sábado, 6 de junio de 2015

CIVILIZACIONES "SIN RAICES" por Hans Schindler Bellamy


Últimamente se han realizado nuevos descubrimientos en las ruinas arqueológicas de Tiwanaku (Bolivia). Aquí recordamos un capítulo de la obra El libro de los Antiguos Astronautas, de Jacques Bergier y G. H. Gallet (Plaza y Janés, 1982), escrito por uno de los antiguos y principales investigadores de Tiwanaku, el profesor Hans Schindler Bellamy, autor entre muchos libros, de The Calendar of Tiahuanaco (1956)

Nacido, el 29 de marzo de 1901, en Viena (Austria). Profesor de lingüística en Viena y de arqueología preincaica en Sucre, Bolivia. Excavaciones en Perú, en Bolivia y en Israel (Jerusalén). Autor de numerosas obras filosóficas, mitológicas y arqueológicas.


El problema de arqueología probablemente mas misterioso y, sin duda, mas inquietante, es el del origen de muchas de las mas altas civilizaciones del pasado... y de algunas del tiempo presente. Estas civilizaciones "sin raíces" tienen muchos rasgos comunes y característicos. Parecen haber surgido "súbitamente" en pleno desarrollo en los lugares donde se encuentran sus huellas, a menudo desconcertantes por completo. Estos lugares de descubrimiento están generalmente situados en regiones muy elevadas del mirado. Prácticamente son siempre desérticas (o casi) en la actualidad, si bien parece que en el momento de su florecimiento existía allí un clima benigno, así como una flora y una fauna abundantes. En el curso del período comparativamente «breve» durante el cual fueron florecientes, estas civilizaciones mostraron generalmente pocos cambios. Parecen haber tenido fin de una manera casi tan brusca como empezaron y, por tanto, no haber sido debido a una acción enemiga, sino a alguna catástrofe o cataclismo tan grande como extenso (tal vez mundial). En consecuencia, los supervivientes de estas altas civilizaciones fueron poco numerosos y, probablemente por esta misma razón, casi desprovistos por completo de la capacidad mental y técnica de continuar o recrear la civilización perdida. He aquí por qué estos intentos, casi siempre muy lastimosos, suelen ser calificados habitualmente de «tardíos» o de «decadentes». Yo mencionaría sólo algunas de las más altas civilizaciones «sin raíces» que se encuentran acá y allá en el mundo (sin entrar en detalles por el momento), y cuya presencia está probada por restos maravillosamente originales o por vestigios «decadentes» dejados por sus descendientes o por ambos. Por ejemplo, tenemos la extraordinaria civilización antigua del Tibet, prácticamente borrada por la exuberancia de ulteriores aportaciones «religiosas» extranjeras: la (o las) cultura(s) preincaica de los altos Andes, principalmente de Perú. y Bolivia, y las antiguas culturas preazteca, tolteca, etc., de las altas mesetas mexicanas. La extraña, por no decir enigmática civilización maya, al menos en la forma en que la conocemos, no es, aparentemente, originaria de las altas tierras, mostrando, tanto en ello como en otros aspectos, similitudes con los orígenes de la civilización egipcia. Sin embargo, debemos mencionarla igualmente
como si se tratara, en todos los aspectos, de una civilización absolutamente «sin raíces». Aquí trataré, sobre todo, de la sola y única civilización sin raíces que, por una u otra razón, ha permanecido más o menos desconocida y oscura hasta el presente. Me ha interesado especialmente, en el curso de los treinta últimos años e incluso más, por los problemas relativos a la civilización de Tiahuanaco, cuyos restos, verdaderamente extraordinarios, se encuentran cerca del lago Titicaca, en Bolivia, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El inmenso campo de ruinas cubre numerosas hectáreas. Las construcciones son de acuerdo con el modo megalítico, enormes bloques, admirablemente escuadrados, de una piedra de dureza casi vítrea (andesita), que pesan hasta las 200 toneladas y que están unidos sin mortero. Las puertas y las ventanas están excavadas en grandes bloques monolíticos. Al no haberse encontrado nunca ninguna herramienta adecuada en los alrededores, sigue siendo imposible comprender cómo estas piedras pudieron ser talladas con una tal perfección. Numerosos edificios (probablemente «templos» u otros lugares de reunión de multitudes) están erigidos a la perfección, lo cual sigue siendo aún hoy una labor delicada, incluso con todos nuestros teodolitos y otros instrumentos topográficos. ¿Cómo fueron transportados estos enormes bloques, ya que la rueda era