martes, 21 de enero de 2020

Crónica Marciana Volumen 2 por Javier Stagnaro

Dedicado al amigo y compañero ufólogo de campo, recientemente fallecido, Alfredo Scolaro, ingeniero civil, experto en armamentos, sobre todo misiles, del CITEFA (Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas). Trabajó en los proyectos de los satélites artificiales argentinos y estuvo dos veces en Irak como veedor de la ONU (cascos blancos) del armamento de Sadam HusseinEra un firme creyente en la hipótesis extraterrestre para el origen de los ovnis. 
                                                                         Javier Stagnaro

Fotos con el ing. Alfredo Scolaro, el fotógrafo-pintor Miguel Doura en casa del Ing. Sigurd von Wurmb (ufólogo, parapsicólogo y esoterista) en Rosario, Santa Fe.

domingo, 10 de marzo de 2019

Esoterismo: Nostradamus nos avisó. Por Ariel Rosales (México)

Recurrimos nuevamente al archivo de Javier Stagnaro y a  la estupenda revista española Mundo Desconocido (año 78) para compartir una interesante entrevista a un personaje no demasiado recordado y acompañado en sus investigaciones.
¡ Fiat iustitia, ruat caelum!


CHARLA EN PROFUNDIDAD CON EL MÁXIMO ESPECIALISTA MUNDIAL EN EL ESTUDIO DE NOSTRADAMUS



"Nostradamus creó un complicadísimo sistema de claves para ocultar un solo documento... el documento profético más formidable en relación con la catástrofe apocalíptica que nos espera. La humanidad debe recibir un mensaje muy importante en el curso del próximo siglo. Mi trabajo es preparar el terreno para hacer más fácil este resultado." Daniel Ruzo



Un sabio esotérico 


Daniel Ruzo definitivamente no es de esta época. Su personalidad entera, lo mismo que su obra, emana antigüedad, misterios olvidados, edades inimaginables para esta humanidad actual que ha fechado perfectamente su pasado sin aventurarse más allá de los "tiempos históricos". Desde la primera vez que uno se le acerca siente su genial anacronismo, remarcado por una afabilidad que tampoco es de esta época.
 Ruzo pertenece a una corriente que casi desapareció en el siglo 19 —el esoterismo como
ciencia— y cuyas figuras contemporáneas son tan escasas que se pueden contar con los dedos. Ruzo es un sabio esotérico, un investigador ocultista con una erudición sobre los llamados "conocimientos tradicionales" suficiente para aterrar a los lectores ávidos de escritura charlatanesca. Sin embargo, su obra múltiple, acumulada y enriquecida a lo largo de cincuenta años de investigación, ofrece un aspecto apasionante para el lector común y corriente. Al igual que los ocultistas del siglo 19 que se lanzaron en pos de la Atlántida y de otras civilizaciones míticas, Daniel Ruzo ha buscado durante toda su vida las huellas de una humanidad desaparecida hace más de 40 000 años. Armado con un formidable equipo fotográfico ha viajado por todo el mundo documentando sus hallazgos en una forma que envidiarían los viejos cabalistas. Esta ha sido una de las pocas ventajas que le reconoce a la época tecnológica. Su vida de explorador recuerda también a los pioneros de la arqueología esotérica y lo convierte en una figura misteriosa y fascinante para el gran público.
 A los 78 años, es el principal especialista en Nostradamus. Propietario de la más completa colección de libros que haya en el mundo sobre el profeta provenzal, también es una autoridad en protohistoria y ha descubierto importantes esculturas en diversos países. Nació en Lima, Perú, en 1900, y desde muy joven fue un poeta destacado. En 1920 publicó su primer libro de versos, Así ha cantado la naturaleza, y en 1922 apareció en Madrid El atrio de las lámparas. Después de publicado este libro, dejó de escribir y se dedicó a los negocios. Hizo una brillante carrera en el campo comercial y al mismo tiempo realizó una serie de estudios teosóficos y esotéricos que lo condujo a relacionarse en Europa, Asia y América con los principales grupos del movimiento místico mundial.
 Retirado de los negocios, desde 1957 se ha dedicado a la conclusión y publicación de los estudios e investigaciones que realizó toda su vida sobre profecía, protohistoria, simbolismo, religiones comparadas, cronología, criptografía y mitología. Durante más de cincuenta años reunió una impresionante biblioteca de ciencias ocultas, especializada en profecía y particularmente en Nostradamus, que le ha permitido estudiar las fuentes más fidedignas de la literatura esotérica. También durante toda su vida ha sido un arqueólogo sui generis que desafía a la ciencia oficial. Su descubrimiento de ciertas esculturas protohistóricas es quizá uno de sus trabajos más discutidos entre los estudiosos del esoterismo. Dio cuenta de él en la Academia Mexicana de Ciencias, en 1953, y en la Universidad de la Sorbona en 1957 y 1959. Por esta época su fama creció en Francia y fue uno de los fundadores de la revista Planéte. 


Monumentales esculturas 

Actualmente Daniel Ruzo es un escritor con éxito. Tras su primer libro, Los últimos días del apocalipsis (1970), publicado en México, París y Río de Janeiro, La historia fantástica de un descubrimiento (1975) se está convirtiendo en uno de los primeros bestsellers esotéricos de autor latinoamericano. En este último narra magistral-mente la historia de sus viajes y exploraciones, que lo llevaron a descubrir esculturas monumentales realizadas en la roca natural. "Mi novela", la llama él, y expone su sistema en forma muy accesible, con la intención expresa de que lo conozca un mayor número de lectores. 

Documentos inéditos

Hace dos años apareció en España su libro El testamento auténtico de Nostradamus, un impresionante estudio sobre el profeta basado en documentos que nadie había usado jamás. Ruzo ha descubierto la clave indispensable para descifrar la obra completa de Nostradamus en un texto olvidado por todos sus intérpretes: el testamento del profeta. El texto está destinado a conmocionar a especia-listas y público en general. En 1976 Ruzo publicó una especie de continuación de La historia fantástica de un des-cubrimiento, cuyo tema se circunscribe a México: El valle sagrado de Tepoztlán. Y en 1978 ha dado a luz pública una colección de poemas místicos que datan de diferentes etapas de su vida: El rumbo cierto.
 La escritura de Daniel Ruzo no tiene paralelo en lengua española. Es una escritura fuera del tiempo, arquetípica. Uno puede estar de acuerdo o no con lo que está diciendo, pero es innegable que su fuerza poética arrastra y plantea interrogantes cruciales sobre la condición humana. Recuerda a Gurdjieff; pero principalmente está emparentada con los grandes místicos y ocultistas de la antigüedad.
 Como persona Daniel Ruzo es hospitalario, amable y dotado de un agudo sentido del humor que tampoco es de esta época. Uno espera encontrar al investigador serio y solemne, encerrado en su esfera de cristal, sin contacto con el mundo exterior. Pero no es así. Se trata de un hombre de edad, enérgico, risueño y con una 
conversación deslumbrante. Su tema favorito: las esculturas talladas en roca natural. En una sola sesión es capaz de ir a Tepoztlán, tomar cien fotografías de sus montañas y regresar a Cuernavaca para seguir exponiendo su teoría durante varias horas más. He aquí, pues, el resultado de nuestra experiencia con Daniel Ruzo. Durante ella no hubo materializaciones de espíritus ni curaciones milagrosas. Tampoco vimos levitar a nadie, y ni siquiera nos adivinaron el futuro. Hemos entrevistado al auténtico escritor esotérico, y conversamos con él rodeados de libros y antigüedades. Habló de todo lo que le interesa, pero la información fue tan exhaustiva que lo siguiente no es más que una síntesis de su trayectoria y sabiduría.

Ariel Rosales: Quienes no conocen sus libros, pero han oído hablar de sus teorías esotéricas, piensan que usted es un hombre fuera de la realidad, un "ocultista" apartado del mundo que toda su vida la ha pasado estudiando libros antiguos y buscando civilizaciones desaparecidas. La gente que piensa así ignora su brillante trayectoria corno hombre de negocios. Sabemos que como empresario en las más diversas ramas usted hizo una fortuna. ¿Cómo consiguió el éxito financiero y a qué se dedicó?

Daniel Ruzo: Tuve siempre confianza en mí mismo y fui al encuentro de la suerte. No escalé por peldaños ni me he especializado en una sola actividad. Me fui moviendo de una empresa a otra. Apenas las conocía a fondo y alcanzaba una meta me apartaba para intentar otra empresa diferente. El negocio de propiedad inmueble y una hacienda algodonera me dieron a ganar mucho dinero. Me he metido en muchas cosas, desde vender pieles de zorrino (la cosa más absurda que se pueda imaginar, además de que apestan a diablos!), hasta una editorial que publicaba libros peruanos antiguos, de historia y literatura. Me he metido también en negocios mineros, explotación del zinc entre ellos, y durante 25 años tuve una hacienda muy importante que me dejó mucha plata. Aunque creo que lo principal fue la empresa de propiedades urbanas en Lima y el algodón. Puedo decir que he tenido tres fortunas: la que he perdido —porque en la vida de negocios hay que saber perder dinero—, la que me he gastado viviendo y la que tengo para vivir en la actualidad.

Ariel: ¿Qué propósito lo animaba en los negocios? ¿Trataba de conseguir status o prestigio social? ¿Lo hacía por amor al dinero, por acumular capital? 

Ruzo: El status social nunca me ha interesado. Lo he usado como quien usa un par de zapatos, porque era necesario en el mundo en que me movía. Toda mi vida he sido un viajero incansable y nadie que viaja mucho busca status, porque el status es "en relación a", y el que viaja "está desrelacionado con". En los negocios busqué el dinero por el dinero mismo, como los verdaderos capitalistas. Hice plata para conseguir libertad, para poder dedicarme a lo que me ha dado la gana. Mientras trabajaba, sabía que en la vejez iba a necesitar plata para hacer algo muy importante. Ya desde entonces me dedicaba a estudiar; pero ahora estoy comprobando que lo que me sostuvo tantos años en los negocios fue mi voluntad de abandonarlos definitiva-mente en una época futura. Lo que en verdad deseaba era po-der dedicarme de tiempo completo a estudiar y escribir. Evidentemente mis estudios hubieran sido imposibles sin capital. He gastado una fortuna en libros, viajes y fotografías. Para obtener 1. 300 libros de un profeta del siglo 16 no sólo se necesita un gasto enorme de tiempo y energía, sino principalmente de dinero. La plata que tengo actualmente me sirve para sobrevivir y seguir en lo mío. Aunque creo que si mi vida se prolongara quince años más, acabaría en a puerta de una iglesia pidiendo limosna.

