martes, 30 de diciembre de 2014

LA CAVERNA DE LAS BRUJAS, CIENCIA, MISTERIOS Y ALGO MÁS...

“Sí, a la Caverna de Las Brujas puede ir, allí hay buenas energías, energías positivas”. Siempre me pregunté qué quiso decir el gran espeleólogo vasco-argentino Julio Goyén Aguado (1941 -1999) a una espeleóloga que conocí, quien me refirió este comentario.
 En el extremo sur de la provincia de Mendoza, se encuentran bajo el cerro Moncol una serie de profundas galerías formadas a través de millones de años. Cuentan las leyendas, que su nombre (de Las Brujas) se originó en las ceremonias y danzas que hacían en sus oquedades, los nativos de la región, cuando los fuegos de las hogueras  provocaban sombras similares a seres tenebrosos o brujas en sus rocosas paredes. Otro relato nos dice que dos mujeres cautivas, escaparon de una tribu y se refugiaron en la caverna y que en una oportunidad los pobladores vieron salir de esa cavidad dos grandes lechuzas, suponiendo que estas mujeres se habían convertido en aves para escapar. Luego, comenzaron a verse también dos mujeres sucias y andrajosas que al anochecer salían y volvían a ingresar en la cueva.
 Parece ser que lo misterioso y paranormal nunca abandonó esos túneles.
Goyén Aguado y un compañero explorando La Caverna de las Brujas
Regresando a
Julio Goyén Aguado, la licenciada Bettina Allen -discípula del famoso explorador de las también famosas Cuevas de los Tayos, Juan Móricz-, nos cuenta que en la década de los ’70, fue testigo del comentario de G. Aguado, refiriéndose a una experiencia que él vivió junto a un compañero en  una sala de la Caverna de las Brujas: creyeron entrever, fusionado con las ambiguas y sobrecogedoras sombras, en esas tinieblas sin fin, una silueta con forma de gota de lluvia (así lo describió Goyén). Experiencia que, según ellos, les transmitió una sensación de paz. Podría decirse que Goyén Aguado, con más de 80 expediciones a Las Brujas, y su equipo, fueron  prácticamente los primeros en explorar e investigar esas oscuridades. Este célebre espeleólogo, creía que la Caverna de las Brujas, con sus inexplorados y laberínticos túneles, comunicaría, a través de la Cordillera de los Andes, con las cavernas ecuatorianas llamadas de Los Tayos, donde en sus más misteriosas profundidades, habitaron (o habitan actualmente) alguna desconocida civilización pre-diluviana. Otra experiencia hasta ahora inexplicable en esta caverna, nos la refiere el investigador y miembro del centro de investigación de Julio Goyén Aguado, Javier Stagnaro, en su libro Austerria, Los Túneles de Agharta en América (pág.87).
 En una exploración (1990) en la que participó con varios científicos y con G. Aguado como director, ocurrió que a todos a la vez se les quemo las lámparas de sus respectivas linternas, a tal punto que Goyén tuvo que soltar la suya por el calor que esta despedía; Javier Stagnaro dice que las explicaciones esgrimidas por los científicos no lograron convencer a todos los allí reunidos.  Otro relato, estremecedor por cierto, es narrado por el destacado investigador Gustavo Fernández: una noche, junto con dos acompañantes, pernoctando en la caverna, soñó con dos entidades humanoides de largos cabellos blancos, con vestimentas pálidas, que desde el fondo de esa sombría sala les ordenaban que se retirasen, y a la siguiente noche tuvieron que abandonar la caverna porque empezaron a escuchar "voces, susurros, gemidos y pasos" que se acercaban desde el fondo de esas oquedades…
 Como detalle curioso si se quiere, hay en una de las paredes, de una de sus incontables galerías, una figura que es llamada “la máscara de la bruja”.  El ya nombrado investigador Javier Stagnaro nos pregunta risueñamente, si en realidad dicha figura no se parece más a “un gris”, el estereotipo del ser alienígena.

Más allá de los enigmas que demuestra poseer La caverna de las Brujas, se han realizado a través de los años, en este cavernamiento, dos interesantes experimentos, llevados a cabo  por el Centro Argentino de Espeleológia (CAE) de Julio Goyén Aguado. Consistían las experiencias, en estudiar el comportamiento  psíquico y físico de un ser humano, habitando por varios días en el interior de la caverna. El primero tuvo lugar en el año 1974 con el espeleólogo Flavio Riverti como protagonista, quien se estableció por cinco días en su interior. El segundo ensayo, ya en el año 1981, fue experimentado por otro miembro del CAE, Carlos Benedetto, viviendo sin compañía, quince días en esta famosa caverna.
G. Aguado y miembros del CAE en Las Brujas

 Para ilustrar y completar estas investigaciones, presentamos este video, elaborado por el documentalista Andy Pruna y el Centro Argentino de Espeleología, recreando ficcionalmente las experimentaciones científicas de habitabilidad en la Caverna. Esta filmación corresponde a la década de los '80 y nos es presentada gracias a la encomiable labor de Javier Stagnaro.


Fuentes:
-Archivo Javier Stagnaro
-Canal de Youtube: Centro de Armonización Integral
-Youtube: Programa En el camino, ruta 40 Malargue, Mendoza (TN)

domingo, 21 de diciembre de 2014

MANUEL PALACIOS Y SU "AMÉRIKA PROHIBIDA"

Amérika Prohibida,
un libro paradigmático del investigador ecuatoriano Manuel Palacios, uno de los hombres que más horas pasó dentro de la famosa Cueva de los Tayos, explorando sus misterios. Polémica y rebelde obra que, continuando los estudios de otros investigadores "heterodoxos", como el legendario Juan Móricz, nos reafirma la teoría, cada vez más evidente, que en nuestra Amérika existió una civilización “madre” con su propio idioma y escritura, que mantuvo contactos interoceánicos con Europa y Asia posteriormente al gran diluvio,  expandiendo su avanzada cultura. Libro realizado con la valentía de los que se atreven a rastrear las profundas raíces de nuestro ignorado (por la historia académica), continente; y cuando decimos profundas raíces, también nos referimos a esa Amérika subterránea de la que nos hablan los mitos, las leyendas y los relatos de algunos “iniciados”.

