lunes, 19 de diciembre de 2016

Las Claves Secretas de Julio Verne (La Niebla) – su Viaje al centro de la Tierra y el Enigma de Rennes-Le-Chateau (por Javier Stagnaro)

El autor: Javier Stagnaro

Allá por 1977, una de las varias ocasiones que decidí abocarme a la lectura de: "Viaje al Centro
de la Tierra", de Julio Verne, -la cual consiste en la segunda obra publicada de la colección
denominada "Los Viajes Extraordinarios", correspondiente al año de 1864-, tuve la idea de
comprobar si algunos elementos utilizados por el genial escritor francés, se correspondían con
hechos objetivos, es decir, con ciertos aspectos de la realidad.
En el segundo capítulo de la misma, el personaje encarnado por el profesor Lidenbrock,
conversa con su sobrino Axel sobre un libro hallado en una librería de Hamburgo, donde
residen, y el cual no es otro que el "Heims Kringla" de Snorri Sturluson (1178-1241), el autor
islandés que compiló la crónica de los príncipes noruegos que reinaron en Islandia. La obra en
cuestión fue publicada en 1697, en Estocolmo, en islandés, sueco y latín.
El tratado que analizaba el profesor Lidenbrock correspondía a un manuscrito con caracteres
rúnicos, es decir compuesto por runas, que según la tradición, fueron inventadas por el propio
Odín. En ese momento ocurre un incidente que interrumpió la conversación entre el tío y su
sobrino.
"Este incidente (escribe Verne), fue la aparición de un mugriento pergamino que se deslizó del
libro y cayó al suelo. Mi tío se precipitó sobre el papel con una avidez fácil de comprender. Un
viejo documento, encerrado desde tiempos inmemoriales en un libro viejo, no podía carecer de
un alto precio a sus ojos. ¿Qué es esto? Exclamó. Y al mismo tiempo desplegaba cuidadosamente
sobre su mesa un pedazo de pergamino de cinco pulgadas de largo y tres de ancho
sobre el cual se alargaban en líneas transversales unos caracteres jeroglíficos.
He aquí el facsímil exacto. Me interesa dar a conocer estos extraños signos, puesto que
arrastraron al profesor Lidenbrock y a su sobrino a emprender la más extraña expedición del
siglo XIX:

El profesor observó durante algunos instantes aquella serie de caracteres. Después quitándose
las gafas y dijo:
“Es rúnico. ¡Estos tipos son absolutamente idénticos a los del manuscrito de Snorri Sturluson!
Pero... ¿Qué puede significar esto?".
Esto fue lo que me pregunté yo mismo, dado que la edición de bolsillo de "Viaje al Centro de la
Tierra", que tenía en mi poder, no mostraba todos los pasos que fue realizando el profesor
Lidenbrock hasta lograr la traducción del texto.
A mí, me había picado la curiosidad de saber si Verne o el editor, había colocado un garabato
en su obra, o si las runas correspondían a un alfabeto verdadero. Como contaba con una
Enciclopedia Espasa Calpe, de no menos de 20 tomos-herencia de una tía-abuela de mi ex
mujer: Gabriela C. Marcolin- recurrí a la sección de alfabetos antiguos y los copié en unas hojas
de papel para tenerlos a mano, y así comparar los signos impresos en el librejo.
Para mi sorpresa, éstos se correspondían perfectamente, para lo cual logré una trascripción al
latín bastante cercana. Luego me haría falta realizar la correspondencia al castellano (o bien al
francés en el original), para corroborar la versión publicada. Fue una satisfacción personal haber
logrado descifrar este mensaje "semiencriptado", pero no tanto, cuando cotejando una edición
de mejor calidad, comprobé que mi trabajo había sido resuelto por el mismo Verne unos
párrafos más adelante, pudiendo haberme ahorrado la molestia.
El profesor Lidenbrock dice:
"Esto es lo que llamamos un criptograma, en el cual el sentido está oculto bajo letras embarulladas
a propósito y que convenientemente dispuestas, formarían una frase ininteligible".
Luego, más adelante, buscando al autor del manuscrito, encuentran una diminuta escritura, que
al ser inspeccionada con una potente lupa, revela caracteres rúnicos, que al ser traducidos al
islandés designan a un tal Arne Saknussemm, al que el profesor Lidenbrock identifica con el de
un sabio del siglo XVI, ¡un célebre alquimista!
"Estos alquimistas (prosigue Lidenbrock), Avicena, Bacon, Lulio, Paracelso, eran los verdaderos,
los únicos sabios de su época. Hicieron descubrimientos que bien pueden asombrarnos.
