jueves, 26 de diciembre de 2013

EXPEDICIÓN A LAS CUEVAS DE LOS TAYOS (MÓRICZ-GOYÉN 1968)

 Parece que hay misterios que tal vez nunca se revelarán definitivamente, pero también parece que llegan tiempos en que algunos de ellos empiezan a mostrar señales  que nos recuerdan que las búsquedas individuales y también colectivas de ciertas verdades, no debemos detenerlas ni abandonarlas. Necesitamos conocer realmente nuestros orígenes, nuestra historia y por ende nuestro destino, para lograr una vida plena, sin miedos y sin cárceles y sobre todo sin las mentiras y manipulaciones de las que seguimos siendo víctimas. Nuestra bendita y tan vapuleada América, está intentando decirnos, por ahora en un susurro -que luego se convertirá en un grito que se dispersará por los cuatro vientos- que existe un conocimiento resguardado en las entrañas de nuestro continente, de nuestra Pachamama, que nos abrirá sus puertas, si queremos y si lo buscamos con anhelo, pasión  y perseverancia. Por suerte para nosotros, hubieron hombres como Ernesto CabrejoJuan MoriczGoyén Aguado y tantos más que nos dejaron pistas como si fueran un hilo de Ariadna para incentivar nuestras búsquedas. Uno de estos buscadores es Javier Stagnaro, que incansablemente persevera en seguir tirando del hilo. Este tesón le ha llevado a localizar -trabajo que le llevó 10 años- está valiosa película (como documento y testimonio) sobre el viaje de Móricz y Goyén Aguado a las cuevas de Los Tayos, donde fueron testigos de los tesoros ocultos más reveladores que alberga nuestra humanidad. Pero dejemos a él que nos prologue este hallazgo, que se publica por primera vez en Internet, para todos los que se empeñan como nosotros, en seguir las huellas de nuestro verdadero origen.

Prólogo:

 En un edificio señorial de la Av. de Mayo al 600, cuya arquitectura pertenece a un artífice de la Masonería, casi todas las unidades funcionales corresponden al estudio de abogados O`Farrell. Allí se puede ver en un escudo que ornamenta una de las entradas al mismo, una cruz que lo divide en cuatro, y en uno de sus cuarteles una daga o puñal. 


Su simbolismo nos habla de Cruzados o Templarios y en el edificio siguiente funcionó en uno de los últimos pisos, La Orden de Caballeros de Malta, que fue el último refugio de los Caballeros del Temple cuando fueron expulsados por los Moros de la Isla de Rodas. Volviendo al edificio numerado 651, en el primer piso (Off.7), rompiendo con la monotonía del inmueble funcionaba el Centro Argentino de Espeleología (C. A. E.), una institución civil dedicada como su nombre lo indica, al estudio de las cavidades naturales de la Tierra (Speleo, del Griego: Caverna, Logía: Estudio), fundado por Julio Goyén Aguado junto a otras personas en 1970.
Saliendo del ascensor, a la izquierda y cruzando una puerta de dos hojas, se tenía acceso a un hall de aproximadamente 3m. x 3 m. de donde se podía ingresar a una de las oficinas del estudio O`Farrell y al C. A. E. Allí, ocasionalmente Julio montaba una pantalla, colocaba una decena de sillas y desde el fondo, junto a las puertas, un proyector de films súper 8.
La función que tenía la impronta de una escena del siglo XIX -como casi todo lo que interesaba a Julio- nos mostraba documentales de expediciones espeleológicas realizadas por el Centro, como aquella recreación de la experiencia de internación en solitario en la Cueva de las Brujas en Malargüe, Mendoza, por algunos miembros de la institución, con la producción y participación del documentalista Andy Pruna y otras de origen extranjero, principalmente de origen francés, que eventualmente Julio mandaba a buscar -como en mi caso- a la Embajada de Francia ubicada en el Palacete de la Familia Ortíz Basualdo entre la calle Cerrito, la Av. 9 de Julio y la calle Juncal.
Entre las películas proyectadas había una filmada en 8 mm., sin sonido, que correspondía a una de las primeras expediciones a la Cueva de los Tayos en Ecuador, en la región de Morona-Santiago no muy lejos de la frontera con Perú, con la participación de Julio, Juan Móricz, y miembros de la Iglesia de los Mormones entre los que se hallaba el Elder Jim Jesperson en el año de 1968. Allí lo podemos ver a Julio y a los demás expedicionarios cuando llegan a la selva en una avioneta desde puerto Limón, luego internándose en la espesura selvática seguidos de porteadores aborígenes y posteriormente desplazándose en balsas de troncos cuya madera es típica de la región. Con admirable maestría y equilibrio, miembros de las etnias shuaras y otras de la zona conducen las aparentemente frágiles embarcaciones, arremetiendo intrépidamente por los rápidos del torrentoso río Yaupi. La filmación de esta travesía, según el Arq. Carlos María Zavalla -a quien he consultado- podría corresponder a un participante de origen japonés, quien a su vez sería el que convenció a sus compatriotas para realizar una expedición a la Cueva de los Tayos en años posteriores.
Los que asistíamos a la proyección de esta película en el hall del C.A. E., permanecíamos en silencio, mudos como el film que mirábamos, en un clima próximo a quien participa de un rito religioso en un Templo. Por suerte teníamos a Julio que nos hacía de comentador de lo que estábamos presenciando, sabiendo que éramos unos pocos que tenían ese privilegio. Ahora como decía Julio, “tal vez los tiempos han llegado” para que todos puedan conocer algo de la Odisea del descubrimiento de los “Archivos ocultos de Austerria”.
 Buenos Aires, martes 17 de diciembre de 2013.
                                                                                     Javier E. Stagnaro
Juan Móricz, Julio G. Aguado, Dr. Dick E. Ibarra Grasso. Arriba miembros del CAE

Se reunían en el C.A.E para ver las películas de sus expediciones


Primera parte



Segunda parte







lunes, 9 de diciembre de 2013

VISITANTES MILAGROSOS (IAN WATSON)

 

El libro que recomendamos en esta oportunidad es Visitantes Milagrosos del escritor británico de ciencia ficción Ian Watson.
 Una curiosa obra que trata en forma de novela sobre la temática Ovni, muy raramente abordada por los escritores de este genero. Magistralmente escrita, es notorio que el autor abrevó en la literatura "Ufo" de la década de los setenta (con las ideas de Jung y Jacques Vallée a la cabeza). 
 La reseña del libro:
 John Deacon, director de un grupo que investiga los estados alterados de conciencia, se enfrenta con el fenómeno OVNI gracias a un contacto en la tercera fase que experimenta su alumno Michael, y el intento de explicar las experiencias que van a vivir los protagonistas permite al autor abordar una nueva teoría que nos descubrirá aspectos insólitos de tan polémico tema.

La capacidad de Watson se revela en la mezcla coherente de hipótesis que incluyen a los extraterrestres, pero también se basan en estudios de psicología y de ecología planetaria, incluyendo las enseñanzas sufíes, las explicaciones basadas en la mecánica cuántica y el teorema de Gödel.

Un brillante ejemplo de ficción especulativa, que Watson resuelve magistralmente, salpicando la acción de aventuras y misterios. Un sorprendente libro que interesará por igual a los aficionados a la ciencia ficción y a los estudiosos del fenómeno OVNI.


