cuenta que estos utilizaron nada menos que 25 millones de metros
cúbicos de bloques de granito rosado para construir su centro cultural y religioso, la ciudad de
Kuélap, pero que el enigma de los Chachapoyas residía en su origen étnico. Según el profesor
Kaufmann Doig, de Perú, su nombre puede derivar de la cultura Aymará selvática de los
Sachapcollas, sin embargo el problema surge en que los Aymará son de raza mongoloide,
mientras que los Chachapoyas son de piel blanca. Algunos antropólogos han emparentado a
los Chachapoyas con migraciones traspacíficas de Australoides procedentes de Oceanía, como
en el caso de Paul Rivet, solutrenses ibéricos que lo hicieron en balsas hace 18.000 años o
vikingos, como afirmaba el investigador radicado en la Argentina Jacques de Mahieu. Es decir
de alguna manera, la relación de estos aborígenes con los pueblos europeos y asiáticos,
podría aproximarse a las teorías de Juan Moricz.
Pero volviendo a las aventuras de "Indiana Jones" en las selvas de Sudamérica, una vez
descubierto el Templo de los "Chachapoyan" al cual ingresa en compañía del codicioso
peruano Barranca, son sorprendidos en su trayecto, dentro de las oscuras galerías, por
mortales guardianes que silenciosamente reptan por sus espaldas: enormes y negras
tarántulas, arañas del tamaño de un plato de postre.
Es evidente que el personaje del Dr. Jones está inspirado no sólo en el explorador Juan Moricz,
sino en los relatos que tanto él como Goyén Aguado, hicieron a la prensa, precisamente en el
detalle de la descripción de las arañas gigantescas que se refugian junto a otros tantos
animales salvajes en la oscuridad de la caverna de Los Tayos, viviendo en una temperatura
constante de 20 grados y respirando aire puro.
En una de las entradas o galerías laterales -recuerda Goyén Aguado, en una charla que
mantuvimos en el CAE, estando presente el fotógrafo Miguel Doura- se hallaron frente a una
boca de acceso en forma de ranura sobre un alerón o saliente, algo así como un portal, el cual
se hallaba plagado de arañas de todos los tamaños imaginables.
En un intento por hallar otra forma de ingresar a dicha cavidad, Goyén Aguado, encontró a
nivel del suelo, una boca que dejaba pasar ajustadamente el cuerpo, teniendo que arrastrarse
por varios metros. Moricz llevaba la delantera, y en su camino iban espantando con las manos
gran cantidad de ejemplares de enormes arañas, que tal vez atontadas por la luz de las
linternas, no llegaron a atacarlos o provocarles algún daño. Los metros de aquel corredor, que
podían contarse en una veintena, parecían interminables por la impresión causada por la
presencia de los arácnidos y el sentimiento de opresión en sus cuerpos. Finalmente llegaron a
una sala de gran capacidad, donde Julio Goyén Aguado pudo observar, igual que Moricz, que
de algún lugar se filtraba luz solar.
Asomándose Goyén Aguado por la abertura donde se filtraba la luz, pudo ver que daba al
exterior de la caverna y que algunos metros mas abajo, corría el Río Yaupi, lo cual le indujo a
concluir que de haber sabido podrían haber ingresado por allí, y haberse ahorrado tantas
penurias. Una vez dentro de aquella sala, pudieron observar algunos agujeros o simas
circulares en el piso de la misma, a los cuales los aborígenes Shuaras o Jíbaros, les tenían
gran respeto o temor, no queriendo acercarse a los mismos por nada del mundo
Archivo Javier Stagnaro
.
Goyén Aguado, picado por la curiosidad, se acercó para observar en su interior y ver la
posibilidad de ingresar a uno de ellos; aún sin pisar aparentemente nada, ni haber tocado en
ningún lado algo, de pronto desde la parte superior de la cavidad, cayeron dos gruesas cañas
tacuara con sus extremos cortados en punta de lanza. Una que cambió su ángulo de caída,
golpeó transversalmente la espalda de Goyén Aguado, sin provocarle heridas de importancia -
por suerte-, la otra en cambio se clavó al lado de uno de los pies de Juan Moricz, como clara
advertencia que estaban pisando un lugar prohibido.
Antes de regresar, con asombro Moricz y Goyén Aguado, tuvieron que dar paso a una
caravana de gigantescas arañas, que se dirigían hacia el interior de la caverna, como si de una
columna de soldados en marcha hacia un objetivo desconocido se tratara, siendo tal vez parte
de un sistema de protección natural de aquellos tesoros, que se ocultan bajo la tierra.
Escena ésta que se repite en la segunda película de "Indiana Jones y el Templo de la
Perdición", o bien en el capítulo 6 de la novela homónima, donde ingresando al "Templo de la
Muerte", atraviesan un pasadizo oculto, detrás de las paredes de la habitación del palacio, el
cual está infestado de insectos de toda clase, propio de las cavernas o regiones húmedas,
como en la zona donde se desarrolla la acción.
Es decir, que tratándose de un explorador contemporáneo, Juan Moricz bien pudo ser el
modelo a elegir, teniendo en cuenta además otros pormenores que veremos más adelante y
que casualmente, son elementos vitales en el guión de las hasta ahora, cuatro películas de
"Indiana Jones".
Sin duda, la personalidad del Señor Juan Moricz plantea muchos interrogantes ya que los datos
que se poseen son escasos o deliberadamente insertos dentro de especulativas teorías sobre
su origen; datos que él mismo ha brindado a la prensa, o entre sus amistades y conocidos.
Así entre la comunidad húngara residente en Argentina, pocos o casi ninguno daba crédito a
los dichos de Moricz, siendo considerado poco menos que un estafador, término que era
asociado libremente por su condición de aventurero, apodo que relegaba de plano cualquiera
de las disciplinas, ciencias o estudios que éste hubiera cursado. Es decir, que se ponía en tela
de juicio su calidad de científico o su titularidad en cualquiera de los campos de la ciencia, en
los que Moricz se decía versado.
En un reportaje cedido al periodista Alberto Borges en la revista "Vistazo" número 231, de
Guayaquil, Ecuador, en agosto de 1976, se dice que Juan Moricz: "...inicia su búsqueda del
mundo perdido en 1950, registrando (cavernas de) los Tayos, en Argentina, Bolivia y Perú, y
finalmente, los detecta en las estribaciones de la Sierra del Cóndor, en Ecuador".
Goyén Aguado por su parte aseguraba que lo había conocido en Buenos Aires en 1958,
cuando trabajaba de Despachante de Aduana en el estudio del Doctor Mujica; para ese
entonces, dado que Moricz había nacido el 20 de febrero de 1923, éste contaba con 36 años
de edad, y Julio Goyén Aguado, nacido en 1941, con apenas 17 años de edad.
Para 1964, Moricz ya se encuentra residiendo en Ecuador, es posible que como él aseguraba,
el azar lo ubicara en el curso del Río Coangos, el cual lo condujo a lo profundo del Amazonas,
encontrando allí a la primitiva tribu de los Shuaras, en 1965 o tal vez anteriormente. Nada
puede asegurarse. Lo cierto es que, según su relato, ha contactado con el cacique Nayambí y
el brujo Juckma, quienes le indicaron la existencia de las cuevas donde moraría el ave que
figuraba en el escudo familiar de Moricz, el Talto o Tayo, que tanto había buscado. Los
Shuaras o Jíbaros, habían agregado a Moricz el siguiente comentario: "...que ya era tiempo de
que un hombre blanco conociera la realidad del mundo subterráneo".
Conmocionado por esta singular confesión, Moricz regresó en 1966 a Argentina en busca de
apoyo, poniéndose en contacto con el capitán de navío Enrique Green Urien, con el coronel
Carlos María Zavalla, profesor de la Universidad Argentina de Ciencias Sociales y finalmente
con Julio Goyén Aguado, que aún no había fundado el CAE, como dice la nota de Rogelio Fojo,
de quien he tomado estos párrafos.
Antes de continuar cronológicamente con las actividades de Moricz, repararemos en otro dato
que el periodista Alberto Borges ha revelado en su reportaje, el cual dice textualmente:
"Juan Moricz (54) nacido en Hungría, ciudadano argentino... es sin duda alguna un hombre
fuera de serie. Se cree que durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de un misterioso
grupo germano-húngaro dedicado a descifrar fenómenos paranormales. Luego aparece en
Argentina como espeleólogo y explora infinidad de cavernas desde Jujuy hasta Tierra del
Fuego, mas tarde se lo ve en Bolivia y Perú realizando estudios de Geología".