¿Por qué Saknussemm no hubiera podido esconder bajo este criptograma incomprensible
cualquier invención sorprendente? Esto debe ser. Eso es".
De hecho Julio Verne, se basó en un personaje real, aunque según otros, parece haberse
inspirado en el historiador islandés Arne Magnussen (1663-1730), que estudió teología en la
Universidad de Copenhague, de la que fue profesor y secretario de los archivos secretos. En
1701 era catedrático de antigüedades danesas y en 1702 pasó a Islandia, donde reunió
cantidad de manuscritos, cartas, diplomas, etc., que legó a la Universidad de Copenhague. Fue
él, precisamente, divulgador del Heims kringla anteriormente mencionado.
Finalizando el capítulo quinto del “Viaje al Centro de la Tierra”, Verne nos muestra la traducción
del texto enigmático, que proponía lo siguiente:
"Desciende al cráter del Yocul del Sneffels, cuando la sombra del Scartaris llega a acariciar
antes de las calendas de Julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la Tierra, como lo hice Yo.
Arne Saknussemm".
Tras lo cual el profesor Lidenbrock, insta a su sobrino a preparar las maletas para emprender la
fantástica aventura. Una aventura que tiene todas las características de un "viaje iniciático",
como lo describe Marcel Brion, siendo una de las primeras pistas, éste prólogo, donde Verne
hace mención de un mensaje cifrado que proviene de un alquimista.
Por lo pronto, Verne, recurrirá a sentar las bases reales, al mencionar a algunos de los más
famosos practicantes de la alquimia, entendiendo por ésta, el arte de la transmutación interior
del propio adepto que la practica.
Este "viaje imaginario", que describe el proceso de iniciación mayor por el cual va recorriendo un
individuo los numerosos planos de conocimiento y experiencia, los encontraremos en los
manuales de instrucción de la Masonería y otras sociedades mistéricas. Los investigadores
españoles Enrique de Vicente (director de la Revista Año Cero) y Javier Sierra (primero
columnista, y después director de la Revista Más Allá de la Ciencia), incursionaron en la
búsqueda de las claves de Julio Verne. Por su parte el periodista y escritor navarro Juan José
Benítez, en su obra "Yo, Julio Verne", nos planteó el enigma de tan rica personalidad, poniendo
de manifiesto el carácter esotérico de su obra.
En Francia, Simóne Vierne, con un voluminoso estudio de 780 páginas, analiza los aspectos
míticos y esotéricos de sus narraciones, al igual que Michel Lamy, quien en su obra "Julio
Verne, iniciado e iniciador" (El secreto del tesoro real de Rennes le Chateau), pone de
manifiesto el perfecto conocimiento de Verne con relación a la Francmasonería y a la fraternidad
de la Rosa Cruz. Lamy, nos informa que Verne pertenecía a una oscura sociedad secreta que
infiltró buena parte del mundillo literario y artístico francés del siglo XIX y comienzos del XX,
llamada Sociedad Angélica, también conocida como "La Niebla", donde el escritor habría
desempeñado el papel de portavoz.



De hecho se sabe, que a la edad aproximada de 21 años, Verne conoce en una librería de París
al libertario y masón Alejandro Dumas padre (autor de afamadísimas novelas de aventuras,
como “Los Tres Mosqueteros”, donde sus personajes hacen alusión a la hermandad de los tres
puntos, con su axiomática frase de: “Todos para uno y uno para todos”), quien lo introduce en su
círculo y le presta su apoyo paternal. Sin embargo, será por intermedio del editor J. Hetzel, que
Verne alcanzará el éxito y la fama, al acordar un contrato por 20 años, realizando tres libros
anuales, y donde en realidad, escribirá algo más de 80 obras en una estrecha colaboración que
durará el singular número de 23 años (esa cifra que Robert Antón Wilson designaba como la
señal de la "Capilla Peligrosa"). Según Lamy, será el propio Hetzel el que hará la conexión de
Verne con "La Niebla".
Más allá de la documentación de la que hacía acopio, y de la predilección de Verne en los
temas de actualidad, las novelas que componen la serie de "los viajes extraordinarios",
contienen el elemento arquetípico en sus temas, personajes y situaciones que las tornan
particularmente atractivas.
El tema del gran viaje en busca del gran secreto, será el hilo conductor de toda su obra. Se
descubre también una obsesión sobre lo polar, volcánico o insular, con un profundo significado
esotérico. Como ya se dijo, es en el Viaje al Centro de la Tierra, donde se pueden descubrir el
simbolismo, y los mensajes encriptados a los que era tan afín Julio Verne.
