domingo, 5 de junio de 2016

PACIFICO SUR, Escenario de Sucesos Extraños y Enigmáticos (Antonio Cárdenas Tabies)

Compartimos dos insólitos relatos que pertenecen al libro Pacifico Sur, Escenario de Sucesos Extraños y Enigmáticos (1992, nunca editado en Argentina) del escritor chileno Antonio Cárdenas Tabies (1927-1997). Historias que acontecen en las misteriosas islas del sur de Chile, principalmente en el archipiélago de Chiloé.

LA CIUDAD FANTASTICA

Ana Tabies Díaz, dueña de casa, salió muy de madrugada en un día de primavera a mariscar, lo hacía de buen grado, toda su vida prácticamente había trascurrido en la pequeña isla que habitaba, había visto y sentido tantas cosas diferentes que ya nada podría espantarle.
La mañana era fresca y ella caminó por el mismo lugar que tantas veces había recorrido, cuando se encontraba frente al mar, de pronto vio que algo comenzaba a suceder, una espesa niebla comenzaba a disiparse y ante sus atónitos ojos, una visión como nunca antes vista, quedó frente a ella, Ana Tabies era mujer sencilla, ella jamás había salido de su isla y no conocía pueblo alguno, pero lo que relató tiempo después fue que una ciudad emergía del mar, aquella mañana, las personas que la escucharon le contaron que solo las grandes ciudades como Valdivia o Santiago eran así.
La ciudad que vio Ana Tabies, estaba posada en el horizonte, era un pueblo muy extenso con edificios altos, cubría toda la región del Golfo de Corcovado y parte de la cordillera de los Andes, aquellos grandes volcanes habían desaparecido y se habían transformado en catedrales gigantescas.
Las calles eran anchas y blancas, donde corrían vehículos muy brillantes, la gente se veía alta, vestían de azul, al parecer todas llevaban el mismo traje;  los muros de los edificios eran de oro, brillaban como el sol y por todos lados se escuchaba una bellísima música que no podía determinar de donde salía. En el centro de la ciudad había una catedral con muchas torres y a su entrada una enorme cruz de oro resplandecía a lo lejos. De pronto se escuchó el sonido como el de un reloj, cuyo sonido le pareció que pudo escucharse en todo Huildad, su pueblo donde vivía. 
Mientras más miraba la ciudad, ésta parecía que se acercaba más hacia ella, por un instante se sintió como si ella hubiera penetrado a las blancas calles y presa por el temor echó a correr por ellas, dejando botado el canasto y el " Palde " ( herramienta pequeña para sacar mariscos ), al llegar a un muro se dio vuelta a mirar y la ciudad había desaparecido a sus espaldas, solo el mar se encontraba ahí, como siempre había estado, Ana Tabies, se restregó los ojos pues creyó estar soñando. 
Estaba parada frente a una cerca, por extraño temor no contó nada de lo que había sucedido hasta que pasado algunos años se sinceró con su familia, contándole este extraño hecho.