Quien desee adquirir el libro de Javier Stagnaro puede solicitarlo al siguiente correo: jatostagnaro@gmail.com

jueves, 2 de julio de 2015

MENSAJES DEL PASADO por ERICH VON DANIKEN

 Compartimos un artículo del célebre escritor Erich Von Daniken, publicado originalmente en la revista española Más Allá de la ciencia (n° 25, Marzo de 1991).

¿Puede haber vida inteligente en una tumba megalítica? Esta es la pregunta que se hace Erich Von Dániken en el presente reportaje. En él nos descubre la existencia de la isla de Gavrinis, envuelta en un misterio apasionante capaz de desafiar a todas las leyes, incluso las matemáticas.

 En el golfo de Morbihan, en la Bretaña francesa, cerca de Carnac y sus milenarios menhires, hay dos pequeñas islas: Gavrinis y Erlannic. En la segunda, Erlannic, hay un círculo de piedra idéntico a un óvalo negro de 58 x 49 metros de diámetro sobre el que se asientan 49 megalitos. Sólo la mitad de ellos está sobre el nivel del mar, pues el resto descansa bajo las aguas. Allí, a nueve metros de profundidad, duerme un segundo cinturón de piedra de 65 metros de longitud. La isla vecina, Gavrinis, sobrenada como un compacto bloque pétreo de 750 metros de largo y 400 de ancho rodeado de árboles y hierba. El punto más alto de la isla es una pequeña colina semejante a una tumba que podría haber pertenecido a la madre de la Nueva Irlanda, pero aún más grotesca, más abstracta y con una estructura tan matemática que podría dejarnos sin habla. Los arrogantes bretones siempre han sabido que la colina estaba sabiamente colocada y que bajo sus pliegues rocosos se escondía la llave que movía el incomprensible «tiempo megalítico». El corredor fue descubierto en 1832 -la «tumba» estaba aún vacía— restaurándose entre 1979 y 1984 por un equipo arqueológico dirigido por el Dr. Charles-Tanguy Le Roux. Gavrinis es una isla dramática, como un fantasma surgido de un mundo utópico, oscura, caótica y a pesar de todo lógica, pues esconde la respuesta matemática a casi todos los interrogantes.
Isla de Gavrinis
 Me atrevo a preguntar a la ciencia actual: ¿puede haber vida inteligente en una tumba megalítica? No sé si encontraré respuesta. La dejo en el aire. Numerosas piedras de diferentes tamaños se rematan con dos docenas de megalitos ciclópeos para configurar la auténtica tumba megalítica. En Gavrinis, el suelo y la construcción de los bloques está pensado para la eternidad. Resulta totalmente imposible  transportar 250 toneladas de piedra compacta y situarla en la posición circular de los menhires. Gavrinis existía cuando ni siquiera había aparecido a  consecuencia del último tiempo glaciar el mar que ahora la rodea. La galería, flanqueada y decorada por monolitos, mide 13,10 metros. La «cámara mortuoria» tiene 2,60 metros de largo, 2,50 de ancho y 1,80 de alto. Esta cámara está rodeada de 6 gruesas columnas sobre las que descansa un gigantesco techo pétreo de 3,70 x 2,50 metros. Consta también de innumerables espirales y círculos que se entrecruzan y superponen unos sobre otros como gruesos dedos macizos.
Vista exterior del dolmen reconstruido
Un mundo misterioso y subterráneo arroja sombras caprichosas sobre la isla y esconde a la vez un gran enigma matemático, eterno y legítimo para todas las generaciones capaces de desafiar las leyes científicas. Gwenc'hlan Le Scouézec, genio matemático bretón, afirma que la milenaria composición pétrea puede descifrarse fácilmente en la actualidad. La cuenta comienza como todas, por el número uno. La sexta piedra es más pequeña y está más elevada que las otras, dejando al descubierto las huellas de la primera «señal» monolítica. Poco a poco va formándose el círculo, perfecto, matemáticamente ordenado y compacto. La sexta piedra es también la única que sólo tiene una señal; todas las demás muestran más de una marca en su estructura. ¿Representa acaso la sexta piedra el número 6? ¿Era quizá una señal necesaria para efectuar operaciones de cálculo?