De acuerdo a varios expertos, en esta novela se puede ver el prototipo del viaje iniciático en
todos sus detalles, un descenso a los infiernos, una búsqueda del centro, que es el de todas las
religiones mistéricas. Siguiendo las instrucciones de un documento cifrado de un alquimista y
teniendo como iniciador al profesor Lidenbrock, que como contracción de "lid" (en ingles,
"párpado") y "brock" (deformación de broke: roto), significaría "el que rompe los párpados" o
bien, "el que abre los ojos", que en palabras de Gurdjieff designa a aquel que puede provocar el
despertar.
El joven Axel (axe, en francés) actúa como "eje" (axis) de la historia, pasando por todas las
fases de un proceso de iniciación, donde el tema de la mujer premio es interesante, pues, según
Brion, "la dama" permanece inmóvil en el punto de partida de la aventura y el círculo, al
cerrarse, la encuentra en el mismo sitio.
No hay participación posible para ella en la aventura propiamente dicha; ella sólo puede
aparecer en el prólogo y en el epílogo, y si es perfectamente insignificante, como la Grauben de
Axel, tanto mejor: la aventura recupera entonces su sentido más puro y más alto, y la iniciación
se realiza en un medio totalmente masculino.
Axel, dentro de este proceso alquímico, es el metal pobre que debe ser endurecido por el agua
del mar interior, y finalmente machacado por los peligros.
La aventura le conferirá un rostro, su significación y su ser verdadero. El guía Hans (en alemán:
Juan, como el evangelista), personifica la materia elemental, casi mudo, está hecho de la misma
sustancia que la roca, es un intermediario entre la materia bruta de la tierra y los dos héroes.
Significa, por último, el saber que está más allá de las bibliotecas, el intuitivo. La iniciación de
Axel se hace, por lo tanto, en la gruta, como un Teseo en su Laberinto, allí tomará conciencia de
su realidad física y espiritual. Según Goethe, los héroes se "convierten en lo que son".
La razón de la búsqueda es, como en todos los viajes iniciáticos, la persecución del centro,
hacerse uno con Dios, penetrando en las regiones del misterio, casi siempre en una muerte
aparente, para participar de la resurrección y del renacimiento. En este caso a través del parto
del volcán Strómboli que los arroja sobre una isla del Mediterráneo, cuya atmósfera dionisíaca
hace pensar en Naxos, donde el héroe acude a despertar a Ariadna.
Para el buscador audaz que se anime a desentrañar las claves ocultas en la obra de Verne,
encontrará multitud de enseñanzas y mensajes. Entre los juegos de palabras, Verne sentía
predilección por los anagramas que resulta de transponer o invertir las letras de una palabra o
una frase. Así por ejemplo, en su novela "Clovis Dardentor" (1896), se descubre el anagrama de
su título, descomponiéndolo en "L´or ardent de Clovis" (El oro ardiente de Clodoveo). En este
vodevil, Clovis, es un rico soltero de Perpiñan, visita Mallorca en el barco del Capitán Bugarach
y adopta a una jovencita que se casará con el primo de Clovis, que así heredará su fortuna.
Lamy, dice De Vicente, asocia este pasaje a una extraña historia de la que Verne estaría al
tanto, y sobre la cual ha corrido mucha tinta. La historia estaría relacionada con el presunto
tesoro encontrado en Rennes-le-Chateau (un pueblo cercano a Perpiñan y Carcasona, dominado
por el pico Bugarach, donde se dice fue enterrado el Grial), por el cura Berenguer Sauniere,
mientras descifraba unos pergaminos encontrados en el interior de una columna de su iglesia.
Este viajó a París, donde se contactó con el Padre Bieil, director del Seminario de San Suplicio,
y con su primo, el seminarista Hoffet, que lo introdujo en su círculo cultural, donde confluían
miembros de diversas sociedades secretas junto a intelectuales y artistas. Entre estos se
hallaban Mallarmé, Maeterlink, Debussy y la diva Emma Calvé.
A su regreso, el cura Sauniere, realiza una serie de reformas en su capilla de Rennes-le-
Chateau, la cual pasó a tener distribución de un templo masónico, donde se destacan entre
otros elementos, una estatua del demonio Asmodeo, cuyo manto o capa de color verde
simboliza el conocimiento o gnosis, además de presentar otras características en su atuendo y
postura (torso o pecho descubierto, una rodilla en tierra y la otra desnuda) que designan su
calidad de iniciado (grado de Aprendiz) en la Masonería Universal; y una colección de cuadros
entre los que figuran copias de "Los Pastores de Arcadia II", de Poussin, y "San Antonio y San
Pablo", de Teniers.
