miércoles, 9 de marzo de 2016

DANIEL RUZO Y MARCAHUASI (F. JIMÉNEZ DEL OSO)

Compartimos un extracto del artículo del recordado doctor español Fernando Jiménez del Oso, para la revista de la cual él fue director: Espacio y Tiempo (n° 11,  Enero 1992). Su entrevista al investigador por antonomasia de la meseta de Marcahuasi: Daniel Ruzo. Un escrito bastante crítico a las indagaciones y teorías de Ruzo. Más allá del escepticismo de J. del Oso, prontamente publicaremos las pesquisas de otros investigadores con ideas más cercanas a las de Daniel Ruzo.


EL SEÑOR DE TEPOZTLÁN

Tepoztlán es nombre náhuatl que significa "lugar de mucho cobre", y  representaba con un hacha de cobre sobre un cerro. Tepozteco, con la misma raíz, es el nombre que designa a un picacho donde aún pueden verse los restos de un anti-guo adoratorio chichimeca. Pero hay otro nombre más derivado del cobre: Tepoztecatl, el Señor de Tepoztlán; un personaje sin duda extraordinario. Nació de una princesa virgen, fue abandonado en una caja que arrastró la corriente del río, y recogido por un matrimonio anciano, que lo cuidó como a un hijo. Entre otras muchas proezas, también con resonancias bíblicas, emuló a Jonás, ya que, para acabar con un monstruo llamado Xochicalcatl, se dejó tragar por él, con el propósito de, ya en su interior, sacar del morral afilados cuchillos de obsidiana y cortar con ellos el estómago de la horrible fiera, abriéndose así paso hasta el exterior, al tiempo que la mataba. Como no podía ser menos, horadó cerros con sus puños, produjo enormes riadas con sus micciones, y convirtió en peñascos a sus enemigos. Pese a todo, no fue un dios, sino un simple héroe local, que unió a su cargo de señor de Tepoztlán, el de sacerdote de Ometochtli, dios de la embriaguez. Quizás sea necesario aclarar que tal deidad no protegía a los alcohólicos, sino que tutelaba la embriaguez sagrada, es decir, aquella que, propiciada por los alucinógenos, permitía a los iniciados entrar transitoriamente en el mundo de los espíritus. No es, pues, Tepoztlán, un lugar cualquiera; sobra allí material para que folkloristas y antropólogos pasen unas vacaciones instructivas y amenas. Y es también un terreno propicio para cualquier tipo de especulación, incluida una tan sugestiva, como la de que algunos de esos cerros no son formaciones naturales, sino estatuas, ya erosionadas y deformes, talladas por una cultura protohistórica.

EL VALLE SAGRADO DE DANIEL RUZO

Ésa es la tesis defendida por Daniel Ruzo en su libro "El Valle Sagrado de Tepoztlán", en el que, como tiene por costumbre, afirma, en lugar de sugerir, y dogmatiza, en vez de convencer: "Enclavado en las alturas centrales de México y dominado por dos volcanes imponentes, el Valle Sagrado de Tepoztlán guarda los recuerdos de reyes muy antiguos y los secretos y templos de una Humanidad que desapareció con el Diluvio."

-La posición de Ruzo se fundamenta sobre todo en el estudio de Nostradamus, autor del que posee la más extensa y costosa biblioteca; pero no sé hasta qué punto el hecho de contar con numerosas ediciones de las cuartetas del célebre astrólogo, convierte a Ruzo en el mayor experto sobre el tema; y, si su libro "El testamento auténtico de Nostradamus" debe considerarse el único que interpreta correctamente los enigmáticos versos - entre otras razones, porque debería darse igual margen de confianza a cada uno de los autores que presumen de haber descifrado lo que exactamente quería decir Nostradamus, que son todos -, también es indiscutible que Daniel Ruzo ha manejado documentos originales y que durante mucho tiempo se ha dedicado al estudio de esta cuestión. Así que sus razones tendrá cuando afirma que estamos viviendo los últimos ciento ochenta años de esta era, o, si se quiere, de esta Humanidad, "la quinta de la cronología tradicional", que comenzó hace algo más de ocho mil años, cuando las aguas del Diluvio volvieron a su cauce. Según su interpretación de las profecías de Nostradamus, este período final comenzó en 1957 y terminará en el 2137. Durante esos años, los humanos debemos tener acceso a todos los secretos dejados por las humanidades anteriores, porque en ellos se encierra un mensaje que nos concierne. A este respecto, debo manifestar mi encono hacia los remitentes de tales mensajes. No deja de ser irritante
que avisos y recomendaciones de vital importancia destinados a esta doliente Humanidad actual, sean tan crípticos y oscuros, que nadie los entienda y para nada sirvan. Claro está que no faltan traductores de esos mensajes;  pero, a la postre, resultan igualmente oscuros y basan sus conclusiones en claves que sólo a ellos convencen.

UNAS DUDOSAS ESCULTURAS CICLÓPEAS

 Por su parte. Daniel Ruzo está convencido de que la anterior Humanidad, la cuarta. y aún otras más viejas, labraron las montañas para esculpir rostros y animales. Obviamente, tales esculturas constituyen la parte visible del mensaje; la otra parte, la invisible, se oculta en el interior de cuevas - también, obviamente, no descubiertas -que en su día sirvieron de refugio a los elegidos para perpetuar la especie cuando se producía el cataclismo correspondiente. Como él mismo nos contaría después, tales cuevas cumplían, y han de volver a cumplir, la función de antro iniciático, en el que esos supervivientes sufrían una aceleración en su evolución psicoespiritual, mejorando así la especie. Si se observa la calidad de los humanos de ahora, es fácil deducir que tal iniciación no quedó impresa en el A.D.N. cromosómico, o que la Humanidad precedente era aún más impresentable que ésta, lo que ya es decir. Por lo que respecta a Tepoztlán, la aguda mirada de Ruzo descubre allí varias de esas esculturas ciclópeas; la mayoría resultan más que dudosas para un observador imparcial, pero hay una especialmente sugestiva; la que, según él, representa al propio Tepoztecatl. Es una roca de sesenta metros de altura, con la cumbre parcialmente cubierta por vegetación, que se asemeja a un hombre sentado, tapado con un manto del que emerge la cabeza. La similitud es tan evidente, que los habitantes de Tepoztlán la conocen por "El Cerro del Gigante"; pero. en tanto que las gentes comunes lo consideran un capricho de la Naturaleza, Daniel Ruzo no duda en afirmar que "se trata del cerro 'del hombre que bajó del cielo': es Tepozteco, "hijo del dios del Viento", que ha bajado a la Tierra. Es el hijo de Quetzalcoatl." Ni por un momento admite otra posibilidad que la de que se trate de una auténtica escultura, con la particularidad añadida de que, según las horas del día, tiene seis fisionomías diferentes: "Los escultores hicieron un trabajo tan perfecto, que nadie puede negar que se trata de una obra humana de excepcional calidad." Los lectores juzgarán ante las fotografías. Mucho menos evidente es "el cofre del tesoro de Tepozteco", llevado por un hombre cuya cabeza está cubierta por una escafandra. Sin embargo, Ruzo no duda de ello e, incluso, deduce que la escafandra es una prueba del alto nivel técnico alcanzado por la Humanidad desaparecida.
Éstas y otras deducciones acaso parezcan aventuradas al lego, pero él, curtido descubridor de este tipo de testimonios del pasado, está acostumbrado a hacerlas. Tepoztlán, aunque haya merecido un libro de su parte, no es más que una muestra secundaria del arte ciclópeo desarrollado por aquella extinta Humanidad sembradora de mensajes; el lugar principal, donde más abundantes y mejor definidas esculturas dejaron, es una meseta peruana llamada Marcahuasi, que dio motivo a Ruzo para escribir una de sus más reeditadas obras: "La historia fantástica de un descubrimiento. Los templos de piedra de una Humanidad desaparecida." ¿Qué lleva a un hombre a dedicar la mayor parte de su vida a la defensa de una idea indemostrable? ¿De dónde nace ese convencimiento que arrastra a Ruzo al apostolado en busca de adeptos para su causa? ¿Acaso oculta un as en la manga y basa su aserto en algo más que lo simplemente aparente? 