Ariel: El profeta del siglo 16 que menciona es, sin duda, Nostradamus. Se dice que usted posee, según opinión de especialistas, la colección más completa de sus obras jamás reunida. ¿Cómo fue que formó esta colección y cuál es, aproximadamente, su valor?

Ruzo: Durante 19 años yo estudié a Nostradamus en obras y ediciones corrientes, españolas y francesas. Pero, después de tanto tiempo, comprendí que sin una documentación más especializada no podría darme cuenta de lo que en realidad dijo Nostradamus. Fue por eso que en el año 46, aprovechando el fin de la guerra, fui a Europa y empecé a comprar todo lo que encontré sobre el profeta. Me puse en contacto con los grandes libreros que venden piezas antiguas, principalmente en París, y así fui formando una biblioteca que hoy es una cosa muy notable, imposible de rehacer. Tengo ejemplares únicos que ni las grandes bibliotecas oficiales poseen. Es una colección que cuesta mucho dinero, casi diez veces más de lo que me costó a mí. La tengo guardada en una caja de seguridad en Nueva York y calculo que allá cuesta, en estos momentos, alrededor de medio millón de dólares.

Ariel: Antes de 1957, año en que se retira usted de los negocios, ¿cómo conciliaba su vida de empresario con los estudios esotéricos?

Ruzo: Bueno, ha habido épocas en que he estado dedicado más intensamente a una de las dos actividades. Hacer ambas cosas al mismo tiempo es muy difícil. Había temporadas en que predominaban los negocios, mientras en que otras me consagraba totalmente al estudio, aunque para lograr la concentración necesaria para este tipo de investigación debía aislarme casi por completo. Materialmente tenía que huir de la ciudad. En varias ocasiones llegué al extremo de abordar un barco carguero, de esos que sólo llevan doce pasajeros y que realizan una travesía tranquila, ideal para estudiar y escribir. En las ciudades hay demasiados obstáculos que impiden la concentración, constantemente crecen las obligaciones de la casa y las amistades que distraen nuestra atención. En cambio, en un barco uno está rodeado por gente desconocida y agua por todas partes. Concentrarse en este ambiente es mucho más fácil.

Ariel: He oído decir que usted también tuvo una actuación política en el Perú...

Ruzo: No hay mucho que decir. Mi vida política fue más bien de segundón. Cuando joven fui muy crítico, me consideraba anarquista, de la línea de Kropotkin, pero muy pronto rompí con eso. Aunque teóricamente sigo pensando que el anarquismo es el sistema social perfecto. Sólo que para llevarlo a la práctica se requeriría de un alto nivel colectivo de conciencia, al cual ni de broma puede aspirar la humanidad actual. Pero me estoy saliendo del tema. Usted me preguntaba sobre mi actuación política, y de joven anarquista casi no tuve ninguna; fui a alguna manifestación, pero nada más. Muchos años después, gracias a que yo era un abogado recibido —especializado en impuestos, para más detalle—acepté la alcaldía de la ciudad de Miraflores. La organicé en el campo de los impuestos internos, y en un par de años corregí lo ,que estaba mal y desarrollé un barrio comercial que no existía. Pero en realidad acepté la alcaldía porque se trataba de la ciudad en la cual yo vivía. No me interesaba, ni me ha interesado nunca, hacer una verdadera carrera política. Después de esta experiencia no he vuelto a incursionar en la vida pública, felizmente.

Ariel: Para el público que lo conoce como autor esotérico, su nombre está ligado muy estrechamente a El retorno de los brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier, donde usted aparece citado en relación a sus investigaciones sobre la cultura Masma. ¿Qué lazos lo unen con estos autores y qué opina de su obra?

Ruzo: Bueno, mi relación con Bergier, principalmente, ha sido muy antigua, muy anterior a la aparición de su libro y de la revista Planéte. Lo considero un tipo excepcional y he llevado con él una gran amistad. Una vez por año lo veía en París. Nuestra relación ha sido fundamentalmente amistosa. Respecto a la obra que llevó a cabo con Pauwels, primero con la publicación de El retorno de los brujos y después con Planéte, pienso que alcanzó gran difusión porque mostró al público un nuevo e importante enfoque intelectual. Fue el principio de todo este movimiento publicitario, que crece cada día, alrededor de las cosas que están al margen de la ciencia, como el ocultismo y la mística. Ellos lanzaron a muchos desconocidos que estábamos en el límite de la ciencia, cada uno en su especialidad. Antes de que apareciera su obra nos ignoraban por completo; después, una buena parte del público empezó a escuchar lo que decíamos. Esta es para mí la importancia capital de la obra de Pauwels y Bergier.

Ariel: En este sentido, usted, junto con los otros autores que lanzaron El retorno de los brujos, sería un disidente, un "fuera de la ley" a los ojos de la ciencia oficial. ¿No le incomoda esta situación? 

Ruzo: ¡Por supuesto que no! Vea usted, ¿por qué somos tantos los que estamos al margen de la ciencia, los que llevamos nuestros estudios más allá de sus límites? Somos muchos porque la ciencia no nos ofrece respuestas satisfactorias a ciertas cuestiones fundamentales. Nosotros, defraudados por la ciencia dogmática y autoritaria buscamos esas respuestas con métodos muy distintos a los suyos. Algunos autores podrán estar equivocados, pero el intento es lo que vale. Casi todos están hundidos, casi todos tendrán que esperar la llegada de otra generación, y otra más. Mientras tanto serán tildados de locos por la ciencia. ¿Por qué? Porque las bases de la enseñanza científica son falsas. El retorno de los brujos tuvo el valor de hacer esta distinción entre los científicos oficiales y los proscritos por la ciencia, y con esto abrió una interrogante, hizo dudar al público del respeto casi sagrado que se le tiene a la ciencia en esta era tecnológica. Hay problemas sobre los que la ciencia no puede arrojar ninguna luz. ¿Cómo puede explicar esta ciencia, por ejemplo, las profecías de Nostradamus?

Ariel: Sin embargo, a todos los autores que fueron lanzados por Pauwels y Bergier, los científicos racionalistas los condenan alegando que están fuera de la realidad, que fantasean. ¿Podría rebatir esta crítica? 

Ruzo: Yo diría que estos autores, y entre ellos me cuento yo, no están fuera de la realidad, sino más bien fuera de "una" realidad inventada por las universidades, o sea por los templos de la ciencia oficial. En todo caso, estamos fuera de lo que los científicos consideran como realidad, que en muchos aspectos es más cuestionable que la nuestra. Para ellos, por ejemplo, es realidad que los más antiguos documentos arqueológicos acreditan culturas completas hasta llegar a los sumerios, o sea que antes de los últimos 8000 años el hombre vivió en un estado de salvajismo casi absoluto. Pero nosotros no estamos de acuerdo con esta teoría dogmática y les planteamos una objeción muy clara: ¿cómo ha podido hacer el hombre esta enorme evolución en los 8000 años últimos, mientras que en los 32000 anteriores no hizo nada? Del año 40000 antes de hoy, al año 8000 antes de hoy, el hombre ha sido el mismo, estando en el paleolítico, basando en la piedra su progreso. Esta es, para nosotros, una concepción demasiado pueril. Nuestra época, hablando a través de sus científicos, quiere hacernos creer que durante 32000 años el hombre fue un salvaje y para ello se apoya en lo que considera una prueba irrebatible: la piedra. Lo que ocurre en realidad es que durante ese largo período de tiempo sólo se ha salvado la piedra y todo lo demás ha desaparecido. Las fuerzas naturales y las catástrofes han ido acabando con todos los recuerdos, con todas las huellas del hombre, exceptuando la piedra. Un hacha de piedra está exactamente igual después de cuarenta mil años, en cambio una espada, la mejor espada, no dura mil años.

Ariel: ¿Piensa usted entonces que el hombre de hace 40000 años, o más, pudo haber dominado el hierro, sólo que los vestigios se han perdido? 



Ruzo: Naturalmente. Para hacer el sable del samurai, las familias japonesas sepultaban en el pantano un pedazo grande de mineral escogidísimo, en un sitio que sólo ellos conocían. Después de 80 o 100 años lo sacaban y con la parte del mineral que no había sufrido la humedad del pantano, que no se había oxidado o malogrado, hacían la espada. Probablemente esas espadas duraban más de mil años. Pero hasta hoy, fuera de esas espadas, no se ha fabricado ninguna que dure 1000 años. En cambio, las armas Iíticas duran 40000 años. En vez de pensar de esta manera, los científicos 
dicen: "porque no hemos encontrado huellas, nosotros aseguramos esta ingenuidad: que la raza humana ha permanecido sin progreso durante 32000 años, y en cambio en los últimos 8000 se ha elevado hasta el grado de conseguir un viaje a la Luna". Se necesita ser dogmático, universitario, para decir esto, simplemente por el hecho de que así lo sostiene la ciencia oficial. El universitario se limita a repetir lo que le enseñan. No hay una universidad que enseñe a crear, y que acepte solamente a los individuos capaces de creación.

Ariel: ¿El hecho de que usted haya tenido capital para realizar libremente sus estudios le ofreció la posibilidad de disentir? ¿Nunca intentó que sus estudios fueran financiados por una universidad o alguna otra institución oficial, como sucede normalmente con los investigadores? 

Ruzo: Volvemos sobre lo mismo. Usted comprende que ninguna universidad le va a dar dinero a un individuo para que haga y piense como yo. No es posible. Soy antiuniversitario, los universitarios aprenden por detrás, con las posaderas, sobando las bancas en que se sientan a escuchar a sus maestros. Después se limitarán a repetir lo que les dijeron. ¡Y hay que ver las mentiras que sostienen, por ejemplo, los historiadores de las religiones! ¡Hay que ver cómo estudian el simbolismo religioso, los mamotretos que hacen! Ninguno trasciende la línea fijada por la universidad. Si pasa esa línea ya no es universitario y entonces no le pagan, no le dan cátedras, no le dan nada. ¡Qué van a atreverse a pasar la línea! La enseñanza académica no es más que un sistema económico, con principios establecidos que no está permitido violar. Si los violan, no hay plata. Los individuos con ideas propias no se permiten, están proscritos. No hay formación individual, hay formación de rebaño. En mi caso concreto yo he podido ir contra lo que dice la ciencia dogmática porque he tenido la posibilidad económica de financiarme mis estudios. En este sentido soy una excepción. Yo no me he limitado a permanecer en una banca, he salido a buscar la verdad. Mis constantes viajes por todo el mundo rastreando las huellas de una antiquísima humanidad son una prueba,

Ariel: Respecto a su vida de viajero, ¿qué impresiones le han quedado? 