Nunca quedó claro si el cura descubrió un tesoro, tal vez el atribuido al Rey Clodoveo (Clovis),
ya que Rennes-le-Chateau, pudo haber sido la Capital del Reino de los Merovingios, o un
documento que revelaría la existencia de una línea dinástica que legítimamente podría aspirar a
reinar sobre Francia y Europa (un “Dueño del Mundo”, comenta Javier Sierra, en alusión a otra
novela de Verne o bien al "Rey del Mundo" de la leyenda de Agharta).
Precisamente uno de los visitantes ilustres que recibió el cura Sauniere, fue el Archiduque Juan
de Habsburgo, primo del Emperador de Austria, que como heredero de Clovis, nunca renunciaron
a imperar sobre una Europa unida, reivindicación en la que al parecer recibían el apoyo
de diversas sociedades secretas.
De acuerdo a la investigación de Lamy, Verne habría estado al tanto a través de algunos de sus
amigos masones, como su admirada George Sand y la soprano Emma Calvé.
Verne, por su parte, fue amigo del Archiduque Luis Salvador de Habsburgo, quien le había
mostrado personalmente esa Mallorca que describe en Clovis Dardentor.
Según Lamy, el hermano del Archiduque renunció a sus derechos dinásticos como príncipe,
para entregarse a una vida conforme a sus ideales anarquistas, en Sudamérica, bajo el nombre
de Jean Orth.
En la figura de este Habsburgo, se inspirará Verne, para componer el personaje de Karl-Djer, el
protagonista de su novela póstuma "Los Náufragos del Jonathan".
Comenta Enrique de Vicente:
"El autor de Julio Verne, Iniciado e Iniciador, nos muestra como la obra de Verne aparece
repleta de simbolismo Rosacruciano, figurando la misma palabra Rosa + Cruz en dos de sus
novelas, y sus iniciales en nombres como el “Reform Club” al que pertenece Phileas Fogg, quien
en "La Vuelta al Mundo", aparece provisto de los atributos de un maestro Rosacruz, al igual que
ocurre con “Robur, el Conquistador“ (Rubor, término que alude al paso alquímico de la Rubedo,
algo similar al concepto astronómico del “Corrimiento al Rojo”, dentro de lo denominado como
“La Gran Obra”, que comprende: ”La Nigredo (negro), La Rubedo (rojo) y El Albedo (blanco),
que se mueve en una zona con continuas referencias al Razés (cuya capital fue Rennes),
personaje que nos muestra relacionado con su coetáneo, el Rey del Misterio, creado por Gastón
Leroux, que firma como R. C. y tiene relaciones con la señorita Derennes.
Leroux dedicó esta obra, La Reina del Sabbath, a la historia del ex archiduque Jean Orth,
disfrazado como Jacques Ork.
En cuanto a Maurice Leblanc, padre de Arsenio (Arséne = A renes) Lupin, por su obra aparece
conectado a algunas novelas de Verne y al tesoro de Rennes.
En su obra "Dorotea", bailarina volatinera, da cuenta de un castillo llamado Roborey, donde los
expertos en criptogramas no tardarán en encontrar un "Robur - Rey", idéntico al "Robur, el
Conquistador", de Verne, y en cuya obra la clave está en un gran árbol, un "roble-rey", o Chene-
Roy, es decir, "C" y "R", y viceversa.
Esta asociación también la hallamos en la novela: ”El Pueblo del Polo”, publicada en 1907,
donde se narra la existencia de una raza intraterrena “dinosauroide”, que evolucionó paralelamente
a los humanos, los cuales habitan en una Tierra Hueca, cuya entrada se halla en el
Polo Norte, su autor firma como Charles Derennes. Es notorio también que Sir Edward Bulwer
Lytton, quien como ya vimos perteneció a la Sociedad Rosa+Cruz, titula su novela sobre una
raza intraterrena de alto grado evolutivo: ”The Comming Race (C+R), es decir: La Raza que
Vendrá o la Raza Venidera, conocida también como “La Raza futura”.
Encriptada en la obra de Verne, aparecerá finalmente la alusión a la pertenencia de éste, a la
Sociedad Angélica, fundada en el siglo XVI, por el impresor Liones Griphe, inspirándose en otra
sociedad griega llamada Nephes, es decir, La Niebla (término que designa al Principio Universal
o caos originario), nombre por el cual se conocerá a la nueva sociedad, que tendrá como brevario
“El Sueño de Poliphilo”, obra cifrada.