 Para finalizar un pequeño extracto de una entrevista al autor publicada en la magnifica página: http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=234


Visitantes milagrosos es muy diferente a todo lo que haya escrito. ¿Qué pretendía con ella? ¿Una apología del género de platillos volantes? ¿Su confesión de que cree en ellos?
 Bueno, en un principio empecé a escribirlo porque me interesaba mucho el tema de los platillos volantes y la gente que ha tenido experiencias de este tipo. Pero después tomó vida propia y llegué a sentir que si no podía terminarlo no podría volver a escribir nada más.

 ¿Que si yo creo en los platillos volantes? No, pero sí creo que se pueden tener experiencias de este tipo. De hecho estas experiencias ocurrían ya en la edad media. En esa época se relacionaban con las hadas o los ángeles. La gente tenía experiencias místicas, encuentros con las hadas, gente que desaparecía durante algunos años y volvía contando historias increíbles sobre su viaje,... Hoy en día, debido a nuestro punto de vista mas tecnológico, las relacionamos con la posibilidad de que haya vida en otros planetas y con la posibilidad de que estos extraterrestres nos visiten. Pero, personalmente, no creo que vengan en platillos volantes. Si existen o no, es otro tema.

   Yo creo que hay varios tipos de experiencias de este tipo. Están las experiencias místicas, las causadas por las drogas.... Quizá estos grupos de experiencias se conectan en algunos sitios y quizá, solo quizá, fuese posible reproducirlas.


Ian Watson

miércoles, 6 de noviembre de 2013

EL ROLLO DE HUAMBO Y EL DÍA DE KAMAK-PACHA por ERNESTO CABREJO

Volvemos a recuperar un cuento de don Ernesto Cabrejo,
Ernesto Cabrejo
misterioso personaje, considerado como un auténtico maestro; patrono de un milenario conocimiento, que pocos han recibido de su parte. Es nuestra intención seguir buceando en su obra y en su vida. En eso estamos. Por lo tanto disfrutemos de su literatura (¿ficción?):


De su libro inédito "Hombres, Paisajes y Acontecimientos Desconocidos"

Llovía copiosamente, impregnándose la sedienta tierra del bendito alimento que da vida a sus hijos los arboles; así  como con la misma ansiedad acopiaba relatos, el ávido cerebro de un niño, para rendir sus frutos a quien deseare cosecharlos  Era el 1° de Febrero, víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de San Lorenzo de Llama, para cuya festividades fue designado mayordomo don Isabel Vega, quien reunió en la casa de su sobrina Vicenta, a un núcleo de viejos amigos, los que, entusiastas comentaban el sermón del "Taita Cura", recargado de citas piadosas y morales.
"Está bien para el siglo pasado -decía el señor Montoya- narrar en un sermón los versículos del Génesis y terminar pidiendo que los ángeles buenos no nos dejen caer en manos de los demonios, pero hoy...en pleno siglo veinte... es cuento para criaturas...ángeles guiando a los mortales y un sol enseñorándose alrededor de la tierra!".
 "Sin embrago -contestó el abuelo Antos- cosas y acontecimientos magníficos son juzgados impropios por mentes muy bien intencionadas, pero incapaces de comprenderlos en su grandeza...por favor les pido que valoren este trozo de prosa "alada" del "Uska Paukar" (1):
 ¡HOMBRE AMERIKANO, NO MATES AL CÓNDOR,
 ...ES TU HERMANO.
 PORQUE EL HOMBRE, ANTES DE SER HOMBRE, FUE CÓNDOR
 Y ORGULLOSO HABITÓ EL ANTE (2) PERUANO!
  Los hispanos lo juzgaron ridículo  idealista fue para los filósofos alemanes, sin embargo, fue una realidad que en épocas lejanas llegaron al valle del Urin (3), hoy Lurín, hombres raros, que surcaban los cielos como los cóndores, no porque lo fueran, sino porque eran impulsados por un raro báculo  al cual el lenguaje popular dio el nombre de "Tumi (4)" sin saber lo que decía, porque "Urín" y "Túrín" eran aparatos transmisores y receptores de ondas y no valles o herramientas o instrumental de cirugía como lo conceptúan en la realidad.
 ¿De donde vinieron estos privilegiados señores?...No lo sabemos. Los llamaron, sí, "Nayllyan"(5), que quiere decir "hombre alado", igualmente la mitología germana lo llamó  "Alman".
 ¿No les parece que en Medio Oriente llamaron ángeles o demonios -según fuera su comportamiento- a estos mismos hombres voladores?
 "Todo cabe en lo posible y en lo posible nada cabe", acotó don Isabel Vega, mayordomo de La Candelaria.
 "A propósito -dijo don Arturo Montenegro- para mí, desde muy niño, ha sido un misterio El Rollo de la Plaza de Huambos (6), que es una enorme piedra con la exacta apariencia de un rollo de papel, notándose nítidamente donde empezaba y terminaba.
 Como estaba en la plaza, todos contemplábamos por igual -grandes y chicos- sin comprenderlas, sus raras inscripciones y sobre todo, un relieve que semejaba un cuadro, donde un sol radiante parecía iluminar a una humanidad mística por apariencia; con los brazos levantados, como mostrando un singular acontecimiento. Todos vestían túnicas y sandalias, eran barbudos y con cabellos largos, algunos tenían niños de la mano, deduciendo de ello que serian mujeres. Por su talla y su forma de vestir, no eran indios.
 Jugábamos en el "lomo" de esa hermosa piedra, resbalando sentados, como en un cómodo tobogán, sin sentir cansancio y como magnetizados no dejábamos de observar aquel singular cuadro, ¡mas nunca supimos quien nos instaló tan magnifico entretenimiento!
 Cierta mañana, no apareció el Rollo en la plaza de Huambos... solo nos enteramos de que un poderoso"hacendado" de Huarimarka, de apellido Lavera, a medianoche se lo llevó en una enorme rastra tirada por una yunta de bueyes.
 "¿Tú nada sacaste en limpio, Arturo, sobre un caso tan particular?" -preguntó don Lorenzo.
 "Consulté muchísimas veces, y siempre me respondían  ¡los indios eran adoradores del sol!...pero esos, no eran indios... los tales no son barbudos, ni llevan nuca bolsos colgados del hombro por un correaje, detalle que me olvidaba de exponer, ademas, todo parecía grabado por consumados artistas, rollo, inscripciones y cuadros, ¡lastima que por aquel tiempo no llegó ningún sabio por nuestros lares!...¡El nos hubiera hecho comprender su gran significado!...
-"¿Contemplaban al sol, o lo mostraban con sus manos, no es cierto?
-"Sí, don Santos, los que parecían hombres, tenían los brazos levantados; las que llevaban niños parecían enseñarles a éstos, el maravilloso espectáculo, ¿no es cierto?"
- "¿Calzados con túnica  cabello largo, barbudos, portando un equipo colgado de sus hombros?"
-"Así es".
-"Muy parecido el caso a lo que conocemos por tradición como "el último día del Kamak-Pacha".
 Por supuesto, salían estos bienaventurados de subterráneos refugios... quizás si eran nietos o más lejanos descendientes de los sabios que produjeron el desastre... Alimentados por luz y alimentos sintéticos e iluminados en subterráneas arcas construidas gracias a su gran ciencia, habiendo sido avisados que "Dios había puesto fin a ese castigo y había ordenado: Hágase la luz!!!" (como en el sermón del cura).
-"No lo comprendo" - dijo tío Julio.
 -"La de aquel entonces no se si fue la tercera o cuarta humanidad, que habitaba en nuestro planeta -continuó el abuelo Santos. Sabia, hermosa y profundamente humana, cuyos adelantos científicos los asemejaban a los dioses...
 Es necesario que sepas, Julio, que nuestros actuales continentes y mares en nada se parecen a los de aquellos lejanos tiempos; los primeros estaban todos unidos y los mares desunidos, es decir, mediterráneos.
 Seguramente hubo factorías donde se elaboraban productos por génesis elemental y cierto día se produjo un gran escape de carbono o quizás otro compuesto parecido, saturando la atmósfera e impidiendo penetrar en ella la luz del sol, menos aún de la Luna y las estrellas.
 Que no pereció toda la humanidad, así se dice. Nuestro Señor Jesucristo, en el Sermón del Monte, afirmó: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerían la tierra por heredad".
 Faltaba Isabel Vega en aquel bendito sermón; posiblemente hubiera dicho: "¡Señor! no hay nada nuevo bajo el sol", y a sus compadres les hubiera contado lo del sabio sacerdote de Sais, quien relató que muchas veces el planeta fue asolado por catástrofes  pero que siempre quedaban seres rústicos o pastores que , por ser incultos, deformaron la realidad, según lo cuenta Platón.