Ruzo: Cuando tomo una ruta cualquiera, ya sea de Europa o de América, me pongo a pensar cuántas veces la he recorrido en el pasado. ¿20? ¿30? No lo sé, he perdido la cuenta. Ahora con los aviones los viajes resultan maravillosos, los hace uno dentro de sí mismo. No hay paisaje que nos distraiga. Se necesita ser turista —animal fabricado por la propaganda— para creer que el fin de un viaje es distraerse, divertirse. El antiguo viajero todavía encontraba algo interesante en el paisaje, y eso porque no existía el cine. Actualmente cualquier película supera a un viaje, es más divertida, más intensa. Para mí, los viajes han sido siempre un medio, nunca un fin. Además de mis viajes como explorador por 5 continentes, he viajado para vivir en distintas ciudades. He residido en París, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lima, Caracas, y ahora Cuernavaca. Es fascinante vivir en distintas ciudades, cada una tiene un conjunto humano tan diferente que le obliga a uno a desarrollar la aptitud de vivir como si ahí hubiera pasado toda la vida. Es por ello que vale la pena viajar. Yo estoy en Cuernavaca o en París como si nunca hubiera salido de ahí. Basta con que esté unos cuantos días en una ciudad nueva para mí, para que ande buscando una casa donde meter unos libros, unos muebles, y hacer un plan de trabajo.

Ariel: ¿De todas las ciudades en que ha vivido cuál le parece mejor?

Ruzo: Sin duda París. Pero no el París de los turistas, sino el otro París, el subterráneo. Yo conviví con las gentes de ese mundo oculto que la mayoría de los extranjeros ni siquiera se enteran de que existe. En mi hotel pensaban que yo era un clochard de luxe, rodeado de gentes como no se ven todos los días, "sus amigos brujos", me decían. Como eran un poco raros les parecían brujos, pero por supuesto no tenían nada de raro o sobrenatural. Eran los productos netos de esa ciudad, los seres que realmente vivían en París. Este tipo de gente es la única que siempre me ha importado. Generalmente se trata de viejos de verdad, libreros, poetas y artistas, con una vida vivida de veras.

Ariel: ¿Quiere decir esto que considera muy importante la experiencia de los viejos? 

Ruzo: No. La experiencia no sirve para nada. Una misma situación no se repite nunca. Lo que debemos adquirir no es experiencia, sino una manera nueva de afrontar los hechos nuevos. El esfuerzo grande y necesario radica en enfrentarnos al hecho como es y no encasillándolo en un molde ya establecido. Esta es la forma en que actúan los pocos que viven de verdad, enfrentándose a las situaciones más diversas, viéndolas realmente como son. La inmensa mayoría de la gente está dormida, no vive. Mete los hechos en casilleros, los ficha, olvidándose de la verdadera vivencia. En la gente, el grado de despertar es lo más importante. Y es una verdadera casualidad dar con un tipo de éstos, con un "despierto". Entrar en relación con un "despierto" es importante porque ayuda a despertar. El "despierto" ve la realidad con ojos diferentes, desde puntos de vista diferentes, y por eso ayuda a despertar. ¿Qué hace uno con un señor que piensa como el periódico que lee en las mañanas, que tiene exactamente las mismas opiniones? La mayoría de la gente piensa como un periódico determinado, y en ese sentido no viven como hombres, están dormidos, están muertos, no pueden despertar. Esta no es una idea original, en nuestra época la expresó Gurdjieff y siglos antes ya la había dicho Cristo. Se ha repetido mil veces y nadie la entiende. Cristo dice que habla para los "despiertos" y "vivientes", no para los "dormidos" y "muertos". Sin embargo, todos piensan que Cristo en Los Evangelios ha hablado para ellos, y se asombran de que no se realice en ellos lo que dice Cristo. Cristo declara, "pide y recibirás", y todos los cristianos piden una cosa concreta, algo que ningún "despierto" ni ningún "viviente" pedirían. Resultado: la mayoría de los cristianos no recibe las puerilidades que han pedido. ¿Qué puede pedir un dormido? Pues ninguna otra cosa más que sueño. ¿Y un muerto? ¡Nada! El dormido está soñando y pide eso, quimeras: una casa, un automóvil. En cambio un "despierto" pide un mayor despertar, y un "viviente" tiene que pedir una vida mayor, por-que es lo único que importa para ellos. Y como no piden nada de este mundo, con toda seguridad lo obtienen. Los evangelios han sido interpretados íntegramente por los "dormidos" y los "muertos". Es por eso que se han convertido en una cosa muerta, sin ningún significado.

Ariel: Con esto ha entrado usted al terreno de la mística. ¿Puede explicarnos en detalle que entiende por "despertar"?

Ruzo: Bueno, no hay mucho más que decir, casi todo el género humano está dormido, y sin embargo se engaña y cree que está despierto. Un señor que gana dinero o que tiene mucho éxito con las mujeres, ¿cómo va a creer que está dormido? Pero lo está y no se da cuenta, tal vez nunca se dé cuenta, y toda su vida la habrá de pasar dormido, repitiéndose como disco rayado, sin ir a ninguna parte. Sólo que para despertar de este sueño se necesita un nuevo estado de conciencia, un nuevo punto de vista para apreciar la vida. El verdadero camino espiritual empieza precisamente aquí, cuando volvemos a ver el mundo con nuevos ojos, ojos bien abiertos y no somnolientos. Es entonces que empezamos a vivir de veras. Y no digo más por temor a que no me entiendan.
Ariel: Lo que acaba de decir parece un resumen de la enseñanza de Gurdjieff. Tengo entendido que este místico contemporáneo ha influido muy directamente en su pensamiento. ¿Puede precisarnos en qué consiste esta influencia? 

Ruzo: Se trata de una de esas cosas que no se pueden explicar fácilmente, pero que existen. Gurdjieff es una influencia decisiva en todo el movimiento actual. Sus ideas nos permitieron ver todo desde un nuevo punto de vista. Se situó en una auténtica perspectiva cósmica y desde ella volvió a considerar todos los problemas de la humanidad. Las consecuencias de su enseñanza pueden rastrearse en gran parte de los movimientos intelectuales de hoy, aunque, por supuesto, se encuentran muy disminuidas, diluidas diría yo. Sin embargo, su enseñanza está presente. Ahí tiene usted el caso de Pauwels, quien había trabajado en los grupos de Gurdjieff y que a través de Planéte contribuyó a que sus ideas se difundieran. Personalmente, entré en contacto con la enseñanza de Gurdjieff, en 1950. Durante uno de mis viajes a Guayaquil conocí a una señora que había traducido al español Tertium Organum, de Ouspensky, su principal discípulo. De inmediato empecé a comprar ejemplares de este libro y los regalé a todos mis amigos: tal fue el impacto que Ouspensky, antes de conocer directamente a Gurdjieff, causó en mí. Sabiendo que Ouspensky era su divulgador era lógico que yo buscara las obras de Gurdjieff. Durante el año siguiente estuve dedicado enteramente a su estudio, y al enterarme de que en México se habían radicado los discípulos de Ouspensky, me vine para acá a fines de 1952 y estuve unos meses con el grupo de Collin Smith en Tlalpan y Guadalajara.

Ariel: De niño usted se formó en el Colegio de los Jesuitas de Lima; ¿fue ahí donde surgió su interés por los asuntos místicos?

Ruzo: Sí. Mi infancia con los jesuitas me puso en estrecho contacto con la religión. Ahí empezó lo que yo llamo mi eterno camino místico. Era uno de esos niños devotos que comulgaban todos los días y estaba constantemente en un plan bastante religioso. Ahora a los jesuitas sólo los quiero de lejos, pero debo reconocer su férrea disciplina, ideada inteligentemente por Loyola. Su estricto retiro religioso fue creado precisamente para disciplinarios; con esa experiencia meten a todos en el mismo molde y salen iguales, borrándose todas las diferencias personales. Se trata de una experiencia disciplinaria muy bien estructurada. Yo recibí de mis maestros la in-fluencia de esa disciplina y creo que me ha servido mucho. También la primera cosa que publiqué fue con los jesuitas, en una revista de los estudiantes del colegio. Fue un artículo de vulgarización sobre la teoría de la contracción de la Tierra, esa teoría que dice que la Tierra pasa de la forma de una esfera a la forma de un tetraedro regular. Esta teoría me llamó mucho la atención e hice mi primer articulito de vulgarización.

Ariel: ¿Es cierto que también a temprana edad entró usted en contacto con el espiritismo? 

Ruzo: Salí del colegio a los 16 años y me hice amigo de un señor que era un militar retirado conocido de mi abuelo. Este viejo me tomó mucho cariño y yo lo visitaba en su casa, donde celebraba sesiones de espiritismo con su familia. Sólo asistíamos él, su mujer, sus hijos y yo. De manera que no había posibilidad de engaño, porque la familia no podía reunirse tres veces por semana para engañar a un muchacho de 16 años. Esto fue durante dos o tres años.

Ariel: ¿Y qué tipo de experiencias se llevaban a cabo en esas sesiones? 

Ruzo: Todo lo que dicen los libros, exceptuando los ectoplasmas —eso no le he visto nunca—; todo lo demás si lo he experimentado. No hay duda de que los fenómenos son reales, pero la interpretación es falsa. Las anécdotas que podría relatar son todas aquellas que narran los espiritistas. Recuerdo una vez que el padre funcionaba como medium en la cabecera de una mesa para doce personas. La mesa se movió intempestivamente quedando a un metro de distancia de donde estaba antes. También en otra ocasión, un muchacho entró en estado cataléptico y llenó una pizarra con signos a gran velocidad, como si hubiera dominado esta escritura toda la vida, para después caer al suelo. Ahí todos éramos mediums; el menos brillante hacía escritura automática. Para mí lo importante de estas sesiones fue que pasé de la experiencia católica a un tipo de experiencia totalmente distinta. Debo decir que esa fue mi única participación activa en el espiritismo. Cuando he estado con otros grupos he temido el fraude y he salido bastante desilusionado. El espiritismo casi siempre es un fraude. Cuando no lo es, los participantes se cuidan de invitar a personas ajenas, pues se sabe que un invitado malogra la sesión. Eso es un hecho. En nuestro grupo familiar estaba prohibido el acceso a gente extraña. Yo insistí en invitar a un pintor muy amigo mío, José Sabogal; insistí tanto que me permitieron traerlo, a pesar de que me dijeron repetidamente que iba a ser un día perdido. Lo llevé y fue un día perdido, y mi amigo salió pensando que éramos unos tontos porque no ocurrió nada mientras él estuvo ahí.