Jean Robin en su obra: ”Operación Orth”, el increíble Misterio de Rennes -le- Chateau (cuyo
título alude al archiduque Jean Orth, arriba mencionado) nos dice que: “La Biblia” de la Sociedad
Angélica era -como se dijo- “El sueño de Poliphilo”, concluido en 1467 por Francesco Colonna,
monje Dominico, nacido en Venecia en 1433, y que sin duda fue el portavoz de un cenáculo
platónico. “El Sueño de Poliphilo” fue publicado en Venecia en 1499 por el famoso tipógrafo e
impresor Aldo Manuccio, llamado “El Anciano” (...) Leonardo Grasso, magistrado de Verona, que
había subvencionado la impresión del libro, respondía con esta advertencia al comentario del
jesuita Tiraboschi -quien decía que su lectura era incomprensible dado lo encriptado de su
lenguaje-: ”Lo que aquí se encuentra no es para divulgarlo en los cruces de caminos; es el
resultado de una profunda filosofía, inspirada en la misma fuente de las musas, expresada en un
lenguaje maravilloso y que merece la gratitud de los hombres de ciencia”. Los estrechos
vínculos que posteriormente mantuvo la Sociedad Angélica con la corriente Rosacruciana, lo
demuestra la casi coincidencia entre los párrafos de “Las Bodas Químicas de Christian
Rosenkreutz y “El Sueño de Polifilo”, entre otros detalles. Según Robin, Francois Rabelais
perteneció a la Sociedad Secreta literaria y artística llamada lla Sociedad Angélica, fundada por
Gryphe, cuyo verdadero nombre era Sebastián Greif, originario de Reitlingen en Wurtemberg,
quien se había establecido en Lyon en 1552” ...podemos comprobar que Rabelais formaba parte
de esta Sociedad -dice- cuya doctrina se exponía en el sueño, leyendo el Quinto Libro -de
“Gargantúa y Pantagruel”- donde la descripción del templo subterráneo de Bacbuc, por ejemplo,
recuerda al Templo de Venus, que figura en esta obra”. Otro párrafo de la obra de Rabelais que
confirmaría esta afirmación dice: ”...otra forma empleaban los sabios egipcios cuando escribían
por medio de letras que llamaban jeroglíficos y que eran indescifrables para todos, salvo para
quien pudo expresar la virtud, propiedad y naturaleza de las figuras de Orus Apolo, que
compuso dos libros en griego y Polifilo en el sueño de Amor, que pudo exponer mucho más”.
Así como ya vimos algo sobre Rabelais en el capítulo sobre los gigantes, volveremos sobre el
significado encriptado de la obra citada, ”El Iniciático Quinto Libro” en el siguiente capítulo
titulado: ”El Sueño Verde”.
En el siglo XIX, esta sociedad cobró nuevos bríos, contando entre sus miembros a Delacroix,
Claude Gellée, Dumas, Sand, Leroux, Maurice Barrés (cuya "Colina Inspirada" aparece íntimamente
ligada al enigma de Rennes), Nerval, cuya Angélica como buena parte de su obra,
aparece sembrada por los mensajes cifrados de La Niebla; y Verne, cuyo Phileas (Poliphilo)
Fogg (Niebla), resulta bastante elocuente.
Otros juegos de palabras empleados por Verne en sus obras, se descubren en el protagonista
de "Cinco Semanas en Globo", donde Michelle Ardan, enmascara al célebre aventurero francés
y amigo de Verne, Nadar.
En "Héctor Servadac", cuyo apellido leído al revés se descubre la palabra Cadavres,
(cadáveres); es Tom Turner (de Turn en inglés, volver) quien hace regresar la nave "Albatros",
en Robur el Conquistador, y el matemático de "Sin Pies ni Cabezas", aparece con un nombre
redondo: Alcide Pierdeux (de Pi-er-deux -Pi R 2-, o Pi por Radio al Cuadrado, la fórmula de la
superficie del círculo.
Finalmente, en su obra "El Testamento de un Excéntrico" en la que se sospecha que ha
encriptado un mensaje trascendente, y que tiene que ver con su propia persona, se advierte en
la trama el Juego de la Oca, al cual nos induce a jugar. En dicho juego se conjugan diversos
elementos, y otras tantas interpretaciones esotéricas, conectadas con el simbolismo de la
espiral.
Un espiral, que como signo asociado al caracol, será el distintivo de los Compañeros Constructores
(Masones), caminantes del Camino de Santiago de Compostela (de San Yago, o Saint
Jacques), del Campus de la Stella, (Campo de la Estrella) nuestra galaxia en espiral, la Vía
Láctea, tanto como una variante del laberinto, cuya consigna es conducir al adepto hacia el
Centro, tomando en cuenta los desvíos u obstáculos que se presentan en el camino. A su vez,
esta espiral del Juego de la Oca, está emparentado con otro juego conocido como Rayuela, que
antiguamente tenía ese diseño, donde se iba "saltando" de la Tierra al Cielo (que como en el
caso de la galaxia a la que pertenecemos, el Sistema Solar, y por ende nuestro planeta, la
Tierra, se halla en un brazo externo de la Vía Láctea, y "el cielo" corresponde al centro de la
misma).