ENCUENTRO DEL TERCER TIPO EN BUTA CHAUQUES

Esto ocurrió en la Isla Aulin la parte poniente de la Isla Cola en el grupo de las Chauques en Chiloé Insular, isla que colinda con el Golfo de Reloncaví, el encuentro del tercer tipo ocurrió en el año 1945, una noche que habla una intensa neblina, eran cerca de las 21:00 horas, dice Framilio Barrientos, en plena época invernal en que en Chiloé a esa hora ya es de noche. En esta ocasión Barrientos se encontraba solo ya que su sobrino había ido a otro lugar. 
De pronto escuchó un silbido, luego alguien golpeó la puerta, al preguntarle quien era, una voz le responde que quieren hablar con él. Al abrir la puerta se encontró con dos hombres, a quienes invitó a pasar, éstos de pie en el centro de la sala, eran altos, delgados, medían cerca de dos metros, su tez era blanca, ojos grandes, dedos largos y finos, tenían el cabello castaño, vestían un traje oscuro, zapatos negros. 
Barrientos se dio cuenta que eran extranjeros por su acento al hablar, más tarde comentó que los trajes que llevaban estaban apegados a sus cuerpos y parecían que tenían escamas. 
Los hombres le dijeron que su madre Elena Levitureo, Amelia Callupe, Josefa Carimoney y Pascual Levitureo habían encontrado en la playa cercana a su casa un cajón que contenía loza que ellos habían dejado olvidado luego de una comida que tuvieron en ese lugar que es conocido por los lugareños como " Cuatro Piedras " por estar señalizado con cuatro peñascos de superficie rectangular. En este lugar siempre sucedían cosas extrañas, veían hombres, ruidos en el mar, luces y peces que saltaban sobre el agua. Era una especie de cancha de aterrizaje lugar que limita al mar con la ribera de la isla. El cajón fue encontrado en una pampilla que limita con las altas mareas. 
Los extraños visitantes le dijeron a Barrientos que buscara la loza donde los que la encontraron y donde la habían vendido a cambio de mercaderías para el hogar y en caso que las personas no quisieran entregarlas, morirían en poco tiempo. Barrientos les contestó que así lo haría ya que el no tenia conocimiento del hallazgo, porque en esa época se encontraba en Argentina, los extraños le aseguraron que no le harían nada si cumplía con el encargo. 
Los extranjeros insistieron que el haberlo abierto y sacar su contenido, les traería problemas, en cambio si lo hubiesen dejado cerrado nada les habría ocurrido y habrían sido todos ricos, porque habrían sido recompensados por guardar el secreto, en cambio ahora, argumentaron los desconocidos todo el que lo divulgue será castigado sea oral o escrito, este es el motivo por el cual tantas personas tendrán que morir y ya han muerto como tu hermana "Lucinda, Amelia, Gertrudys y tantos otros, porque estas cosas no pueden ser tocadas por humanos. Los que aún la tengan deben devolverla o tirarla al mar, allí lo recogerán 'los nuestros' " le manifestaron los extranjeros. Asimismo nos llevaremos la madera del baúl. Usted la junta y la deja en cualquier parte secreta y nosotros la pasaremos a buscarla. 
Se despidieron, les abrió la puerta, continuaba la neblina, sin embargo el camino que conducía a la pampilla estaba claro como si algo lo alumbrara y los dos seres extraños caminaban hacia ese lugar hasta que se perdieron en la playa. 
Comenta Barrientos que esa noche no durmió casi nada, tuvo mucho miedo. Al día siguiente apenas amaneció partió donde los vecinos que sabia él que su madre le había vendido o regalado algunas piezas, éstos no le creyeron la visita de los extraños, por lo cual no le quisieron entregar la loza, a la noche siguiente la loza desapareció de sus hogares y todos murieron en forma simultánea. Estas muertes constan en el Registro Civil de Butachauques y Amelia Callupe murió de una pedrada que vino del mar lanzada por algún ente misterioso, Pascual Levitureo, aplastado por un camión en la Argentina, Gertrudis Garay muerta en forma repentina en un molino mientras se reunían centenares de pájaros al producirse su fallecimiento, los demás mueren ahogados en los canales de las islas. 
- Cuando volví a mi casa - dijo Barrientos junté los restos de la loza, vidrios, floreros, soperas, tazas dibujadas con figuras extrañas, bordadas en oro, era una loza fina, delgada como un papel, no era como la que conocemos, era diferente su color, eran azules, transparentes. Barrientos también juntó la madera y con algunas tablas que tenia aún en la casa del cajón, las que fue a dejar en una pequeña caverna cerca de un bosque cercano, al volver al lugar donde la había dejado, ésta ya no estaba, se la habían llevado. 
Barrientos habla trabajado como cocinero en varios países, Argentina, Perú y otros, pero nunca jamás había visto un material parecido, esta loza era muy diferente a la que vemos en la tierra. Todos los que tomaron parte en el baúl, murieron dentro de los dos primeros meses, los únicos que se salvaron fueron los que devolvieron la loza o la lanzaron al mar. 
Días después Barrientos recibió una carta donde le agradecían su colaboración escrita con tinta roja, carta que posteriormente desapareció, no volviéndose a encontrar en el lugar donde la había guardado, cuando lo visitamos en su antigua casona en las Islas Chauques, nos contó que estos seres nunca más volvieron. 






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