 Tuvimos la ocasión de conocer a Manuel Palacios y de intercambiar y recibir conocimientos, junto a otros investigadores de la talla de Javier Stagnaro y Bettina Allen, durante su estadía en Argentina.
 Creemos que ya está llegando la hora de que Amérika, empiece a revelar sus verdades...
Javier Stagnaro y Manuel Palacios

Bettina Allen con Manuel Palacios
Pablo Basterrechea junto a Manuel Palacios


sábado, 13 de diciembre de 2014

JAVIER STAGNARO ENTREVISTA EN ASTROFLOR, RADIO NAVE3

Compartimos esta entrevista a nuestro amigo y colaborador el investigador Javier Stagnaro, en el programa de Monika Correira Nobre, "Atroflor" en la radio Nave3. La presentación de su libro "Austerria, Los Túneles de Agharta en América", dio pie para conversar sobre el misterioso Palacio Barolo y los túneles de Buenos Aires. Imperdible

                                       
                                             
Javier Stagnaro en la administración del Palacio Barolo junto al busto de Beatrice, personaje de "La Divina Comedia" y el retrato del ing. Barolo

Para adqyurir el libro de Javier Stagnaro pueden escribir al correo: jatostagnaro@gmail.com

viernes, 21 de noviembre de 2014

"LA ÚLTIMA PREGUNTA" POR ISAAC ASIMOV


Uno de los más admirables cuentos de la literatura de ciencia ficción:

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21
de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez)
se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco
dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta
manera:
Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de
Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que
pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -
kilómetros y kilómetros de rostro - de la gigantesca computadora. Al menos
tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que
desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados
por una sola persona.
Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque
nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez
suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y
Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial,
pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La
alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y
traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los
demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.
Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayec-
torias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus,
pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron
serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los
viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con
creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.
Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a
preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo
que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.
La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente
en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y
fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación - de
un kilómetro y medio de diámetro - que circundaba el planeta a mitad de
distancia de la Luna,para funcionar con rayos invisibles de energía solar.
Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acon-
tecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración
pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desier-
tas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo en-
terrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks
satisfechos y perezozos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y
los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de per-
turbarla.
Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento
era relajarse y disfrutar de la bebida.
- Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho
se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una
varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su
interior.- Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis.
Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la
Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no
echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por
siempre y siempre y siempre.
Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería
oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque
había tenido que llevar el hielo y los vasos.
- No para siempre -dijo.
- Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se
apague, Bert.
- Entonces no es para siempre.
- Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil
millones, tal vez. Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para
asegurarse de que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de
su bebida.
- Veinte mil millones de años no es "para siempre".
- Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
- También la superarán el carbón y el uranio.
- De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial in-
dividualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de
Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combus-
tible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si
no me crees.
- No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
- Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por
nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy bien.
- ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará
eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil
millones de años, pero ... y luego? - Lupov apuntó con un dedo tembloroso
al otro.- Y no me digas que nos conectaremos con otro Sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los
labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente.
Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
- Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro
muera, verdad?
- No estoy pensando nada.
- Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ese es tu
problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un
chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se
preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado,
simplemente iría a guarecerse bajo otro.
- Entiendo -dijo Adell-. No grites. Cuando el Sol muera, las otras
estrellas habrán muerto también.
- Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión
cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las
estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los
gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil
millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por
mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La
entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
- Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell,
tocado en su amor propio.
- ¡Qué vas a saber!
- Sé tanto como tú.
- Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
- Muy bien. ¿Quién dice que no?
- Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que
necesitábamos, para siempre. Dijiste "para siempre".
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
- Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
- Nunca.
- ¿Por qué no? Algún día.
- Nunca.
- Pregúntale a Multivac.
- Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que
no es posible.
Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo
suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones
necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber co-
rrespondido a esto:
¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al
Sol toda su juventud aun después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta:
¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía
del universo?
Multivac enmudeció. Los lentos resplandores cesaron, los clicks dis-
tantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían
contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida
repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas:
DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
- No hay respuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente. A la
mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían
olvidado el incidente.
Jerrod, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada
en la pantalla visora mientras completaban el pasaje por el hiperespacio
en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el
uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de
mármol, brillante, centrado.
- Es X-23 - dijo Jerrod con confianza. Sus manos delgadas se entrela-
zaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.
Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el
pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus
risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
- Hemos llegado a X-23 ... hemos llegado a X-23 ... hemos llegado a
X-23 ... hemos llegado ...
- Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro,
Jerrod?
- ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrod, echando una
mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la lon-
gitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo.
Tenía la misma longitud que la nave.
Jerrod sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se
llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque
uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la
nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de
las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las
ecuaciones para los saltos hiperespaciales.
Jerrod y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir
en los cómodos sectores residenciales de la nave.
Cierta vez alguien le había dicho a Jerrod, que el "ac" al final de
"Microvac" quería decir "computadora analógica" en inglés antiguo, pero
estaba a punto de olvidar incluso eso.
Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.
- No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
- ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrod-. No teníamos nada allí. En
X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un
millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán
que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará super-
poblado. -Luego agregó, después de una pausa reflexiva:
- Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarro-
llado los viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la
raza.
- Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
- Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
- Eso creo yo también -repuso Jerrod, desordenándole el pelo.
Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac
propia y Jerrod estaba contento de ser parte de su generación y no de
otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes
máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados.
Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias. Durante mil años
habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el
refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de
manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave
espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.
Jerrod se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia
Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva
Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada
como una AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez
resolvió el problema del viaje interespacial e hizo posibles los viajes a
las estrellas.
- Tantas estrellas, tantos planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus
propios pensamientos-. Supongo que las familias seguirán emigrando
siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
- No siempre -respondió Jerrod, con una sonrisa-. Todo eso
terminará algún día, pero no antes de que pasen billones de años. Muchos
billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar
la entropía.
- Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.
- Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de
desgaste del universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu
pequeño robot walkie-talkie, recuerdas?
- No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
- Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se ex-
tinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
- No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
- Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine exasperada.
- ¿Cómo podía saber que iba a asustarla? -respondió Jerrod también en
un susurro.
- Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo vol-
ver a encender las estrellas.
- Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II
ya se estaba echando a llorar, también.)
Jerrod se encogió de hombros.
- Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen,
ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
- Imprimir la respuesta.
Jerrod retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
- Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el
momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
- Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en
nuestro nuevo hogar.
Jerrod leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de
destruirlo:
DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba exactamente
delante.
VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimen-
sional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
- No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
- Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el
actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran al-
tos y de formas esbeltas.
- Sin embargo -dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe
pesimista al Consejo Galáctico.
- Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que
inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
- El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias dis-
ponibles.
- Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito.
¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el
problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron
posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de
años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto
de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años ...
VJ-23X lo interrumpió.
- Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
- Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que
esta inmortalidad tiene su lado complicado. La Galáctica AC nos ha
solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la
vejez y la muerte, anuló todas las otras soluciones.
- Sin embargo, no creo que desees abandonar la vida.
- En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-: No
todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
- Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
- Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La
población se duplica cada diez años. Una vez que se llene la galaxia,
habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos
más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias;
en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el universo
conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
- Como problema paralelo está el del transporte. Me pregunto
cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias
de individuos de una galaxia a la siguiente.
- Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de
energía solar por año.
- La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo,
nuestra propia galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y
nosotros solamente usamos dos de ellas.
- De acuerdo, pero aun con una eficiencia de un cien por ciento, sólo
podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en
progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos
quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena
observación. Muy, muy buena observación.
- Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas inter-
estelar.
- ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
- Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que
preguntárselo a Galáctica AC.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC
del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
- No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que
enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas
cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a
través del hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la
humanidad y, a su vez era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmor-
tal, llegaría a ver a Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una
telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las
oleadas de submesones ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas
moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se
sabía que la Galáctica AC tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente MQ-17J preguntó a su contacto AC:
- ¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
- Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar
eso.
- ¿Por qué no?
- Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes
volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
- ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.
El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silen-
cio. Se oyó su voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio.
Dijo:
DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
VJ-23X dijo:
- ¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que
tenían que hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en
los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto
eso antes. ¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con
su carga de humanidad ... una carga que era casi un peso muerto. Cada
vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá
afuera, en el espacio.
¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían
en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una
actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos
nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero,
¿qué importaba? Había poco lugar en el universo para nuevos individuos.
Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles
manojos de otra mente.
- Soy Zee Prime. ¿Y tú?
- Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
- Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
- Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres
llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
- Porque todas las galaxias son iguales.
- No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la
raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
- ¿En cuál?
- No sabría decirte. La Universal AC debe de estar enterada.
- ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.
Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mis-
mas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso,
sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias,
cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligen-
cias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una
de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas
tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única
galaxia poblada por el hombre.
Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
- ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus
receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto
desconocido donde la Universal AC se mantenía independiente.
Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían
penetrado a distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un
globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
- ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado
Zee Prime.
- La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo
imaginarme en qué forma está allí.
Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día -y
eso Zee Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la
Universal AC. Cada Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada
una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la
información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrin-
cada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio
de información e individualidad.
La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee
Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime
fue dirigida hacia un difuso mar de galaxias donde una en particular se
agrandaba hasta convertirse en estrellas.
Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente
claro:
ESTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee
Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de
pronto:
- ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La Universal AC respondió:
LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.
- ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime,
sobresaltado y sin pensar.
La Universal AC respondió:
COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FISICOS FUE
FUE CONSTRUIDO A TIEMPO.
- Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aun así lo invadió una
sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la galaxia original
del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos.
No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
- ¿Qué sucede?
- Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
- Todas deben morir. ¿Por qué no?
- Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos final-
mente morirán, y tú y yo con ellos.
- Llevará billones de años.
- No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años.
¡Universal AC! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
- ¿Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la
entropía.
Y la Universal AC respondió:
TODAVIA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de
pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a
un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de
Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interes-
telar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estre-
llas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un
trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno
descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas
perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los
cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.
El Hombre dijo:
- El Universo está muriendo.
El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las
estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían
vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las
estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas,
algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se
estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y
de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas,
pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas,
y también éstas llegarían a su fin:
El Hombre dijo:
- Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC,
la energía que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de
años. Pero aun así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se
la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y
no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.
El Hombre dijo:
- ¿Es posible revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.
La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella
estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no
era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no
tenía un sentido comprensible para el Hombre.
- Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?
La Cósmica AC dijo:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
El Hombre ordenó:
- Recoge datos adicionales.
La Cósmica AC dijo:
LO HARE. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO.
MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA.
TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.
- ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean
suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias
concebibles?
La Cósmica AC dijo:
NINGUN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.
El Hombre preguntó:
- ¿Cuándo tendrás suficientes datos para responder a la pregunta?
La Cósmica AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
- ¿Seguirás trabajando en esto? -preguntó el Hombre.
La Cósmica AC respondió:
SI.
El Hombre dijo:
- Esperaremos.
Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y
el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió
su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, con-
templando un espacio que sólo incluía la borra de la última estrella os-
cura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar
por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta
llegar al cero absoluto.
El Hombre dijo:
- AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo
una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el
hiperespacio.
La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el
tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había
sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio
alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la
computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el
Hombre.
Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa
última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su concien-
cia.
Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada
para recoger.
Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente
correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar la respuesta a la
última pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se
ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de
hacerlo. Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un
Universo y pensó en lo que en ese momento era el Caos. Debía hacerse paso
a paso.
Y AC dijo:
¡HAGASE LA LUZ!
Y la luz se hizo ...