"Pero...¿qué se les dio a esos sabios por vaciar en la atmósfera que respiramos, gas venenoso, para que muriera la humanidad?" -dijo enojado don Adolfo, a lo que replicó enseguida el abuelo Santos:
-"Ellos manejaban a su antojo los elementos que nosotros llamamos simples o elementales, que componen nuestro universo, provocando, terribles reacciones exotérmicas,  de génesis elemental, aprovechando el calor a la vez que los compuestos.
 -Se cree que utilizaron la energía magnética de la tierra; que se sirvieron de la antigravedad, el ultrasonido y muchísimas cosas raras, que molesto sería para Julio nombrarlas, porque está ansioso por conocer el fin!
-"Dígame, si inutilizaron la atmósfera, si destruyeron la tierra, ¿quién se las arregló para que pasara la luz del sol, si toda la humanidad pereció?...¿Fueron acaso esos sabios que quedaron enterrados?...O dijo Dios, como decía el cura, "Hágase la luz!!! -habló el Chongoyapano Patricio Ramos.
-"Ni más ni menos; Dios se vale de diferentes medios de orden para que  el hombre aquilate su existencia.
 Existen unos microorganismos, que sin ellos seria imposible la vida tal como la conocemos en la tierra; se llaman infusorios. Su existencia dura solamente dos millonésimos de segundo, y en ese diminuto lapso transforma los carbonatos en bicarbonatos, purificando nuestra atmósfera del bióxido de carbono, cuyo limite es solamente del 3 x 10.000 necesario para nuestra vida.
-"¿Y esos sabios que fabricaron luz fría, que lograron transmutación y sonidos ultra, como Ud, dice, ¿cómo se llamaron y quién le contó de ello, si en ningún libro de historia ni en ninguna literatura se conoce?
-"Su pregunta es razonable, Señor Montoya: de ellos existen sus obras: hermosos refugios cavados en dura roca: palacios o arkas (7) suntuosos, en las profundidades de la tierra, iluminados con luz fría; escritos innúmeros, esperando que nazca quien pueda interpretarlos, piezas de máquinas realizadas en metales no conocidos; caminos de 15 metros de ancho, encauchados, diríamos, por gruesa capa de 40 cm de espesor; mapas dando razón de extraños dibujos para mirarlos, seguramente, desde el cielo, como los que se ven desde la cumbre de Llipta, en las laderas de Samulala; hombres o cráneos con diferente osamenta que la nuestra; piedras y cristales de roca talladas (o más bien parecen troqueladas); palacios y pirámides de granito retorcido y vitrificado; ídolos habladores dirigidos desde centrales inaccesibles y, sobre todo han quedado sus nombres, aunque deformados, en los labios de los bienaventurados!!!...
 "Negar la presencia de ellos ante tales obras es como negar la existencia de Dios en parecencia de lo que llamamos Universo!...No olvide Ud. señor, el significado de los siguientes nombres: 
Anti-luz o Luz de los Andes, Andaluz
Luci-feros o Faros de Luz
Fara-omes u Hombres Faros
Prud-omes u hombres prudentes, es decir, mutados en piedras.
 Por ejemplo, en los peñascos de Tarapaká existen unas figuras y escritos o, mejor dicho, detalles de un éxodo o sacrificio humano originado por la invasión del mar a causa del hundimiento de una enorme llanura continental.
 Se ven tres flechas que parecen indicar el N, el NE y el S. En la del norte hay una antorcha rayada o tabulada, en la del sur, la antorcha está hecha pedazos y dada vuelta, y en el noreste hay un sinnúmero de antorchas como dirigiéndose hacia ese punto cardinal. ¿Por qué tanto símbolo, dirán ustedes? ¿no podían narrarnos, como sabios que eran, en una escritura más racional?...Ellos pensaron: "Después de la catástrofe y ante una nueva humanidad, estos lugares serán visitados por seres simples y primitivos; estos símbolos son para ellos; sí, los podrán comprender"... Más, nosotros creemos estar muy adelantados, pero somos incapaces de descifrar ese lenguaje primitivo (hecho así ex profeso).
-"Pero entonces Usted, ¿qué sacó en limpio de las inscripciones de los humanoides de Tarapaká? - replicó el versado señor Montoya.
-"Las antorchas significan luz, sabiduría; que esté señalada en el Norte quiere decir que allí hay un templo de sabia iniciación  que esté tabulada significa la cantidad de años o tiempos que durará esa antorcha sin consumirse. Eso, la nueva generación quizás lo sabrá. Que la antorcha esté hecha pedazos y dada vuelta en el Sur, quiere decir que ese Santuario ya fue destruido y su nombre es anagrama silábico del Santuario del Norte. Como dicen os iniciados, "el que tiene oído, oye".
 Las que siguen al NE, las he vigilado con mi pensamiento desde mi juventud, es decir, huyen de la catástrofe desde las tierras australes de América. Huida es una deformación de nuestro lenguaje actual. En aquel tiempo se pronunciaba Kuit.
 Esas antorchitas o faritos son "los hombres faros" y Egipto es una deformación de Kuit o Ekuit, es decir Huída, nombre dado a este singular territorio en honor a semejante sacrificio de los sabios amerikanos.
 El "viejo" Vega hizo escuchar su voz: 
-"Cuando lo cánticos gayan y los ladros me perran, hasta las tiemblas me piernan". Y, en verdad, los gallos cantaban. Era la madrugada del 2 de Febrero, día de Nuestra Señora de la Candelaria. Se abrió la puerta y por ella penetró el Cura Cáseres. Algún de los asistentes delató a mi abuelo como "hereje" por hablar de Dioses voladores, mereciendo por semejante osadía la clásica excomunión.
 Era alto el señor Cura, "vozarrón" e inteligente.
-"Me imagine que era Usted, don Santos -dijo apretando la mano de mi abuelo, y para los participantes de tan extraño dialogo, amable pero sentencioso, les dijo:
-"Don Santos es cristiano, tiene la suerte de ser como un manantial en un desierto. Nosotros sabemos, porque nos cultivamos, señor Montoya, pero en él fluye la sabiduría de profundidades aun desconocidas para la ciencia. Si bien pensáramos  lo encontraríamos natural. Lo espero mañana para almorzar, don Santos. Quisiera que me narre acerca de la naturaleza incorruptible de los constructores de las grandes pirámides o arkas amerikanas".
  Y con una reverencia gentil, se despidió el Tayta Cura.
 ¡Apenas pude pensar!... ¡Es muy seguro que mi abuelo se ha confesado con el Cura!... De la calle Las Goyas llegaban aires de alegres marineras, porque la gente olvida sus sufrimientos con las fiestas, y las deposita en alas de la marinera peruana.
 "Ya viene la montonera;
 Dirige el Cura Chumán,
 Y queman cañaverales
 Por la hacienda de Tumán".