NÚMEROS DE LA EDAD DE PIEDRA

El bloque pétreo número 21 de la galería presenta en su parte inferior una señal. A continuación, pueden encontrarse 18 marcas similares perpendiculares que muestran el mismo grabado, una muestra que va de arriba a abajo, verticalmente. Las cifras suman también 18 ó 3 veces 6. La multiplicación de 3 x 4 veces 5 x 6 suma 360 ó 60 veces 6. El resultado es, pues, el reflejo de un enorme círculo cerrado.
La piedra número 21, con el conjunto de las 18 restantes, con forma de tres esquinas
Los números 3, 4, 5 y 6, escritos uno tras otro, forman la cifra decimal 3456. Esta cifra está presente en el monolito número 21. Dividiendo 3456 entre 21 obtenemos el número 164,57. Este número indica la extensión del círculo, que tiene un diámetro de 52,38. El acimut del Sur está concretamente a 52 grados, 38 minutos en el día del solsticio de verano. Hemos dividido la cifra 3456 entre 21, hemos obtenido como resultado de esta división el número 164,57, hemos descubierto también que esta cifra corresponde fielmente a la extensión del círculo monolítico, que tiene un diámetro de 52,38; pero ¿qué ocurrirá si dividimos ambas cifras? 164,57: 52,38 = 3,14. Esta cifra, 3,14, es el conocido número Pi, que indica en este caso la relación del círculo con su propio diámetro.
Piedra trasera de cierre número 18 con sus correspondientes marcas
 Cuando descubrí todas estas «casualidades» me quedé mudo de estupor. Pero la isla de Gravinis me iba a deparar nuevas sorpresas, pues está repleta de respuestas y pruebas aritméticas. Ante todo, debemos tener en cuenta el número y la posición de los megalitos, que pueden integrarse en un sistema matemático. Por un lado,tenemos el corredor derecho con 12 piedras; por otro, la tumba megalítica con 6 piedras y en tercer lugar, las 11 piedras del corredor izquierdo. Las dos primeras cifras: 12 y 6 suman 18, número que corresponde exactamente a las marcas grabadas en el monolito número 21. ¿Pero qué ocurre con la tercera cifra? Pensemos un poco. Si dividimos la cifra decimal recibida anteriormente, 3456 entre 11, obtendremos como resultado el número 314.18. De nuevo, una combinación Pi. Si colocamos una coma en el número 3456 (34,56) y la dividimos entre 11, obtenemos otra vez 3,14, el número Pi. Gravinis es un tesoro aritmético en el que están integrados y combinados tres sistemas matemáticos diferentes: un sistema de seis cifras con sus correspondientes combinaciones, un sistema decimal y un sistema de 52 cifras. Basándose en el tercer sistema se elaboró el calendario y las matemáticas de la cultura maya. Pero en la ciencia aritmética de la isla Gavrinis no está reflejado únicamente el número Pi, sino también auténticas fórmulas pitagóricas, ciclos lunares, la dimensión de la Tierra y sus movimientos de rotación y traslación a lo largo de un año de 365,25 días. Gwenc'hlan Le Scouézec, que descifró el misterioso código matemático de Gavrinis, expresó su estupor con las siguientes palabras: «Es posible que mis descubrimientos arrojen interpretaciones diferentes y que muchos escépticos duden de mis teorías; sin embargo, es indudable que en Gavrinis late un misterio milenario propio de una Inteligencia superior.»
Megalito numero 24, con el único "hacha" y sus múltiples marcas.

MENSAJES EXTRATERRESTRES

¿En qué idioma nos comunicaríamos con seres extraterrestres si conectáramos con ellos mediante una radio intergaláctica? La respuesta es sencilla: utilizaríamos, sin duda, el lenguaje matemático, más fácil de entender para los extraterrestres que el alemán, inglés o francés. En el sistema dual de cualquier ordenador pueden sintetizarse sencillos códigos binarios para conseguir la comunicación:


Los perfiles de un ser humano son fácilmente reconocibles. Es simple matemática, pura lógica. En el año 1972 los EE.UU. lanzaron su satélite PIONEER 10 con tal fin, satélite que consiguió ir más allá de nuestro sistema solar. Lo mismo sucedió con el PIONEER 11, que despegó de Cabo Kennedy el 6 de Abril de 1973 y exploró el Universo hasta el último planeta de nuestro Sistema Solar. A bordo viajaba también una plataforma dorada de 15,29x29 metros y 1,27 centímetros de grosor que contenía un código matemático de comunicación para cualquier tipo de vida extraterrestre. También poseía un sistema de registro y captación de información sobre las dimensiones de los planetas y sus distancias respecto al Sol, que codificaba la información que obtenía en un sistema binario.
 ¿Pero qué ocurriría si este satélite penetrara en una cultura que no entendiera nada sobre sistemas matemáticos binarios? ¿Mirarían extrañados hacia el cielo preguntándose qué tipo de regalo les mandaban lo dioses? ¿Hablarían a sus hijos sobre extrañas criaturas celestiales o nos considerarían elementos de un ritual mágico y extranatural propio de seres inteligentes?

LA CONSECUENCIA

Los seres que se esconden tras el mensaje de Gavrinis han calculado y previsto lo que el futuro descubriría sobre ellos. Ellos no nos legaron únicamente un lenguaje matemático, sino tres. Nosotros lanzamos al espacio naves espaciales, satélites capaces de escudriñar el Universo, artefactos de aluminio con plataformas doradas, resistentes al paso de los años. Ellos, los constructores de Gavrinis, dispusieron sus monolitos en una fórmula eterna, resistente también al tiempo, desafiante.
Pero no queremos darnos cuenta de nada; desconfiamos de las pruebas, dudamos de que haya existido otra vida antes de la nuestra, y si era inteligente, aún dudamos más. De nuevo, quiero formular una pregunta a la ciencia: ¿Hay vida inteligente sobre la Tierra?

lunes, 22 de junio de 2015

REPORTAJE A JULIO GOYÉN AGUADO

Como ya es costumbre, seguimos recordando a una de las personas que inspiraron el motivo de nuestro blog: Julio Goyén Aguado, este admirable espeleólogo, y explorador de abismos insondables. Una entrevista publicada en la revista La Nación, el 25 de Agosto de 1996 por el periodista Jorge Palomar. Como también ya es costumbre agradecemos a Javier Stagnaro, amigo y colaborador de Goyén Aguado, por facilitarnos este material de su incomparable archivo.