Ariel: ¿Qué opinión, como especialista en cuestiones esotéricas, le merecen los fenómenos espiritistas y paranormales?

Ruzo: El espiritismo y todos esos hechos que estudian ahora los parasicólogos actúan en el nivel de las fuerzas inconscientes del mundo mágico. El espiritismo emplea también los recuerdos que duermen en las capas profundas de la subconciencia de sus mediums y asistentes, y añade a todo esto el deseo imposible, pero muy humano, de entrar en relación social con los seres queridos que han pasado las puertas de la muerte física. A esto se añaden, para reforzar la fe en ambas explicaciones, ciertos casos excepcionales que ocurren poco después de la muerte de un pariente u amigo, y las extrañas experiencias en los lugares en que han quedado grabados acontecimientos del pasado. En la inmensa mayoría de los casos, los mediums producen los fenómenos y creen, con absoluta sinceridad, en la explicación religiosa o la explicación espiritista. Estas prácticas man-tienen a sus adeptos en el mundo mágico y olvidan la meta espiritual, única finalidad del hombre terrestre. No hay una línea divisoria entre el mundo físico, el mundo mágico y el mundo espiritual. Los tres mundos se interpenetran y hay múltiples relaciones entre ellos. Por esto, quienes esperan después de la muerte una vida humana, similar a la vida terrestre, tienen muchos argumentos para su teoría. En realidad existe un mundo físico invisible al que podemos acreditar los milagros de la televisión y de los innumerables descubrimientos que aún no se han hecho. Muchos errores se basan en considerar como espirituales o mágicos los fenómenos del mundo físico invisible. El hombre no inventará nunca ningún aparato del mundo físico para captar fenómenos del mundo mágico, pero el cuerpo mágico del hombre, aún embrionario, puede ponerlo en contacto con ese mundo, a manera de puente. La unión espiritual de una pareja podría constituir un puente mucho más importante. Claro está que ninguna religión ni ninguna escuela seria aconsejará estos experimentos a quienes no puedan vivir plenamente y con vehículos apropiados en ambos mundos. Lo que debemos repetir es que la vida en el mundo espiritual es inconcebible para el cerebro humano, y que la relación con los difuntos sólo se establece a través de los elementos que han quedado de ellos en nuestro mundo físico después de su muerte, que son vivificados por fuerzas del mundo físico invisible, por fuerzas anímicas del operador o, lo que es más peligroso, por fuerzas inconscientes del mundo mágico. 

Ariel: ¿Qué sucedió después de su experiencia como espiritista?

Ruzo: Viajé a París e ingresé en la Sociedad Teosófica; me metí en ella hasta las orejas y alcancé un grado. Era nada menos que el año 21, o sea la plena efervescencia teosófica. Luego estuvo seis meses en un sanatorio suizo y me puse a leer a Rudolph Steiner. Me entusiasmé y me relacioné con sus grupos. Steiner ha dicho cosas muy interesantes y sus grupos hicieron mucho por los estudios esotéricos. Luego los atacó el nazismo y perdieron influencia. Mi relación con ellos se limitó al estudio, manteniendo por mucho tiempo correspondencia con varios grupos. En el campo del esoterismo todo lo que he hecho en mi vida es leer, estudiar, y aun cuando me he relacionado con grupos, mi participación se ha limitado a eso. Después regresé a Perú y me conecté con la masonería. Entré creyendo que sabían muchos libros de simbología masónica, pero el conocimiento se ha perdido, y andaba buscando los verdaderos conocimientos tradicionales y, por supuesto, ahí no estaban. No fue sino hasta que conocí a Pedro Astete, otro peruano, que empecé a estudiar esos verdaderos conocimientos. El había comenzado de la manera más extraña: con un sueño; y durante doce años estuvo en Buenos Aires acumulando conocimientos. Yo me le uní y empezamos una labor paralela. Durante 16 años fui diariamente a su casa. Con él aprendí muchísimo


Ariel: Usted ha estudiado el esoterismo en diversos niveles. Por un lado lo vemos como especialista en Nostradamus, y por otro se convierte en un explorador que trata de descifrar el más remoto pasado de la humanidad descubriendo sorprendentes huellas arqueológicas. Además usted ha investigado a fondo la mística del cristianismo primitivo. ¿Están todos estos campos apartados entre sí, o puede decirse que están unidos? 

Ruzo: Todos estos estudios están conectados entre sí, porque en mí mismo todo está conectado. Profecía, religiones comparadas, simbología, mitología, todo ha estado unido en mí desde el primer momento. A medida que fui avanzando, encontré lo indispensable para interpretar esos estudios: la cronología, que es lo que le da coherencia a mi sistema. También dentro de mi sistema ocupa un lugar primordial la fotografía, que ha sido el medio para demostrar en la experiencia las huellas de una humanidad desaparecida. Yo he tenido que hacerme fotógrafo, cronógrafo y muchas cosas más para cumplir con esto que al principio me asustaba. Asombrado me preguntaba: ¿qué tengo yo que hacer con cosas tan apartadas unas de otras? Y resulta que, aplicadas a mi obra, eran una sola cosa.

Ariel: ¿Cómo llegó a interesarse en Nostradamus? 

Ruzo: En el año 27 leí un libro que me había enviado de París un amigo que era cónsul. Se trataba de uno de los libros más interesantes que se han escrito sobre Nostradamus. Su autor era Piobb. Entonces empecé a estudiarlo. Pero como dije, no fue sino hasta 1946 que comencé a reunir la documentación necesaria para un estudio profundo de tan difícil profeta. A cada paso de mi investigación fui comprendiendo que él había tenido acceso a información muy antigua, lo suficiente como para que se le pueda considerar, en astronomía, muy por encima de sus contemporáneos. Eso lo tengo absolutamente probado. Nostradamus ha muerto en 1566, y en 1634 han condenado a Galileo por cosas menos importantes que las que él dijo. Copérnico admite que publiquen su obra en 1540, dedicándose al Papa para que lo libre de la calumnia; es protegido de cardenales y goza de gran prestigio ante la iglesia Católica, pero a pesar de eso se encuentra atemorizado, porque su obra sostiene que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y que no está inmóvil viendo correr en el cielo a todos los astros. Su obra, como la de Nostradamus, se basa en las revoluciones de la Tierra y de todas las estrellas. Por temor, la publica diciendo que ni siquiera es verdadera, pidiendo que tampoco la consideren verosímil, sino simplemente como una hipótesis. Le tenía miedo a la inquisición. Ahora bien, 50 años antes Nostradamus había llegado a las mismas conclusiones que Copérnico; pero las expresó en forma oculta, criptográfica. Su familia era de conversos y por eso Nostradamus conocía muy bien la amenaza que representaba la Inquisición. Tenía que preservar su vida para preservar su obra. Como era maestro de filología inventó una embrollada escritura que se puede interpretar de dos maneras. Muchas veces, para ocultar más sus mensajes intercala textos de otros autores que ya habían sido aceptados por la Iglesia. Pero además llegó a crearse una máscara de charlatán hasta el fin de sus días, para evitarse molestias. Y cuidó mucho esta apariencia, sobre todo por medio de la publicación de los almanaques anuales y de sus relaciones con Catalina de Médicis. Así fue creando un ambiente charlatanesco a su alrededor. A él lo respetaban porque era protegido de reyes y su consejero astrológico, y no por sus profecías, que nadie tomaba en serio. Esto era precisamente lo que él buscaba.

Ariel: ¿Cómo explica usted que un hombre pueda profetizar acontecimientos futuros?
Ruzo: Para la inmensa mayoría de los hombres el tiempo —pasado, presente y futuro— es una barrera infranqueable. Vivimos en un solo "mundo", el mundo físico, y no podemos salir de él. Podría decirse que somos casi animales, seres primarios que utilizan imperfectamente sus cinco sentidos y que están condicionados por el espacio, el tiempo y la casualidad. Casi toda la humanidad se encuentra encerrada en esta servidumbre. Digo casi, porque sólo unos cuantos superan las limitaciones del mundo físico, unos cuantos que pueden centrar su conciencia fuera de este mundo, liberándose así de la servidumbre. Esto, por supuesto, es difícil de aceptar para nuestro débil entendimiento. Pero yo puedo asegurar que es así. Los profetas son hombres liberados que tienen la posibilidad de que el pasado, el presente y el futuro vivan en ellos y se expresen en sus conciencias. Las profecías pueden negarse o discutirse, pero de nada sirve, pues si una sola se ha cumplido, quiere decir que existe un grado superior de conciencia en el que se pueden contemplar "unidas", en otra dimensión, las tres etapas de nuestro tiempo. Por lo demás, la ciencia experimental ha demostrado que, en ciertas condiciones, el hombre y los animales conocen o presienten hechos que no se han realizado todavía.

Ariel: Está usted hablando de que el hombre, o algunos hombres al menos, tienen la posibilidad de desarrollar varios tipos de conciencia, en uno de los cuales el pasado, el presente y el futuro se unen ¿Ha tenido usted alguna experiencia en este sentido? ¿Ha experimentado una conciencia distinta a la normal?

Ruzo: Debo responder que sí, aunque no puedo ser muy explícito porque corro el riesgo de que no se me comprenda. Le diré lo que he dicho en mis libros. He experimentado algunas veces un cambio de conciencia. Desgraciadamente ha durado poco tiempo. De lo que puedo estar seguro es de que se trata de una verdadera conciencia, superior a la que llamamos normal. Mientras se experimenta ese estado nos embarga una felicidad especial, a tal grado que nos parece imposible perderla y volver a la conciencia diaria. Se tiene la seguridad de que ésa es la verdadera conciencia humana. Todos los místicos de todas las culturas hablan de ella. Recuerdo a San Pablo, quien divide a los hombres en tres niveles de conciencia, según su sabiduría: el de los príncipes de este mundo, el de los perfectos y el de los verdaderos adoradores.


Ariel: Volviendo a las profecías  Nostradamus, ¿podría decirse que el cumplimiento de sus predicciones es la prueba de que existe otra realidad distinta a la nuestra? 