(1) Contemporáneo de Ollantay
(2) Ande
(3) Hoy, valle de Lurín
(4) Conocido en las sagradas escrituras
(5) Nayllyan, hoy Tumi
(6) Distrito del Departamento de Cajamarca
(7) En el próximo articulo explicaremos más detalladamente este significado.

Fuente: Revista La Baskonia nº 1690-1 (1980): http://urazandi.euskaletxeak.net/vol1/dvd03/Publicaciones/La%20Baskonia/htm/index.htm

miércoles, 16 de octubre de 2013

LA VIDA SECRETA DE JESÚS. LO QUE LA IGLESIA NO CONTÓ

Hoy recomendamos un libro de Mariano F. Urresti (español, licenciado en historia y novelista): La Vida Secreta de Jesús de Nazaret (Edaf, 2005).
  En esta obra, escrita en un estilo muy atractivo, el autor nos  hace detener en cada una de las teorías que se han elaborado luego de tantos años de tratar de entender quién fue este personaje, a todas luces maravilloso, si es que existió realmente (están quienes lo niegan tajantemente, reclamando pruebas más sólidas). Urresti  se alía con los que creen en la influencia de los misterios y doctrinas del antiguo Egipto en el aprendizaje juvenil del futuro rabí y nos muestra las increíbles diferencias, contradicciones y mentiras entre los evangelios canónicos. No faltan en el libro, la trama sobre los famosos Rollos del mar Muerto, los enigmáticos esenios y las tradiciones que nos hablan de su relación con Maria Magdalena y su posible descendencia. Un detalle muy interesante, es la idea de que los discípulos más importantes del galileo son los menos nombrados en los evangelios, los que se mantienen en la sombra.
 Un libro excelente, donde el autor nos dice que "es la fe la que debe acudir en ayuda de cada cual para confeccionar en retazos la biografía que todos conocemos"
 Y para finalizar esta breve reseña, nuevamente Urresti con estas certeras palabras:
Jamás hubo hombre tan importante, pues de él se dice que era el Hijo de Dios, con biografía peor escrita. Y parece imposible que tal cosa ocurriera siendo todo ello plandivino, puesto que Jesús llegó a este mundo para redimirnos del pecado. No obstante, la estrategia nos confunde, puesto que el plan consistió en dejarse morir de un modo cruel.
 En cuanto al resultado de aquel proyecto celestial, ¿qué podemos decir? Basta mirar a nuestro alrededor. Antes de Jesús había existido la crueldad, la guerra, el hambre, pero también el amor, la filosofía y el arte. Después de Jesús, ¿ha desaparecido alguna de esas miserias y grandezas humanas?



sábado, 21 de septiembre de 2013

EL CEMENTERIO DE LOS UROS por Ernesto Cabrejo

Publicamos un artículo del escritor ya fallecido Ernesto Cabrejo. Peruano, radicado en Argentina, descendiente de estirpe Amauta (hombre sabio del imperio Inca). Supo cultivar la amistad del legendario espeleólogo navarro-argentino Julio Goyén Aguado.  Fue un férreo defensor de las ideas de Florentino Ameguino y Florencio de Basaldúa.  Poseedor de grandes conocimientos secretos que compartió con solo unas pocas personas, sobre la América pre Inca. Sostenía Goyén Aguado que él fue el que inspiró la información del famoso libro El Secreto de los Andes (Brother Philips, 1961). Conocía los secretos de las cavernas en la meseta de Marcahuasi y su conexión con seres gigantes de origen subterráneo. Poco más sabemos sobre este misterioso personaje. Con este artículo publicado en la revista La Baskonia (dirigida por Julio Goyén Aguado) en la edición de Julio-Agosto de 1979, nos acercaremos un poco, y el que sepa leer entre líneas se dará cuenta que hay en estos escritos un gran conocimiento disfrazado en forma de cuento. Agradecemos a Javier Stagnaro que nos facilitó una copia del artículo y la información de su libro (Austerria, Los Túneles de Agharta en América), sobre Ernesto Cabrejo
Ernesto Cabrejo
"Tayapampa" es el nombre de la estancia de tío Dalmacio, y significa que hay tayos en la pampa. Estos son arboles que producen unas vainas  o chauchas mas anchas que las del algarrobo, cuyas semillas -como los porotos- sobresalen semejando ojos ciegos. Por lo mismo, se llaman tayos a ciertos pájaros ciegos que viven en cavernas.
 "Tayapampa", pues, estaba conmovida por un singular acontecimiento: un viejo peón de tío Dalmacio, de apellido Becerra, "resucitó", después de cuatros días de haber muerto. Grande era mi deseo de escuchar algún relato de labios del resucitado, como lo llamaban los vecinos.

LOS HECHOS
 Los hechos ocurrieron de la siguiente manera: Becerra había permanecido durante mucho tiempo enfermo, y ya desahuciado, llamó a su hijo Ruperto para indicarle que fuera a casa de su patrón -tío Dalmacio- y le pidiera la hermosa caja mortuoria de nogal que tenia colgada en su carpintería. Debía ademas decirle que era su deseo ser enterrado en ella, expresamente, y en el mismo cementerio de la pampa donde descansaba la "niña Alicia".
 Después de muchos sufrimientos Becerra murió. Lo velaron durante cuatro días porque tío Dalmacio no llegaba de Chiclayo (Perú)  para entregar el cajón. Finalmente llegó, y los vecinos que acompañaban en el duelo se aprestaban a ubicar a Becerra en la fina caja de nogal cuando, instalado este, destrozó el tul que le cubría el rostro y gritó que todavía tenia fuerzas para salir de este encierro. Acto seguido se levantó y caminó ¡por sus propios medios!...Reclamó comida, porque -dijo- ¡estoy hastiado del alimento que me han dado durante tantos días...!
 Algunos vecinos corrieron asustados...Otros se arrodillaban diciendo ¡Milagro!...La vieja Joaquina se desmayó... La nuera Rosa fue la única valerosa que le sirvió una taza de café caliente mientras, disimuladamente, le iba sacando la mortaja y lo calzaba, en el escaño de madera, no saliendo de su asombro al contemplar a su suegro mucho mas joven y como iluminado por un extraño resplandor...
 Todo esto me lo contó tío Dalmacio. Me propuse entonces, con toda el alma, visitarlo y escuchar de sus propios labios tan increíbles relatos experimentados en lo que él llamaba "el otro mundo".
 Mi buena madre me dio permiso y comencé así mi camino a pie por hermosos valles cultivados de plátanos, papayos, chirimoyos y cañas de azúcar, o por desfiladeros y ríos, muchas veces con puentes de una sola caña de bambú.
 Luego de varias horas llegué a la "casa de hacienda" y desde allí subí una empinada cuesta en cuyas verdes alturas se divisaba la casita, semejante a un ópalo engarzado en piedras blancas.