UN SOÑADOR NACIDO CON EL SIGLO

Sólo había una forma de saberlo: preguntándoselo a él mismo. No fue fácil dar con su casa. En Cuernavaca existen muchas colonias residenciales, y unas se funden con otras, sin límites precisos. Tampoco hay transeúntes a los que preguntar o comercios en los que informarse; se vive allí de puertas para adentro, y ni siquiera las fachadas orientan al paseante sobre el talante de los que allí habitan o el confort que se oculta detrás de los discretos muros. El despacho de Daniel Ruzo está instalado en la planta alta de una de esas mansiones. No es un lugar para recibir, sino para trabajar; incluso los muebles parecen haber conocido tiempos mejores en otras salas de la casa antes de llegar allí. Sentado ante la mesa, formando casi parte del mobiliario, había un hombre viejo, muy viejo, que sonreía amablemente. 
— Comencé a interesarme por Marcahuasi en 1951, al ver una magnífica fotografía del lugar en casa de mi amigo Enrique Damert - confiesa Ruzo -. Esa fotografía expresaba todo lo que yo había sospechado durante mi trabajo en el Cerro San Cristóbal, en Lima. En 1952, el señor Damert me regaló dicha fotografía e inmediatamente organicé la primera expedición a Marcahuasi, acompañado por mi hijo y un ingeniero que trabajaba conmigo. 
Así, de forma aparentemente casual, este peruano nacido con el siglo, se embarcó en un sueño fascinante del que aquella mañana, en Cuernavaca y a los noventa años, aún no había despertado. 
Ruzo estudió Derecho en su país, fue discreto poeta en su juventud, y desde 1927 dedicó parte de su fortuna a reunir cuanto material pudo sobre Nostradamus, otro de sus sueños. Como tantos intelectuales de esa época, ingresó en la masonería, perteneciendo desde 1937 al Supremo Consejo de la Masonería de Perú, con el grado 33. Durante los años cincuenta se integró en varios movimientos de corte esotérico y viajó por Europa y Asia, llevado por su interés hacia lo oculto. Sin embargo, el tema que estimularía definitivamente su insano apetito por los misterios del pasado, lo encontró en su propio país. A riesgo de dilatar este artículo más allá de lo razonable, es preciso hacer referencia a otro soñador - y éste lo fue metafórica y realmente -, responsable en buena medida del sueño de Ruzo. Se llamaba Pedro de Astete, y hace más de cincuenta años que se durmió para siempre, quien sabe si por mejor seguir la pista a sus oníricas visiones. Tuvo este hombre un sueño, un sueño de esos "diferentes", que, lejos de disolverse en la vigilia, se recuerdan después con todo lujo de detalles, como si el subconsciente tuviera empeño en que su mensaje no pasara desapercibido. 

EL TESORO SUBTERRÁNEO DE ASTETE

Había en el sueño una ciudad subterránea, un reducto donde permanecía a salvo del tiempo y de los hombres un tesoro constituido por valiosos materiales y aún más valiosos conocimientos. Astete supo en ese sueño que su misión era encontrar la ciudad y el legado, para entregárselo a los hombres de esta época. Y, como una clave de singular importancia, de su aventura nocturna se trajo un nombre: Masma. Buscó en vano la puerta que debía ser abierta con esa llave, hasta que en la Biblia encontró la misma palabra, Masma, como nombre del quinto hijo de Ismael, el padre de la raza árabe. No cejó en su empeño, y así terminó por hallar la misma palabra en Perú, aunque con un significado muy diferente, ya que Masma, en quechua, significa "casa con alar grande" y también "tinaja". Sólo faltaba encontrar esa palabra referida a algún lugar concreto; y, a fuerza de buscar, terminó encontrándola como nombre de una hacienda ruinosa en las inmediaciones de Jauja. Nada había allí que mereciese la pena, pero aquel precursor de Indiana Jones no estaba dispuesto a abandonar el tema, así que, manejando tan escasas piezas, inventó, más que dedujo, un mosaico original sobre el pasado americano en el que huancas y aimaras, dos viejos pueblos peruanos, descendían de los bíblicos cananeos e himiaritas. Por esa época, Ruzo y Astete entraron en contacto, quedando el primero seducido por los argumentos del segundo. Juntos continuaron la búsqueda de la inalcanzable Masma, estimulándose mutuamente, como es común en la "folie a deux", al tiempo que su amistad se hacía más profunda. Y un día de 1924, acodados en un balcón de la casa de Astete, en Lima, teniendo ante ellos el río Rimac y, al otro lado de él, el Cerro San Cristóbal, el destino puso ante los ojos del joven Ruzo el anzuelo en el que hoy, sesenta y siete años después, sigue enganchado. Hablaban de los mensajes encerrados en cuentos y leyendas, concretamente en un relato de Poe, "El escarabajo de oro". Una de sus conclusiones era que en ese tipo de mensajes literarios un árbol no es tal, sino un cerro desprovisto de vegetación; es decir, de aludir simbólicamente a un dato auténtico, la calavera del cuento de Poe estaría sobre un cerro pelado y no sobre un árbol. Todo habría quedado en una elucubración más, si la providencia no hubiera tenido preparado un golpe de efecto para aquella ocasión: en el Cerro San Cristóbal la lluvia había formado varias torrenteras que confluían en una, semejando en su conjunto un árbol.

EXPLORACIÓN EN EL CERRO SAN CRISTÓBAL

"Siguiendo el relato de Poe - escribe Ruzo en uno de sus libros - empezamos a contar las grandes ramas que salían del tronco. Al llegar a la séptima rama y recorrerla con la mirada en toda su extensión, sufrimos una verdadera crisis de asombro, algo que debe producirse cuando nuestra conciencia, condicionada al mundo físico, pasa de golpe al mundo mágico, a otro nivel de conciencia. Vimos la calavera de que habla Poe; muy grande, con las dos cuencas vacías de los ojos. Allí está y todos los limeños que quieran ver esa calavera pueden situarse a la vera del río Rimac y en la prolongación del Girón Camaná, y la verán." Aquello no podía ser simple casualidad, y Ruzo comenzó su exploración del Cerro San Cristóbal en busca de más piezas para su recién iniciado rompecabezas. Encontró cuantas quiso: desde determinados ángulos y a determinadas horas, según la incidencia de la luz solar, podían verse en las rocas cabezas de perro, de león, un cofre, una cruz... Si a ello unimos que el San Cristóbal fue cerro sagrado para los indios, no debe extrañarnos el entusiasmo de Ruzo y su deducción de que alguien, en tiempos muy remotos, había esculpido estatuas en ese y, muy posiblemente, en otros cerros. Como un singular marchante, Daniel Ruzo buscó - y  encontró - más "esculturas" en otras partes, con las que fue cimentando su hipótesis de una supercultura antediluviana dedicada a esculpir montañas para que los hombres del futuro supieran de su existencia y descifraran un - cómo no - apocalíptico mensaje dejado para ellos, es decir, para nosotros. Así pues, cuando en 1952 su amigo Enrique Damert le regaló aquella fotografía de Marcahuasi. no dudó encontrarse ante una muestra más del arte de aquellos escultores protohistóricos. Sin embargo, desde su primera visita a esa meseta, comprendió que se trataba de algo mucho más importante que cuanto hasta entonces había hallado.
— Encontré una maravilla que, tal y como había ocurrido en el Cerro San Cristóbal, no tenía explicación posible; no existía nada parecido en toda la historia de la Humanidad. Esta maravilla consistía en una enorme cantidad de monumentos escultóricos, conservados como ningún otro en el mundoleón, un cofre, una cruz... Si a ello unimos que el San Cristóbal fue cerro sagrado para los indios, no debe extrañarnos el entusiasmo de Ruzo y su deducción de que alguien, en tiempos muy remotos, había esculpido estatuas en ese y, muy posiblemente, en otros cerros. Como un singular marchante, Daniel Ruzo buscó - y encontró - más "esculturas" en otras partes, con las que fue cimentando su hipótesis de una supercultura antediluviana dedicada a esculpir montañas para que los hombres del futuro supieran de su existencia y descifraran un - cómo no - apocalíptico mensaje dejado para ellos, es decir. para nosotros. , gracias a la excelente calidad de la piedra que forma la meseta: un pórfido diorítico blanco.

EN LA MESETA DE MARCAHUASI

Otras dos figuras en el "Monumento a la humanidad"
La meseta de Marcahuasi está situada a unos 80 km de Lima, en la provincia de Huarochirí, exactamen-te a los 11046' 40.9" de latitud Sur y 76°36' 26.3" de longitud Oeste. Se levanta junto al pequeño pueblo de San Pedro de Casta, donde el viaje-ro ha de proveerse de caballerías y agua si quiere ascender a la mese-ta; ésta se halla a 3.935 m de altura y su punto más elevado llega a los 4.200 metros. Ya arriba, la superficie es de unos 4 km2 aproximadamente, en los que abundan roque-dales de variadas formas que, en opinión de Ruzo, no son naturales, sino esculpidos. En el aspecto arqueológico, la meseta no tiene gran interés: hay restos de viviendas, probablemente de las culturas locales Yunga y Yauyo (entre el 800 y el 1476 d. C.), una fortificación, almacenes y varias chulpas o recintos funerarios. Ninguna de esas construcciones guarda relación con las supuestas esculturas, ya que - siempre en opinión de Ruzo - el origen de éstas es mucho más antiguo.
— Antes del Diluvio, por supuesto. Es obra de una Humanidad anterior a la nuestra, ya que las bases mentales y psicológicas de ese gran trabajo no están de acuerdo con las directrices de nuestra Humanidad.
Monumentos esculpidos en dura pie-dra por gentes que, psicológica y técnicamente, nada tenían que ver con nosotros. Está bien; pero ¿para qué?
— Para señalar esa montaña sagrada, como tantas otras del planeta, con la finalidad de que los seres humanos no desaparezcan. Marcahuasi, como otros lugares, desempeñó la función de refugio. El Arca de Noé no era en realidad una embarcación, sino una caverna tallada en la roca que permitió albergar grupos de personas y animales. Hubo varias de esas "arcas" en la Tierra, y Marcahuasi es una de ellas.
Sin embargo, el trabajo de Daniel Ruzo hace constante referencia a figuras labradas, pero no a cuevas.
— Tiene que haberlas - afirmó con rotundidad -; tiene que haber cavernas subterráneas magníficamente trabajadas, con entradas y salidas perfectamente estudiadas, talladas en la roca.
Es posible, pero, de haberlas, el que más probabilidades ha tenido de encontrarlas es el propio Ruzo, que en estos últimos cincuenta años ha recorrido cada centímetro cuadrado de la meseta; incluso ha vivido a temporadas allí, en una rústica cabaña.
— No; no he encontrado las cavernas, pero estoy seguro de que existen, he hallado señales indicativas de ellas... Pero, si las hubiera encontrado, tampoco diría nada a nadie, para evitar que cayeran en manos de algún gobierno o de un grupo religioso, quienes, sin duda, las explotarían a su conveniencia.
"Inka man", "El profeta" y "El alquimista"