Julio Goyén Aguado
La palabra suena difícil: espeleología. Pero para Julio Goyén Aguado es la puerta de entrada a un mundo fascinante y verdaderamente primitivo: el que vive en las grutas y cavernas, en las  entrañas de la tierra
Son muy pocos los hombres en nuestro país que aceptan con orgulloso pacer ser llamados cavernícolas. En la práctica lo son aunque la ciencia se haya encargado de distinguirlos con más propiedad: espeleólogos. La palabra proviene del griego, spelaion (caverna) y logo (estudio).
  En la Argentina, no son más de de veinte los espeleólogos profesionales que suelen husmear el interior de esa especie de burbujas  subterráneas con la misma naturalidad que uno camina por el jardín de su casa.
 Exploradores natos, “la mayoría de ellos han incorporado a su título de geólogo, biólogo, cartógrafo o antropólogo esta actividad que nació como un hobby en mi adolescencia", cuenta Julio Goyén Aguado,  fundador, en 1970, del Centro Argentino de Espeleología. El auge de esta nueva forma de investigación abrió caminos: hoy funcionan más de quince instituciones en todo el país dedicadas al estudio de las cavernas. "Mi primer acercamiento a las cavernas se lo debo a Julio Verne. Era muy pibe cuando leí Viaje al centro de la Tierra y a partir de esa lectura es como si hubiera explotado en mí una gran obsesión. Seguí leyendo otros libros, me pasaba horas y horas en las bibliotecas. A los veinte años, me compré un Dodge 47 todo destartalado y así empecé. Fui a Córdoba, a Mendoza, a La Pampa, a veces solo, a veces con mi hermano, a veces con algunos amigos. Había encontrado mi profesión." En 1995, el Concejo Deliberante lo distinguió con el titulo de Ciudadano Ilustre. Antes de eso, había acumulado una infinidad de viajes por el interior y por todo el continente. El turismo, además, tiene mucho que agradecerle: fue el primero en explorar la caverna de Las Brujas, en Mendoza, que luego se convertiría en uno de los puntos de atracción más visitado por los argentinos. "Me metí en esa caverna ochenta y cuatro veces, y en cada viaje siempre descubría algo", aclara.
Por esas cosas de las pasiones paralelas, en 1975 Goyén Aguado se relacionó con el astronauta Neil Armstrong, acaso también el más famoso de los espeleólogos. Así, el primer cavernícola argentino y el primer lunático del mundo -si se aceptan las licencias- se hicieron grandes amigos. "La última expedición que hicimos juntos fue a la caverna de Los Tayos, un lugar fantástico en la sierra del Cóndor, en plena selva ecuatoriana. Por ser de clima tropical, la fauna que se desarrolla allí es impactante. Recuerdo el susto que nos pegamos cuando nos cruzamos con tarántulas gigantescas de más de diez centímetros de diámetro. En un momento, Armstrong y yo nos quedamos como paralizados al verlas. Pero el secreto era no tocarlas ni espantarlas..."
Lo desconocido ha obsesionado al hombre desde tiempos inmemoriales. La superficie terrestre ya casi no encierra secretos; se sigue explorando el universo y aún no se han aclarado todos los misterios que guardan los mares y los océanos. La ciencia no dudó al afirmar que 1856 fue trascendental para las investigaciones antropológicas. Ese año fue descubierto en una gruta de conformación calcárea, en el Valle de Neander, cerca de Düsseldorf, Alemania, el esqueleto de un hombre presumiblemente antediluviano: el Hombre de Neanderthal. El hallazgo de la Cueva de Neanderthal, si bien no fue el primero de su tipo, sirvió para iniciar, la era de la búsqueda de huellas prehumanas, además de conducir a la investigación del pasado de las razas. Y abrió paso, también,  a la idea de la existencia de un primitivo hombre de las cavernas. "Desde su aparición en la Tierra -explica Goyén Aguado- , el hombre reemplazó la falta de conocimiento con imaginación. Lo que ignoraba era temido y por eso nacieron los mitos como posible  explicación o revelación".  "El mundo subterráneo era pavoroso para él.  Así surgió el Tártaro, un profundo abismo habitado por monstruos ciegos,  deformes y tristes.  En la distribución del mundo que la mitología hizo entre los dioses, a Neptuno, junto con el poder sobre la aguas, le correspondió el universo secreto de las simas". "Vulcano, cojo y deforme, poseía sus fraguas en el ceno de los volcanes. Los Titanes fueron desterrados a las tinieblas por su maldad. Polifemo fue pensado como un cíclope malvado que vivía en una gruta cuando se apoderó de Ulises. Y para los nórdicos, en los abismos subterráneos vivían los enanos forjadores del metal, los gnomos, espíritus funestos para el hombre”.
A diferencia de lo que ocurre en otros países, la espeleología no tiene base académica en la Argentina. No es una carrera universitaria. "Por eso, cada vez que iniciamos una expedición, la planificamos con biólogos, paleontólogos, arqueólogos. Nosotros somos algo así como los primeros exploradores, los que abrimos las puertas para, luego, facilitar el trabajo de los científicos. En realidad, nos necesitamos unos a otros." Saltos de agua y lagos subterráneos; sifones, simas y abismos de profundidades desconocidas; columnas, velos y estalactitas que a veces acarician las estalagmitas; salas de cincuenta metros de alto y galerías interminables, algunas de ellas de hasta cien kilómetros de recorrido. Temperaturas estacionadas entre 4 y 7 grados. Humedad. Silencio. Y oscuridad. En ese mundo se mueven, a veces como topos, a veces como pájaros, los espeleólogos.  "¿Qué siento? Una paz formidable -dice Goyén Aguado-. No hay agresión. Es como estar suspendido en el tiempo. Es como volver al vientre de la madre. Como dicen en el Norte, reencontrarse con la Madre Tierra, con la Pachamama."
La vocación de Goyén Aguado nació como una obsesión literaria alrededor de una novela de Julio Verne
  Investigan. Encuentran muchas respuestas, pero las preguntas nunca se terminan. ¿Cuánto falta por conocer todavía de ese mundo increíble y complejo de las sombras, modelado desde los orígenes mismos del planeta? "Hay mucho por ver en el reino de las tinieblas, en eso que nosotros llamamos el sexto continente", resume el explorador, atrincherado en su vieja oficina de un primer piso de la Avenida de Mayo al 600, repleta de papeles y mapas, de fotografías, carpetas y libros que van del suelo al techo.                                                                                                                                     



                  