lunes, 27 de octubre de 2014

TATUNCA NARA, GUÍA DE JACQUES COUSTEAU

La primera vez que oí este exótico nombre: Tatunca Nara, fue hace muchos años en boca del investigador argentino Hector Antonio Picco, en el mítico programa de radio Mas Allá de la Cuarta Dimensión, que conducía el actor/investigador Fabio Zerpa; luego leí sus artículos en la revista dirigida por don Fabio y posteriormente conocí la historia original en el libro del periodista  Karl brugger, que dio inicio a todo. 
 Tatunca Nara, personaje misterioso, fascinante y ¿siniestro?;  falso cacique indígena, de origen alemán, cuyo nombre verdadero es  Gunther Hauck, se autodenominó líder de la tribu de los Ugha Mongulala (?), supuesto pueblo escondido en lo más profundo de las selvas amazónicas. Fue acusado de varias muertes y antiguos amigos dijeron que, cuando era niño, Hauck afirmó haber sido testigo del aterrizaje de seres extraterrestres.
  La Crónica de Akakor (Ed. Pomaire, 1978),
es el libro "maldito" en el cual se relatan estos ¿inverosímiles? relatos. Libro en el que abundan los dioses extraterrestres civilizadores, ciudades subterráneas, tesoros y tecnología legada por los seres del espacio, nazis refugiados, catástrofes planetarias, profecías y expediciones siempre frustradas para revelarnos estas verdades.
 Siempre me pregunté cómo pudo este personaje (Gunther Hauck) inventar semejantes historias con cronologías y datos propios de un estudioso o de un muy creativo novelista; Karl Brugger (también alemán, autor del libro) ¿habrá colaborado en la creación de dichos relatos?... También me pregunté por qué no se interpeló más exhaustivamente al piloto suizo Ferdinand Schmid, quien conoció primeramente a Tatunca, y quien le informo al mundialmente conocido investigador (suizo también) Erich Von Daniken. Von Daniken hizo sumos esfuerzos para localizar sin éxito las fortalezas subterráneas.
 Schmid aseguró haber llegado en una expedición junto con Tatunca muy cerca de las entradas a las ciudades perdidas, e incluso fue testigo de teóricas construcciones artificiales vistas a lo lejos, además de presenciar a nativos desconocidos que recibían a Tatunca Nara....
Actualmente Tatunca  recide en Barcelos (Brasil), tiene más de setenta años y al parecer sigue insistiendo con sus historias y fantasías. 

Tatunca Nara (2014)
 A mitad del corriente año el periodista Alexander Smoltczyk lo visitó en Barcelos. Tatunca le dijo: " '¿Quieres ir a El Dorado? no es ninguna leyenda. Encontré muros como los de Machu Pichu. Puedo llevarte a allí'. Sin dudarlo toma un bolígrafo y un bloc de papel y empieza a dibujar el camino a El Dorado. Es un lugar en una meseta entre el río Aracá y el río Demini".

 Luego el periodista se encuentra con uno de los hijos de Tatunca, Seder Heldio. "Mi padre te ha contado un montón de cuentos chinos, pero él es mi padre. Ninguna de las acusaciones de asesinato se ha probado nunca. Todo lo que sucedió fue que su negocio turístico se arruinó", y eso, dice Heldio, es injusto. "Vi la película de Indiana Jones, se parece mucho a la historia de mi padre acerca de Akakor. Él nunca tuvo un centavo por ello. Tal vez inventó algunas de las historias. Pero él pagó con su vida".
 Nuestra intención no es bucear en toda esta extensa y compleja crónica (hay suficiente información relacionada en Internet, recomiendo el muy esclarecedor trabajo de Debora Goldstern), sino, a modo de curiosidad, mostrar a Tatunca Nara en su apogeo, como guía del celebre oceanógrafo Jacques Cousteau y su equipo,
Tatunca Nara como guía de Jacques Cousteau en la selva
Tatunca construyendo un refugio con el equipo de Jacques Cousteau

 en sus exploraciones por el Amazonas brasileño, en el año 1983, con estas breves imágenes:





Fuentes:
-http://www.spiegel.de/international/world/the-fantasy-life-of-tatunca-nara-in-the-amazonian-rainforest-a-978594-3.html
-Revista Mundo desconocido on line n° 17
-Cousteau, Los Secretos del Mar: Viaje al Amazonas (ediciones Urbión, 1985)

lunes, 29 de septiembre de 2014

UN VIAJE A LO INCAICO Y PREINCAICO CON ERNESTO CABREJO

Publicamos otro artículo de Ernesto Cabrejo. En esta ocasión nos relata un periplo por su Perú natal, que según nuestras averiguaciones, realizó junto a su esposa, el espeleólogo Julio Goyén Aguado y otras personas, para seguir confirmando las enseñanzas que recibió en su niñez de parte de su abuelo (su familia provenía de la estirpe Amauta, los "maestros sabios" del imperio Inka), sobre las humanidades que precedieron a la actual y sus culturas ya perdidas por el paso de los años y por el desconocimiento y la censura de la historia impuesta. 
 Cabrejo, transmitió en sus cuentos y relatos de sus viajes, ciertos conocimientos y lamentablemente una de sus obras fue quemada por orden de él, porque sentía que la humanidad no estaba preparada todavía, para ellos.

HALLAZGO PREHISTÓRICO: LA ENIGMÁTICA PUERTA DE VENUS

 
 Con la humildad característica del hombre amerikano(1) saludo a nuestro "pueblo continente" a quien dedico estos relatos guardados durante cuarenta y cuatro años en el cofre humano de la memoria, rogándole sea paciente, porque indispensable es que le demuestre que tales recuerdos no son creaciones fantásticas, ni menos especulaciones de comerciante o alucinado sino la veraz exposición de algo que conocí en mi niñez y adolescencia y luego analice desde la lejanía, a medida que adquiría conocimientos en esta generosa tierra argentina, donde "Genios" como don Florentino Ameguino y don Florencio de Basaldúa nos dejaron entre innúmeras bases científicas, dos inconmovibles pilares:
a) La denominación y agrupación de "Lenguajes Polisintéticos", el primero y el segundo.
b) La detección de identidad de la raíz man en mena, menes, men, mene, manú, etc., equivalente a ley o reino, en todos los lenguajes de la tierra.
 Así analizados, repito, mis sagrados recuerdos, partimos con mi esposa y confidente, a tierras peruanas -las que me vieron nacer y que minuciosamente recorrí escrutando sus ruinas y vestigios de enormes y remotas civilizaciones- para corroborar mis pasadas vivencias y documentarlas con los actualizados datos aun hoy existentes, sin cuyos comprobantes nuestro mundo civilizado nos juzgaría inadecuadamente.
 Llegamos a Lima, la capital junto al Rimac y allí nos encontramos con parientes y amigos, a quienes en repetidas ocasiones les rogamos que visitaran esos lugares; y así comenzó el recuento:
-"Las inscripciones del Cerro Mulato(2) están tan igual como las dejaste...
-Rakarumi(3) y Kolllushtas(4)...¡los viajeros ni las miran!
-La tumba del Gigante, Kingue o Kinko(5), Chunram(6), Aushawilka(7) igual...!
-Para las grutas del Auki(8), encontré otra entrada...lejos, pero muy hermosa...
-La puerta de entrada al Huascarán(9) quedó sepultada bajo miles de piedra y lodo...
-Malka(10)... (estas eran las primeras ruinas  que pensábamos visitar en nuestro itinerario de noviembre 1979)... igual que siempre, enigmática, pero, como las lluvias han empezado temprano, los caminos de acceso a estas cierras están intransitables...."
 En fin..., me estaban proporcionando los datos que necesitamos para, recién entonces, poder componer nuestro itinerario; por tal motivo, debido a las condiciones climáticas tuvimos que cambiar el rumbo de nuestro viaje virando al Sud y al Oriente.

