miércoles, 11 de mayo de 2016

DÉBORA GOLDSTERN. SECRETOS SUBTERRÁNEOS DE LOS MUNDOS OLVIDADOS

Hay que decir que sobre el misterio de la Cueva de los Tayos se ha escrito mucho a través de los años e investigado realmente poco. Antes  que Internet sea una fuente universal de información (y desinformación casi al mismo nivel), solo conocíamos esta historia de pluma de Erich Von Daniken  (El oro de los Dioses, 1974) y en mucha menor medida por el libro “Los Intraterrestres existen” (1980) de dos autores franceses, y por diferentes artículos en revistas de enigmas y misterios (periodistas como Faber Kaiser, Alex Chionetti, Villarrubia Mauso abordaron la cuestión). Tal vez el sorprendente Austerria, los Túneles de Agharta en América (2010) del investigador Javier Stagnaro sea la excepción. Pero nos faltaba a los aficionados a la historia ocultada y subterránea de Amerika, una investigación que ordenara y relacionara las piezas de este puzzle. Por eso doy la más calurosa bienvenida a esta obra de la “investigadora rebelde” Débora Goldstern.
 Quienes en mayor o menor medida rondamos por los misterios subterráneos, sabemos apreciar el trabajo de años y los datos reveladores aportados por Débora en esta su Magnum Opus.
  Daniken, el mítico padre Crespi, la expedición inglesa del año 76, el abogado ecuatoriano Peña Matheus, el espeleólogo argentino Julio Goyén Aguado y su biógrafo Guillermo Aguirre, Faber Kaiser, y un largo etcétera, y por supuesto el Leit motiv de esta historia: el enigmático descubridor de los “tesoros de los Tayos”: Juan Moricz, desfilan por las páginas del libro, permitiendo a Débora atar cabos, guiarnos como Virgilio al Dante y no dejarnos perdidos en la confusión y el descrédito.
 Es para mi enormemente destacable la información presentada por la autora desde la lejana Hungría tapando baches donde solo desconocimiento había.

 ¿Recomendar este libro?...  Me parece que a esta altura de lo escrito, sería redundante.
Con Débora Goldstern (dedicándome su libro)

sábado, 7 de mayo de 2016

DANIEL RUZO. EN LA SENDA DE NOSTRADAMUS


Continuando con la obra del esoterísta peruano Daniel Ruzo (1900-1991), y gracias a la colaboración invaluable del rastreador de viejos archivos Javier Stagnaro, desempolvamos una muy interesante entrevista publicada por la revista Panorama, año XIV, n°8, Enero 1977.

Nacido en Lima, Daniel Ruzo es, a los 75 años, el mayor especialista mundial en Nostradamus. Vinculado a la revista Planeta Ruzo recorrió el mundo en busca de las huellas de una humanidad desaparecida hace 40 mil años. "A mi juicio —dice, refiriéndose a los textos de Nostradamus— estamos frente al documento profético más formidable en relación con la catástrofe apocalíptica que nos espera".