ACELERADADORES DE LA EVOLUCIÓN HUMANA

La mucama nos trajo café. Mientras lo tomaba pensé que, de haberlas encontrado, Ruzo no habría dudado ni un instante en divulgar la noticia. Marcahuasi es el tema de su vida, pero historiadores y arqueólogos opinan que sus aseveraciones carecen de fundamento; el hallazgo de esas cavernas apoyaría decididamente su hipótesis y le proporcionaría el prestigio del que en los círculos académicos carece. Pese a todo, es posible que tales subterráneos existan. Si es así, merecería la pena pasar un tiempo en ellas, porque, además de refugio, sirvieron, según Ruzo, como "aceleradores" de la evolución humana
— En Marcahuasi, como en todas las montañas sagradas, existe una energía, una fuerza telúrica importantísima; por eso fueron escogidas. Con toda seguridad, en algún punto dado de esas montañas se pueden producir curas milagrosas. En las cavernas se darían las circunstancias precisas para la producción de seres excepcionales - podríamos llamarlos "héroes" -, que se transforman a sí mismos.
La conversación giró después en torno a esa inminente catástrofe que, según la interpretación que él hace de Nostradamus ("El testamento auténtico de Nostradamus"), está ahí, a la vuelta de la esquina.

- Entre los años 2127 y 2137 de nuestra era. En ese plazo de diez años, en un momento dado del paso del Sol desde el sector zodiacal de Piscis al sector zodiacal de Acuario, sé producirá una catástrofe por el aire, que terminará con nuestra Humanidad. Entonces, esas montañas sagradas albergarán grupos humanos, que sobrevivirán para que las humanidades no desaparezcan. 
Nada más dijo Ruzo que merezca transcribirse; ni siquiera aportó datos que no figuren en sus libros; pero, aun así, aquel anciano amable dijo demasiado, si se tiene en cuenta que todas sus rotundas afirmaciones se basan en unas esculturas que, probablemente, no lo son siquiera. 'Es ése el nudo gordiano de su razonamiento: ¿tales formaciones son o no son artificiales? Por mi parte, he de confesar que el tema me pareció fascinante desde que vi las fotografías publicadas en la primera edición de su libro, en 1974. Pasados los años, me llamó la atención que en nuevas ediciones, así como en artículos y folletos, fuesen siempre las mismas fotografías o, al menos. los mismos encuadres.
La razón me la dio Ruzo al enseñarme esa mañana parte de su trabajo: millares de fotografías obtenidas en la meseta de Marcahuasi. ¡No hay tales esculturas! Sólo desde determinados puntos, aquellas formaciones rocosas se semejan a rostros humanos o a animales; basta desplazarse un par de metros para comprobar que esa aparente nariz o ese aparente mentón no se continúan, no están siquiera insinuados en el resto de la roca. Lo que de perfil parece algo, de frente no parece absolutamente nada. Una escultura, por deformada que esté, es un objeto tridimensional; las de Marcahuasi no lo son, se trata de informes rocas que, sólo desde un lugar concreto y diferente para cada caso, parecen figuras identificables. Por esa razón son tan heterogéneas las presuntas esculturas, encontrando el perfil de un león al lado del rostro de un venerable anciano o de una tortuga. Contemplando aquellas fotografías no pude evitar acordarme de mis primeros años como psiquiatra, cuando algunos pacientes me sorprendían al encontrar en las láminas del test de Rorschach (diez láminas con manchas de tinta, en las que el sujeto trata de identificar algo más que simples formas casuales) toda una variada fauna de animales, insectos, duendes...; girando la cartulina en su afán de hallar más y más semejanzas. ¡Durante décadas, Ruzo se había estado sometiendo, sin saberlo, a un test proyectivo! Después de aquella entrevista no fui a Marcahuasi, y creo que nunca iré, porque no hay allí nada que no pueda encontrar en cualquier sierra cercana a mi ciudad. Además, los psi-quiatras tenemos cierto rechazo a someternos a ese tipo de test, por si acaso... Sólo quedaba una cosa que hacer, así que me fui a "Las Mañanitas" a ahogar mi decepción en un zumo de papaya. Suerte que en esa ocasión no fue María Félix: ver dos mitos arrumbados en un mismo día habría sido demasiado.
Daniel Ruzo y Jiménez del Oso



miércoles, 30 de diciembre de 2015

ENTREVISTA A ERICH VON DANIKEN por ENRIQUE DE VICENTE

Material de archivo: fantástica entrevista del destacado investigador español Enrique De Vicente a Erich Von Daniken para la revista mexicana Contactos Extraterrestres (N° 44, 30 de Agosto de 1978). Agradecemos esta colaboración a Javier Stagnaro



En su libro La respuesta de los dioses, Erich Von Dániken sostiene la teoría de que en algún lugar, por ahora ignorado, existe un depósito con las pruebas materiales de la presencia extraterrestre en tiempos remotos. A continuación presentamos la segunda y última parte de la entrevista con el astroarqueólogo Dániken.

CE: ¿Cómo sería ese depósito de pruebas materiales y por qué está tan seguro de su existencia?
 EVD: Bueno, mis detractores siempre me han pedido que aporte una prueba objetiva en apoyo de mi teoría. Y no renuncio a poder hacerlo algún día. Pero debe comprenderse que no es nada fácil. Consideremos que la mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por agua, bosques o selvas inaccesibles, desiertos de arena o de hielo, elevadas montañas y un largo etcétera. Apenas un 20 por ciento de la superficie terrestre es habitable, y de esa parte sólo se ha explorado por los arqueólogos el uno por ciento. Debido a todo ello no es muy razonable que se exija un legado palpable del paso de los dioses. Y sin embargo, esa prueba podría estar en cualquier parte, esperando a ser descubierta. Pero, ¿cómo localizarla? Sin embargo, el fantasma que persigo no puede ser una reliquia dejada por azar y que hubiera de ser encontrada azarosamente. Creo que deberían haberla dejado intencionadamente. Si los extraterrestres provocan la "hominización" sobre la Tierra, es lógico que supiesen cuánto podrían esperar de sus "productos", comprendiendo  que tarde o temprano el hombre se desarrollaría técnicamente, hasta alcanzar la navegación espacial. Sería lógico que quienes crearon la inteligencia humana dejasen un regalo de despedida para atestiguarnos su presencia y actividad. ¿Dónde habría que buscar ese legado? Desde luego no podrían haberlo dejado en un lugar bien visible, porque una cosa que llamase la atención habría sido recogida hace tiempo por generaciones anteriores, incapaces de interpretarlo. Además, sabían que las catástrofes naturales y las guerras podrían dar cuenta rápidamente de todos los santuarios accesibles. Las pistas que deberíamos buscar creo que corresponderían a puntos lógicos-matemáticos, sea de la superficie terrestre o del sistema solar. Científicos solventes, como Lunan Duncan, han sugerido ya ideas semejantes. Podrían haber situado en uno de esos puntos un satélite con toda la información dentro, dejando una serie de indicios que nos condujeran hasta el mismo. Pero también podrían haberla grabado en nuestro código genético, de tal manera que podríamos tener esa información dentro de nosotros mismos, al alcance de nuestra mente, sin saberlo y sin conocer de qué manera acceder a ella.