NASKA, CENTRO DE UNA CULTURA PREINKAICA

Visitamos Naska, sobrevolamos sus 400 km de llanuras sabiamente grabadas, nos entrevistamos con la gentil ingeniera alemana Maria Reiche, eminente fisico-matemática que, semejante a una princesa encantada, se ha convertido en la guardiana de Kumana-Pampa (Pampa de la ley cósmica) dedicando mas de treinta años de su vida al revelamiento y conservación de aquellos extraños mensajes, cuya simbólica señal es El Tridente, su significado: Una cita. Este magnifico grabado está situado a considerable distancia hacia el Oeste de la mencionada planicie, o sea en los acantilados de Pisco, donde pudo admirarlo el ya referido Florencio de Basaldúa.
 Es muy posible que existan a la misma distancia, en los otros tres puntos cardinales, en forma de enorme cruz, mensajes similares quizás más significativos..., ¡pronto lo sabremos!

EN KOSKO, REINO DE LOS INKAS

Luego nos dirigimos al Kosko (el mal llamado Cuzco), visitamos muchos palacios de los inkas e Iglesias Cristianas cuyo interior tanto como sus altares están forrados o recubiertos de oro. Su actual y moderna urbanización, plazas, avenidas, monumentos, alegría, no logran borrar de sus entrañas pétreas las horas de esplendor que le dieron los Pachakutek(11) ni el sacrificio de José Gabriel Condor Kanki y Micaela Bastides, con miles de sus conciudadanos. Al siguiente día visitamos Sacsaywamán(12) (a más o menos 3.500 m de altura sobre el nivel del mar); restos de una construcción ciclópea destruida hace muchos miles de años.
 Pasamos a Kenko (Kin-Kom); Templo destrozado y calcinado... ¿por quién...?
 Luego visitamos Puka-Pukará(13), Tampu-Machay(14), Pisak(15)... desde estas alturas hemos contemplado el Wilcamayu o Rió Sagrado, cuyos valles cultivados enmarcan de verde los tremendos andenes o terrazas que las manos laboriosas de los Uros(16) construyeron en todos los cerros, y, aunque hayan transcurrido miríadas de años que no se laboren, ello no ha impedido que el valle mas hermoso de la tierra perpetúe su nombre: ¡Uru-Bamba!
 Por estos hermosos lugares hemos descendido en tren hasta una especie de muelle (a 1.400 m. s/el n. del m.) y trasbordamos a un vehículo que nos ascendió 1.000 m. (o sea 2.400 m.s/el n. del m.) donde visitamos llenos de admiración el santuario matriarcal preinkaico de Machu-Picchu(17). En otro día de excursión visitamos Ollantay-tampu(18) con el deseo de ubicar en su cima un gigantesco bloque de piedra roja, cuya textura, color y composición química es idéntica alas de los bonetes que ostentan en sus cabezas los Gigantes de la Isla de Pascua; ascendimos por el lado izquierdo de los monumentales escalones que componen los andenes hasta llegar a las puertas "clave" (las que  anteriormente tuvieron bisagras de oro), y, en otro supremo esfuerzo agua pura, cercano a la buscada piedra roja que nos invitaba a descansar en su lomo... ¿Por qué todos los seres humanos que visitan estos lugares, cualquiera sea su grado de cultura o raza, se sienten embelesados por gran felicidad y singular remembranza?
 Llegó el día de nuestro regreso a Lima. Nos levantamos muy temprano para llenar con provecho las seis horas que nos restaban.
-Kosko es como un vientre humano que guarda en sus entrañas las mas insólitas sorpresas para los que algún día tengan la suerte de verlas-decía mi esposa-.
-En parte es debido al celo de sus hijos, tal el episodio de las cuentas del collar del Sargento Mayor Pumakaua, o al del estoicismo de Juan Shuruk, -entre otros- quien dijo: "Prefiero la muerte antes que entregar tesoros que son ajenos", porque sabemos que esos cuantioso tesoros son legados a una humanidad buena, que está por nacer en el planeta, y legados, no por los Inkas sino por una humanidad de cultura superior que existió muy anteriormente aquí, en Amérika, y que dejó, decía, en salones subterráneos bruñidos, los más diversos objetos de oro puro, como: vasos de diversas formas, grabados -que en la época inkaica se utilizaron como implementos de cotidiana vajilla- y placas de más o menos 1.20 por 0.40 m. perforadas unas y grabadas otras, para citar algo de lo mucho y diverso que dejaron.
 El padre Chokehuanka dijo con singular elocuencia al coronar a Bolívar: "Dios quiso de salvajes formar un reino y mandó a Manko Kapak; pecó su raza y vino Pizarro", etc.

ANTE LA PUERTA DE VENUS, PRESENCIA DE LA HUMANIDAD SUPERIOR

 Dialogando por las calles de Kosko y sin pensarlo, nos hallamos frente al majestuoso Templo y convento de Santo Domingo,
el que con sus muros y enorme techumbre oculta al Templo del Sol, cubierto además por una espesa capa de estuco que felizmente los movimientos telúricos lograron remover, como la Divina Providencia ordenara que permaneciera al descubierto.
 Sí, los venerables Padres de la Iglesia se empecinaron en ocultar esta reliquia construida en época muy lejana por una cultura superior a la inkaica -recalco- y que, generosamente empeñada en legar sus conocimientos científicos ante la inminencia de una catástrofe- ya acontecida- ciclópea, plasmó sus principios en metales nobles y en construcciones ciclópeas de enormes e indestructibles bloque se piedra que parecen troquelados y cuyas caras irregulares y diferentes entre sí cuentan hasta catorce ángulos. Todas estas maravillosas piedras están perfectamente ensambladas unas con otras, muchísimas de ellas perforadas por ramales de distintos diámetros (como se puede observar claramente en las fotografías recientemente tomadas), conexiones que se entrecruzan o se continúan por el edificio, seguramente para que cables de k'orikalke(19)  transporten... ¿qué clase de energía? Gran enigma.
 Al atravesar los amplios patios del convento, encontramos obreros limpiando los escombros de estuco y ademas haciendo renovaciones a profundidad, de donde extraían hermosas piedras de gran tamaño y perforadas, sin interesarles en lo mas mínimo-como sus antecesores hispanos- su inconsciente destrucción. También hallamos un Guía "muy caballero", muy atento, muy culto -hablaba cinco idiomas y sabe lo que la historia se obstina en hacernos comprender...- que nos muestra la entrada clausurada del "K'ori-Kancha"(20) luego un Salón o Capilla de la Luna, otro, del Trueno, del Arco Iris y el de las Estrellas, en el cual hallamos la enigmática Puerta de Venus, un rarísimo ingenio, mutilado en parte. 