desconocida? Éste sigue siendo otro enigma. ¿Por qué estos vastos lugares de reunión fueron construidos allá donde hoy la población que vive en aquellos parajes apenas llena la pequeña iglesia? No se sabe. Las cosechas en estas alturas, más bien frías, son escasas, y la vida es dura en el aire rarificado. El mundo de los tihuanaqueños de otro tiempo debió de ser muy distinto en todos los órdenes. Especialmente debía de hacer mucho más calor, con mejores condiciones climáticas generales. Debió de haber árboles y una vegetación abundante y variada. La latitud de Tiahuanaco es subtropical. Por otra parte, y según los vestigios encontrados, se puede pensar que Tiahuanaco, en tiempos antiguos, debió de ser una ciudad portuaria, mientras que actualmente la orilla, cubierta de fango y de cañas, del lago Titicaca, se halla a unos 25 kilómetros de distancia. Los monumentos arqueológicos más notables de Tiahuanaco son la llamada Puerta del Sol y las altas estatuas monolíticas.
La fachada de la primera está incrustada de notables glifos, soberbia e impecablemente ejecutados, y las segundas están cubiertas de los mismos todo alrededor. Mi colaborador Peter Allan, ya desaparecido, y yo mismo, al considerar estos glifos como «inscripciones» cronográficas, creímos haber podido hacer «hablar» y revelar sus secretos, una vez que los intentos de otros numerosos especialistas no condujeron a ninguna parte. Estos admirables glifos, grabados en bajorrelieve plano, constituyen la única forma de «escritura» jamás descubierta en toda la América del Sur, e incluso en América del Norte, donde sólo las inscripciones mayas son algo similares y han sido objeto de interpretaciones cronográficas, aunque de género distinto.
Los glifos cronográficos de la Puerta del Sol y de las estatuas monolíticas de Tiahuanaco dan una sorprendente entrevisión de un mundo muy alejado, muy diferente de nuestro mundo actual. Por desgracia me es imposible entrar aquí en detalles, ya que se trata de algo más bien complicado. Así, pues, remito, a aquellos que se interesen por un difícil desciframiento de mi obra, escrita en colaboración con Peter Allan: The Calendar of Tiahuanaco.
La civilización de Tiahuanaco, que surgió tan abruptamente en el mundo, en un extremadamente alto estado de perfección, llegó, al cabo de un tiempo relativamente corto, a un fin tan repentino como brusco. Dicho fin fue debido, sin duda, a un diluvio catastrófico, un gran cataclismo de origen cósmico que sumergió la región de este centro de civilización única. Escaparon, sin duda, muy pocos de sus habitantes, probablemente logrando salvar sólo su vida, y tal vez un poco de savoir-faire técnico, gracias al cual intentarían seguidamente restablecer, en sus nuevos hábitats, ciertos aspectos de su civilización perdida. Su resultado fueron las distintas pequeñas civilizaciones locales de las tierras bajas, caracterizadas por los llamados estilos «decadentes» de Tiahuanaco, o tihuanacoides. La mayor parte de éstos están muy lejos de los estilos «clásicos» originales. Estos últimos eran «significativos», mientras que los primeros son caricaturas de aquéllos, carentes de significado. Tal fue el fin de la civilización de Tiahuanaco. Pero, ¿de dónde procedía originalmente la sorprendente civilización de Tiahuanaco? Como quiera que jamás se han descubierto en ninguna parte formas «primitivas» —aunque las mismas pudieron muy bien quedar destruidas por un cataclismo—, hasta un arqueólogo muy prudente y ortodoxo se siente terriblemente tentado de seguir la teoría audaz, pero inmensamente provechosa, de Von Dániken, según la cual las altas civilizaciones habrían sido implantadas en la Tierra por extraterrestres: los antiguos astronautas. Creo que la idea merece, sin duda, reflexión, y todos los argumentos en pro y en contra deberían ser minuciosa y seriamente pesados y examinados. Esta forma de actuar no debería ser tomada como una manera fácil de escapar a un callejón prácticamente sin salida, sino también como una solución realmente posible de lo que, de otra forma, permanece como uno de los más grandes enigmas de la arqueología.


Post-scriptum. En el curso de un reciente viaje de investigación a las altas tierras de Bolivia, por parte de un grupo de partidarios de Daniken, en el que participó Josef Blumrich, de la NASA, se encontró cierto número de instalaciones muy curiosas que, si algo significan, demostrarían que desde allí fueron lanzadas naves espaciales.


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