sábado, 13 de junio de 2015

¿ES UNA SOLUCIÓN LA TEORÍA DE LOS ANTIGUOS ASTRONAUTAS? Por Erich von Dániken


Tengo en mi mesa de trabajo más de veinte mil recortes de Prensa que se refieren, directa o indirectamente, a la teoría de los antiguos astronautas. De su lectura se desprende que existe un gran número de objeciones serias a esta teoría. Sin embargo, ésta no nació únicamente de mi cerebro desequilibrado. Asimismo, me permitiré responder a estas críticas. Nuestra teoría plantea como principio la existencia de astronautas extraterrestres y sostiene que vinieron a la Tierra en un lejano pasado. Se trataba de unos visitantes que pensaban, sentían, actuaban y disponían de una poderosa tecnología.
Seguidamente veremos otros aspectos de nuestra teoría. Empecemos por el principio. ¿Qué es la inteligencia? Para mí, la inteligencia lleva necesariamente a la conquista del espacio. En efecto, muchas mentes honradas creen que si la salida de la vida de los océanos fue un fenómeno puramente instintivo, la próxima etapa, la salida de la vida de la atmósfera al espacio, del Planeta al Cosmos, será debida a la inteligencia. Este es el punto de vista que expresa el gran sabio norteamericano Loren Eiseley en L'Immense Voyage.' Eiseley cree que el fenómeno se ha producido ya: «¿Quizá venimos del espacio y queremos regresar al mismo con ayuda de nuestras máquinas?» Otros partidarios de la astronáutica son del mismo parecer. Sigan ustedes conmigo esta hipótesis: un planeta en el que nace la inteligencia. Esta inteligencia llega a dominar a las otras especies. Mira hacia el cielo, donde brillan puntos de luz. ¿Qué son estos puntos luminosos? Se plantea la pregunta. La Ciencia le aporta la medida de las distancias y de las posiciones. Más tarde o más temprano se produce el viaje en el espacio, sean o no parecidos al hombre estos astronautas. Sólo en nuestra galaxia se encuentran cien mil millones de estrellas fijas. La estadística deja pensar que gran número de Planetas pueden llevar en sí las sustancias que son los preliminares de la vida, y un número más pequeño de planetas pueden contener la vida propiamente dicha. Por tanto, la vida es la evolución que conduciría a algo más o menos parecido a nosotros.
No quiero decir exactamente parecido. No rechazo la posibilidad de formas de vida con cuatro ojos y siete dedos. Sin embargo, existen razones para creer, según los trabajos de Bernal en Gran Bretaña, que toda forma de vida avanzada debe de tener una simetría en cinco o su repetición, como entre los ciempiés. Esto permitiría deducir que constituyen una imposibilidad biológica los seres con siete dedos. Pero yo considero muy probablemente como características generales una cabeza sobre los hombros, unos órganos que puedan aferrar y unos pies que permitan desplazarse. Y ello por razones lógicas. Por ejemplo, el cerebro debe hallarse lo más cerca posible de los ojos. Muéstrenme ustedes un solo animal que constituya en esto una excepción. De la misma forma, la nariz, en las especies que la tienen, está muy cerca de los pulmones. Nosotros mismos, productos de la evolución, nos hallamos a punto de llevar a cabo un desembarco en el planeta Marte. Por el contrario, Venus parece ser demasiado caluroso para nuestra especie. En Júpiter la gravedad es demasiado fuerte, y la atmósfera de metano-amoníaco, demasiado irrespirable para poder pasearse por allí sin protección. Sin embargo, nuestra historia en el Sistema Solar muestra cómo la vida se extiende de una manera perfectamente lógica. Confieso que ahora abandono la lógica para dar libre curso a la imaginación. En alguna parte de esta galaxia se encuentran y se encontraron planetas que producirían seres análogos al hombre. Algunos de estos seres resolverían el problema del viaje interestelar para grandes distancias. Para ello, estas inteligencias extraterrestres tuvieron que vencer el tiempo. La relatividad muestra que el tiempo se contrae a grandes velocidades. Nuestros hipotéticos viajeros, al utilizar el principio de la relatividad, pueden realizar viajes que durarían veinte años para ellos, pero cien mil años en lo tocante al planeta del que partieron.
Al regresar informan a su especie acerca de que la vida existe en otros lugares. También les dicen que existe un determinado número de planetas que llevan sustancias prebióticas. ¿Cuál es la proporción de estos planetas? ¿Uno de cada diez mil? ¿Uno de cada veinte mil? ¿Uno de cada treinta mil? No lo sé. Pero algunos de estos planetas pueden ser explorados y colonizados. Creo que entre estos planetas se hallaba la Tierra, en la que tanto las mitologías como los libros sagrados muestran la intervención de los antiguos astronautas. «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.» «Adán y Eva fueron creados a partir del barro de la Tierra.» ¿Por qué no? Hoy sabernos que las mutaciones artificiales son posibles. «Mi querido señor Dániken, hace usted especulación desenfrenada. No puede usted calcular ninguna de las duraciones de su tiempo imaginario.» A ello puedo responder que todos los días hacemos progresos en genética. Considero como posible la idea de que se puede hacer una especie intelectual en veinte años. Lógicamente, no se trataría de una mutación, lo cual apenas es posible en veinte años, sino de una transformación de los propios individuos. ¿Por qué no? Tal vez se partió de una especie que utilizaba sólo un porcentaje de su cerebro, para llegar bruscamente a la Tierra a una especie que utilizara diez veces mejor su cerebro, o sea, un diez por ciento, el hombre actual. Escritores de ciencia-ficción, como Paul Anderson, han imaginado esta posibilidad.