Ruzo: El día que comprobamos que una profecía se cumple indiscutiblemente, ese día, sabemos que el hombre puede llegar a unirse con el "más allá", ese "más allá" que por otro lado las matemáticas y la fisica de este siglo nos ayudan aceptar. Los científicos, a pesar de todo su racionalismo, han empezado a abrigar una íntima creencia en esa otra realidad, aunque para ello tengan que hablar de "mundos paralelos" y "antimateria". A través de la posibilidad profética el "más allá" vive en nosotros, la profecía nos hace recordar nuestro insignificante presente y nuestro verdadero destino. He aquí el valor inmenso que tienen los profetas para la humanidad.
Ariel: En relación a las profecías de Nostradamus hay algo que me intriga particularmente: su función, ¿Qué _buscaba Nostradamus al predecir, por ejemplo, acontecimientos importantes de la historia de Francia? ¿Trataba acaso de prevenir a los actores de esos acontecimientos para que pudieran intervenir en ellos?

Ruzo: No. La profecía realmente no se puede utilizar, no tiene aplicación práctica. Los hombres viven los suceso históricos y sólo después :e dan cuenta que estaban profetizados. El conocimiento de la profecía nunca es previo, siempre viene después su cumplimiento. Las profecías no son manifestadas para que podamos intervenir en el destino. Por el contrario, se puede tener la seguridad de que no van a poder cambiar nada. Nostradamus predice la historia de Francia y se ocupa detallada-mente de los personajes y de los acontecimientos futuros con el único fin de interesar la curiosidad humana. A mi modo de ver esta es una idea de capital importancia sobre la obra de Nostradamus. Es la idea de que toda su obra no ha sido para profetizar, sino únicamente para mantener vivo el interés sobre sus escritos, para que llegara ese interés hasta nuestra época. Acicateando la curiosidad humana —nuestro deseo irrealizable de conocer el porvenir para escapar al destino—, Nostradamus ha logrado que su obra profética y la maquinaria criptográfica que encierra lleguen hasta nosotros casi intactas; de sus 1 085 cuartetas se han perdido solamente 13.

Ariel: ¿Pero por qué quiso Nostradamus que su obra llegara hasta nosotros, y por qué la ocultó dentro de una criptografía impenetrable para la mayoría de los hombres? 

Ruzo: Nostradamus creó un complicadísimo sistema de claves para ocultar un solo documento, y el hecho de que haya elaborado un sistema tan difícil de descifrar nos está mostrando la importancia que debe tener ese documento oculto. A mi juicio se trata del documento profético más formidable en relación con la catástrofe apocalíptica que nos espera. La verdadera finalidad de la obra profética de Nostradamus es anunciar, de acuerdo con el Apocalipsis, el fin de nuestro período zodiacal de Piscis. Su criptografía encierra seguramente un mensaje muy importante que la humanidad debe recibir en el curso del próximo siglo, a través de un personaje que está también profetizado. Este hombre, que está predicho para el año 2055, es quien seguramente más va a intervenir en la profecía de Nostradamus, quien la va a aprovechar y la va a realizar. Tendrá en sus manos la profecía revelada y podrá hacer todo lo posible para que la humanidad se prepare ante la inminencia de la catástrofe apocalíptica. Me parece que toda la obra que yo hago al res-pecto es preparar el terreno para hacer más fácil este resultado. Los libros que estoy publicando tienen por objeto hacer llegar a ese futuro personaje la obra original de Nostradamus en copia facsimilar. Todo mi trabajo bibliográfico, criptográfico y cronológico, tiene esa finalidad. Yo no estoy más que en medio del camino, mis estudios no son nada definitivo. Voy a seguir haciendo todo lo que pueda. Así, mi obra significará un buen trecho avanzado para la persona que venga. A mí me ha costado mucho llegar hasta donde estoy, unos buenos 45 años.

Ariel: Haciendo una evaluación de sus estudios sobre Nostradamus, ¿en qué fase del desciframiento de su obra se encuentra? 

Ruzo: Bueno, esto puede verse muy claramente en mi último libro, El testamento auténtico de Nostradamus. Ahí doy cuenta de mis hallazgos a nivel criptográfico, principalmente. El tema del libro gira alrededor de las dos claves que he encontrado en su testamento, dos claves numéricas perfectas que sirven para reordenar su obra. Desde la muerte del profeta han sido muchos los estudio-sos y los comentadores que han intentado descifrar sus versos proféticos, pero a ninguno se le había ocurrido que en un documento, aparentemente insignificante como es su testamento, estuvieran las claves indispensables no para descifrar, sino para empezar a descifrar la obra completa. Sin conocer estas claves no es posible colocar las cuartetas proféticas en el orden exacto que concibió Nostradamus. De todos los investigadores, solamente tres han citado el testamento, pero lo han tenido en cuenta desde el punto de vista biográfico. Durante los cuatro siglos transcurridos nadie ha supuesto siquiera que podía tener relación con la obra profética, y constituir un documento inseparable de ella. Yo he logrado este hallazgo sólo después de largos viajes y estudios, consiguiendo copias facsimilares de los documentos testamentarios, que se halla regado en las bibliotecas de Francia. Duré mucho tiempo estudiándolos, y no fue sino hasta que estuve seguro que dí a la luz mi descubrimiento. Esto ocurrió en 1962, al publicar un artículo en la revista especializada Les Cahiers Astrologiques de Niza. Ahora he publicado este nuevo libro destinado a un público mucho más amplio.

Ariel: Sabemos que el tema es bastante difícil, críptico para ser más exactos, y que no puede exponerse en unas cuantas palabras. Sin embargo, ¿puede resumirnos el proceso de este descubrimiento? ¿Cómo fue que llegó a la conclusión de que en el testamento estaban las claves?

Ruzo: Bueno, no voy a entrar en detalles criptográficos, pero le diré que el mismo Nostradamus profetizó, con anticipación de cuatro siglos, el desciframiento de su obra que apenas ahora se ha iniciado. En el Almanaque para 1567, la cuarteta del mes de junio dice: Par le thresor trouvé l'heritage du pére. (Por el tesoro encontrada la herencia del padre) 
Este verso profético nos está diciendo que su verdadera herencia no es su pequeño tesoro, sino su obra profética, y que, por lo tanto, su mensaje sólo podrá ser encontrado con la ayuda de las cifras de ese tesoro, confiadas a documentos testamentarios firmados por el notario y los testigos, y guardados en los archivos oficiales. En la vida real, el pequeño tesoro que Nostradamus legó a sus herederos desapareció en poco tiempo. César, el último de sus hijos, murió muy pobre, en 1630. 0 sea que 64 años después de la muerte de Nostradamus ya no había rastro de los objetos y del dinero que había dejado a su familia. Felizmente los archivos oficiales salvaron el testamento con la relación de su pequeño tesoro. En mi libro demuestro que la relación detallada del tesoro físico, corresponde asombrosamente a la relación exacta de su obra profética. Quienes han leído algo acerca de las profecías de Nostradamus, saben que sus comentadores están de acuerdo en que las cuartetas se encuentran fuera de su lugar. Todos han pensado que debía existir una clave criptográfica en cierto modo exterior a la obra profética. No me cabe la menor duda que he encontrado esa clave en el testamento. Nostradamus tenía un mensaje muy importante para nuestros descendientes y se vio obligado a ocultarlo para que sólo pudiera ser descubierto cinco siglos más tarde. Nostradamus creó todas estas dificultades para asegurarse de que su verdadero mensaje apocalíptico no podría ser descubierto por sus contemporáneos. Temía con mucha razón a los hombres de su siglo, capaces de descubrir sus anagramas y las claves del criptograma bajo el que dejaba guardada su profecía. Han sido muchos los comentadores de Nostradamus, la bibliografía sobre su obra es abundante. Y es hecho evídente que cada personaje importante de la historia europea, y cada cambio fundamental de carácter político y religioso, ha sido descubierto en las profecías nostradámicas, a pesar del desorden de sus cuartetas. Para descubrir todo esto los comentadores no necesitaron hacer un trabajo criptoráfico. Es tal la exactitud filológica de las frases de Nostradamus, que no es muy difícil descubrir acontecimientos ya realizados. Ahora bien, yo no pretendo haber encontrado la reordenación definitiva de su obra; como decía, apenas he abierto un camino. La primera clave que he encontrado es necesaria, pero no definitiva. Es evidente que hay otras claves que permitirán una segunda reordenación de las cuartetas proféticas, pero de una cosa si estoy seguro: esta segunda reordenación sería imposible sin la primera que yo he establecido.

Ariel: ¿Cuál es la fecha que Nostradamus ha fijado para la catástrofe apocalíptica? 

Ruzo: Nostradamus predice una catástrofe cósmica que no será el fin del mundo, pero si el fin de nuestra era. Nos da la fecha central de esa catástrofe con una aproximación de diez años, entre 2127 y 2137 de nuestra era. Lo importante de esa fecha es que coincide con la cronología tradicional. He dedicado todo un libro, Los últimos días del apocalipsis, a esta cronología, demostrando que es idéntica en los números secretos de la Biblia y en los de la Gran Pirámide, así como también en los períodos cósmicos de los caldeos, los indostanos y los aztecas. Estudiando por apartado cada una de estas cronologías, he encontrado que todas coinciden en señalar una fecha aproximada a la de Nostradamus para el fin del período cósmico en que nos encontramos. Sacando un promedio he precisado que esa fecha es el año 2137 de esta era. Las profecías y los grandes períodos de la cronología tradicional coinciden para anunciarnos que nuestra quinta raza o edad debe sufrir su aniquilamiento por el elemento aire, y que la fecha central de ese cataclismo apocalíptico será el año  2137 de nuestra era. En momento astronómico terminará, después de 2152 años solares, el recorrido del Sol por el signo Piscis; terminará igualmente la Quinta Edad, después de recorrer en 8608 años solares los cuatro signos: Géminis, Tauro, Aries y Piscis. Terminará también el Kali Yuga de los indostanos y uno de los grandes períodos caldeos. Estamos, pues, recorriendo, desde 1957, 180 "semanas" o "años" anteriores a la catástrofe que señala el Apocalipsis. Esta cronología tradicional se prueba con los mismos conocimientos astronómicos de la ciencia oficial. Lo he demostrado ampliamente en mi primer libro. Nadie puede argumentar que esa cronología ha sido "inventada". La encontramos en las tradiciones y leyendas, en los libros sagrados de todos los pueblos, en los mitos y conjuntos simbólicos, de la misma manera que la encontramos en los escritos del abate Tritheme y de Nostradamus.