Daniken entrevistado en Madrid para la Televisión mexicana por una reportera de Televisa
LOS MAESTROS LLEGADOS DEL IMPERIO ESTELAR DE SCHWERTA

CE: En este momento, ¿sigue usted algún rastro concreto? En su último libro habla de la Crónica de Akakor y de la posible existencia de un depósito tecnológico en las profundidades amazónicas, en busca del cual tengo entendido que realizó el año pasado una expedición fallida.. .
 EVD: Toda esa historia se remonta a 1972, cuando el historiador y sociólogo alemán Karl Brugger —que hace años trabaja como periodista en Brasil—, conoció al jefe indio Tatunca Nara. Tras entablar amistad con el mismo, éste le narró "con pelos y señales" la historia de su pueblo desde el año 10,481 antes de nuestra era, fecha en la que partieron los dioses hacia su mundo, hasta nuestros días. Su narración ha sido publicada en Alemania en un libro apasionante' . En El libro del Jaguar se narra la colonización de la Tierra por los dioses, que llegaron unos 13,000 años antes de la llegada de los europeos, a bordo de unos barcos celestes que brillaban como el oro, aterrizando en medio de truenos, potentes luces y un temblor que conmovió la tierra. Procedían de Schwerta, un mundo muy lejano en las profundidades del universo, que formaba parte de un fabuloso imperio compuesto por tantos planetas como los granos de polvo de una carretera, de donde salieron para llevar a otros mundos su saber. Estos seres, que habían develado la suprema ley que rige el universo, dirigieron la construcción de Akakor, capital del imperio de los indios Ugha Mongulala, que se creen el pueblo más antiguo del mundo. Aquella era la sede de los dioses que reinaban sobre la Tierra. Poseían naves que volaban más rápido que ningún pájaro y piedras mágicas para mirar a lo lejos, en las que se reflejaba cuanto ocurriese en la tierra o en el cielo. Pero lo más maravilloso eran sus casas subterráneas, que legaron a sus servidores predilectos, indicándoles —antes de su partida— que se refugiasen en ellas para estar a salvo de la catástrofe que se aproximaba. Les prometieron volver si alguna vez los indios se encontraban en peligro.
 CE: Esta historia parece una novela de ciencia-ficción. Recuerda vivamente las diversas historias que guardan los pueblos sobre el diluvio universal y sobre los "Noés" a los que los dioses ordenan resguardarse en el Arca... ¿Regresaron los dioses nuevamente, según Tatunca Nara?
 EVD: Lo hicieron tras dos terribles catástrofes, aunque fueron pocos los que sobrevivieron para saludar a los "primeros señores", como les llaman. Ellos les habrían dado —según cuenta Tatunca Nara— tanto sus nombres como el lenguaje, la escritura, las leyes y la agricultura.

 EL FRACASO DE LA "EXPEDICION AKAHIM"

 CE: ¿Y cuál fue el motivo de la llamada "expedición Akahim"? 
EVD: Akahim significa "fortaleza tres", igual que Akakor significaba "fortaleza dos". Ambas forman parte de los trece núcleos o ciudades subterráneas que los señores del espacio regalaron a los Ugha Mongulala y que se encuentran escondidos profundamente en las entrañas de las montañas, bajo los Andes. Tatunca asegura que el plano de dichas ciudades reproduce el esquema del sistema solar de Schwerta, del que procedían sus dioses. Las dos fortalezas citadas fueron destruidas recientemente por los indios, puesto que se habían vuelto demasiado peligrosas para ellos, al revelar a los blancos su presencia. Actualmente vivirían en Subakakor, ciudad construida en una enorme cueva artificial, dominada por el templo del Sol, de cuyo interior partirían doce corredores que conducirían a las restantes doce ciudades subterráneas. Nuestros planes consistían en llegar hasta Akahim y alcanzar desde allí el templo del Sol. Tatunca Nara, con quien estuve en contacto a través de un piloto alemán, me aseguró que así podría llegar hasta el depósito tecnológico dejado allí por los dioses extraterrestres. Si le damos crédito, habría allí un disco volador dorado, construido de un metal desconocido; un extraño vehículo "capaz de caminar por el agua y por las montañas" muy similar al utilizado por los americanos en la Luna, 
y a otros artefactos. Pero lo más interesante sería, según el jefe indio, la existencia de cuatro bloques de una piedra transparente, en cuyo interior se podrían observar cuatro misteriosos "muertos vivientes que yacen en el seno de un líquido que los cubría hasta el pecho. Se trataría —seguramente— de los cuerpos de tres dioses y una diosa, similares a los humanos, pero con seis dedos en las manos y los pies. 
CE: La verdad es que toda historia suena a relato basado precisamente en sus teorías sobre los dioses cósmicos, las leyendas de distintos pueblos y las fantásticas novelas del británico Lobsang Rampa... ¿Qué motivos tendría Tatunca Nara para revelarle un secreto tan celosamente guardado hasta este momento por su pueblo? 
EVD: Efectivamente, la cosa se fue volviendo más sospechosa a medida que avanzamos. El hecho es que Tatunca nos expuso clara-mente sus intereses: los "bárbaros blancos", corno llaman a los brasileños, están exterminando a todos los indígenas, fundamental-mente a raíz de la construcción de la carretera transamazónica, un enorme sistema viario que atravesará la selva virgen. Los expertos calculan que en el plazo de unos veinte años se habrá acabado totalmente con los 180,000 nativos que hasta hoy han sobrevivido en el inmenso territorio brasileño. Tatunca Nara —que afirma ser hijo de una enfermera alemana que fue raptada por un jefe indio— asegura haber realizado todo tipo de gestiones para preservar a los suyos del exterminio que llegará con la transamazónica, sin haber obtenido resultado alguno. Habiendo tenido conocimiento de mi obra a través del ex-piloto Ferdinand Schmid, pensó que yo podría dar a conocer en todo el mundo el triste destino que aguarda a su pueblo. Tras una serie de contactos escritos y a través de cintas magnetofónicas, me comprometí a escribir un libro sobre el asunto si me conducía hasta la ciudad subterránea. 
Encuentro en Río de Janeiro de los expedicionarios con el supuesto guía. De derecha a izquierda: Daniken, Tatunca Nara y Clark Darlton

¿UNA BROMA PESADA? 

CE: ¿Y qué ocurrió con la expedición que iniciaron? 
EVD: A mediados de abril, Tatunca partió hacia Akahim en busca de alguna prueba y fotografías de la ciudad que pudieran corroborar su historia. Convinimos en que, a lo sumo, a mediados de junio debería estar de regreso en Manaus, que es el principal centro comercial y ciudadano existente en los límites de la selva y donde reside habitualmente Tatunca, casado a su vez con una enfermera blanca. 

Desde allí viajaríamos a bordo de dos helicópteros hasta nuestra lejana meta. A principios de junio nos reunimos allí, acompañado por mi secretario Willi Dunnenberger y el escritor de ciencia-ficción Clark Darlton, con Ferdinand Schmid, que se había encargado de realizar todos los preparativos y conseguir las autorizaciones legales que re-quería nuestra empresa. Pero Tatunca no aparecía y tanto la empresa de helicópteros como la Oficina Brasileña para los Asuntos Indígenas (FUNAI) impusieron un plazo de cuatro semanas antes de iniciar la, expedición. Si Tatunca hubiera regresado de la selva a mediados de julio, no hubieran podido partir hasta mediados de agosto, lo cual complicaba enormemente las cosas. Así que, desengañados, el 11 de julio atravesamos nuevamente Brasil en avión. Apenas llegamos a Río de Janeiro recibí una llamada telefónica de Schmid, que había quedado en Manaus aguardando la llegada de Tatunca, explicándome que este último había regresado muerto de hambre y de cansancio. Les pedí que tomaran el primer avión hasta Río, donde pude conocer personalmente —por fin— al jefe mestizo, quien excusó su tardanza explicándonos que hacía veinte años que no visitaba Akahim, donde reside su cuñado, situada a más de mil kilómetros del lugar donde habita su tribu, resultándole muy difícil localizar el poblado. Cuando le pregunté qué había de las pruebas prometidas, aseguró haber entregado la cámara fotográfica a un comerciante que viajaba en una canoa más rápida que la suya, a fin de que se la entregara a Schmid en Manaus; pero no tuvimos la menor noticia del mismo. 
CE: ¿No le resulta bastante truculenta toda esta historia? 
EVD: Aunque muchas de las cosas que nos contó podrían ser ciertas, hay otras que nos resultaron bastante increíbles. Tatunca se dio cuenta de nuestro escepticismo y eso le enfureció, insistiéndonos en las enormes dificultades que implicaba una visita a la ciudad subterránea y de la oposición de los sacerdotes tribales a la llegada de nuestros helicópteros. Aseguró que durante los últimos cinco años se habían producido muchísimos cambios: el rumor de las máquinas subterráneas era diferente y en ellas se iban encendiendo luces, lo que —según sus escrituras— es un presagio del regreso de los dioses y cualquier helicóptero que intentara aproximarse se estrellaría. Yo no renuncio sin más a la expedición, pese a que todo lo ocurrido resulta dudoso y las explicaciones de Tatunca muy ambiguas. Este verano estoy dispuesto a intentarlo nuevamente, eso sí, siempre que, antes Tatunca me haga llegar alguna prueba material de la existencia de los aparatos subterráneos. 