Será en la Edad Media, y por influencia de la Iglesia Católica, que reemplazará el diseño de la
espiral por el plano de una Catedral gótica, o sea un diseño que nos recuerda a una Cruz de
Caravaca, que tiene su origen en un signo de identificación Templario. En la Rayuela, se utiliza
una piedra para marcar el lugar a donde uno debe llegar, y en el Juego de la Oca, se utilizaran
dados, que representan la "piedra cúbica" o tallada, la "piedra filosofal", o materia prima -el
hombre- (ver en el capítulo 11: “Ovnis y Yetis en los Techos del Mundo”, pág. 168 comentario
sobre Ibarra Grasso), sin olvidar que en los dados el número evoca a fórmulas Kabalísticas y al
concepto del azar, que anula el acto racional para dar paso a lo providencial. Sin embargo en la
Catedral de Chartres, en Francia, uno de los máximos exponentes del gótico del siglo XIII, cuya
arquitectura está impregnada del simbolismo de los Caballeros de la Orden del Temple, no
olvidará incluir un laberinto diseñado en el piso frente al altar, como representación del camino
iniciático a Santiago, que pueden recorrer los fieles, que no tienen la posibilidad de realizar la
otra travesía, pero pudiendo conseguir los mismos beneficios.
Dichos beneficios, estudiados hoy por la Geobiología, nos remiten a ciertas cargas energéticas
de la geografía sagrada en donde se levante el Templo en cuestión, provocando determinados
estados alterados en la conciencia o espíritu del caminante, que modificarán su visión del
mundo, y de sí mismo.
En el "Testamento de un Excéntrico",- la obra de Verne arriba mencionada-, cuyo protagonista,
un millonario que lleva el significativo nombre de William J. Hipperbone (hiper: más allá, bone:
hueso), es decir aquel que está más allá de la apariencia (el esqueleto, el cuerpo físico) o bien:
“quien está más allá de la muerte”, por lo tanto, un inmortal, es el que gana el Juego de la Oca,
que el mismo ha organizado, decidiendo desposar a una de las concursantes que lleva por
nombre el de Jovita Foley.-(estaríamos tentados en decir que también este apellido nos
recuerda a la mítica “Hiperbórea” patria de los inmortales). -En el texto leemos:
-“Señorita Foley, sepa que tengo cincuenta años.
-No los aparenta Señor Hipperbone, contestó Jovita.
-Tengo cincuenta y usted, veinticinco.
-Veinticinco en efecto.
-Pues bien, señorita Foley; puesto que Usted tiene la mitad de mi edad, ¿Por qué no se
convierte en la mitad de mí mismo?
Y así, Jovita cumplió su sueño de riqueza y nueva vida, casándose con Hiperbone. Esta fue la
última extravagancia del millonario”.


En primer lugar, como ya dijimos, el Juego de la Oca, propone un trabajo sobre sí mismo, donde
el adepto deberá sortear una serie de obstáculos, para con suerte alcanzar el centro, el punto
donde mora la realidad suprema, la conciencia de sí, la chispa divina.
El concepto de la edad, en el relato, y en el nombre de la candidata a ser desposada, Jovita
alude a la idea de la juventud, el rejuvenecimiento. Es la "fuente de la eterna juventud", que
busca el alquimista en el proceso de la unión-matrimonio de los opuestos, realizando la figura
del "Hermafrodita" (de Hermes y Afrodita), también denominado el Ser Andrógino, compuesto de
las dos mitades, sinónimo de renacimiento y resurrección (la nueva vida) que conduce a la idea
de Unidad, la unión de uno con la propia divinidad.
Una resolución que hallará un paralelo literario en "El Golem" de Gustav Meyrink, obra
emblemática de ese otro iniciado que vivió en Praga, ciudad que cobijó a los más famosos
alquimistas de Europa, de los cuales ya hicimos mención.
Gustav Meyrink, autor de varios cuentos y novelas góticas, plagadas de mensajes y
conocimientos esotéricos, siempre persiguió la búsqueda de la lucidez, la cual no le abandonó ni
en el momento de su muerte. Quiso morir con los ojos abiertos, sentado en un sillón, ante una
ventana orientada hacia el Este, por donde ascendía soberbio, el sol.