Si se trata simplemente de disminuir la resistencia al paso del influjo nervioso, no puede ser imposible. Digo que la teoría de la evolución no nos da cuenta en modo alguno de este fenómeno del nacimiento de la inteligencia. Los primates: gorilas, chimpancés, sobre los cuales no se ha producido intervención alguna, siguen en el bosque. Los he observado en la Naturaleza y jamás los he visto con pantalones. Se me habla de mutaciones espontáneas. Se trata de una teoría tan demencial como la mía. El darvinismo sigue siendo una teoría. En realidad, las mutaciones tienen una finalidad, y resulta difícil creer que las especies previeran tal finalidad hace quinientos millones de años. Cuando no se produce intervención, tenemos especies que no se mueven. Los escorpiones han vivido seiscientos cincuenta millones de años sin progreso alguno. A este respecto se puede emitir una hipótesis: el campo magnético terrestre varía. Es posible que las especies que han evolucionado sean las que contienen en su sangre un metal magnético: el hierro o el cobalto, por ejemplo, mientras que no han evolucionado, por ejemplo, las especies que no lo tienen. Esto parece ser coherente con los hechos. Habría que construir un «evolutrón» que sometiera a las especies a un campo magnético poderoso y variable. La idea no parece haber llegado a los biólogos. Cuando se contempla al ser humano, se ve que —desde los dientes hasta los músculos— no se originó al azar. Incluyendo un cerebro, demasiado grande por el momento, pero que servirá más en lo por venir. Yo no creo que se trate de un accidente. Creo que tienen razón las mitologías y las antiguas religiones: el hombre no está formado al azar, los dioses lo hicieron a su imagen.
Esta idea lo aclara todo. Incluyendo, además, la programación sexual de la especie y la pubertad. Creo que nuestro cerebro fue formado y programado, y que los biólogos clásicos no explicarán jamás por qué nacen niños humanos y no bebés cocodrilos. Lo mismo se manifiesta en el terreno del pensamiento. Si somos el resultado del pensamiento y de las acciones de los Otros, es preciso llegar a la conclusión de que éstos piensan como nosotros. Y los parecidos del pensamiento tal vez sean más importantes que los parecidos de forma; por lo menos, esto me parece lógico. Evidentemente, se plantean interrogantes. Si los Otros produjeron mutaciones en nosotros hace dos millones de años, ¿por qué no somos inteligentes hace dos millones de años? Mi respuesta es que lo somos desde hace ese tiempo y que, además, se encuentran huellas de inteligencia en el pasado. Personalmente creo que estamos separados netamente del mundo animal. Me atrevería incluso a emitir la hipótesis de que, al mismo tiempo que las mutaciones, los Otros dejaron en este planeta «cápsulas del tiempo», y que podemos esperar encontrar. Cápsulas de tiempos antiguos como relativamente recientes: veinticinco mil años, tal vez diez mil años sólo en el pasado. Sabemos que en la Historia han desaparecido los templos, las bibliotecas, los hospitales. En este sentido podemos citar la hermosa frase de Talbot Mundy, atribuida a un miembro de los Nuevos Desconocidos: «Benarés fue destruida siete veces, pero la Verdad permanece.» Sin duda se han destruido más libros durante el período que se extiende de dos mil años antes de nuestra Era, a mil años de la misma, que los que poseemos en esta época.
Sabemos también que ha habido épocas de oscurantismo, llamémoslas monarquías, teocracias, dictaduras, como quieran, en que desapareció de la civilización toda huella de viaje en el espacio, del dominio del tiempo, de la genética. Los monumentos permanecen, y tenemos un ejemplo de ello en la terraza de Baalbek.
Y aún: ¿cuántos monumentos han sido destruidos por los diluvios, los terremotos, etc.? ¿Y de cuántos los cataclismos han borrado y borrarán aún las huellas en lo por venir? Creo que también deberíamos depositar cápsulas del tiempo en puntos convenientemente elegidos: Polo Norte, Polo Sur, línea de partición entre las tierras y las aguas. Creo que también nosotros deberíamos, cuando pudiéramos, depositar cápsulas del tiempo en puntos lógicamente elegidos del Sistema Solar y especialmente en el punto de equilibrio entre la Tierra y la Luna. Ésta será una labor de generaciones futuras. En espera de ello nos quedan los mitos: las astronaves de Ezequiel,
las leyendas sumerias y muchas otras. Éstas sobreviven. Desde luego, convendría también explorar los continentes olvidados por la arqueología, como Australia y el África negra. Por el momento sólo podemos recoger indicios y publicarlos. Yo mismo he publicado centenares. Y seguiré haciéndolo. El escritor norteamericano Charles Berlitz atribuye las distintas catástrofes acaecidas en el «triángulo de las Bermudas» a una cápsula del tiempo que se encontraría en el fondo del Atlántico desde el hundimiento de la Atlántida y que emitiría señales que producirían interferencias tanto sobre las brújulas de los navegantes de otro tiempo como sobre las radioguías de los navíos y de los aviones de hoy. Descubriendo estas señales tal vez se llegaría a localizar y encontrar esta cápsula. ¡Quién sabe! Creo que el hombre que aprendió a volar y que sigue siendo capaz de aprender, llegará a la idea de los antiguos astronautas. Antes de ello convendría que ponga orden en su casa, que elimine las guerras y la superpoblación. Hago una llamada a todas las mentes lógicas de este planeta, a todos los especialistas, a todos los sabios. El problema de nuestro porvenir interesa a todos.