Ariel: Hemos hablado ya de Nostradamus y de la cronología tradicional expuesta en Los últimos días del apocalipsis. Ahora bien, ¿cómo se conecta todo esto con la sorprendente hipótesis que ha lanzado en La historia fantástica de un descubrimiento, su libro más accesible y que mayor difusión ha alcanzado? 

Ruzo: Como señalaba, la obra nostradámica se inserta dentro de la cronología tradicional, heredada y conservada por todos los pueblos de la antigüedad y que, según he estudiado, es la cronología de cinco humanidades. Cada una de estas humanidades ha vivido en una edad o período cósmico que siempre termina con una catástrofe. Nuestra humanidad es la quinta y deberá desaparecer, como dijimos, en 2137. Ahora bien, lo que yo expongo en La historia fantástica de un descubrimiento es la comprobación empírica de la cronología tradicional. Apoyado en pruebas fotográficas irrebatibles, demuestro la existencia de huellas antiquísimas que nos ha dejado la cuarta humanidad que vivió en el período cósmico anterior al diluvio. En siete regiones de la Tierra: Perú, Brasil, México, Francia, Inglaterra, Egipto y Rumania, existen esculturas, de un estilo desconocido, que la humanidad ha olvidado durante ochenta siglos. Estos trabajos monumentales fueron realizados in situ, en la roca natural, y deben contemplarse desde un punto de vista preciso, y cuando el Sol se encuentra en una posición determinada. Estas esculturas corresponden a la protohistoria, o sea al período anterior al que la ciencia oficial llama prehistoria. La historia de nuestro descubrimiento, sumada a las pinturas de las cavernas, a la astronomía anterior al diluvio, a la matemática sexagesimal y a la semana de siete días, demuestra la existencia de esa humanidad tan importante como la nuestra. Fue raída de la faz del planeta durante la vida de Noé, como fue raída durante la vida de Adán una humanidad anterior al final de la Tercera Edad.

Ariel: ¿Cómo fue que empezó a encontrar las evidencias de esta humanidad desaparecida?
Ruzo: Bueno, todo esto empezó con un sueño. No lo tuve yo, sino Pedro Astete, en 1905. El sueño se relacionaba con un misterioso nombre: Masma. Astete investigó de inmediato esta palabra y se encontró con que en vocabulario quechua esta palabra se refiere a una cueva mortuoria labrada en una montaña. También averiguó que Masma era el nombre de unas ruinas peruanas y el nombre del quinto hijo de Ismael, según la Biblia. Siguiendo la investigación, Astete llegó a conclusiones sorprendentes, pero la evidencia de que estaba en el camino correcto no se produjo sino hasta que juntos descubrimos la primera escultura. Todo esto se encuentra relatado en mi libro. No voy a contarlo porque sería repetir lo que ahí está mucho mejor expresado.

Ariel: ¿No resultaría poco convincente, desde el punto de vista científico, que un pretendido descubrimiento arqueológico se haya iniciado con un sueño?

Ruzo: En efecto, para los científicos esto puede resultar insuficiente como punto de partida; pero lo que sucede es que en nuestro inconsciente humano ha quedado profundamente grabada toda la experiencia anterior de la humanidad, la cual aflora durante el sueño. Esta idea no es mía. En cada uno de los hombres vive el recuerdo de esta antigua humanidad que esculpió las montañas. Pero me replicarán: ¿quién puede probar un sueño? Aunque resulte increíble nosotros lo hicimos.

Ariel: Mucha gente que ha oído hablar de su teoría de las montañas esculpidas piensa que es demasiado inverosímil. ¿Cómo explicaría esta reacción?

Ruzo: Para responderle debo volver a lo que ya dije. Esta gente reacciona así porque son universitarios. En la universidad no les han enseñado lo que yo les digo, por lo tanto no les puede parecer "verosímil". Los llevas a que vean con sus propios ojos y dicen: "Esto no es obra del hombre; pudo haberlo hecho la erosión". ¿Pero cómo atribuir a la erosión estas magníficas formas escultóricas? ¿Cómo va a dibujar y a esculpir la erosión 14 cabezas humanas de cinco razas diferentes, en una sola roca de 25 metros de altura? Yo descubrí este monumento escultórico en el Perú, en la meseta de Marcahuasi, y lo he mostrado al mundo en miles de fotografías. ¿Cómo va a tallar la erosión la estatua de un hombre, cuya cabeza esta esculpida de tal manera que tiene cinco miradas diferentes, según la hora del día, y sobre cuyo cuerpo está esculpido un manto lleno de símbolos humanos? Hablo de la estatua del Tepozteco que he descubierto en Tepoztlán, aquí al lado de Cuernavaca. Entre los símbolos que exhibe su manto se encuentra el número cinco, diferentes expresiones antropomorfas y mu-chas cosas más. ¿Cómo creer que eso fue hecho por la naturaleza? ¿Cómo es posible que la naturaleza haya cubierto de esculturas —y esculturas que tienen un sentido simbólico perfecto— una montaña, mientras en otras no hay nada? ¿Cómo la naturaleza va a esculpir figuras en las cimas de los cerros que sólo se pueden ver desde el aire, que sólo se pueden descubrir por medio de la fotografía aérea? ¿Cómo va a hacer eso la naturaleza? Ahora, si me aseguran que todo eso lo ha hecho la naturaleza, mi descubrimiento vale muchísimo más! Si yo he demostrado la existencia de todas esas esculturas en 7 países distintos, y me comprueban que es la naturaleza su creadora, mi descubrimiento se vuelve más trascendente, porque entonces he descubierto una fuerza creadora de la naturaleza que nadie conocía.

Ariel: Pero la naturaleza a veces crea formas caprichosas, como en el caso de las grutas en que las estalactitas y estalagmitas han formado figuras. 
¿No sería un caso similar el de las esculturas que usted ha descubierto? 

Ruzo: En primer lugar tenemos que estar seguros si esas figuras de las estalactitas no han sido trabajadas por el hombre. ¡Y hay muchas que lo han sido! Principalmente aquellas que muestran formas perfectamente acabadas. En las grutas se puede demostrar que los antiguos artistas así como han hecho pintura, han hecho también escultura. Lo raro, lo inexplicable, sería que no hubieran sido escultores, sabiendo hacer la pintura que han hecho. Los artistas del Renacimiento lo mismo esculpían que pintaban, llevaban la proporción en el alma y hacían una arquitectura proporcionada, maravillosa. ¿Por qué el artista de las cavernas, que ha sido el mejor pintor del planeta, no podía hacer escultura? Sólo los universitarios pueden pensar de otra manera. Así pues, en primer lugar, se ha hecho escultura en las cavernas. En segundo lugar, también es evidente que ciertas formas naturales, como las formas de las nubes, pueden parecer esculturas o tener la apariencia de determinadas figuras, sin que eso impida que aceptemos en ciertos casos la intervención humana. En tercer lugar, las esculturas de que yo hablo eran esculturas mágicas; en ese remoto pasado el hombre le preguntaba a la estalactita o a la piedra lo que era, y mejoraba su forma. No se trataba de hombres que por capricho personal y para agasajar su personalidad ridícula quisieran hacer de una piedra otra cosa distinta. Más bien se trataba del hombre unido a la naturaleza que no creía en la simetría, Era un arte puro, no un arte simétrico. No era el arte de las paralelas y de los ángulos rectos, era un arte de los ángulos vivos. Una piedra del sol, como la famosa Intihuatana que puede de verse en Machu Picchu, tallada en la roca viva por la Cuarta Humanidad, es una es-cultura que si la cortáramos y la lleváramos a un concurso de arte ganaría todos los premios. No tiene dos líneas que sean paralelas ni una sola pulgada que sea recta. 'Es una piedra viva que recibe la luz del Sol durante todo el año y no repite nunca la misma sombra. De un equinoccio a otro, o de un solsticio a otro, no parece igual. Esta roca, repito, fue tallada por la humanidad anterior, por los mismos hombres que pintaban las cavernas y esculpían las montañas. Eran hombres en unión con la naturaleza. Ningún artista-títere, de esos que hay ahora, podría hacer cosa igual.

Ariel: Dice usted que la piedra del Sol que se encuentra en Machu Picchu fue tallada por la humanidad anterior. ¿Supone entonces que toda la ciudad fue construida por esos mismos escultores de que habla?

 Ruzo: No, de ninguna manera. La ciudad la hicieron los incas, pero ellos construyeron sobre esculturas que habían sido talladas en la roca natural durante la protohistoria. Toda la labor que yo estudio fue hecha en la piedra natural, no con piedras transportadas, todo lo incaico fue realizado de ese modo, transportando piedras. Los incas son de hoy, apenas empezaron hace nueve siglos, y tardaron sólo 400 años para formar un imperio. Su herencia cultural es mínima, se pasaron todo el tiempo guerreando y aumentando en exceso sus dominios. Llegaron hasta Quito. Culturalmente los incas no hicieron más que copiar algunas cosas de los pueblos que vencían y que realmente habían te-nido una verdadera cultura. Quienes aceptan que los incas constituyeron una cultura auténtica están en un error. En el Perú se ha hecho un mito alrededor de los incas, un mito que yo estoy contribuyendo a destruir. Creo que estas son ideas que deben salir a la luz, que deben conocerse, sobre todo en el Perú. La gente se olvida que los incas forjaron un imperio durante cuatro siglos, imperio que fue creciendo constantemente. No tuvieron tiempo sino para crecer, para conquistar a otros pueblos. ¿Cómo se va a realizar una cultura en combates permanentes? Imposible. Ni siquiera su lengua era de ellos, la tomaron de los conquistados. Estas ideas son tan sencillas y tan claras que transforman todo lo que se ha dicho en el Perú respecto a los incas. Por eso deben salir a la luz.

Ariel: Usted mismo ha calificado su descubrimiento de las montañas esculpidas como "fantástico". ¿No será acaso porque todo esto no es más que una fantasía, un producto de la imaginación?