Como dato significativo, y cerrando el círculo, quizá "el círculo hermético", que mencionaba el
poeta chileno Miguel Serrano, baste decir que quien era además de corresponsal y traductor del
alemán al castellano de su obra "El Golem", no fue otro que el ilustre genio de Jorge Luis
Borges (que fue homenajeado por el afamado semiólogo y escritor italiano Umberto Eco, el cual
dará el nombre de Luis de Burgos, al personaje del monje bibliotecario ciego que custodia los
libros prohibidos por la iglesia, en la laberíntica biblioteca del castillo que integra la trama de su
novela: "El nombre de la rosa").
Respecto de las claves secretas de Julio Verne, Manuel Figueroa, que ha realizado una serie de
artículos e investigaciones sobre el misterio de Rennes-le-Chateau, nos informa en un trabajo
titulado "Mágica puerta de entrada al centro de la Tierra", que: "La montaña Bugarach, antiguo
volcán extinguido, es la mayor elevación de las Montañas del Nido del Cuervo, a pocos
kilómetros de Rennes-le-Chateau.

.
Julio Verne, asiduo visitante de estas tierras, se inspiró en ellas y las utilizó como referencia
obligada, encubierta en alguna de sus obras. Así, en su novela “Viaje al Centro de la Tierra”,
ésta se asemeja en muchos aspectos a los parajes que nos ofrece este recóndito lugar".
"Lo cierto es que la montaña tiene un aura de magia y de misterio, como pude comprobar
personalmente cuando estuve acampando en sus faldas allá por Julio de 1989. Los habitantes
del lugar hablan de ella con cierto temor y respeto, como cuando cuentan la historia de los tres
aviones del Ejército Francés que pasaron rozando el Bugarach y al regresar a la base, situada
cerca de Toulouse, se estrellaron al realizar la maniobra de aterrizaje.
En el pequeño y encantador pueblo de Bugarach, en las inmediaciones de la montaña del
mismo nombre, pasaba sus veranos Daniel Bettex, un antiguo miembro de los Servicios
Especiales Suizos, encargado de la seguridad del Aeropuerto de Ginebra.
Este extraño y muy dinámico personaje, era locuaz, vivaracho, obsequioso, aunque por momentos
solemne y ominoso como cuando me aconsejó no proseguir mis indagaciones sobre la
involucración del Vaticano en los asuntos de Rennes-le-Chateau.
Bettex, curtido en ciencias ocultas, en especial en Kábala y sus ramificaciones (alquimia,
aritmología, búsqueda del Grial, etc.), se entregó durante muchos años, y con el permiso del
Gobierno Francés, a arduas excavaciones en el interior del Bugarach. Sus esfuerzos se vieron
recompensados al hallar tres galerías subterráneas, en una de las cuales (la última) llegó a
descubrir un sutil resplandor luminiscente.
Intrigado por el hallazgo, corrió en busca de una sabia y reconocida clarividente de la región
quien le aseguró que debajo de una de las galerías que había abierto, había una especie de
hangar enorme donde se construían vehículos espaciales. De regreso a Ginebra, cayó víctima
de una misteriosa enfermedad que sólo pudo curar el médico de la familia, que era acupuntor".
Continúa Figueroa: -"cabe preguntarse, si el resplandor que vio Bettex en la galería subterránea,
no fuese análogo a la Luz de Gloria carismática que, según cuenta Homero en la Ilíada, se
desprendía de las armas de Patroclo, así como de otros héroes arcadianos. Este podría ser el
caso, tal como plantea Paul Georges Sansonetti en “Graal et Alchemie” (El Grial y la Alquimia).
Quizá en relación con esto último era que Bettex me hablaba extasiado, sobre el magnetismo
del Bugarach. Concretamente afirmaba (rotunda pero oscuramente) que un río de la antigua
Troya, siguiendo un camino subterráneo, pasaba por debajo de esta mágica montaña.
¿Acaso se refería a una corriente astral y no física, en el sentido nato de la palabra, poniendo de
relieve un cierto vínculo entre ambos lugares?".
Finalizaba Figueroa preguntándose esto último.
¿Acaso se trata de una línea Ley que recorre Europa, y que simbólicamente Verne representó
en su viaje subterráneo entre los volcanes Sneffels Yocul de Islandia y su contrapartida, el
Strómboli, en el Mediterráneo?, nos preguntamos nosotros.
Tal idea es menos descabellada de los que pudiera parecer, puesto que el nombre Bugarach,
proviene de la palabra "búlgaro", término con el que se reconocía a los Bogomiles que,
procedentes de Macedonia, se instalaron en el sur de Francia, divulgando una religión Maniqueísta
afín al Catarismo.