Este escrito de Erich Von Daniken pertenece a la obra El Libro de los Antiguos Astronautas (J. Bergier y H. Gallet, Plaza y Janés, 1982)

sábado, 6 de junio de 2015

CIVILIZACIONES "SIN RAICES" por Hans Schindler Bellamy


Últimamente se han realizado nuevos descubrimientos en las ruinas arqueológicas de Tiwanaku (Bolivia). Aquí recordamos un capítulo de la obra El libro de los Antiguos Astronautas, de Jacques Bergier y G. H. Gallet (Plaza y Janés, 1982), escrito por uno de los antiguos y principales investigadores de Tiwanaku, el profesor Hans Schindler Bellamy, autor entre muchos libros, de The Calendar of Tiahuanaco (1956)

Nacido, el 29 de marzo de 1901, en Viena (Austria). Profesor de lingüística en Viena y de arqueología preincaica en Sucre, Bolivia. Excavaciones en Perú, en Bolivia y en Israel (Jerusalén). Autor de numerosas obras filosóficas, mitológicas y arqueológicas.


El problema de arqueología probablemente mas misterioso y, sin duda, mas inquietante, es el del origen de muchas de las mas altas civilizaciones del pasado... y de algunas del tiempo presente. Estas civilizaciones "sin raíces" tienen muchos rasgos comunes y característicos. Parecen haber surgido "súbitamente" en pleno desarrollo en los lugares donde se encuentran sus huellas, a menudo desconcertantes por completo. Estos lugares de descubrimiento están generalmente situados en regiones muy elevadas del mirado. Prácticamente son siempre desérticas (o casi) en la actualidad, si bien parece que en el momento de su florecimiento existía allí un clima benigno, así como una flora y una fauna abundantes. En el curso del período comparativamente «breve» durante el cual fueron florecientes, estas civilizaciones mostraron generalmente pocos cambios. Parecen haber tenido fin de una manera casi tan brusca como empezaron y, por tanto, no haber sido debido a una acción enemiga, sino a alguna catástrofe o cataclismo tan grande como extenso (tal vez mundial). En consecuencia, los supervivientes de estas altas civilizaciones fueron poco numerosos y, probablemente por esta misma razón, casi desprovistos por completo de la capacidad mental y técnica de continuar o recrear la civilización perdida. He aquí por qué estos intentos, casi siempre muy lastimosos, suelen ser calificados habitualmente de «tardíos» o de «decadentes». Yo mencionaría sólo algunas de las más altas civilizaciones «sin raíces» que se encuentran acá y allá en el mundo (sin entrar en detalles por el momento), y cuya presencia está probada por restos maravillosamente originales o por vestigios «decadentes» dejados por sus descendientes o por ambos. Por ejemplo, tenemos la extraordinaria civilización antigua del Tibet, prácticamente borrada por la exuberancia de ulteriores aportaciones «religiosas» extranjeras: la (o las) cultura(s) preincaica de los altos Andes, principalmente de Perú. y Bolivia, y las antiguas culturas preazteca, tolteca, etc., de las altas mesetas mexicanas. La extraña, por no decir enigmática civilización maya, al menos en la forma en que la conocemos, no es, aparentemente, originaria de las altas tierras, mostrando, tanto en ello como en otros aspectos, similitudes con los orígenes de la civilización egipcia. Sin embargo, debemos mencionarla igualmente
como si se tratara, en todos los aspectos, de una civilización absolutamente «sin raíces». Aquí trataré, sobre todo, de la sola y única civilización sin raíces que, por una u otra razón, ha permanecido más o menos desconocida y oscura hasta el presente. Me ha interesado especialmente, en el curso de los treinta últimos años e incluso más, por los problemas relativos a la civilización de Tiahuanaco, cuyos restos, verdaderamente extraordinarios, se encuentran cerca del lago Titicaca, en Bolivia, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El inmenso campo de ruinas cubre numerosas hectáreas. Las construcciones son de acuerdo con el modo megalítico, enormes bloques, admirablemente escuadrados, de una piedra de dureza casi vítrea (andesita), que pesan hasta las 200 toneladas y que están unidos sin mortero. Las puertas y las ventanas están excavadas en grandes bloques monolíticos. Al no haberse encontrado nunca ninguna herramienta adecuada en los alrededores, sigue siendo imposible comprender cómo estas piedras pudieron ser talladas con una tal perfección. Numerosos edificios (probablemente «templos» u otros lugares de reunión de multitudes) están erigidos a la perfección, lo cual sigue siendo aún hoy una labor delicada, incluso con todos nuestros teodolitos y otros instrumentos topográficos. ¿Cómo fueron transportados estos enormes bloques, ya que la rueda era desconocida? Éste sigue siendo otro enigma. ¿Por qué estos vastos lugares de reunión fueron construidos allá donde hoy la población que vive en aquellos parajes apenas llena la pequeña iglesia? No se sabe. Las cosechas en estas alturas, más bien frías, son escasas, y la vida es dura en el aire rarificado. El mundo de los tihuanaqueños de otro tiempo debió de ser muy distinto en todos los órdenes. Especialmente debía de hacer mucho más calor, con mejores condiciones climáticas generales. Debió de haber árboles y una vegetación abundante y variada. La latitud de Tiahuanaco es subtropical. Por otra parte, y según los vestigios encontrados, se puede pensar que Tiahuanaco, en tiempos antiguos, debió de ser una ciudad portuaria, mientras que actualmente la orilla, cubierta de fango y de cañas, del lago Titicaca, se halla a unos 25 kilómetros de distancia. Los monumentos arqueológicos más notables de Tiahuanaco son la llamada Puerta del Sol y las altas estatuas monolíticas.
La fachada de la primera está incrustada de notables glifos, soberbia e impecablemente ejecutados, y las segundas están cubiertas de los mismos todo alrededor. Mi colaborador Peter Allan, ya desaparecido, y yo mismo, al considerar estos glifos como «inscripciones» cronográficas, creímos haber podido hacer «hablar» y revelar sus secretos, una vez que los intentos de otros numerosos especialistas no condujeron a ninguna parte. Estos admirables glifos, grabados en bajorrelieve plano, constituyen la única forma de «escritura» jamás descubierta en toda la América del Sur, e incluso en América del Norte, donde sólo las inscripciones mayas son algo similares y han sido objeto de interpretaciones cronográficas, aunque de género distinto.
Los glifos cronográficos de la Puerta del Sol y de las estatuas monolíticas de Tiahuanaco dan una sorprendente entrevisión de un mundo muy alejado, muy diferente de nuestro mundo actual. Por desgracia me es imposible entrar aquí en detalles, ya que se trata de algo más bien complicado. Así, pues, remito, a aquellos que se interesen por un difícil desciframiento de mi obra, escrita en colaboración con Peter Allan: The Calendar of Tiahuanaco.
La civilización de Tiahuanaco, que surgió tan abruptamente en el mundo, en un extremadamente alto estado de perfección, llegó, al cabo de un tiempo relativamente corto, a un fin tan repentino como brusco. Dicho fin fue debido, sin duda, a un diluvio catastrófico, un gran cataclismo de origen cósmico que sumergió la región de este centro de civilización única. Escaparon, sin duda, muy pocos de sus habitantes, probablemente logrando salvar sólo su vida, y tal vez un poco de savoir-faire técnico, gracias al cual intentarían seguidamente restablecer, en sus nuevos hábitats, ciertos aspectos de su civilización perdida. Su resultado fueron las distintas pequeñas civilizaciones locales de las tierras bajas, caracterizadas por los llamados estilos «decadentes» de Tiahuanaco, o tihuanacoides. La mayor parte de éstos están muy lejos de los estilos «clásicos» originales. Estos últimos eran «significativos», mientras que los primeros son caricaturas de aquéllos, carentes de significado. Tal fue el fin de la civilización de Tiahuanaco. Pero, ¿de dónde procedía originalmente la sorprendente civilización de Tiahuanaco? Como quiera que jamás se han descubierto en ninguna parte formas «primitivas» —aunque las mismas pudieron muy bien quedar destruidas por un cataclismo—, hasta un arqueólogo muy prudente y ortodoxo se siente terriblemente tentado de seguir la teoría audaz, pero inmensamente provechosa, de Von Dániken, según la cual las altas civilizaciones habrían sido implantadas en la Tierra por extraterrestres: los antiguos astronautas. Creo que la idea merece, sin duda, reflexión, y todos los argumentos en pro y en contra deberían ser minuciosa y seriamente pesados y examinados. Esta forma de actuar no debería ser tomada como una manera fácil de escapar a un callejón prácticamente sin salida, sino también como una solución realmente posible de lo que, de otra forma, permanece como uno de los más grandes enigmas de la arqueología.


Post-scriptum. En el curso de un reciente viaje de investigación a las altas tierras de Bolivia, por parte de un grupo de partidarios de Daniken, en el que participó Josef Blumrich, de la NASA, se encontró cierto número de instalaciones muy curiosas que, si algo significan, demostrarían que desde allí fueron lanzadas naves espaciales.


viernes, 29 de mayo de 2015

¿LAS SOCIEDADES SECRETAS? por HECTOR ANTONIO PICCO

  Recordamos un artículo de nuestro amigo y señero investigador Hector Antonio Picco, publicado en la revista Ufo Top Secret  (número 3, Febrero de 1998):

