lunes, 9 de noviembre de 2015

RECORDANDO A JULIO GOYEN AGUADO

Un 7 de Noviembre de 1999 moría en un accidente automovilístico el gran espeleólogo, explorador, historiador y criptozoólogo Julio Goyén Aguado. Queremos junto a su amigo y colega Javier Stagnaro (quien nos acercó este material de archivo) recordarlo, publicando uno de los primeros reportajes sobre Julio y la naciente disciplina de la espeleología en Argentina, en el diario Clarín del miércoles 16 de Junio de 1971. Se notará como Goyén Aguado se refería con gran entusiasmo, en esos tempranos años, a las teorías y descubrimientos de Juan Moricz a quien había acompañado a la "Cueva de los Tayos" y percibido algunos de sus maravillosos "tesoros". Luego, por varios años Goyén hablaría poco y nada sobre estos hallazgos en un pacto de silencio con su mentor. Don Julio, un personaje sin par.




EL MUNDO DEL ESPLENDOR SUBTERRÁNEO
Congregados en Centro Argentino de Espeleología, estudiosos de diferentes especialidades investigan los misterios encerrados en el corazón de la tierra

"Miles de años atrás, cuando la amenaza de un cataclismo los ahuyentó de la superficie de la tierra, los hombres de raza roja buscaron refugio en las cavernas, que se multiplicaban debajo de la cordillera. En la entraña misma de la roca levantaron paredes de pulido granito que cobijaron sus bibliotecas de laminas de metal, y las estatuas talladas que aun hoy hablan de una fabulosa civilización. Es la perteneciente al antiguo continente Gondwana o Lemuria o Mu, que abarcara el sur de Asia, Australia, las islas de Melanesia y Polinesia y la Isla de Pascua, ensamblándose con América a lo largo de la cordillera de los Andes"
 Quien se demora en estos esplendores es Julio Goyén Aguado, fundador del Centro Argentino de Espeleología, arqueólogo autodidacto y apasionado "desde siempre" por el desafío de las cavernas.
 Un encuentro con Juan Moricz, espeleólogo húngaro radicado en la Argentina, habría de precipitar su pasión. Moricz le hablo de su descubrimiento de "la cueva de los Tayos", en la zona oriental de Ecuador. Se detuvo en los pormenores de la expedición donde con el auxilio de los indios Jíbaros y después de atravesar anchos ríos y peligrosos rápidos consiguieron llegar a la casi inaccesible boca de la caverna. Después del fatigoso descenso se encontraron por fin con el inmenso sistema de bóvedas que combinando estructuras naturales de andesita con elementos de granito pulimentado posibilitaba el acceso a las maravillas del mundo subterráneo cuyo silencio solo interrumpía el vuelo rasante de los murciélagos.
 Moricz continuo desplegando ante Goyén Aguado una fascinante teoría según la cual esas cavernas se prolongarían a lo largo de toda la cordillera de los Andes, sirviendo  de vivienda a los hijos de una fabulosa civilización cuyas huellas filológicas pueden  rastrearse en el idioma de los brahmanes de la India, ciertos vocablos egipcios, algunos sonidos griegos.
 La idea de la cordillera hueca atravesada por kilómetros de túneles fascinó a Aguado, que en octubre de 1970 fundaba el Centro Argentino de epeleología junto a un grupo de expertos en diversas disciplinas. Como Norberto Ovando, geólogo y bioquímico de Parques Nacionales; el doctor en ciencias químicas Alfredo Romanelli; el ingeniero electrónico Eduardo J. Quereilhac; el técnico en minería Anibal Sciarrett; el teniente Juan Carlos Varela, experto en pinturas rupestres y cerámica indígena; el espeleólogo internacional Carlos Fernández Bazán.
 Poco después Ovando y otros espeleólogos concretaban un espectacular descenso a la Caverna de las Brujas, en la provincia de Mendoza. Aunque no tiene conexión con el sistema de túneles- se trata de una depresión subterránea o "dolina"- el descenso a la cavidad configuró una faena fascinante. Los estudiosos se declararon impactados por el impecable silencio, el esplendor de la tierra traducido en forma de las estalactitas y estalagmitas talladas por un artista invisible que en deslumbrante recepción comenzaron a coruscar bajo la luz de las linternas.
 Las sierras de Lihuel-Calel en la provincia de La Pampa fueron el siguiente objetivo de los espeleólogos, esta vez con Goyén Aguado integrado al grupo que halló como recompensa de sus excavaciones, piedras de gran valor geológico. Los adeptos de un tema apenas explorado en la Argentina desempeñan sus tareas en medio de las consiguientes dificultades y todos deben costearse sus propios gastos.
 "Quiero destacar, sin embargo, de manera especial- dice el presidente del centro- el importante apoyo logístico que nos presta el Departamento de Investigación y Desarrollo del Estado Mayor General del Ejercito, por cuya gestión las diversas unidades destacadas en las zonas donde cumplimos actividades nos facilitan hombres, vehículos y aparejos especiales para subir y bajar de las cavernas".
 El espeleólogo francés Norberto Casteret afirmó en una ocasión que "las decoraciones más lujosas y bellas quedan ensombrecidas al lado de la esplendidez subterránea". El concepto es ampliamente compartido por sus colegas argentinos del Centro de Espeleología, cuyos miembros esperan hacer un indice de cavernas de nuestro país con miras a su proyección cultural y turística, explorando de manera especial la existencia de la galería subterránea que recorrería la cordillera de los Andes.
 Sus integrantes no lucen los equipos de colores vivos (rojos o azules) que han adoptado los espeleólogos extranjeros, en virtud de la dificultad y alto costo de su obtención. Los sustituyeron por ropa de trabajo en tela marrón oscuro, casco protector, botas y guantes de cuero. El entusiasmo suple mayores exquisiteces y cuando los 400 metros de soga de nylon comienzan de desenrollarse para descender a la fascinante oscuridad, los espeleólogos comienzan a vivir un éxtasis desconocido para quienes prefieren permanecer en la superficie de la tierra.
 Las cuevas del nordeste argentino son la próxima meta de nuestros especialistas; a través de ellas será posible hallar quizás otros indicios acerca de la probable existencia del mundo subterráneo, las huellas de la gigantesca civilización desaparecida que se extinguiera misteriosamente por el mundo. 


Recreación: un joven Goyén Aguado observando, en segundo plano, los descubrimientos de Juan Moricz en la Cueva de los Tayos en 1968 (ilustración Dan Joel Crocsel)

Julio junto a integrantes de la Fuerza Aérea Argentina, quienes colaboraban asiduamente en sus exploraciones
Goyén Aguado en el volcán Llullaillaco (Pcia. de Salta) en una de sus últimas expediciones

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