Daniel Ruzo definitivamente no es de esta época. Pertenece a una corriente que casi desapareció en el siglo XIX -el esoterismo como ciencia- y cuyas figuras contemporáneas son tan escasas que se pueden contar con los dedos. Ruzo es un sabio esotérico, un investigador ocultista con una erudición sobre los llamados "conocimientos tradicionales" suficiente para aterrar a los lectores ávidos de escritura charlatanesca. Sin embargo, su obra múltiple, acumulada y enriquecida a lo largo de cincuenta años de investigación, ofrece un aspecto apasionante para el lector común y corriente. Al igual que los ocultistas del siglo XIX que se lanzaron en pos de la Atlántida y de otras civilizaciones míticas, Daniel Ruzo ha buscado durante toda su vida las huellas de una humanidad desaparecida hace más de 40.000 años. Armado con un formidable equipo fotográfico ha viajado por todo el mundo documentando sus hallazgos en una forma que envidiarían los viejos cabalistas. A los 75 años, es el principal especialista en Nostradamus. Propietario de la más completa colección de libros que haya en el mundo sobre el profeta provenzal, también es una autoridad en lo que él llama protohistoria, y ha descubierto
importantes esculturas en diversos países. Nació en Lima, Perú, en 1900; desde 1957 se ha dedicado a la conclusión y publicación de los estudios e investigaciones que realizó toda su vida sobre profecía, protohistoria, simbolismo, religiones comparadas, cronología, criptografía y mitología. Durante más de cincuenta años reunió una impresionante biblioteca de ciencias ocultas, especializada en profecía y particularmente en Nostradamus, que le ha permitido estudiar las fuentes más fidedignas de la literatura esotérica. También durante toda su vida ha sido un arqueólogo sui generis que desafía a la ciencia oficial. Actualmente Daniel Ruzo es un escritor de éxito. Tras su primer libro, Los últimos días del Apocalipsis (1970), publicado en México, Paras y Río de Janeiro, La historia fantástica de un descubrimiento (1975) se está convirtiendo en uno de los primeros bestsellers esotéricos de autor latinoamericano. Hace apenas dos meses apareció en España su nuevo libro, El testamento auténtico de Nostradamus. un impresionante estudio sobre el profeta basado en documentos que nadie había usado jamás. Ruzo ha descubierto la clave indispensable para descifrar la obra completa de Nostradamus en un texto olvidado por todos sus intérpretes: el testamento del profeta. El texto está destinado a conmocionar a especialistas y público en general. 
 Se dice que usted posee la colección más completa de Nostradamus jamás reunida. ¿Cómo fue que formó esta colección y cuál es. aproximadamente, su valor? 
 Durante 19 años yo estudié a Nostradamus en obras y ediciones corrientes, españolas y francesas. Pero, después de tanto tiempo, comprendí que sin una documentación más especializada no podría darme cuenta de lo que en realidad dijo Nostradamus. Fue por eso que en el año 46, aprovechando el fin de la guerra, fui a Europa y empecé a comprarme todo lo que encontré sobre el profeta. Me puse en contacto con los grandes libreros que venden piezas antiguas, principalmente en París, y así fui formando una biblioteca que hoy es una cosa muy notable, imposible de rehacer. Tengo ejemplares únicos que ni las grandes bibliotecas oficiales poseen. La tengo guardada en una caja de seguridad en Nueva York y calculo que allá cuesta, en estos momentos, alrededor de medio millón de dólares. 
 Para el público que lo conoce como autor esotérico, su nombre está ligado muy estrechamente al famoso "El retorno de los brujos" de Louis Pauwels y Jacques Bergier. donde usted aparece citado en relación a sus investigaciones sobre la cultura Masma. ¿Qué lazos lo unen con estos autores y qué opina de su obra? 
 Bueno, mi relación con Bergier, principalmente, ha sido muy antigua. muy anterior a la aparición de su libro y de la revista Planéte. Lo considero un tipo excepcional y he llevado con él una gran amistad. Una vez por año lo veía en París. Nuestra relación ha sido fundamentalmente amistosa. Respecto a la obra que llevó a cabo con Pauwels, primero con la publicación de El retorno de los brujos y después con Planéte, pienso que alcanzó gran difusión porque mostró al público un nuevo e importante enfoque intelectual. Fue el principio de todo este movimiento publicitario, que crece cada día, alrededor de las cosas que están al margen de la ciencia, como el ocultismo y la mística. Ellos lanzaron a muchos desconocidos que estábamos en el límite de la ciencia, cada uno en su especialidad. Antes de que apareciera su obra nos ignoraban por completo; después una buena parte del público empezó a escuchar lo que decíamos. Esta es para mí la importancia capital de la obra de Pauwels y Bergier.