 En este salón, dice el Guía, se practicaban rituales. Había muchos ídolos, los que se amarraban a esos agujeros...(palabras muy utilizadas por estos hospitalarios hombres, en todas las ruinas, pero que son semejantes a monedas fuera de uso) refiriéndose a las perforaciones de la Puerta de Venus o mutilado ingenio.
 Imaginense qué hermosos instrumentos científicos de oro habría en esas cavidades que le llaman hornacinas, que junto con cantidades de conductores o alambres del mismo metal fueron fundidos por la terrible codicia...!
 Nos preguntamos: ¿por qué tanta minuciosidad en perforar a distintos diámetros, semejando un ritmo elemental; esos enormes bloques de piedra que en indescriptible armonía forman los muros del Templo del Sol?
 ¿Por qué su orientación tan exacta...?

 ¿Por qué  extrajeron el agua de profundidades, por canales pétreos si mas fácil era conducirla desde los arroyos?
 Todas preguntas que quedan en el espacio y el tiempo. Enigmas para desentrañar yendo más atrás de la cultura inkaica.
 Saben, apreciados lectores, los hispanos hallaron muchos "ídolos" "habladores" de oro(21) en sus Templos(22). "Estos son ídolos animados por los demonios", dijeron ellos, y los fundían para aumentar los caudales que enviaban a su rey...!
Volveremos a estar en contacto con ustedes, en nuevo encuentro a través de CUARTA DIMENSIÓN que está en las tinieblas del tiempo.

NOTAS

(1) Nombre propio de nuestro continente y no derivado de Alberico Vespucio (el mal llamado Américo Vespucio)
(2) Americanismo
(3) Sexo de piedra
(4) Nalgas desnudas
(5) Gigante
(6) Doblado
(7) Nieto (uno de los siete significados de esta palabra)
(8) Espíritu
(9) Pájaro rojo
(10) Tierna
(11) El que transmuta el mal en bién
(12) Halcón harapiento
(13) Fortaleza roja
(14) Grutas en el Templo
(15) Onomatopeíco
(16) Raza prehistórica
(17) Viejo cerro
(18) Templo de Ollantay
(19) Cobre inoxidable
(20) Museo de Oro
(21) Rimak
(22) Tampu

 Agradecemos al investigador Javier Stagnaro por cedernos este artículo publicado en la revista Cuarta Dimensión, anuario 1980

 Más cuentos de Ernesto Cabrejo
http://elsurdelgrantriangulo-pablo.blogspot.com.ar/search/label/ERNESTO%20CABREJO

martes, 9 de septiembre de 2014

LA CIUDAD PERDIDA DE Z (DAVID GRANN)

Queremos recomendar en esta oportunidad el libro La ciudad perdida de z, última expedición en busca de el Dorado, (2010, Sudamericana) del periodista norteamericano David Grann. Interesante y ameno libro, donde el autor nos relata su investigación (una de las más completas) sobre la vida y desaparición en las selvas del Mato Grosso brasilero, del legendario explorador británico, el coronel Percy Fawcett. Aqui encontramos varios datos inéditos ya que Grann contactó a los descendientes de Fawcet  y logró que le ensañaran escritos casi desconocidos con anotaciones del propio Fawcett. 
 El libro, además de recorrer la fascinante vida del explorador, está matizado con el relato del viaje de David Grann al brasil, intentando seguir el derrotero del coronel y sus acompañantes; sus encuentros con los nativos de la selva y sus últimas averiguaciones para resolver el misterio del destino de Percy Fawcett. Misterio, que como todos ellos, no tendrá solución, pero...

Percy Fawcett

lunes, 4 de agosto de 2014

"CASO FAWCETT"