EL REGRESO DE LOS DIOSES 

Por lo menos, no podrá decirse que no lo ha intentado. Porque lo cierto es que Dániken no es un escritor de gabinete, sino que se des-plaza a los lugares que describe en sus libros, ya que cuenta con los medios económicos para hacerlo. La fallida expedición a Akahim le costó a su editor una suma respetable. Pero si hubiera obtenido resultados positivos, toda inversión habría resultado despreciable.
 CE: Queda algo interesante en toda esta historia. Como en tantas otras, los dioses habrían asegurado antes de su partida que regresarían cuando la tribu de Tatunca estuviera en peligro, y éste asegura que su llegada es inminente...
 EVD: Insistió bastante en ello. Además, nos aseguró haberse encontrado en la sala subterránea de las máquinas con un hombre muy anciano que no pertenecía a su pueblo y del que nadie sabía su procedencia ni qué hacía allí, pero que debía estar en continuo contacto con los dioses y tal vez fuera uno de ellos. El jefe, cuñado de Tatunca, mostró un gran respeto por él, llamándole "la eminencia". Tatunca debió contestarle a numerosas preguntas acerca de mí y mi obra. Y finalmente le pidió que me comunicara que me daba 130 días de plazo para visitar su residencia, pero debía hacerlo por río y a través de la jungla y no por medios aéreos. Me concedía esa última oportunidad, corno único interlocutor válido y representante de nuestra civilización, sobre la que debería responderle a numerosas preguntas, para juzgar luego —según mis respuestas— si ésta había equivocado su camino. Repito que no sé qué pensar de toda esta historia y continúo a la espera de las noticias de Tatunca Nara. Si bien es cierto que en todas las tradiciones consta la promesa hecha por los dioses de que volverían algún día, ignoro cuándo piensan hacerlo.
 CE: ¿Y no podrían estar haciéndolo en estos momentos? ¿Serían los OVNIS las pruebas de su regreso? 
EVD: Yo no he visto ningún OVNI. Pero hay numerosos testigos dignos de crédito y no podemos dudar de su existencia. Estoy convencido de que existen estos fenómenos inexplicados y que se están multiplicando constantemente. Sin embargo, no sé de qué se trata exactamente y, suponiendo que sean extraterrestes, ¿qué razones podrían tener para realizar un aterrizaje oficial?. .. Habrá que esperar. 
Durante la expedición en busca de los vestigios extraterrestres el mismo Dániken se vio obligado a trabajar arduamente en pleno campo. El hidroavión representaba para los expedicionarios el único medio de comunicación con la civilización. 
Durante la expedición en busca de los vestigios extraterrestres el mismo Daniken se vio obligado atrabajar arduamente en pleno campo. El hidroavión representaba para los expedicionarios el único medio de comunicación con la civilización

LAS APARICIONES SON DE ORIGEN EXTRATERRESTRE

CE: Usted, que ha transformado a los dioses de los más diversos credos en visitantes extraterrestres, ¿en qué cree?, ¿qué piensa de las religiones?
EVD: Todas las religiones me merecen la máxima estimación, o mejor dicho, todas aquellas que tengan también en estima y en consideración a sus respectivos creyentes. Pero si explotan la ignorancia de éstos y les amenazan con castigos, no puedo verlas con buenos ojos. Para mí, el sacudirse la coerción confesional no supone de modo alguno el abandono de la fe de Dios, causa ,y origen de todo lo existente. Si los dioses extraterrestres nos proporcionaron la inteligencia, tenemos que preguntarnos cómo adquirieron ellos la suya. Podríamos remontarnos así en el tiempo a través de millones y millones de años, pero siempre debería haber un origen de todo lo creado, porque en algún momento llegaríamos a un límite. Mis investigaciones no me han llevado al ateísmo. Creo en los extraterrestres y en que estuvieron entre nosotros, pero también creo en su Creador, en Dios. 
CE: Usted ha visitado, en sus correrías por el mundo tras las huellas
de los antiguos astronautas, numerosos escenarios de apariciones milagrosas y luego ha escrito un libro sobre el particular. ¿A qué conclusiones llega en el mismo? 
EVD: Desde que visité Lourdes por vez primera, hace ya catorce años, comencé a comprender que el fenómeno de las apariciones y de las visiones nos afecta a todos. Estimo que deben existir más de 40,000 apariciones registradas. En ellas todo suele comenzar con la visión o encuentro de una persona o de un grupo pequeño con alguna entidad que asegura ser de naturaleza divina o celestial y que coincide con las creencias aceptadas en la época y el lugar, ya sea en. Oriente como en Occidente. Estos personajes poseen el poder de curar, de salvar a la gente o de aniquilarla, e influencian a las muchedumbres, entrometiéndose en los asuntos de carácter político y religioso. 
 Creo que hay apariciones o visiones que surgen de las mentes inteligentes, las cuales dispondrían de un mecanismo que las provocaría. Nacen de la imagen que el vidente, sugestionado por su entorno religioso, tiene formada en su mente. Pero el impulso creador de las apariciones es de origen extraterrestre. 
CE: ¿Podría explicarnos esto más detalladamente? ¿Cómo encaja en su teoría fundamental?
 EVD: Creo que no somos los únicos hijos de nuestros progenitores celestes. Tienen que haber en nuestra galaxia seres inteligentes que piensen, sientan y actúen como nosotros, puesto que los extraterrestres debieron llevar a cabo en la Tierra mutaciones artificiales orientadas en el sentido de formas de vida ya existentes en múltiples puntos de nuestra galaxia. Injertando unas características esenciales a los homínidos, los dioses les transmitieron —"a su imagen y semejanza"— su extrasensitiva y sumamente desarrollada percepción. En realidad, para ellos, este ingente trabajo de perfeccionamiento y humanización era algo así como un experimento técnico realizado para evitar que los conocimientos acumulados desaparecieran con ellos. Plantaron depósitos de su saber que, con el tiempo, se convirtieron en otros tantos centros de comunicación de todos los "hijos" creados a su imagen y semejanza. Para la transmisión de pensamientos las distancias no suponían una dificultad. Pero la transmisión telepática se vio insuperablemente dificultada por el surgimiento de diversos idiomas sobre la Tierra. Los sentimientos de amor, de odio, de paz, de violencia, tranquilidad o peligro, emitidos convenientemente, tienen una real universalidad entre todos los hijos de los dioses y podrían ser comprendidos en todo el Cosmos. 
Y vemos que toda aparición comienza con el envío de mensajes tranquilizadores, de índole fundamentalmente emotiva... 

ENCUENTROS LEJANOS DE TIPO EMOCIONAL

CE: ¿Quiere entonces decir que esas apariciones son extraterrestres? 
EVD: Ciertos grupos de descendientes de los dioses espaciales, que habrían sido visitados por ellos mucho antes que nosotros, nos llevarían miles de años de ventaja en su evolución. Habrían podido desarrollar y entrenar adecuadamente sus cerebros. Y nos estarían enviando a nosotros, que somos sus hermanastros, impulsos energéticos que estimularían y ampliarían nuestra conciencia. Así que la visión o la aparición no sería extraterrestre. Al vidente se le presentaría la imagen según él quiera verla, o sea, según sus creencias particulares. Pero en el mismo momento que penetrase en el ámbito de llegada de los impulsos extraterrestres quedaría transformado en médium, no pudiendo evitar el impacto de los mismos. Su cerebro entonces comenzaría a producir, inconscientemente, figuras que se le harían visibles, que podrían ser inmateriales o materiales —o sea, materializaciones ectoplásticas, producidas por su propio psiquismo—, pero que para él serían siempre reales y verdaderas. Los videntes no tienen la menor idea —en general—, acerca de cómo se producen sus visiones; al igual que los emisores extraterrestres no pueden saber exactamente qué clase de receptor estará situado dentro del campo de acción de sus impulsos. Pero lo cierto es que todas las apariciones declaran abiertamente su origen extraterrestre, extrahumano.
 CE: ¿Cuál sería entonces la finalidad de las apariciones? 
EVD: Los verdaderos videntes dan lugar con sus visiones a un paso gigantesco en el camino del progreso. Por ejemplo, Leonardo da Vinci fue uno de esos receptores que surgen cada mil años, uno de esos genios cuyas células grises parecen estar esperando los impulsos llegados del exterior. Hay muchos sabios, como Einstein, Bohr, Kekulé, que vieron sus geniales descubrimientos en sueños. .. Las auténticas apariciones han contribuido esencialmente a la tarea de abrir la consciencia de la humanidad. Así pues, los extraterrestres se comunicarían con nosotros por medio de emociones, símbolos o imágenes y música o sonidos, que tendrían validez universal. Algo muy similar a lo que se plantea en la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, realmente fascinante.

"ESTOS SON MIS PROYECTOS" 

CE: Tenemos entendido que acaba de aparecer un nuevo libro suyo en Alemania.. . 
EVD: No es exactamente un libro mío. Se trata de una recopilación de algunas preguntas o acusaciones que se me han ido planteando durante los últimos ocho años, a través de coloquios, conferencias y publicaciones en distintas partes del mundo, junto con mis respuestas a las mismas. Su título en alemán viene a ser algo así como Fuego cruzado contra Dániken. Y Ediciones Martínez Roca lo lanzará en España durante el próximo otoño. 
CE: ¿Prepara en este momento alguna otra obra? 
EVD: Sí. Se trata de un libro no ya de pruebas, sino exclusivamente de especulaciones, de imaginación, en torno al pasado y especialmente al futuro del hombre. ¿Qué le puede suceder en los próximos años? ¿Qué posibilidades tiene? ¿Qué ocurrirá si este planeta es destruido por una catástrofe atómica? Se tratará de una obra para especialistas e ingenieros que no renuncian a soñar. 
CE: Tras el rotundo éxito de su primera película, que no llegó a ser igualado por El mensaje de los dioses, ¿tiene en marcha algún otro proyecto cinematográfico? 
EVD: No exactamente cinematográfico. La televisión alemana prepara una serie de seis películas en color, con una hora de duración cada una, que estarán terminadas para el año próximo.
 Así es el fascinante "Mundo de Dániken", nombre por cierto de una exposición monográfica desarrollada hace unos meses en unos importantes almacenes alemanes, en la que sus libros y la música de sus películas se vendían en una enorme sala repleta de las numerosas estatuillas, estelas, reproducciones y fotografías por él recogidas a lo largo de sus viajes, contando con la proyección continua de sus filmes. Discutido y admirado. Acusado como farsante e idolatrado como profeta de un nuevo credo. Más de cuarenta millones de libros vendidos en 34 idiomas. Autor que ha marcado indiscutiblemente con sus ideas lo que llevamos del siglo, Dániken siempre es noticia.
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jueves, 19 de noviembre de 2015