EL RELATO
 Muy atento, el "anciano difunto", como lo llamaban los campesinos, me estrechó la mano, me senté a su lado, y enterado de mis deseos empezó este relato, o lo que él llamaba: "lo que me ocurrió después de mi muerte".
-"El ultimo día me sentí muy mal. Invadió todo mi cuerpo un dolor terrible y sentí como un atroz golpe que me arrojó de este mundo; empece a flotar -no caminaba- era como si un viento extraño me empujara por los campos donde había mucha gente...Hombres y mujeres jóvenes, que vestían túnicas blancas, de rostros muy alegres y amables, que cantaban y flotaban y no estaban nunca en el mismo sitio, de manera que parecía que volábamos y cantábamos por hermosas campiñas como si esa fuera la finalidad de los que habitaban aquel lugar, si tal es la palabra.
 No hay noche sin sol...pero si una claridad como la aurora de la mañana...
 Nos servían una especie de jalea transparente y dulzona, y rezábamos siempre cantando..."
 Las palabras suaves, tranquilas, que emanaban de la garganta de Becerra eran hermosas...Único el acontecimiento, a mis once años, por el cual estaba como "soldado" al escaño del "resucitado".
 Pero allá lejos, en los peñascos, había algo...como una cúpula con hermosas ventanitas: estas eran quince, en dos porciones divididas por un corte en la roca, es decir, en lo que parecía un balcón.
Creía que allí había niños felices que me invitaban a verlos...Me embargo un raro pensamiento...Me despedí del anciano Becerra y fui corriendo tras Nicanor Vallejos, hombre serio. El podría decirme quienes moraban e semejantes precipicios. Su respuesta fue muy risueña:
-"Allí han vivido indios pobres...ademas...¿cómo llegar a semejantes despeñaderos?...y, ¿para qué?...El negro Gutierrez fue allí una vez, pensando encontrar oro y...¡casi le cuesta la vida!"
 Después fui a casa del tio Dalmacio. "Hágame el favor de acompañarme a 'Las Ventanitas'...
- "¿Estás loco? ¡No vale la pena perder el tiempo visitando lugares donde han vivido indios!..."
 Regresé a casa y relaté a mi madre mis impresiones, muy emocionado.
-"Lo de Becerra -me dijo- puede ser un caso de catalepsia...Me dices que deseas con vehemencia conocer 'Las ventanitas'...No pierdas la esperanza ni desmayes, ¡ya las conocerás!"
 Pasaron seis meses en cuyo transcurso siempre proponía a diferentes personas la visita, siendo invariablemente rechazado. Al fin encontré a Rosendo Ajenjo, el que, sabedor de mi propósito, se llenó de alegría y me confió que también él tenia igual deseo y obtenía solamente negativas de las personas a quienes les proponía visitar esas ruinas.

EL VIAJE
 Iniciamos el viaje con el magro equipo de una soga para trepar por los barrancos. Fatigados llegamos al fin de "Las Ventanitas. A la entrada de la grieta, que semejaba un balcón de poco mas o menos 17 metros de largo por 50 cm de ancho, efectivamente los buscadores de oro habían realizado una perforación y justo como un obstáculo se encontraba un cubo de piedra rara de 20 cm de lado; quise levantarla, pero fue inútil...¡pesaba demasiado!
 Lo que de lejos se ve como ventanitas, realmente lo son, de pequeños departamentos de un metro cúbico, aproximadamente, de superficie, construidos con los cubos de piedra, tan bien talladas que parecían troqueladas...de 20 cm de largo...(pero...¿eran piedras?). En el interior de cada casita había una camita de madera de gualltaco, fosilizada, en la que yacía una momia de unos 60 cm de largo; todas parecían iguales... "¡Son niños!" -exclamó Rosendo- .
Pero una prolija observación nos convenció que eran adultos, es decir: adultos, pero enanos.
 Cada casita o nicho estaba separad de la siguiente por 20 cm y recorriendo la especie de balconcito de poco mas o menos 8 metros éste se cortaba, de manera que para cruzarlo tuvimos que improvisar un puente para no rodar al abismo.
 Todas, las 15 casitas, eran prodigiosamente iguales, construidas en la grieta de una enorme cúpula pétrea, teniendo como techo una singular pantalla o visera sobresaliente (como techando el abismo) de alrededor de 17 metros de largo por 4 de ancho, en forma semicircular y abovedada, en cuya superficie lisa e interna pudimos admirar estupefactos garbados circulares, es decir como medias esferas huecas de 4 cm de diámetro unas y de 2 cm de diámetro las otros, distribuidas en la siguiente forma: una grande y dos chicas, pero en el centro, justo sobre la octava casita vimos algo similar a la cabeza de un pavo real, como si aquel lugar fuera el centro de un dibujo o el comienzo de un relato. Quedó tan grabado en mi mente que ni el tiempo ni la distancia pueden modificar.

 Ese centro comenzaba en la forma que se detalla en el dibujo numero 2; parecía mas luminoso que el resto y estaba grabado en forma de cruz.
 "¿Cómo harían esos agujeros a semejante altura?...Si todo es un abismo y no había donde apoyar una escalera..."-me pregunté.
-"Muy fácil -comentó Rosendo- ¡ellos prescindían del punto de apoyo!".
 Un grito de admiración se ahogó en mi garganta..."Lo que me intriga es para qué grabaron tantos huecos, tan perfectos, tan simétricos...¿Con qué precisas herramientas grabaron la cueva, tan dura? ¿Querían representar algo los enanos?", dijo Rosendo.
 "Algún día te sabre contestar -le ofrecí-. Esto que llamamos huecos, son letras, son sabias palabras que nos dejó una primer humanidad"
-"¿A qué primera humanidad te refieres?"
-"Así decía mi abuelo. Yo estudiaré mucho y te doy la palabra que algún día sabré explicarte..."
- "¡Espero que la cumplas! Tu abuelo, si, me habló de la tumba del bosque, donde hay un reloj de rara piedra marcando las ocho y con grabados como pepas (semillas) de caigua (kaigpua).
 Mudos, absortos, nos quedamos por mucho tiempo escuchando una extraña sinfonía, sin comprender si emergía del corazón del abismo sobre el cual parecíamos dos signos de admiración, o estaba orquestada en el abismo de nuestro inconsciente...
 Con dificultad bajamos y cada cual siguió con su trabajo. Hablar de aquella belleza y cosas raras, para qué...(¡son casitas de indios!). Nos alejamos, pues, de nuestros lares y transcurrió implacable el tiempo...Sí la friolera de 47 años, o sea que en 1972 me encontré con Rosendo en Lima.
-"Dime, "Las Ventanitas ¿todavía existen?"
-"Si, están como las dejamos en aquellos lejanos y hermosos tiempos".
-"Bien, mañana parto hacia ellas".