Ruzo: Mi descubrimiento es fantástico como todo lo mágico es fantástico. La ciencia mágica es fantástica para la mente tridimensional. Para nuestra ciencia experimental y para la manera tridimensional de actuar y de vivir de nuestra humanidad actual, el hecho de que aparezcan esculturas que hoy nadie pueden saber quién las hizo, y que esas esculturas tengan la misma simbología que ha llegado hasta nosotros en los fragmentos de mitología que han atravesado los siglos, es algo a todas luces fantástico. La humanidad actual considera fantástica la mitología, y resulta que la mitología es una expresión exacta de una ciencia exacta. Cada dios, cada semidios, cada héroe mitológico representa un cuerpo químico, representa también las situaciones sicológicas de la humanidad. La ciencia mágica de la humanidad anterior expresó en personajes todos sus conocimientos. ¿Por qué? Porque era la mejor forma nemónica de conservar las verdades que había adquirido. El niño, a través de una mitología llena de personajes fabulosos, aprendía para siempre, tenía en el alma todos los conocimientos sin necesidad de bibliotecas. Nuestra humanidad considera fantástica esa forma de aprender y con más razón considera fantástico todo lo que yo he encontrado. Es desde el punto de vista de ellos que digo que es fantástico, para mí es la expresión de la ciencia mágica y de una humanidad que se basaba en esa ciencia mágica. Es fantástica para toda esta gente que quiere creer que la erosión ha hecho todo ese trabajo, cuando más bien ha sido la que ha destruido el trabajo y no permite que lo veamos con claridad. A mi libro le he puesto el calificativo de fantástico no que-riendo decir que ha sido imaginado, sino con la finalidad de que nazca en la gente la idea de que es imposible que esto sea imaginado. Estas esculturas tan numerosas, talladas en la roca natural, existen y son la expresión de una humanidad que poseía una ciencia mágica desarrollada en todas partes del mundo. Mi libro demuestra que desde Rumania y Egipto, hasta México y el Perú, los símbolos eran los mismos. Los templos era los mismos y la concepción cosmogónica era la misma. No se puede pensar que esto sea un proyecto imaginario. Pero sí puede ser fantástico, porque la realidad más real puede ser fantástica para el que la mira.


Ariel: Su último libro habla de los descubrimientos de Tepoztlán. ¿Nos lo puede comentar?

Ruzo: Este libro es una continuación de La historia fantástica... Todo lo que apunté en el capítulo sobre Tepoztlán se completa y adquiere mayor significado en mi nuevo trabajo. Además presento nuevas fotografías de esculturas, más impresionantes que las anteriores. He trabajado con aerofotografías del plano de Tepoztlán y he encontrado cosas extraordinarias. Por ejemplo, presento pruebas de que hay esculturas que sólo pueden ser vistas desde el aire. Saque usted mismo la conclusión que se deriva de esto. También estoy trabajando con radiestesistas para comprobar una teoría sobre el magnetismo de este sitio. Como me sucedió en Marcahuasi, aquí igualmente he dado con el plano secreto y estoy estudiando su geodesía y relacionando todos los datos con lo que se sabe de la Gran Pirámide. Es un libro con revelaciones sensacionales, como la hipótesis que sostengo respecto a los dos volcanes del Valle de México, el Popocatépeti y el Iztaccíhuati

Ariel: Por último me gustaría abordar otro tema: su personalidad como escritor. He oído que muchos lectores de su primer libro se quejan de que su escritura es sumamente difícil. ¿Acaso esta dificultad no se deriva de una intención criptográfica en su escritura? ¿No estará usted usando el método criptográfico para ocultar ciertas cosas?

Ruzo: No, yo no quiero ocultar nada. Por el contrario, yo quisiera ser accesible, y de hecho con La historia fantástica de un descubrimiento me propuse llegar al lector común y corriente. Para mí este libro es una auténtica novela, donde se utiliza el suspenso y una forma muy clara de escribir, casi diría yo que he usado la técnica del bestseller. El éxito que ha tenido el libro se debe en gran parte a que desde el principio me hice el propósito de interesar vivamente al público en un tema que ya de por sí es apasionante. Respecto a la dificultad que encuentran algunos lectores en los últimos días del Apocalipsis, pienso. que se debe fundamentalmente al tema que trato. Para poder entender mi exposición el lector debe seguirme en mis cálculos cronológicos basados en la astronomía. Sin embargo, he tratado que la exposición sea lo más clara posible. Vuelvo a repetir que no deseo ocultar nada, más bien quiero develar lo que ha estado oculto por tanto tiempo, sacarlo a la luz para que todo el mundo lo conozca. Más bien la dificultad a que se refieren se debe a que, habiéndome acostumbrado al poema, donde lo primero que se procura es no tener un solo ripio, nunca escribo una palabra de más. Soy muy sintético en mi forma de expresión. Quizá debo explicar más. Comprendo que sea difícil para una persona seguir mi exposición de la Santísima Trinidad, pero lo que sucede es que trato de sintetizar en el menor número de palabras lo que quiero exponer. Siempre escribo así, en un estilo muy directo que expresa exacta-mente lo que deseo. Creo manejar bien el castellano, con frases que contienen las palabras precisas para expresar mis ideas.

Ariel: Ya que tocamos el tema, me gustaría que hablara de su experiencia como poeta. Usted empezó a publicar poesía, pero muy joven dejó de escribir. ¿Por qué lo hizo?

 Ruzo: Yo escribí poesía hasta cinco días antes de cumplir 22 años. La editorial Mundo Latino, en Madrid, publicó mi último libro de versos, El atrío de las lámparas. Era un libro muy lindo, muy bien presentado, cómo presentaban a Valle Inclán. Prácticamente yo estaba en la ola de poetas jóvenes en español. Pero tomé el libro y dije: " ¡Ahora voy a vivir! A los 60 años volveré a escribir". Además en esa época conocí a Milocz, y encontré en él lo que andaba buscando. ¿Para qué escribir poesía si él estaba haciendo lo mismo e infinitamente mejor? Mi pro-mesa de volver a escribir a los 60 no la cumplí porque me pasé y no empecé hasta los 68. Me estoy refiriendo a escribir para publicar, porque durante mis largos años de investigación redacté mis estudios y mis notas. Así que sólo dejé de escribir a medias. Ariel: ¿Hay una continuidad entre su experiencia como poeta y sus estudios? Ruzo: Es lo mismo. Todo as lo mismo. El poeta no es más que un místico fracasado, un hombre que quiere despertar, pero que no ha superado la personalidad y, al no superarla, se queda sin recorrer el camino espiritual. Por eso la mayoría de los poemas "no son", uno que otro "es", y los demás no valen nada. ¿Por qué? Porque los poetas no han despertado completamente, porque no son místicos.


viernes, 25 de enero de 2019

Tiahuanaco, ciudad mágica (Peter Kolosimo)

De las ruinas de Tiahuanaco se ha escrito muchísimo y se sigue haciendo, a medida que nuevas investigaciones y nuevos descubrimientos son revelados, pero en esta ocasión queremos mostrar la visión sobre ellas, de uno de nuestros investigadores favoritos: Peter Kolosimo, quien junto a tantos otros pioneros del Realismo Fantástico nos formó en nuestra adolescencia y primera juventud, en los misterios de nuestro planeta y el universo, tanto exterior como interior. Aquí nos ofrece un artículo publicado en la magnífica revista española Mundo Desconocido (n° 28, Octubre 1978), dirigida por otro investigador importante: Andreas Faber Kaiser






Estatuas vivas para una puerta cósmica

Monolios gigantescos, galerías excavadas que trazan constelaciones conocidas e ignoradas, plataformas marcadas por llamaradas de terible potencia: ¿acaso dersde tiempos inmemoriales una raza desconocida construyera aquí sus fabulosos cosmódromos?

Grandes platos coloreados 

En la región de Tacna, en el límite entre Perú y Chile, donde se eleva el volcán Descabezado Grande, desde hace años inquietantes fenómenos difunden el terror entre la población: fragores que, por cierto, no provienen del subsuelo, resplandores imprevistos, coloreados, estelas de fuego en el cielo y, lo más sorprendente, la aparición de "grandes platos coloreados luminosos como el sol". 

 La gente del lugar nunca sintió hablar de discos voladores, pero extrañamente vincula tales manifestaciones con los "diablos de la noche que vienen del cielo", y también afirman haber visto alguno de forma no humana en los alrededores de la ciudad de Moliendo (en el Perú) y de África (en Chile).
  Tanto para tranquilizar a los habitantes de la zona, como para buscar aclarar el origen de los fenómenos, un grupo del Centro de Expediciones Andinas organizó una serie de sistemáticas exploraciones. No llegó a ninguna conclusión, pero a través de la observación aérea descubrió dos extensas plataformas frente al volcán. Y algunos estudiosos fascinados por las marcas estelares no tardaron en ver en ellas astropuertos de una raza desconocida construidos en la Tierra en tiempos inmemoriales. 



700 metros cuadrados 

Estos "cosmódromos" están a 3.200 metros de altura, miden alrededor de 700 metros cuadrados y están formados al menos por 270 bloques de lava unidos, cada uno de los cuales debe pesar cerca de 10 toneladas. "Se ven extraños signos negros" agregan dos miembros del Centro, "que hacen pensar en improntas dejadas por las llamas de los vehículos espaciales". 

 Además afirman haber descubierto la entrada a una misteriosa galería. Podemos creerlo o no: pero existe el hecho de que los indios conservan el recuerdo de una tradición según la cual un largo túnel partiría del Descabezado Grande para terminar en el límite entre Perú, Chile y Bolivia, a poca distancia del lago Titicaca donde, se dice, habría existido otra plataforma similar a las dos descubiertas por la expedición andina. 


La serpiente de oro 


El Titicaca es un extraño lago: a 3.812 metros sobre el nivel del mar, mide 8.300 kilómetros cuadrados y sigue constituyendo un gran rompecabezas para la ciencia, sobre todo por su notable contenido salino. Basta con decir que en junio de 1970 una misión francesa excluyó de inmediato la posibilidad de usar su agua para irrigación: si se hubiera usado, el terreno circundante se habría convertido en un desierto.    En la lengua de los aymará (indígenas peruanos —alrededor de 500.000— descendientes de estirpes preincaicas), Titi significa puma y caca indica el color leonado, pero también es el nombre de un pez local que ocupa un papel considerable en las leyendas sobre la creación y el diluvio. La tendencia más reciente es la de traducir la denominación del espejo de agua como "Lago del puma y del pez sagrado", remitiéndose justamente a las tradiciones que lo describen como "seno de la humanidad".