ALEX CHIONETTI, DE LA OSCURIDAD DEL ESPACIO A LA OSCURIDAD DE NUESTRA TIERRA

Alex Chionetti
Aprovechando el paso de Alex Chionetti por Buenos Aires, realizamos una entrevista con el ya legendario explorador, investigador y documentalista. Un verdadero honor para nuestro blog

¿Cómo llegaste a escribir ese fabuloso libro Mundos Paralelos, que muchos decían, parecía haber sido hecho por un niño prodigio, por la edad que tenías?
 Sí, a los 16/17 años. Un poco el libro salió, digamos por una furia existencial de ese momento, estaba en los últimos años de un colegio salesiano y lo que los curas me enseñaban no me cuajaba, tenía un montón de incógnitas sobre el origen del hombre, sobre la evolución. Empezaba a estudiar ciencias naturales, me la pasaba en el museo Bernardino Rivadavia. Me interesaba el pasado, pero también el futuro y en ese momento la idea era escribir ciencia ficción. El realismo fantástico cayó en mis manos y todo fue surgiendo. Llegó una invitación cósmica que fue el concurso monográfico de la revista Cuarta Dimensión, que me dio una gran apertura.
 Tuve un tío abuelo que fue un jesuita bastante famoso y controversial, el padre Hernán Benítez, confesor de Evita Perón;  y en esa época lo visitaba mucho. Me puso en "contacto" con  Teilhard de Cardin, que era un evolucionista jesuita, paleontólogo; y me prestó un libro que se llamaba El medio Divino, donde trataba de interpretar la evolución a un nivel crístico, toda la evolución, el punto alfa y omega convergían en la internación de Cristo sobre la Tierra... y como yo estaba en la iglesia saleciana, en el secundario tenía un montón de dudas y me escapaba de las clases a la biblioteca de los salecianos a leer libros de exploración, sobre todo de Sudamérica y así se fue tejiendo Mundos Paralelos. Era un poco la teoría de las dimensiones, los mundos paralelos que ya me interesaban por la ciencia ficción... todo converge y converge por supuesto el libro de Pauwels y Bergier El Retorno de los Brujos.
 -Fue un paradigma
 Sí, exacto. En esos momentos fue un libro cismático, el movimiento de la revista Planeta también. Mi tío me regaló toda la colección.
 -¿Y la ovnilogía viene de la mano de todo eso?
 La ovnilogía empieza con un cuento que yo escribo sobre una invasión extraterrestre, en el barrio de Almagro, esos momentos no había leído El Eternauta y era sobre un Ovni que estaba suspendido sobre la basílica María Auxiliadora, esperando la señal para invadir, envuelto todo el barrio en una niebla... Ese cuento me llevó a la ufología y conocí la revista 2001, después la Cuarta Dimensión... le tenía miedo al tema de los marcianos...
- ¿Cuánto tiempo te llevó escribir Mundos Paralelos?
 Me llevó como tres años, en el año `77 gané el concurso y fue publicado en Mayo del '79 en Cielosur, que era la editorial de Fabio Zerpa. Ya había conocido a Fabio y a un grupo, La Comisión de Investigaciones Ufológicas que editaba el boletìn Ufo Press, de Guillermo Roncoroni...
-¿Cuál fue tu primera investigación de campo?
Fue en el '77 o '78. A mi tía abuela, que era la hermana del padre Benitez, la iba a visitar a Tulumba, en el norte de Córdoba, donde está el Cerro Colorado, por eso el capítulo de mi libro que gana es el tema de los Comechingones; yo hago la interpretación sin saber nada de la historia de los Comechingones que vendrá después, el Bastón de Mando, Terrera... solo de las pictografías que tanto me fascinaron. Allí estudié un "aterrizaje", mi primer caso. Una quema de pasto con forma de herradura y recuerdo que fue la primera muestra que tomé, que lamentablemente desapareció, y fue el primer artículo que escribí para la Ufo Press.
-También eras un apasionado de las culturas andinas
 Otro gran ufólogo, el querido Eduardo Azcuy, me incentivó a abrir los ojos hacia latinoámerica. Conozco a un chico de Lomas de Zamora, Eduardo Gonzalez Gauna, que en cierta forma me conecta con Marcahuasi, Daniel Ruzo y también con Tayos, porque Gauna conocía a Goyén Aguado. Es una convergencia de varios factores...  y después voy a Perú, Bolivia y Chile en el año 1981. Visito Marcahuasi, pero igualmente ya antes estaba en contacto con Daniel Ruzo a nivel epistolar. Y a raíz de mi libro Goyén Aguado le dice a Eduardo Gonzalez, "quiero conocer a quien se ha atrevido a escribir sobre nuestros temas". Cuando llegué -me acuerdo Julio tenía mi libro- "y esto de dónde lo sacó", dijo... yo había transcrito, adaptado en uno de los capítulos, que hablo de Lemuria y el mundo subterráneo, una entrevista a Julio de la revista 2001 y él me preguntaba "¿cómo usted sabe que esto es cierto?", o sea él mismo dudaba de lo que había dicho años antes (risas)
- ¿Y ahí empezaste una relación con Goyén Aguado?
 Sí, una relación que me lleva a la Caverna de las Brujas con parte de su grupo y con gente nueva que se habían acercado y estaban interesados en la espeleología. Yo no sabía que era una escuela mística (risas)..
-¿Y qué buscaban en La Caverna de las Brujas en particular?
Yo buscaba una experiencia de estados alterados de conciencia y conectar con los seres que Goyén consideraba de alta espiritualidad, que estaban dentro de los Andes, creía que era una de las "entradas" y que conectaba con la Hermandad Blanca. Las Brujas era "Los Tayos" de la Argentina.
-¿Tu relación con él se prolongó a través de los años?
Sí, hasta casi el día de su muerte, siempre mantuvimos una amistad. La última vez que lo vi fue en el '97 , lo entrevisté en video porque justamente estaba armando un documental para hacerlo con Discovery y Julio me pidió humildemente si me podía acompañar y yo le dije "sí por supuesto, me tenés que acompañar, vos sabes realmente donde está la 'pomada' ¿no?."
 -¿Y en esa época, vos sabías que Julio había llegado junto con Moricz a ver ciertos "tesoros" de Tayos?
Sí, estaban esas versiones, esos recortes de prensa y estaba la versión de la revista 2001. Después del '76, él se cerró, luego de regresar de Ecuador...
-¿Un especie de pacto de silencio con Moricz?
 Claro, digamos un rompimiento con todo lo anterior y mantener esa palabra, pero cada tanto hablaba, salía el tema, dependía de su disponibilidad y la persona que tuviera en frente.
-Tengo entendido que El Centro Argentino de Espeleología (CAE) era un núcleo de gente muy "particular". Por ejemplo Ernesto Cabrejo, ¿lo conociste?
 Claro, por supuesto, que bueno que me lo recordás. Fue muy importante, lo conocí a través de Julio y lo frecuenté bastante. Lamentablemente nunca lo grabé. Daba unas conferencias estupendas. Sabía de los Andes, el padre había entrado en una ciudad subterránea y él también había tenido esa experiencia, estaba conectado con el tema de la abadía de los Siete Rayos, tenía una versión latino americanista, andina.. También recuerdo la descripción que hizo del padre y que él entró en esa cámara que tenía una mesa con sillas, algo parecido a lo que Moricz también contaba.
-¿Cuándo viajaste a Tayos por primera vez?
A Tayos intenté hacer las expediciones ya desde el año '81/82 . Recuerdo que nos entrenamos, íbamos a ir en esa época con Gustavo Fernández, salió en los medios pero nunca conseguimos la financiación y al final quedó ahí. Traté de ir en el '81, para conocer a Moricz y al padre Crespi, pero como había guerra con el Perú, me recomendaron no ir, y yo no me atreví, volví a la Argentina. En esa época estaba interesado en escribir un libro completo sobre los Comechingones y la interpretación de sus  pinturas, viajé a Córdoba pero todo también quedó ahí. Cuando emigré para Estados Unidos, me fui con la idea de recaudar fondos para una expedición. Fui a ver al cónsul y me recomendó ver a un ecuatoriano, el dueño de un periódico, que no aceptó financiar la expedición, pero me dio trabajo como editor en su periódico ecuatoriano (risas). Pasaron los años y siempre que intentaba hacer una expedición fallaba algo o había trifulca en la zona. Cada viaje que hacía a Buenos Aires, la pasaba con Julio y el último gran intento fue hacerlo en el '99, pero Julio muere y ahí me queda trunca otra vez.
-¿Tenías pistas, coordenadas donde ir?
 Iba a ir a la zona del Coangos y un año después descubro por mi cuenta la relación mormona en un viaje que hago a Salt Lake City porque Julio en mi entrevista no me lo decía. La clave había sido la expedición del '68. Yo de casualidad fui a la biblioteca, a los archivos de la iglesia y ahí encuentro material y me dicen que hay un Elder que estuvo a cargo de Latinoamérica, que sabe de esto, y lo fui a ver y era Jesperson. Me dio todo el material. Buscamos la película de la expedición, pero se la había quedado Julio (risas). Jesperson me dio los diarios y las fotos de la expedición.
- ¿Seguramente los mormones no se deben haber quedado con una muy buena impresión de Moricz?
 Jesperson lo estimaba a Julio, pero a Moricz lo consideraban un "chanta" total, un estafador. Tanto Wells como Jesperson decían que Moricz no sabía, que era la primera vez que iba... no sabía dónde estaba parado y parecía explorar el lugar.
-Esa sería la versión de los mormones, pero obviamente la de Julio y Moricz fue totalmente diferente.
Sí, pero los mormones no tenían el ímpetu o la misión de robar, pienso eran tipos íntegros. Wells consideraba que quedaron decepcionados y que realmente no existía lo que decía Moricz, que era una forma de sacarles plata, esa fue su impresión.
-¿Volviendo a tus expediciones a Tayos ¿después conociste a Stanley Hall?
A Hall lo conozco antes de ir a a los Tayos, justamente en esos momentos estaba trabajando en un documental sobre Marcahuasi. Lo entrevisto para la revista Más Allá. Estuve un tiempo en Italia y ya me queda el prurito, digo,  ahora voy a hacer el asalto final, lo voy a hacer por mi cuenta. Lo había discutido con Ecuavisa, tenía amigos que eran los dueños principales de la cadena de televisión, y me fui para Ecuador, sin nada concreto,¡ahora o nunca!, porque el llamado de Tayos ha sido tan fuerte, porque nunca me dejó, ¿por qué?... no lo se, es el gran misterio de mi vida.