Manuel Figueroa, cuenta además que Bettex, detectó la presencia de unos falsos monjes que
ocultaban armas bajo sus hábitos, que realizaban excavaciones en la zona, quizá intentando
realizar la transmutación alquímica en procura de la "piedra filosofal", que permite la obtención
de un muy particular estilo de oro purísimo. También cuenta que tanto Bettex, así como miembros
de su familia y vecinos, vieron el descenso de un Ovni, con forma de esfera brillante, que
se posó en la base del Bugarach, dejando una huella de unos dos metros de diámetro de pasto
chamuscado.
No faltará la presencia intimidatoria de tres extraños frailes que serán identificados como
hombres de negro; y finalmente la extraña enfermedad que volvió a aquejar a Bettex, llevándolo
a la muerte, generando la sospecha y culpa a los enigmáticos visitantes.
Figueroa comenta además sobre esta región, tan llena de mitos y leyendas, que según algunos
estudiosos, ésta tiene un enorme paralelismo con la descripción de la fabulosa Atlántida de
Platón. Por eso mismo, según la lógica plástica de este argumento, se concluye que esta región
antidiluviana de Rennes-le-Chateau sería, según unos, El Templo de las Estrellas, y según
otros, el Templo del Tiempo.


Éste último por reflejo hermético, escondería un templo subterráneo, cuya apertura nos llevaría
hacia el Reino de Agharta, sede del Rey del Mundo, o incluso, Shambhala, su propio centro o
capital esotérica. Michel Lamy, encontró varias coincidencias arguméntales entre Verne y otros
escritores, que, durante la década de 1880, entraron en contacto con la Orden Hermética de la
Aurora Dorada, que tenía una filial en París. Uno de los miembros de esta sociedad secreta, de
origen Rosacruciano, como ya dijimos, fue el célebre Bram Stroker, que en ese año escribe su
dramático "Drácula", y Verne termina de escribir "El Castillo de los Cárpatos", que "casualmente",
ubica no muy lejos de la mansión del Conde, en el paso de Borgo, en Transilvania.
Recuerda Javier Sierra: "El argumento, más allá del retrato vampírico, está centrado en una de
las grandes obsesiones de Verne y las sociedades secretas con las que estuvo vinculado: "la
Inmortalidad".
Siete años antes de morir, Julio Verne decide borrar todos los rastros pertenecientes a su vida,
quemando sus fabulosos archivos. Más de 4000 criptogramas, logogrifos y anagramas, tras los
que se escondían las técnicas que usó para crear los nombres de los personajes o los mensajes
cifrados que aparecen en sus novelas, así como algunos textos inéditos y libros de cuentos son
reducidos a cenizas. Tras su muerte, la familia guardará un cerrado silencio sobre los documentos
privados del escritor, como obedeciendo a su última voluntad.
En 1995, Juan José Benítez, publicó: "Yo, Julio Verne", dentro de una colección de la Editorial
Planeta, dedicada a la biografía de grandes autores.
Benítez, pondrá de manifiesto, tras dirigirse al Cementerio de la Madeleine, en Amiens, que
Verne ha dejado trazado su último gran criptograma para el avezado escrutador, que pueda
descubrir su enigmático secreto.
Verne encargó al escultor Albert Rozé, los detalles para el epitafio que ocuparía en su tumba,
que si bien, sí se puede leer en la maqueta en yeso, que éste realizara del mausoleo, por alguna
extraña razón olvidó colocarlo en la estructura que se levanta en el cementerio donde descansa
el escritor. Tal vez, esa sea la gran incógnita por resolver, ya que la escultura que representa a
Verne, lo muestra como a un hombre joven, con un cuerpo bien formado, que levanta la lápida
de su tumba, y elevando una mano hacia el cielo, mientras la otra se apoya en la tierra.
Una rosa dentro de una cruz, remata el mausoleo, dándonos una pista. Benítez agrega que en
proximidades del Solsticio de Verano, entre el 21 y el 24 de junio, la sombra de los dedos de la
mano de la escultura de Verne, señala algunas letras de las palabras que dan cuenta sobre el
mármol, la fecha de nacimiento y muerte del escritor, indicando su último misterio. Un misterio
que se agiganta al recordar el epitafio no inscripto que anuncia: "Hacia la inmortalidad y la
eterna juventud".



Este capítulo pertenece al libro de Javier Stagnaro Austerria, los Túneles de Agharta en América.
 El libro se puede adquirir solicitándolo al siguiente correo electrónico: jatostagnaro@gmail.com


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