Febrero de 1995. Estoy dialogando con el público, apenas finalizada una disertación sobre "Los OVNIs y la Tierra Hueca" en el auditorio de "El Diario Austral" de Osorno (Chile) cuando una dama se acerca y sin mediar palabra alguna me entrega un escrito de 4 páginas en idioma inglés, al que desconozco totalmente. A mediados de 1997 hallo a alguien que gentilmente me lo traduce; ya estoy avanzando bastante sobre la tesis publicada en el número 2 de "UFO TOP SECRET": RH Negativo ¿la sangre de los extraterrestres? Lo que leo en este texto que en parte quiero compartir con Ud. lector/a, me deja más que estupefacto.
  "Existen muchas civilizaciones con platos voladores y están escondidas dentro del planeta. Vidas engendradas fuera de su propia solicitud, varias naves están entre nosotros. Hay también naves que son construidas por las culturas de superficie.
  Todo esto está vinculado (unido) de distintas maneras. Muchos de ellos están ocultos (escondidos) y muchos son mensajeros engañosos.
  En 1867, Wenworth Little fundó la Sociedad Inglesa de los Rosacruces alemanes. Little reclutó a sus seguidores, hasta 144 personas, desde el rango de alta posición Francmasónica.
Uno de sus discípulos fue Bulwer Lytton, quien fue un estudioso conocido a través del mundo por su novela "Los últimos días de Pompeya"; también escribió "La raza que vendrá". Este libro describe a una raza de hombres físicamente muy avanzados a los humanos de superficie. Ellos tienen adquiridos poderes sobre sí mismos y sobre todos los objetos materiales. Viven en cuevas (¿vacuoides subterráneas?) y pueden emerger para reinar sobre la superficie del mundo.
  Thule es conocida como la capital hiperbórea de la región polar. También conocida como Última Thule, es la puerta hacia otros mundos. Es conocida por servir a ambos mundos: un lugar para dejar (partir) de la Tierra y un lugar sobre el borde de la abertura hacia el centro de la Tierra. Es interesante notar que el mayor poder sobre la Tierra tiene estaciones de microondas establecidas en el área: transmisores de ondas ELF sobre frecuencias de ondas cerebrales.
  Los hiperbóreos estuvieron, tradicionalmente, en contacto con algunas civilizaciones extrañas (extranjeros-de otro planeta). Supuestamente, la guerra estalló entre los hiperbóreos y otras civilizaciones (guerra atómica).
  Descendientes de la casta Thule (celtas) emigraron hacia otras áreas del planeta, y las colonizaron guiándose por memoria cromosómica heredada de sus ancestros, viajeros del espacio. Estas primeras "siembras de gente" son mayoritariamente de origen celta (baskos, bretones, irlandeses, ingleses, islandeses, etc.) quienes, en forma suficientemente extraña decidieron el gran porcentaje de RH Negativo del tipo de sangre. Las Sociedades Secretas, "dueñas de los OVNIs", están, según se afirma, tratando de localizar y controlar a esta gente. Aparentemente muchos contactados tienen RH Negativo. ¿Están las "culturas OVNI" rastreando su propia siembra?
  Reportes de personas que vieron pilotos arianos de OVNIs, hay muchos. Cabellos rubios largos, tipos que hablan alemán, etc. Es interesante notar que los llamados "platos voladores venusinos, así designados por los contactados (N. del T.: caso Adamsky) todos son como los diseños de los platos voladores atribuidos a ciertas Sociedades Secretas..."
  Hasta ahí el extraño escrito, cuya fuente está localizada en Las Vegas, Nevada, EE.UU. Ahora... ¿qué tradición histórica tendrían estas Sociedades Secretas? Podríamos intentar dos líneas investigativas, a saber:
  A) La vertiente griego-troyana. Teniendo en cuenta la tradición muy primordial del helenismo, de la cual hace 2500 años sólo se guardaban recuerdos de la leyenda oral, donde Aristóteles "alcanza" aún a escribir: "Los dioses son hombres mortales; los dioses son hombres inmortales", aquellos "troyanos de Homero habrían emigrado hacia la Antártida hace unos 40.000 años atrás, y un investigador notable, Jacques Bergier, en su libro "visado para otra Tierra", arriesga que "cabe, pues, imaginar una ilación, una sociedad secreta invisible que se formara en el seno de la civilización de la Antártida, que continuara su obra en Egipto y en la civilización de los megalitos y que siga aún funcionando en nuestros días..."
  Esto haría que el "venusino" Orthon que se habría contactado varias veces con el célebre George Adamsky (la última de ellas el 13/12/1952) no fuera de Venus, sino un "ariano", y el premio del Gobierno de EE.UU de inhumar a Adamsky en el cementerio de los héroes, Arlington, cerca de la tumba de John F. Kennedy, sería por haber callado esa gran verdad, más todavía luego de ser recibido en audiencia privada en 1953 por el Papa Juan XXIII.
  Se enlaza esto con los artículos del gran esoterista inglés Sthepen Wrapp, quizá miembro del servicio secreto británico que anuncia la oleada OVNI  de 1978 en la Argentina ¡un año antes! y en un escrito titulado "Misterios de las profundidades marinas" habla puntualmente de la Orden de "Los Caballeros de Poseidón" (el dios griego del mar, ¿un hombre inmortal, según Aristóteles?) una de cuyas bases está ubicada a 45 kms. de Buenos Aires, en el sector costero oriental denominado "barra de San Juan". Las hay además en la Bahía de Samborombón, Golfo Pérsico, etc. Con los años la densidad de la causística de esas regiones van confirmando todo. 
  El símbolo de la Orden es el Hipocampo, tan presente en la causística de la década del '70, y que analizo extensamente en las páginas 31-33 de mi libro "Las pruebas materiales de la Tierra Hueca", edición Skinwalker, 1997, actualmente en los kioscos. Las Sociedades Secretas utilizan sólo símbolos, ya que su significado no puede trastocarse como con el lenguaje, cuya semántica está profundamente deteriorada.
  B) La tradición asirio-babilónica, accadio-sumérica y sus nada míticos monarcas Sargón II (h.722 a. de J.C.) En sus papiros puede observarse el símbolo del Sol Negro presente en algunas fotografías de OVNIs de la década del '60, de tan escasa calidad por las sucesivas reproducciones que apenas alcanza a verse. Pero, quizá las claves estén en las Revelaciones de la "Nueva Babilonia" y el texto de igual origen "La lanza de Marduk", casi desconocidos en la tradición hermética occidental : "cuando surja el Tercer Sargón, liberará a la humanidad de la Tiranía y de la Subyugación... vendrá del norte y se precipitará inesperadamente sobre la Tierra, que viva bajo el Veneno. De un solo golpe conseguirá trastornarlo todo y su poder resultará invencible. No precisará preguntar a nadie qué conviene hacer porque sabrá perfectamente las verdaderas soluciones. Contará con un grupo de elegidos fieles incondicionales, a los que alumbrará el Tercer Sargón, de modo que resplandecerán para siempre ante el Mundo".
  "Marduk el Supremo Dios, recogió de la Tierra su Lanza, la levantó y la arrojó con enorme fuerza para que se abriera la Tierra. Mientras que Marduk realizaba lo anterior, Ishtar, Suprema Diosa, ordenaba a todas las estrellas de firmamento que, a partir de entonces, iluminaran con una luz desconocida a la Tierra. Y surgieron Nuevos Cielos, sobre una Nueva Tierra".
  "Allí estará el triunfo de los Justos, de los Valientes que aprendieron a caminar fieles a través de las Sombras del Mal. Cuando venga el Tercer Sargón a combatir las Batallas Definitivas, aquellos que serán sus espadas. Desde sus Carros de Combate flamantes, destruirán la Oscuridad con sus rayos. Quedarán victoriosos sobre sus enemigos, indiferente a que su número sea ingentemente superior. Después serán ensalzados sobre el hemisferio terrestre para siempre... El mundo desfallecerá en la aflicción, pero vosotros... ¡levantad la cabeza con coraje, porque ya habéis vencido!..."
  Como investigador, quise encerrar toda esta inmensidad de Cognocimiento al relatar, en mi libro "Los Hombres de Negro en la Argentina" (págs. 59-62) actualmente en los puestos de venta de diarios y revistas, aquella decisiva experiencia en la pre cordillera andina el 20/11/95.
  A ella remito al lector.