EL SEGUNDO VIAJE
 Y llegué a Llama. Desde las cumbres de esos magníficos cerros miré extasiado el sagrado "Cementerio de los Uros", haciéndome mentalmente esta pregunta: ¿Será un defecto de mi vista o efecto de la distancia? Ya no estaban nítidas ni llenas de atractivos "Las Ventanitas"...
 Acompañado de mi buen hermano Ángel hacíamos trotar por las cuestas a los mansos caballos, pero al fin, nuestro camino quedó cortado por una chacra de caña. Divisamos a lo lejos a un hombre, le gritamos que nos guiara, nos atendió amablemente y nos estrechó la mano, presentándose: Ajenjo.
-"¿Hijo de don Rosendo Ajenjo?"
-"Si, él es mi padre y yo cultivo nuestras tierras".
-"Cuando era niño -repuse- su padre me acompañó a "Las Ventanitas".
 Hoy, en la tarde de mi vida, su joven hijo ¿me acompañará a llegar hasta ellas?"
-"¡Muy gustoso!", respondió.
 Emprendimos, entonces, el viaje por hondonadas y abruptas colinas, atravesamos el río Choloke en cuyas orillas, hallamos impresas en la arcilla huellas de zapatos extranjeros de hombre y de mujer, muy raro en aquellos lugares...Era el mes de Noviembre, las barrancas estaban vestidas de vegetación, especialmente de unas lianas llamadas suros, familiares de la caña de bambú, pero no rígidas como ésta sino flexibles. Por ellas trepamos sin inconvenientes. Mi hermano nos esperó en el llano cuidando los caballos.
Fatigados, cansados por semejante esfuerzo, llegamos al fin a nuestro objetivo. Pero...¡qué atroz decepción! ¿No estaban las casitas de piedra tallada, ni las camitas, ni las momias! ¡No dejaron ni un solo cubito de los que impropiamente he llamado piedras (cuerpos de gran densidad). ¿Ni una madera, ni un hueso; sin piedad lo robaron todo! Habían profanado el sagrado Cementerio de los Uros...
 En su lugar habían construidos un remedo, con piedras toscas, comunes, sentadas sobre barro...La hermosa pantalla o visera pétrea, con sus perfectos tallados que servia como techo también estaba profanada, es decir, carcomida, desfigurada, ¡escoriada por el tiempo!.
 Cerré los ojos y reconstruí en mi mente todos los dibujos, todos los detalles que admirara de niño, como muchas veces lo había hecho en lejanas tierras, en procura de descifrar sus enigmas, porque la naturaleza enseña sus secretos a quien humildemente se inclina hacia ella y jamás comercia con lo que es patrimonio de la especie humana.
 Y en baja voz, para que pudiera ser escuchada por los profanadores, dije: "lleváis reliquias sagradas para transformarlas en oro, en algún museo extranjero, burlándoos de la buena fe de los nativos, para quienes aparentáis ser grandes señores. Lo habéis destrozado todo, pero nunca podréis arrancar de la faz de la tierra la raíz de sus nombres (UR), porque quedaron impregnados en vocablos relativos al agro, a la ganadería, a la industria, a la construcción, o en los lugares donde extrajeron materias primas, valles, ríos, montañas, en honorables apellidos, etc...

OTROS TESTIMONIOS
 En el Desaguadero, en Bolivia, cerca del lago Titicaca, existen todavía representantes de aquella raza, quienes dicen no ser hombres porque se encuentran en la Tierra desde antes que hubiera hombres.
 Sabemos, ademas, que llegaron hace un millón de años, como enanos, adquiriendo con el tiempo talla normal. Los uros, pues, cultivaron la vida -hoy salvaje en nuestros bosques americanos- a la que actualmente llamamos vejucos; hibridaron las orquídeas que dan mazorcas de granos rojos y dulces, con la flor de la paja de guinea y obtuvieron el maíz o sabroso chok-llo (choclo).
 Con respecto a su escritura comenzaba desde el centro hacia la periferia y viceversa, y según lo que pudimos ver en lo que llamábamos la "Cueva de las Ventanitas", semejaba un astro irradiando luz. Las esferitas huecas parecían protones y electrones combinándose siempre, en todas direcciones, formando palabras, pero cada vez impulsadas por su centro.
Hay escrituras que empiezan a la izquierda, continuando hacia la derecha, como la nuestra. Otras, de derecha a izquierda o de arriba hacia abajo...Todas estas son pobres, comparadas con tan singular escritura.
 Esta nota es al respuesta para ti, Rosendo, ¿acaso no hemos nacido en lares humildes, testigos a la vez de cosas inadmisibles?
...¡Que los cerros Auki y Chaparrí dialogan en el silencio de la noche!...
 ¡Que Kal-Ur-Marka y Chun-Ran entonan sinfonias que al escucharlas los que durmieren en sus rocas se enloquecen; tal como les sucedió a Dorila y Antero, que se sentaron absortos a orillas de un precipicio durante doce horas, debiendo ser rescatados por medio de lazos!
...Que Chan-Taco, en día claro los campesinos encuentran seres blancos, con velo, ¡que se esfuman de su lado!...
 Que los peones de don Felix Samané huían presos de pánico al encontrarse con hombres ¡sin cabeza!...
...Que al cura Olazcoaga se le presentó un Gigante, de Llipta, ¡en plena Iglesia!...Que Juan Chapilko, ser invisible, deshierba en una noche inmensa chacra de maíz (que ni treinta hombres lo hacen en un día), que levanta  a Blasita por los aires...y que sería muy extenso narrar tantos sucesos, por los cuales nos tildan de "gente ignorante, enmarañada de perjuicios, primitivos y extremadamente crédulos", los cultos nacionales y extranjeros, a quienes les contestamos: ¡sabihondos señores! Todo tiene su explicación en esta vida. Los sentidos de los humildes amerikanos están vírgenes, es decir, sin cargas escolásticas y dogmáticas, y difieren de los vuestros, los cultivados por la civilización clásica, e inconscientemente o mejor dicho, el Ser Inteligente que habita en nosotros, no encuentra barreras para inspirarnos sobre el significado y el valor real de todas las cosas.
 Esos grabados, hechos en diferentes formas y colores, fueron mensajes de amor que nos dejaron grandes civilizaciones estando próximas a su extinción, el Día de Kamak-Pacha.
Julio Goyén Aguado con un esqueleto uro en un cementerio en Perú





sábado, 24 de agosto de 2013

TALTOSOK BARLANGJA (CAVERNA DE SERES SUPERIORES)

Mucho se ha escrito sobre la biblioteca de láminas de oro y otros metales descubierta por el húngaro- argentino Juan Moricz (1923-1991)
Juan Moricz
en la famosa Cueva de los Tayos, en la amazonia ecuatoriana. Pero en esta ocasión queremos detenernos en otros descubrimientos tanto o más fantásticos.