  Aquí Viracocha, el dios supremo de los incas, habría cumplido su ingrato trabajo tendente a crear una raza perfecta: habría fallado cuatro veces, y ahogó los frutos de sus errores con el fuego de los volcanes, un diluvio tremendo, epidemias de una virulencia sin parangón y, finalmente, petrificando a los desobedientes a las leyes divinas. Se trata de creencias (recordadas todavía hoy) que se encuentran en todo el globo, que vemos reflejadas en el Popol Vuh de los mayas, en los relatos mesopotámicos, en los textos sagrados indios, sólo para citar algunos ejemplos. Pero aquí, en el enigmático lago encontramos algo más, vemos un despuntar de fantaciencia en las palabras que el emperador Atahualpa dirige a Pizarro:
 —Aquí está la impronta dejada por el Sol cuando tomó el impulso para subir al cielo.
  ¿De qué impronta se trata? "De una enorme quemadura en la piedra" nos enteramos por los cronistas de la Conquista. iY nos remiten a los "cosmódromos" de Tacna! 
 Y recién estarnos al comienzo de la ciencia ficción. Actuemos según Garcilaso de La Vega, uno de los más medidos historiadores (1537-1616) que cuenta haber descendido a las galerías cavadas debajo de la laguna de Urcos, entre Cuzco y el Titicaca, de las cuales —según antiquísimas tradiciones indígenas— habría "subido al cielo una enorme serpiente de oro". 

Galerías que son constelaciones 

Es la serpiente Amaru, que figura en el candelario de los antiguos peruanos y de los polinesios para señalar el comienzo del año. Y ese período coincide tanto para unos como para otros con la primera reaparición de las Pléiades, las estrellas que dejaron su impronta en los mitos más desconcertantes de la humanidad. 

 Las mismas galerías que se abrirían desde el Titicaca no sólo hacia el Descabezado Grande, sino en otras direcciones, marcan constelaciones conocidas e ignoradas. Lo afirma el escritor W. McCarthy refiriéndose a autorizados cronistas ibéricos y entre ellos a Cieza de León. 

Calles subterráneas 

"El gran viajero francés Alcide d'Orbigny", refiere por su parte Simone Waisbard, "señaló en el siglo pasado: 'Se ven por todas partes (en las cercanías del lago) bocas subterráneas'. ¿Exageraba? Su emulo, el austríaco Tschudí, habló de calles subterráneas que se extendían en toda la región, a veces alargándose hasta formar grandes cámaras cuidadosamente construidas y asegura haber visitado algunos pedazos, desgraciadamente obstruidos". Y el arqueólogo Kauffmann Doig declara que la Puerta del Sol de Tiahuanaco "podría sellar la entrada a un túnel desmesurado" con ramificaciones imprevisibles. 

Tierra de gigantes 



Estamos pues en Tiahuanaco, una de las más misteriosas y sugerentes ciudades muertas de\ globo. Hoy dista 25 kilómetros del lago, cuyo nivel baja cada vez más, pero en tiempos cercanos a nosotros el agua lamía este majestuoso conjunto. "En un titánico palacio hay una sala de 45 pies de largo y 22 de ancho, con un techo construido como los del templo del Sol de Cuzco", dice Cieza de León. "Esta sala tiene muchos grandes portales y muchas ventanas. La laguna baña los escalones que llevan al atrio. Los indígenas dicen que es el templo consagrado a Viracocha, el creador del mundo".

  Las leyendas pues, concuerdan, incluida la del diluvio y de los gigantes. La cual pretende que la ciudad fue edificada por titanes (¿cómo negárselos frente a tanta imponencia?), los mismos que, "desobedientes", habrían sido borrados de la faz de la Tierra por el dios. Al menos resulta curioso el hecho que sean recordados todavía, con una clara referencia a su petrificación, en el curso de ceremonias mágicas. El estudioso Bennett en 1932 fue admitido a participar en ellas, y al final lo des-pidieron las palabras que el sacerdote dirigió a todos los presentes:
  — Ya han visto. No vuelvan nunca más a este lugar, o se convertirán en roca como los gigantes.

Ciudad eterna 

También al diluvio y a los titanes parecen remitirse los intentos de interpretación del nombre de este enigmático centro. Según Luis E. Valcárcel se debería pensar en el lugar "donde se conjugan tierra y agua (de los monosílabos Ti = junto, Wa = Tierra, Na = unión, Co = agua). La explicación tal vez es demasiado simplista pero algunos términos aparecen en otras versiones (Miguel de los Santos Taborga: "Tia-l-Huanabco", el país bajo el agua del dios; Robert Schultz: "Tiava-Wan-Hake", la ciudad del Sol y del agua; Felipe Consío del Pomar: "Tiahua-Na-Ku", la ciudad eterna del agua, etcétera).
  De cualquier manera parece que la metrópoli fue dañada seriamente justo 9.500 años antes de nuestra era, después del cataclismo que causó el hundimiento de la Atlántida y levantó la Cordillera de los Andes a su actual altura. 

16.000 años 

Cuando los incas llegaron al Titicaca encontraron a Tiahuanaco ya destruída y desierta. Por lo tanto es imposible establecer su edad. Hay quien le atribuye 16 mil años (el ingeniero Posnansky, a quien debemos mucho en lo que concierne a la conservación de los últimos vestigios) pero sin duda las ruinas aparecen sobre restos de centros mucho más antiguos.
  Las excavaciones dirigidas por el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiahuanaco bajo la dirección del arqueólogo Carlos Ponce Sangines, con la colaboración de los geológos Max Mille y Gerardo Mogrovejo Terrazas, llegaron a conclusiones asombrosas: "Cinco ciudades yacen sepultadas, con Caparazones de toxodontos, mamíferos ungulados de edad antidiluviana (...) El estudio de las estratificaciones revela que largos siglos de esplendor quedaron truncados de golpe, que le siguieron períodos de decadencia y espectaculares renacimientos"
 Una datación, aunque sea aproximativa, es imposible. Se convendrá en mantenerla en una lejanía de millones de años (desde 5 a 250!) que los ufómanos asignan a la primera metrópoli, considerándola fundada por colonizadores marcia-nos o por bellas venusinas orejudas dentro de la moda de la zoofilia. 

Estatuas vivas 

No se necesitan ciertas fantasías de este tipo para atribuirle a Tiahuanaco el apelativo de "ciudad mágica" que tantos estudiosos le han conferido. Es suficiente con recorrer algunos trozos de las antiguas crónicas como los que reproducimos a continuación. 
 Garcilaso de La Vega: "La obra más bella es una colina construida por manos humanas, con la cual los habitantes de esta ciudad han querido imitar la naturaleza. Para impedir que las masas de tierra se precipiten, han asegurado sus basamentos con murallas de piedra unidas a la perfección (...) Por un lado se ven dos gigantes de piedra con sombreros y largos mantos (...) Muchos portales enormes se han construido con un solo bloque".
  Diego d'Alcobaca: "En medio de las construcciones de Chuquiyutu (otro nombre de Tiahuanaco) en los alrededores del lago, hay una plaza de 24 metros cuadrados y a un lado de esta plaza se extiende una sala cubierta de 14 metros de largo. La plaza y la sala fueron labradas en una sola pieza: ¡esta obra maestra se cavó en la roca! Todavía hoy se descubren aquí muchas estatuas. Representan hombres y mujeres y son tan perfectas que se los creería vivos. Algunas figuras están en la actitud del que se dispone a beber, otras parecen a punto de atravesar un arroyo, otras son mujeres que le dan el pecho a sus niños"

La octava maravilla 

Jiménez de La Espada: "Hay un palacio que es una verdadera octava maravilla del mundo: piedras de 37 pies de largo y 15 de ancho han sido trabajadas de manera tal que encajan una en la otra sin que se descubra la conexión".
  Anónimo: "La gran sala del trono de Tiahuanaco tiene 48 metros de ancho y 39 de largo; la más pequeña (y más antigua) tiene 26 metros de ancho y 30 de largo (...) Los templos con terraza de Tiahuanaco son idénticos a los que se levantaron entre el Tigrís y el Eufrates".

La Baalbek del nuevo mundo 

Nada queda ya de estos espléndidos testimonios de una desconocida, grandísima civilización. Nadie podrá establecer ya cuánto se robó a Tiahuanaco y se dispersó en innumerables colecciones privadas de todo el mundo, pero basta con pensar en los monumentos que fueron destruidos y usados para construir caminos, palacios e iglesias, para comprender el alcance de las acciones vandálicas cumplidas.
  Para despedir de manera tan fascinante como triste la esperanza de aclaración de la "Baalbek del nuevo mundo" (así la llama el arqueólogo inglés E.G. Squier) ha quedado la Puerta del Sol, el mayor monolito esculpido sobre la Tierra, formado por un bloque de 3 metros de alto y 2 de ancho. Según Posnansky se trataría de un calendario y de un instrumento astronómico al mismo tiempo; otros estudiosos descubren en sus representaciones símbolos de la creación, de la potencia celeste, del diluvio, de fantásticas realizaciones humanas. 

Puerta cósmica 

Nos parece interesante la interpretación dada por Max Uhle, según la cual el personaje colocado en el centro sería el que rige el Olimpo andino, "el señor del trueno y del rayo, vestido de estrellas", el mismo que, con iguales atributos, es adorado en Amazonia. Uhle, recogiendo con paciente y minucioso trabajo las tradiciones aymará, piensa poder definir de esta manera a los otros desconcertantes seres: 

Lliphi-Lliphi, experto en razas y explosivos; Chijchi, guardián de las municiones; 
Akarapi, "patrón del frío y de la lluvia";
 Kada, hermana de Akarapi, señora de los hielos;
 Ritta, diosa de las nieves; 
Nina, guardiana del "sagrado fuego del rayo";
 Nina Pichinquilla, divinidad de los volcanes;
 Waira, desencadenador de los huracanes; 
Yallpa Kharkati, el "espíritu de los terremotos";
 Keko, el "dios que lanza los relámpagos". 


El más bello santuario 

Alrededor de estos atributos podrían tejerse innumerables fábulas cósmicas, alimentadas por las creencias aun vivas entre los indígenas. ¿Fábulas o reflejos de una insospechable realidad, como afirman los soviéticos Kasantzev y Jirov, que ven en las figuras de la Puerta del Sol representaciones de escafandras espaciales y de motores astronáuticos?
 Es imposible responder. Limitémonos pues a reconocer con Charles Wiener que Tiahuanaco "es el más bello santuario del mundo, con su desnudez, su extraña poesía, su fascinación de esencia inaprehensible". 



Agradecimiento eterno a Javier Stagnaro por el aporte de este artículo.