En este sentido. usted. junto con los otros autores que lanzó "El retorno de los brujos", sería
un disidente, un "fuera de la ley" a los ojos de la ciencia oficial. ¿No le incomoda esta situación?
  ¡Por supuesto que no! Vea usted, ¿por qué somos tantos los que estamos al margen de la ciencia, los que llevamos nuestros estudios más allá de sus límites? Somos muchos porque la ciencia no nos ofrece respuestas satisfactorias a ciertas cuestiones fundamentales. Nosotros, defraudados por la ciencia dogmática y autoritaria, buscamos esas respuestas con métodos muy distintos a los suyos. ¿Nunca intentó que sus estudios fueran financiados por una universidad o alguna otra institución oficial, como sucede normalmente con los investigadores? 
 Volvemos sobre lo mismo. Usted comprende que ninguna universidad le va a dar dinero a un individuo para que haga y piense como yo. No es posible. Soy antiuniversitario, los universitarios aprenden por detrás, con las posaderas, sobando las bancas en que se sientan a escuchar a sus maestros. Después se limitarán a repetir lo que les dijeron. ¡Y hay que ver las mentiras que sostienen, por ejemplo, los historiadores de las religiones! ¡Hay que ver cómo estudian el simbolismo religioso, los mamotretos que hacen! Ninguno trasciende la línea fijada por la universidad. Si pasa esa línea ya no es universitario y entonces no le pagan, no le dan cátedras, no le dan nada. ¡Qué van a atreverse a pasar la línea!
Respecto a su vida de viajero, ¿qué impresiones le han quedado?
  Cuando tomo una ruta cualquiera, ya sea de Europa o de América, me pongo a pensar cuántas veces la he recorrido en el pasado. ¿20? ¿30? No lo sé, he perdido la cuenta. Ahora con los aviones los viajes resultan maravillosos, los hace uno dentro de sí mismo. No hay paisaje que nos distraiga. Se necesita ser turista -animal fabricado por la propaganda- para creer que el fin de un viaje es distraerse, divertirse. El antiguo viajero todavía encontraba algo interesante en el paisaje, y eso porque no existía el cine. Actualmente cualquier película supera a un viaje, es más divertida, más intensa. Para mí, los viajes han sido siempre un medio, nunca un fin. Además de mis viajes como explorador por 5 continentes, he viajado para vivir en distintas ciudades. He residido en París, Buenos Aires. Río de Janeiro, Lima, Caracas, y ahora Cuernavaca.
¿Cómo llegó a interesarse en Nostradamus? 
En el año 27 leí un libro que me había enviado de París un amigo que era cónsul. Se trataba de uno de los libros más interesantes que se han escrito sobre Nostradamus. Su autor era Piobb. Entonces empecé a estudiarlo. Pero como dije, no fue sino hasta 1946 que comencé a reunir la documentación necesaria para un estudio profundo de tan difícil profeta. A cada paso de mi investigación fui comprendiendo que él había tenido acceso a información muy antigua, lo suficiente como para que se le pueda considerar. en astronomía, muy por encima de sus contemporáneos. Eso lo tengo absolutamente probado. Nostradamus murió en 1566, y en 1634 han condenado a Galileo por cosas menos importantes que las que él dijo. Copérnico admite que publiquen su obra en 1540, dedicándosela al Papa para que lo libre de la calumnia; es protegido de cardenales y goza de gran prestigio ante la Iglesia Católica, pero a pesar de eso se encuentra atemorizado, porque su obra sostiene que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y que no está inmóvil viendo correr en el cielo a todos los astros. Su obra, corno la de Nostradamus, se basa en las revoluciones de la Tierra, y de todas las estrellas. Por temor, la publica diciendo que ni siquiera es verdadera, pidiendo que tampoco la consideren verosímil, sino simplemente como una hipótesis. Le tenía miedo a la Inquisición. Ahora bien, 50 años antes Nostradamus había llegado a las mismas conclusiones que Copérnico; pero las expresó en forma oculta, criptográfica. Su familia era de conversos y por eso Nostradamus conocía muy bien la amenaza que representaba la Inquisición. Tenía que preservar su obra. Como era maestro de filología inventó una embrollada escritura que se puede interpretar de dos maneras.
¿Podría decirse que el cumplimiento de las predicciones de los profetas es la prueba de que existe otra realidad distinta a la nuestra? 