EXPEDICION MORICZ-GOYEN ‘68

 Cuando Juan Moricz guió a su amigo argentino Julio Goyén Aguado (1934-1999) en Febrero de 1968 al interior de la entrada “fundamental”  de la cueva que conduce a la “cámara de los tesoros”, se encontraron con la extraordinaria visión de cuatro cuerpos o “esqueletos”,  como los llamaría Goyén Aguado tiempo después. Para la descripción de este relato nos basamos en las numerosas charlas con Guillermo Aguirre (biógrafo del espeleólogo Julio Goyén Aguado), en su libro Lírico y Profundo (2006) y en otras  fuentes consultadas.
Julio Goyén Aguado contó que llegados a un determinado recinto subterráneo, se encontraba un especie de sarcófago semi traslucido, probablemente de cuarzo -según aventuró en ese entonces el  joven espeleólogo-, cuyo interior contenía un cuerpo: “Es un ser…del que emana un aura inexplicable” “No está ni muerto ni vivo…”
También había otros cuatro cuerpos, todos eran de talla bastante inferior a la de un hombre adulto: "El cuerpo del primero parecía estar totalmente revestido en oro..."
Julio Goyén Aguado y Juan Moricz en el recinto subterráneo

  Nos preguntamos quiénes serían estos seres pequeños,  ¿Servidores de, o  los verdaderos constructores del “mundo subterráneo”? ¿Sus guardianes? Algunas personas que aseguran tener contacto con  Intraterrestres como el peruano Ricardo Gonzalez, hablan de seres similares que formarían parte de las mitologías de los nativos del lugar- los Shuaras-, y se les conocería con el nombre de Sunkies, los custodios de las cuevas y sus tesoros.
Supuesto Shunkie



LOS INTRATERRESTRES EXISTEN

Hay un libro: Los Intraterrestres Existen (1978), de dos periodistas franceses: Guinchard y Paolantoni,

donde se cuenta en forma novelada y con algunos agregados desconcertantes, la historia del descubrimiento del mundo intraterreno por Juan Moricz (Yan en dicha novela) y su contacto con los habitantes de aquellas profundidades. Resulta extraño que Moricz haya autorizado dicha publicación. Sí, es evidente que los periodistas lo conocieron y recibieron determinada información por parte de él; pero tengamos en cuenta que Moricz dijo en su momento, que cada libro escrito sobre “su historia” era uno peor que el otro. En esta obra que nombramos, se relata algo similar a lo que venimos reseñando: el encuentro en una sala de la caverna, de  "Esqueletos enteramente recubiertos de una fina capa de oro. (…) todos parecen esperar una señal para abandonar su inmovilidad y recuperar la vida…"
 Esta narración nos hace acordar a una descripción en el controvertido libro La Crónica de Akakor (1976)

basada en los dichos del falso cacique indígena Tatunca Nara sobre ciudades subterráneas en la más profunda selva amazónica brasileña:  “En el centro de la habitación cuyas paredes irradiaban la misteriosa luz se encontraban cuatro bloques de piedra transparente. Cuando lleno de temor, pude acercarme, descubrí en ellos a cuatro misteriosas criaturas: cuatro muertos  vivientes, cuatro humanos durmientes (…) yacían en un líquido que los cubría hasta el pecho (…) Dioses durmientes". Curiosa semejanza.

 TALTOS

 Enlazado con el tema que estamos tratando, queremos también resaltar las siguientes informaciones:
 Juan Moricz afirmó varias veces  que las cavernas estuvieron habitadas por  los Belas, pueblo misterioso, hace más de 250.000 años, que eran a su vez herederos de una cultura superior: los Taltos de la mitología Magiar (antigua Hungría); Dioses cósmicos que socorrieron  a la humanidad del lejano pasado. También afirmaba  que trajeron aparatos para perforar con rayos desintegradores y acondicionar las entrañas de la tierra, creando grandes cavidades para poder ser habitadas.
 Hubo otras declaraciones de Moricz más sorprendentes: “Pueden tildarme de loco pero hay seres superiores bajo la tierra”. “Son de carne y huesos, pero genéticamente superiores”
Dio a entender que tuvo contactos con ellos. En el libro ya citado Los Intraterrestres Existen, los autores pusieron en boca de Yan (Juan Moricz), lo siguiente: "Son hombres de talla menor a la media normal. Están vestidos con largos mantos o capas, cuyo material centellea bajo las luz (…) no tienen nada que los diferencie realmente de nosotros, sino los ojos en forma de almendra muy alargada. El conjunto del rostro es oviforme (…) Los ojos me parecen oscuros…"
Antes de avanzar, debemos admitir que en la descripción de los seres, tanto en los relatos de "Akakor" como en los del libro de los periodistas franceses hay diferencias de tamaño y conformación. 
 Según Gerardo Peña Matheus, quien fuera abogado de Juan Moricz durante varios años e incluso  participó en la expedición Moricz 1969, Juan le contó que hay tres tipos de guardianes, los de "superficie", que serían los nativos Shuaras, luego los "seres pequeños", que controlan los  accesos a las salas donde viven los "Taltos", que son hombres altísimos, los custodios de la "biblioteca del conocimiento", y con los cuales Moricz entabló comunicación.
 Recordemos también que en una de las salas subterráneas, según Juan, se encuentra una gran mesa, tal vez ceremonial, con siete sillas alrededor, todo hecho en piedra, que daría la sensación de haber sido construida por y para gigantes.

 Guillermo Aguirre cuenta en su libro y nos lo reiteró personalmente, que Goyén Aguado aseguró siempre, que las indicaciones para la ubicación de los tesoros, primero Juan y luego él, las recibieron por vía telepática.

CARROS DE LOS DIOSES

El misterioso espeleólogo vasco-argentino Julio Goyén Aguado, contó a su biógrafo, que estando dentro de un túnel con Juan
Julio Goyén Aguado (Archivo Javier Stagnaro)
 Moricz y sus guías Shuaras a una temperatura constante de 20 grados c. y con aire puro perfectamente respirable, una sensación física muy extraña los inundaba. Años después aventurarían que se trataba de radioactividad. Según Goyén, dicha radioactividad sería producida por los sistemas de impulsión de los artefactos de los “habitantes de las profundidades, los auténticos guardianes de las cuevas”.  Estas declaraciones nos remiten a la crónica que hizo el legendario explorador polaco Ferdinand  Ossendowski  en su libro Bestias, Hombres, Dioses (1923).


Allí nos cuenta que durante su viaje a Mongolia recogió relatos sobre la ciudad subterránea de Agharti y sus habitantes: “En extraños carros, que nosotros no conocemos, recorren a toda velocidad los estrechos pasillos del interior de nuestro planeta".