Desde la desaparición del ya mítico Coronel inglés Percy Fawcett en las frondosas y peligrosas selvas del Matto Grosso (Brasil), se han tejido numerosas teorías, desde las más racionales hasta la más fantásticas relacionadas con lo esotérico (ciudades subterráneas, restos de la civilización atlante, planos dimensionales, etc.). Sin descartar ninguna de ellas, en este artículo vamos a transcribir- por resultarnos curiosas e interesantes-  las vivencias y opiniones del gran explorador del Amazonas, el brasileño Eduardo Barros Prado. En su libro Yo viví con los Jíbaros (1959)
nos cuenta, ante la pregunta de un interlocutor escoces que había buscado sin éxito al perdido Coronel:
 -¿Qué opina del "caso Fawcett"?
 -Ha muerto. El y sus compañeros fueron trucidados por los indios, debido a su incomprensión, su falto de conocimiento de la zona y de sus habitantes, su ignorancia total de las lenguas habladas por varias tribus mattogrossenses y la rigidez del trato que usaron para con los indígenas.
(...) -"Amigo MacMurray, yo vi a Fawcett".
 A continuación Barros Prado narra aspectos de la vida de Fawcett conocidos en esos años:
 De fuentes autorizadas se sabe que Fawcett había abrazado el budismo al punto de que siempre llevaba consigo un Buda diminuto; él mismo decía que le había sido entregado por un mendigo desconocido en Ceilán (...) le dijo: -"Es para usted, señor. Este Buda va a seguirle toda la vida y se encargará de señalarle sus horas de felicidad...."
 Antes de retirarse -agregaba-, el mendigo le advirtió que nunca permitiera que manos extrañas tocaran su talismán.
 Posteriormente, viajando por Marruecos como integrante del Intelligence Service destacado allí, un astrólogo le vaticinó que un día no muy remoto, sus hazañas "habrían de ser conocidas por todo el mundo civilizado".
(...)  Percy Fawcett habia leído en libro sobre la existencia de los tesoros de Rey Randy, y entusiasmado, resuelve viajar a Colombo (India), para iniciar excavaciones en la zona indicada. Según las mismas fuentes de información, mientras cumplía estas tareas entraron en contacto con él dos astrólogos que, procedentes del norte de la India, se encontraban de paso por el lugar. Ellos le aseguraron que Jack Fawcett (su hijo) sería el fundador de una noble raza en tierras distantes, tierras en las cuales ambos desaparecerían para siempre.
(...) Más tarde Fawcett se saturó de lecturas sobre la teoría del hundimiento de continentes en el Océano Atlántico. Conocía casi de memoria los diálogos de Critias y Timeo narrados por Platón y devoró cuanta información encontró al respecto. Decidió llevar las cosas a terreno de la práctica, viajó a Río de Janeiro y luego a Bahía, visitando los museos en los que se dedicó a revisar viejos documentos escritos en portugués antiguo, lengua que dominaba. Quizás sea uno de estos documentos el responsable de toda la tragedia ocurrida pocos años más tarde.
Fawcett (en el centro) en una de sus expediciones por Bolivia
En uno de esos pergaminos (año 1700) se cuenta que tres audaces bandeirantes (companías de aventureros organizadas en Sao Paulo, Brasil, siglos XVI al XVII)  encuentran en las selvas del Matto Grosso, una ciudad abandonada en la que los edificios eran de oro con inscripciones extrañas en las fachadas. También encuentran, según dicho documento, los senderos de unas minas abandonadas - las de los Araés- .
 Continuemos con Barros Prado:
 Se sabe  ciencia cierta que al penetrar osadamente en un campamento Xavante, Rimmel (el fotógrafo que acompañaba al coronel y su hijo) había sido herido de un lanzazo en la pierna izquierda. Hay testigos que afirman haberlo visto renguear. Los portadores los abandonaron cuando comprendieron que el rumbo los llevaba a un territorio de que, por regla general, nadie retorna. Después de esto una verdadera cortina pareció correrse y dejar tras de sí todos los detalles que el mundo desea conocer sobre la suerte corrida por los tres expedicionarios. Nada se supo hasta  el año 1933, en que un garimpeiro (buscador de piedras preciosas en el Amazonas) ruso, de mediana cultura, aportó la sensacional noticia de que Fawcett estaba vivo y habitaba la zona del Kuluene, en un rincón de la selva, junto a un afluente de éste. Afirmaba haberlo visto como jefe de una tribu y mostraba una fotografía que, aseguraba, era de Fawcett. La misma dejaba ver a un anciano de cabellos y barba muy largos. El garimpeiro decía que el mismo Fawcett había resuelto no retornar a la civilización, no volver jamás a Europa y permanecer radicado entre los indios súias, de quienes virtualmente era jefe. Según el mismo informante, Fawcett decía que la ciudad en procura de la cual había salido, existía realmente, pero que estaba celosamente guardada por una tribu de gigantes blancos, bravos guerreros que la defendían con ferocidad.
 No había transcurrido un año de recibida la sensacional noticia, cuando un cazador suizo de nombre Esteban Rattin, gran conocedor de la zona y eximio perseguidor y cazador de tigres, aseguró haber visto al explorador británico junto a un afluente del Xingú, más allá del terrible río de las Muertes. Según Rattin había cambiado unas palabras con Fawcett y éste le había asegurado -en idioma ingles, recalcaba el informante- , que  se trataba, en efecto, del desaparecido explorador. Decía también que comandaba una tribu de indígenas, varios integrantes de la cual le acompañaban cuando él lo encontró. Lo consideraban jefe supremo, pues creían que era un dios encarnado en un hombre blanco.
(...) En 1936, una mujer integrante de la tribu de los Caiapó, que fue llevada a la Mision Dominicana instalada en la zona de la isla del Bananal, le dijo al misionero que la atendió que en la tribu vecina a la suya vivía un anciano muy parecido a él, no solo por su talla, sino también por su barba blanca y la calvicie. Agregó que un joven, también blanco (¿Jack?), era el tuchaua de la tribu citada y se había casado con la hija del anciano jefe fallecido, con la cual había tenido varios hijos "carahibas" (blancos). Meses después, un grupo de británicos integrantes de un equipo cinematográfico, encontró en manos de un guía indio una brújula que había pertenecido a Fawcett. Animado por el hallazgo, el marqués de Winton, director del equipo, siguió al indio en busca del explorador... y no volvió jamás. Buscado el marqués, a su vez, por gente de su compañía, fue encontrado el cadáver, ya en descomposición. Los indios le habían herido, y el curare había completado el trabajo.
 Después, el coronel brasileño Noronha afirmó haber visto a Fawcett cerca de la divisoria de las aguas del Xingú y el Tapajoz, en las inmediaciones del puesto Batovi. Dijo que incluso llegó a hablar con él. Fawcett, jefe de los indios, le contó que estaba tratando de ubicar el rumbo hacia las minas de los Martirios, que se han mantenido en secreto desde los tiempos de la conquista, hablándole también de los vestigios, que conformaban -según él-  la existencia de la Atlántida, en las tierras que estaba recorriendo. Luego le enseñó varias piezas de cerámica antigua con dibujos y jeroglíficos que, descifrados, le daban la seguridad de que la Atlántida estaba ubicada en el paralelo en que, insistía, debía buscarcela, esto es, en el paralelo 12° S,  y que él, por su parte no retornaría a la civilización mientras no pudiera probar lo que decía. (...) que la Atlántida había existido, que 15.000 años antes la zona que estaban recorriendo había formado parte de un continente que se había hundido y sobre el cual vivían 60.000.000 de habitantes, los remanentes de los cuales estaban ubicados allí, en las tierras inaccesibles situadas entre los paralelos 10° y 12° S, y que seguiría en su búsqueda hasta encontrar dichos habitantes.