 - Encaraste la expedición por la zona del río Pastaza
La primera expedición, lamentablemente la hago con el grupo táctico de la Fuerza Aérea ecuatoriana, que no iba a ir por el río Pastaza, sino directamente por el Namangoza y por los puentes. Encontramos hostilidad y como lo describí en el artículo de Más Allá: "Yo sobreviví a la maldición de los Tayos", la primer expedición es un desastre porque me abandonan... mandan a un "milico" que nunca había ido a la selva como castigo para sacárselo de encima, es cobarde y se asusta de las mujeres Shuars y eso me arruina toda la expedición.
 Estaba en mis objetivos ir a la cueva de Stanley Hall, al Pastaza, pero no sabía que íbamos a terminar ahí. Al no poder ir a la cueva del Coangos, para no despilfarrar ya la inversión, aparecemos en el Pastaza; yo no sabía que mi director de fotografía había abandonado a Stanley Hall unos años antes y lo había dejado a ahí, al pobre, enfrente de su "propia cueva" cuando estaba buscando el"Grailscope" (el telescopio del Grial). En esa expedición encuentro (en las cuevas) esos rectángulos dorados sobre el techo, los cuales grabé. Hay que explorar debajo del río y hacer expediciones para ir del otro lado, que coincide con lo de Jaramillo (Petronio)
-¿Cuál es tu opinión sobre Jaramillo?
Es un tema que lamentablemente es bien importante, si realmente Moricz escucha la historia de Jaramillo en casa de Moebius, el alemán que estaba en contacto con Andrés Fernández Salvador, el gran explorador de los Llanganates. Son los temas de discusión. Yo no me pronuncio por ninguno, pese que me queda intacta la duda si realmente Moricz tiene su propia fuente o se inspira en Jaramillo, aunque Jaramillo era un mitómano que alimentó su narrativa.
-Pero logró convencer a Hall
 Sí, es que Hall al perder la amistad con Moricz, se tiene que agarrar de algo y como buen gringo, "old gringo", se agarra de la última fuente, que no es realmente la fuente, yo dudo que sea Jaramillo, porque ya cuando Jaramillo da su versión a Pino Turolla, ya Moricz estaba explorando la zona de Tayos. Hay un desfasaje. Andres Salvador está totalmente convencido que Moricz escucha la versión de Jaramillo y se apropia de la historia y la adapta, ya que estaba buscando el tesoro de Atahualpa y otras riquezas.
Alex Chionetti en Buenos Aires
Volviendo a mi expedición, hago una segunda al Pastaza, hasta llegar a las profundidades y ahí de me acaba el término del documental con Ecuavisa y me quedo solo, me faltaba el Coangos porque me abandona el director de fotografía, como había hecho con Hall, y tengo que empezar de nuevo, digo "¿cómo lo hago?"  no tenía el Grupo Táctico para llegar, y de casualidad conozco al Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y les propongo que me entrenen para llegar solo, yo no me quería ir de Ecuador sin llegar al Coangos, era mi momento de gloria personal y después la expedición se convierte en una pesadilla pero nunca me rindo, si el GIR me abandona continuo solo. Ya había vientos de hostilidad, y justamente cometí el error de, a través de Peña Matheus, quien me "puso" a Nivello, a este señor que yo no sabía que era odiado por los Shuars, porque llevaba gente europea y ellos consideraban que explotaba y desacralizaba las cuevas. Quedó ese estigma. Casi nos matan, tenemos que hacer la escapada final, no estaban emboscando y finalmente nadie salió lastimado pero pudimos haber muertos porque nos venían a linchar.
-Sobreviviste a la "maldición"
Sí, no se si es una maldición o una bendición, si bien mis anteriores colegas Julio, Stanley Hall, Moricz, Jaramillo, todos terminaron mal.
-¿Andreas Faber Kaiser?
 Él es algo menor en esta historia. Pensaba que Moricz no había muerto y que había que abrir su tumba.
-No era el único que pensaba así, hay algunas historias dando vueltas de gente que ha visto a un Moricz anciano en Ecuador y aquí en Argentina.
¿Con Hitler? (risas)
-¿Conociste a Zoltan Czellar, el secretario de Moricz?
No, conocí a su hijo. Él tiene los huesos de "la giganta", en Los Ángeles y no me los quiso dar para análisis. Uno de los huesos, un fémur se supone que está en la casa de la viuda de Goyén Aguado. Me lo mostraron, pero me pareció más un hueso de mastodonte que de ser humano.
-Algo que no se puede disociar del tema Tayos, es la colección del padre Crespi. Quiero saber tu opinión
 Yo no lo pude estudiar bien porque los salecianos de allí, típico, mentes cerradas, y bastante antipáticos, no me dieron acceso. Eso se tiene que rescatar, ahí se está pudriendo. Hay que hacer algo.  Yo pensaba ir a Torino para hablar con el director de los salecianos para hacer algo. Sacar eso de ahí, clasificarlo aunque sean latones. Tengo la mente abierta, puede haber algo de Tayos. Los salecianos habían bajado a las cuevas. En las entrevista que hice, aparece un cura italiano que dice que habían bajado y encontrado en la zona, esas placas... por eso era importante hablar con Crespi. Hall como gringo, tampoco lo supo encarar bien, yo creo que Crespi iba a hablar si uno no solo lo visitaba una tarde y desaparecía, sino estar con él y convivir, no ir solo a sacarle información.
- Tayos: ¿A través de los años, llegaste a una conclusión o esa conclusión sigue abierta?
 Es un tema difícil. Tanto en mi documental como en mi libro (aún no editado) no llego a una conclusión.
-¿Dudaste en algún momento?
 Empecé a dudar justamente cuando estaba en Ecuador, cuando volví a mi oficina en Ecuavisa, sentía que había algo luciférico con Moricz, algo no diabólico pero nefasto porque era una gran decepcion y me acuerdo que estaba revisando la correspondencia con Hall en esos momentos, en las que yo le recrimino varias cosas y también sobre "su cueva" y el gran estado de frustración de sentir por momentos de que no había nada y de que todo era un bluff, una estafa. Pero sigo considerando que Julio y Moricz tuvieron una experiencia en el año' 68, si fue física o no física, todavía no se. Vuelvo a mis Mundos Paralelos, si tal vez fue una experiencia dimensional, si esas bibliotecas están en otros planos de existencia que es un poco lo que Hector Burgos Stone también experimentó en el lugar, pero en una forma astral, viajando con su mente. Siempre digo: por mi amistad, respeto y por mi consideración de que Julio nunca ganó nada con esto, por qué iba a inventar esta historia. Hay cosas laterales que los periodistas deformaron.
-Como Von Daniken en su momento
 Claro, Von Daniken crea todo una debacle, una hecatombe, desinformación y exageración. El mismo Von Daniken en el año ' 93, me dice cuando lo entrevisto: "yo inventé la historia, tuve que embellecerla". Yo fui productor de Alienigenas Ancestrales y Giorgio (Tsoukalos) -que es el principal- y Von Daniken, no querían tocar el tema, por eso se fueron para el lado de S. Hall, entonces me peleé con la productora y dejé de trabajar porque me cambiaron todo, la historia era Moricz y Julio.
- Siempre me pregunté ¿por qué con el paso de los años, Moricz no volvió a llevar a Julio a Tayos, teniendo en cuenta que lo consideraba su discípulo, para completar la enseñanza de los tesoros que allí se encontraban?
 Es lo que yo también les recrimino a los Peña Matheus, por qué ellos no pidieron una prueba material. Estudiando sobre los mormones, veo que es muy parecida la situación de la evidencia de Joseph Smith y el libro mormón, de la evidencia que Moricz nunca da y como lo elude, pese a que hay testigos materiales. Es casi un calco, se vuelve a repetir la historia, aunque Moricz y Julio no crean una religión. Ese es un gran misterio y la clave era  Moricz. Y los Peña Matheus no le exigen pruebas, viven con él, lo financian, estaban como hipnotizados, no se animan a preguntar. y eso está en mis entrevistas.
-Si esto fuera un fraude, Moricz, la historia, la defendió hasta el último día de su vida, desde los años '60 a los '90 a capa y espada. ¿Puede una persona defender un fraude tantos años prácticamente sin ganar nada a cambio?
Y registrar todo ante notario público, tendría que estar muy chalado para llegar a ese "caradurísmo". Yo he hecho en los últimos años varios experimentos con psíquicos, médiums y remote view (visión remota) con respecto a los Tayos y sus personajes. La mayoría coincidió en que la historia no existía, que era una estafa, con el objetivo de ganar dinero. Eso fue independientemente, sin decirles ni describirles nada. Sigo trabajando en eso, con otro "visionador remoto", discípulo de Ingo Swann, veremos que pasa. Para mi próxima expedición quiero tener una pista. La idea es ir por el río Yaupi. Julio dice en mi entrevista (en el año '97): "hay librerías en muchas cuevas de los Tayos". En esa misma entrevista defiende a Moricz, no lo contradice, lo verifica; eso me da una constancia que algo hay. Habla de los guías, de los guardianes y eso queda inconcluso, si son guardianes físicos o invisibles...
-Para finalizar, ¿cuál es tu teoría sobre el mundo subterráneo?
 La que siempre es sostenido: la teoría de la Atlántida y Lemuria, los sobrevivientes se refugiaron en las alturas y en los niveles subterráneos, y que pudieron quedar resabios de esas culturas. Como los túneles de los Tayos, que considero no son naturales.
-¿La clave está en los Andes?
La clave está en los Andes. Hay que seguir experimentando como Julio, que no se cansó de buscar, su vida y su muerte son parte del misterio interno de los Andes, del mundo interior, de nuestro espíritu, de nuestro ser.