TALLERES DE TECNOLOGÍA AVANZADA

 En una entrevista en los años ’70, Juan Moricz responde que en las profundidades de esas cavernas “Hay talleres de tecnología avanzada…”
Y aquí quiero detenerme en las confesiones que nos hiciera la psicoterapeuta Bettina Allen,
Bettina Allen
amiga de Juan Moricz y también investigadora de civilizaciones desaparecidas. Nos dijo que después de tantos años de guardar secreto sobre las cosas que Juan le contó y sobre todo le mostró, en una visita guiada -junto a otros testigos-a una de las cavernas de Los Tayos, quiso relatarmos algunas (otras no) informaciones:

 Logró ver con sus propios ojos, en subsuelos más profundos una tecnología desconocida. Moricz les permitió observar ciertos tipos de espirales (siete en total) en forma de serpentinas de aproximadamente dos metros, que desde una base se iban haciendo más pequeñas hacia arriba y giraban algunas a favor de las agujas del reloj y otras en contra. Despedían energías con luces de distintos colores, las cuales iluminaban todo el recinto. Estaban dispuestas en forma de un Mandala, una en el centro y las otras seis alrededor.  Bettina dice que se le informó que dicha tecnología corresponde a “Usinas geotérmicas  generadoras de campos electromagnéticos, para la alimentación energética de sus instalaciones”.
Tecnología desconocida en la caverna de los Tayos

 En estos momentos, se nos hace difícil saber y comprender las funciones específicas de esta tecnología.
 Cuenta Bettina Allen que también vio una caja negra que según Juan, captaba toda información de las personas que merodeaban por esa zona, a semejanza de un sensor y/o, tal vez, cámara de video.
 Nuevamente nos viene a la memoria La Crónica de Akakor, libro hoy ya desacreditado, pero que a nosotros nos deja aunque sea una pequeña luz encendida en nuestra investigación. Dice Tatunca Nara, el relator de esta historia, cuando el sumo sacerdote lo escoltó a las regiones secretas de la ciudad de  Akakor  inferior: “…una voz que parecía proceder de todas partes me ordenó que me levantara y que entrara en la siguiente habitación (…) Sus paredes estaban recubiertas  de muchos y muy diversos instrumentos. Brillaban y resplandecían en todos los colores. Tres grandes losas hundidas en el suelo  fosforecían como el hierro. Contemplé maravillado los extraños instrumentos durante algún tiempo”.  Otra curiosidad… Pero tengamos en cuenta que, cuando le fue mostrado a Tatunca  el número de la revista alemana “Der Spiegel”, de Marzo de 1973, en el que aparecía una foto de Moricz, Tatunca exclamó: “¡Pero si es Moricz! ¡A este lo conozco! Fue en el verano de 1967, cuando estuve en Venezuela, le explique al ingeniero Moricz, una parte de la historia de mi pueblo, de
Tatunca Nara
nuestros dioses y de los túneles subterráneos (…) es posible que Moricz haya realizado investigaciones por cuenta propia y haya realizado descubrimientos parciales…"

 Por supuesto que todo esto suena increíble, de difícil aceptación. Quisimos poner la lupa en la parte menos desarrollada de estas historias de las “Cuevas de los Tayos”, quizá la más fantástica e imposible de demostrar- por lo menos por ahora- . Quisimos también atar cabos, de acuerdo a las declaraciones de las personas más involucradas. Los testimonios son reales, fueron realizados tal cual lo expresamos en este artículo. Cualquier buscador con esmero, puede comprobarlo, en libros y archivos de periódicos de la época. Está en cada uno sacar sus propias conclusiones. Esto es solo un rasguño a la verdad, que seguramente yace muy, muy profunda.

Fuentes consultadas:
-www.adventure-trader.com
-www.legadocosmico.com
 Libros:
-Historia Documentada del descubrimiento de Las Cuevas de Los Tayos (Gerardo Peña Matheus)
-Austerria, Los Túneles de Agharta en América (Javier Stagnaro)

Ilustraciones: Joel Crocsel


EL SER EN EL SARCÓFAGO

Por intermedio de Guillermo Aguirre (q.e.p.d.) pude confirmar la veracidad del relato de Julio Goyén Aguado con respecto a lo que experimentó junto a Juan Moricz en uno de los recintos subterráneos de una de las Cuevas de los Tayos, que desarrollamos en el artículo principal. Logré hablar con Edgardo Lattes, quien me contó su curioso y fortuito encuentro con Goyén Aguado. 
 Pedí a Edgardo que lo reiterara por escrito:

"Te cuento como fue que conocí a julio: fue el 22 de noviembre de 1973 a las 19,30 hs. en la ventana de la maternidad del sanatorio MaterDay, los dos mirando absortos a nuestro hijos recién nacidos; en mi caso a mi primer hijo varón Mariano, y en el de Julio, a su segunda hija mujer. Más tarde, como a las 10,30 de la noche, me retiré para poder comer algo en la zona, y pasé por el restaurante El Canal; como estaba lleno, me iba a retirar, pero alguien desde el fondo me hizo señas, y cuando fui a ver quien era, me encontré nuevamente con Julio, quien muy cortésmente me invito a compartir la mesa. Durante la cena me comentó su gusto por la espeleología y su última expedición al Ecuador y especialmente a la cueva de los Tayos, mostrándome en esa ocasión, algunas fotos de dicha cueva y algunas personas e indígenas del lugar. Me asombré de las fotos y de las ruinas que mostraban a una civilización para mi desconocidas, con las construcciones a más de 50 metros de profundidad. Pero  más me asombré con el relato de que, después de bajar no se cuantas horas por los túneles de las cuevas, finalmente llegaron a una gigantesca catedral natural de mas de 50 mts. de altura donde se encontraba un sarcófago que parecía de cristal, con un ser pequeño que despedía una luminosidad y parecía levitar unos centímetros en dicho sarcófago; luego Julio agregó que no pudo acercarse lo suficiente pues entró en una emoción espiritual de tal magnitud que no podía parar de llorar y tuvo que ser asistido para poder seguir a la posterior cámara, donde pudo ver la biblioteca de laminas de oro y animales de todo el mundo reproducidos en ese mismo metal, según él, dejadas por una civilización llamada Los Antiguos, quienes narran en dichas láminas con signos ideográficos, la civilización humana en el planeta, desde sus orígenes. Me manifestó que dicha historia se remonta a millones de años en el pasado, pues la tierra fue habitada por varias razas de distinta procedencia. Está demás decir que se hicieron las 3 de la mañana y yo seguía preguntando a más no poder sobre este tema, y cómo se entrelazan las historias de algunas civilizaciones (sino todas) con la influencias de otras civilizaciones mas avanzadas de otros planetas, motivos que  personalmente son  los que más me interesan investigar  a partir de algunas experiencias en mi vida. Por eso quiero manifestar en esta breves palabras mi gran admiración por haber conocido en esa oportunidad a Julio; por sus conocimientos, su gran espíritu de aventura; y se que no fue casual. Años después, pude comprobar su amistad con otro gran amigo de él y mio que fue Guillermo Aguirre, hoy en día los dos me inspiran desde su dimensión, para seguir adelante en mis inclinaciones e inquietudes. Un abrazo Edgardo Lattes"

sábado, 13 de julio de 2013

LA ROSA DE PARACELSO Por Jorge Luis Borges

Un hermoso cuento del viejo y admirado maestro, donde muestra como en tantas otras de sus maravillosas obras, su pasión por la Cábala, la Alquimia y el misterio de las palabras.



 En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía, El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares, Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo, Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta, El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.
El maestro fue el primero que habló.
-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí?
-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo,
-El oro no me importa -respondió el otro-, Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
-Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino,
Hubo un silencio, y dijo el otro:
-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino,
-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.
-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.
-Eres muy crédulo -dijo el maestro- No he menester de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
-Eres crédulo -dijo-. ¿ Dices que soy capaz de destruirla?
-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.
-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿ Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.
-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?
-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.
-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?
Paracelso le miró con tristeza.
-El atanor está apagado -repitió-- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.
-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.
-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa.
No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retornó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.
 De la obra “En el útero del Cosmos”, de Federico González