 (...) los hermanos Vilasboas, cuatro avezados y experimentados 
sertanistas, aseguraron haber dado con el verdadero rastro de los
 ingleses desaparecidos, descubriendo el esqueleto del coronel Fawcett enterrado conjuntamente con su machete Collins, del que no se separaba jamás(...)
 En una expedición comandada por dichos hermanos a la aldea de los Kalapalos, estos indígenas les afirmaron que tales restos pertenecían al "ingulesi" (inglés), si bien Brian Fawcett (otro hijo del coronel), ingeniero en ferrocarriles e integrante de la expedición, se aseguró antes de verlos que no era posible que fueran los de su padre. (...) dijo -"Si bien es cierto que yo- en oposición a cuanto piensa mi madre-, no creo que mi padre esté vivo aún, creo, sí, que quien vive es mi hermano Jack.
Según les cuenta un jefe de los Kalapalos a los Vilasboas, llamado Cavuquirá, dando abundantes detalles, varios incidentes entre los exploradores británicos y los miembros de su tribu, e incluso con él, contribuyeron a que la estadía de los blancos entre su tribu se tornara totalmente insoportable para los indígenas. Lo que terminó en el asesinato (a golpe de borduna) de Fawcett y sus acompañantes al borde de la laguna de La Matta.
Tribu Kalapalos
 A pesar de estos relatos Brian Fawcett dijo: - "Estoy convencido que los indios habrán matado a tres extranjeros, ya que así lo afirman; pero nadie puede llegar a convencerme que se trataba de mi padre, mi hermano y su amigo".
 Para finalizar este artículo, contaremos como Eduardo Barros Prado dice haberse encontrado personalmente con Percy H. Fawcett en la selva de Matto Grosso:
 (...) el 26 de Enero de 1928, regresaba yo a Cuyabá (...) acompañado por un goyano de nombre Jandóca (Yandoca), amigo muy conocedor y baqueano de la zona. Faltaban todavía más o menos 160 kilómetros  para alcanzar nuestro destino cuando decidimos hacer un alto para abrevar las tres mulas y descansar nosotros, aprovechando la presencia de un tributario del río Casca, afluente a su vez del Manso.. Mientras me disponía a encender el fuego y esperaba la llegada de Jandóca, que debía traer más leña, daba un necesario descanso a mi fatigado cuerpo. Cuando regresó el goyano, cargado ya con la leña necesaria, me comunicó que muy cerca del lugar donde estábamos, bajo unos taperebás, había una choza y junto a ella, sobre un tronco, estaba sentado un viejo de larga melena y barba que en  su opinión, se parecía a la estampa de San Juan Bautista, que él conservaba en su casa de Goyaz, le había dirigido la palabra pero el anciano parecía petrificado, no prestándole la menor atención. Agregó Jandoca que la única señal de vida que descubrió fue un leve movimiento de la mano, con la que apartaba los mosquitos, que se cebaban en sus brazos velludos.
 (...) así pues  decidí seguir los pasos de Jandóca, que me servía una vez más de guía, y juntos nos dirigimos hacia la choza.(...) Cuando llegamos a la pequeña explanada donde se hallaba el rudimentario ranchito, pudimos ver que el anciano se hallaba sentado en una barranca absorto en la contemplación de sus pies, que mantenía en el agua. No nos oyó llegar, o hizo caso omiso de nuestra presencia. Su espalda, muy transpirada, estaba siendo atacada por una nube de mosquitos que parecían empecinados en taladrar su desteñida camisa caqui. Una hirsuta cabellera grisasea de canas, rodeaba su cabeza y le llegaba a los hombros; giró ésta lentamente, molesto quizás por mi insistencia en entablar conversación con él, y al hacerlo, me llamaron la atención sus cejas, pobladas en extremo, lo mismo que el bigote, en evidente contraste con el cráneo, casi totalmente calvo. El cabello, abultado al estilo de los franciscanos y de nacimiento cercano a las sienes, le daba el aspecto de un hombre de las cavernas. Era un ser realmente extraño, e inspiraba muy poca simpatía, por su aspecto hostil y su mirada casi agresiva.
 Agoté los medios para entablar conversación con quien ya pensaba que podía llamarse "el ermitaño del Casca" y cuando vencido en mis esfuerzos y avergonzado por mi insistencia, me retiraba, bajo la mirada inquisitiva de Jandóca, antes de alejarme, pensé: -¿Será algún garimpeiro extranjero, que no entiende mi lengua?- Mirando de soslayo el rancho, noté que adentro había más de un catre y pensé que su guía o acompañante había salido en busca de caza. Traté de hacerme entender en francés, pues recordé que había habido catadores belgas en el distrito de Burity; pero solo el silencio fue la respuesta. Entonces ya desanimado y dándome cuenta que lo molestaba, le pregunté en inglés:
"What can I do for you?" (¿En qué puedo servirle?)
 El anciano torció lentamente su desproporcionada cabeza en dirección a mí y contestó con voz opaca, casi ronca: "Leave me alone". (¡Déjeme tranquilo!).
 (...) cuando casi había transcurrido un año, retorné  a la civilización. Al hacerlo y leer los periódicos, me enteré de la desaparición de Fawcett y sus compañeros y, casi sin darme cuenta, me encontré pensando: "¿No sería aquel ermitaño del Casca?"
 Tres años después tuve ocasión de leer un libro de Roger Courteville, un francés que en un coche Renault cruzó América de costa a costa, yendo de Río de Janeiro a Lima. En una de sus narraciones cuenta que encontró un anciano con las mismas señas del que yo había conocido en el mes de Enero del mismo año, es decir, también en la misma fecha y en un punto situado entre los 54° 8' long. oeste y los 16° 8' 32" lat. sur, la zona que yo había recorrido (...)
 El anciano a que hacía referencia era el coronel Fawcett. Ambos lo habíamos visto sin imaginar quién era.
(...) Quizá sintiera recelo ante su fracaso; quizás abrigara la esperanza de alcanzar aún la ciudad perdida, de develar el misterio de la Atlántida, de las minas de los Martirios de que habló Stein; quizá después de todo y sin razón aparente, prefiriera esa vida a la que le ofrecían los medios civilizados.
 Courteville dice que, por no haberlo visto jamás, no había podido reconocerlo; yo, en cambio, lo había visto, aunque a la distancia y muy rápidamente
(...) -"Ya ve, MacMurray, yo fui uno de los que tuvieron la oportunidad de tenderle la mano a Fawcett, y también la mía, como las demás fue rechazada..."
 Contra todas mis suposiciones, MacMurray, tercamente seguía pensando que Jack Fawcett no había muerto. Estaba seguro de que era el jefe respetado y temido, el tuchaua de una tribu aislada en las cabeceras de Xingú. Me dijo que un indio que había encontrado moribundo a orillas del Kuluene se lo había asegurado cuando él, ya pobre y presa de la fiebre, abandonaba su búsqueda a fines de 1934.
 -"¡Jack Fawcett vive! Si se anima, míster, vamos a buscarlo".


Coronel Percy H. Fawcett