Alex Chionetti y Pablo Basterrechea

lunes, 9 de noviembre de 2015

RECORDANDO A JULIO GOYEN AGUADO

Un 7 de Noviembre de 1999 moría en un accidente automovilístico el gran espeleólogo, explorador, historiador y criptozoólogo Julio Goyén Aguado. Queremos junto a su amigo y colega Javier Stagnaro (quien nos acercó este material de archivo) recordarlo, publicando uno de los primeros reportajes sobre Julio y la naciente disciplina de la espeleología en Argentina, en el diario Clarín del miércoles 16 de Junio de 1971. Se notará como Goyén Aguado se refería con gran entusiasmo, en esos tempranos años, a las teorías y descubrimientos de Juan Moricz a quien había acompañado a la "Cueva de los Tayos" y percibido algunos de sus maravillosos "tesoros". Luego, por varios años Goyén hablaría poco y nada sobre estos hallazgos en un pacto de silencio con su mentor. Don Julio, un personaje sin par.




EL MUNDO DEL ESPLENDOR SUBTERRÁNEO
Congregados en Centro Argentino de Espeleología, estudiosos de diferentes especialidades investigan los misterios encerrados en el corazón de la tierra

"Miles de años atrás, cuando la amenaza de un cataclismo los ahuyentó de la superficie de la tierra, los hombres de raza roja buscaron refugio en las cavernas, que se multiplicaban debajo de la cordillera. En la entraña misma de la roca levantaron paredes de pulido granito que cobijaron sus bibliotecas de laminas de metal, y las estatuas talladas que aun hoy hablan de una fabulosa civilización. Es la perteneciente al antiguo continente Gondwana o Lemuria o Mu, que abarcara el sur de Asia, Australia, las islas de Melanesia y Polinesia y la Isla de Pascua, ensamblándose con América a lo largo de la cordillera de los Andes"
 Quien se demora en estos esplendores es Julio Goyén Aguado, fundador del Centro Argentino de Espeleología, arqueólogo autodidacto y apasionado "desde siempre" por el desafío de las cavernas.
 Un encuentro con Juan Moricz, espeleólogo húngaro radicado en la Argentina, habría de precipitar su pasión. Moricz le hablo de su descubrimiento de "la cueva de los Tayos", en la zona oriental de Ecuador. Se detuvo en los pormenores de la expedición donde con el auxilio de los indios Jíbaros y después de atravesar anchos ríos y peligrosos rápidos consiguieron llegar a la casi inaccesible boca de la caverna. Después del fatigoso descenso se encontraron por fin con el inmenso sistema de bóvedas que combinando estructuras naturales de andesita con elementos de granito pulimentado posibilitaba el acceso a las maravillas del mundo subterráneo cuyo silencio solo interrumpía el vuelo rasante de los murciélagos.
 Moricz continuo desplegando ante Goyén Aguado una fascinante teoría según la cual esas cavernas se prolongarían a lo largo de toda la cordillera de los Andes, sirviendo  de vivienda a los hijos de una fabulosa civilización cuyas huellas filológicas pueden  rastrearse en el idioma de los brahmanes de la India, ciertos vocablos egipcios, algunos sonidos griegos.
 La idea de la cordillera hueca atravesada por kilómetros de túneles fascinó a Aguado, que en octubre de 1970 fundaba el Centro Argentino de epeleología junto a un grupo de expertos en diversas disciplinas. Como Norberto Ovando, geólogo y bioquímico de Parques Nacionales; el doctor en ciencias químicas Alfredo Romanelli; el ingeniero electrónico Eduardo J. Quereilhac; el técnico en minería Anibal Sciarrett; el teniente Juan Carlos Varela, experto en pinturas rupestres y cerámica indígena; el espeleólogo internacional Carlos Fernández Bazán.
 Poco después Ovando y otros espeleólogos concretaban un espectacular descenso a la Caverna de las Brujas, en la provincia de Mendoza. Aunque no tiene conexión con el sistema de túneles- se trata de una depresión subterránea o "dolina"- el descenso a la cavidad configuró una faena fascinante. Los estudiosos se declararon impactados por el impecable silencio, el esplendor de la tierra traducido en forma de las estalactitas y estalagmitas talladas por un artista invisible que en deslumbrante recepción comenzaron a coruscar bajo la luz de las linternas.
 Las sierras de Lihuel-Calel en la provincia de La Pampa fueron el siguiente objetivo de los espeleólogos, esta vez con Goyén Aguado integrado al grupo que halló como recompensa de sus excavaciones, piedras de gran valor geológico. Los adeptos de un tema apenas explorado en la Argentina desempeñan sus tareas en medio de las consiguientes dificultades y todos deben costearse sus propios gastos.
 "Quiero destacar, sin embargo, de manera especial- dice el presidente del centro- el importante apoyo logístico que nos presta el Departamento de Investigación y Desarrollo del Estado Mayor General del Ejercito, por cuya gestión las diversas unidades destacadas en las zonas donde cumplimos actividades nos facilitan hombres, vehículos y aparejos especiales para subir y bajar de las cavernas".
 El espeleólogo francés Norberto Casteret afirmó en una ocasión que "las decoraciones más lujosas y bellas quedan ensombrecidas al lado de la esplendidez subterránea". El concepto es ampliamente compartido por sus colegas argentinos del Centro de Espeleología, cuyos miembros esperan hacer un indice de cavernas de nuestro país con miras a su proyección cultural y turística, explorando de manera especial la existencia de la galería subterránea que recorrería la cordillera de los Andes.
 Sus integrantes no lucen los equipos de colores vivos (rojos o azules) que han adoptado los espeleólogos extranjeros, en virtud de la dificultad y alto costo de su obtención. Los sustituyeron por ropa de trabajo en tela marrón oscuro, casco protector, botas y guantes de cuero. El entusiasmo suple mayores exquisiteces y cuando los 400 metros de soga de nylon comienzan de desenrollarse para descender a la fascinante oscuridad, los espeleólogos comienzan a vivir un éxtasis desconocido para quienes prefieren permanecer en la superficie de la tierra.
 Las cuevas del nordeste argentino son la próxima meta de nuestros especialistas; a través de ellas será posible hallar quizás otros indicios acerca de la probable existencia del mundo subterráneo, las huellas de la gigantesca civilización desaparecida que se extinguiera misteriosamente por el mundo. 


Recreación: un joven Goyén Aguado observando, en segundo plano, los descubrimientos de Juan Moricz en la Cueva de los Tayos en 1968 (ilustración Dan Joel Crocsel)

Julio junto a integrantes de la Fuerza Aérea Argentina, quienes colaboraban asiduamente en sus exploraciones
Goyén Aguado en el volcán Llullaillaco (Pcia. de Salta) en una de sus últimas expediciones