 El día que comprobamos que una profecía se cumple indiscutiblemente, ese día sabemos que el hombre puede llegar a unirse con el "más allá", ese "más allá" que por otro lado las matemáticas y la física de este siglo nos ayudan a aceptar. Los científicos, a pesar de todo su racionalismo, han empezado a abrigar una íntima creencia en esa otra realidad, aunque para ello tengan que hablar de "mundos paralelos" y "antimateria". A través de la posibilidad profética el "más allá" vive en nosotros, la profecía nos hace recordar nuestro insignificante presente y nuestro verdadero destino. He aquí el valor inmenso que tienen los profetas para la humanidad.
 En relación a las profecías de Nostradamus hay algo que intriga particularmente: su función. ¿Qué buscaba Nostradamus al predecir. por ejemplo. acontecimientos importantes de la historia de Francia? ¿Trataba acaso de prevenir a los actores de esos acontecimientos para que pudieran intervenir en ellos? 
No. La profecía realmente no se puede utilizar, no tiene aplicación práctica. Los hombre viven los sucesos históricos y sólo después se dan cuenta que estaban profetizados. El conocimiento de la profecía nunca es previo, siempre viene después de su cumplimiento. Las profecías no son manifestadas para que podamos intervenir en el destino. Por el contrario, se puede tener la seguridad de que no van a poder cambiar nada. Nostradamus predice la historia de Francia y se ocupa detalladamente de los personajes y de los acontecimientos futuros con el único fin de interesar la curiosidad humana. A mi modo de ver esta es una idea de capital importancia sobre la obra de Nostradamus. Es la idea de que toda su obra no ha sido para profetizar, sino únicamente para mantener vivo el interés sobre sus escritos, para que llegara ese interés hasta nuestra época. Acicateando la curiosidad humana -nuestro deseo irrealizable de conocer el porvenir para escapar al destino-, Nostradamus ha logrado que su obra profética y la maquinaria criptográfica que encierra lleguen hasta nosotros casi intactas; de sus 1085 cuartetas se han perdido solamente 13.
¿Pero por qué quiso Nostradamus que su obra llegara hasta nosotros. y por que la ocultó dentro de una criptografía impenetrable para la mayoría de los hombres? 
Nostradamus creó un complicadísimo sistema de claves para ocultar un solo documento, y el hecho de que haya elaborado un sistema tan difícil de descifrar nos está mostrando la importancia que debe tener ese documento oculto. A mi juicio se trata del documento profético más formidable en relación con la catástrofe apocalíptica qué nos espera. La verdadera finalidad de la obra profética de Nostradamus es anunciar, de acuerdo con el Apocalipsis, el fin de nuestro período zodiacal de Piscis. Su criptografía encierra seguramente un mensaje muy importante que la humanidad debe recibir en el curso del próximo siglo, a través de un personaje que está también profetizado. Este hombre, que está predicho para el año 2055, es quien seguramente más va a intervenir en la profecía de Nostradamus, quien la va a aprovechar y la va a realizar. Tendrá en sus manos la profecía revelada y podrá hacer todo lo posible para que la humanidad se prepare ante la inminencia de la catástrofe apocalíptica. Me parece que toda la obra que yo hago al respecto es preparar el terreno para hacer más fácil este resultado. Los libros que estoy publicando tienen por objeto hacer llegar a ese futuro personaje la obra original .de Nostradamus en copia facsimilar.
Haciendo una evaluación de sus estudios sobre Nostradamus, ¿en qué fase del desciframiento de su obra se encuentra?
 Bueno, esto puede verse muy claramente en mi último libro, el testamento auténtico de ostradamus, que recién ha aparecido este año en España. Ahí doy cuenta de mis hallazgos a nivel criptográfico, principalmente. El tema del libro gira alrededor de las dos claves que he encontrado en su testamento, dos claves numéricas perfectas que sirven para reordenar su obra. Desde la muerte del profeta han sido muchos los estudiosos y los comentadores que han intentado descifrar sus versos proféticos, pero a ninguno se le había ocurrido que en un documento aparentemente insignificante como es su testamento, estuvieran las claves indispensables no para descifrar, sino para empezar a descifrar la obra completa. Sin conocer estas claves no es posible colocar las cuartetas proféticas en el orden exacto que concibió Nostradamus.
 Se sabe que el tema es bastante difícil, crítico para ser más exactos, y que no puede exponerse en unas cuantas palabras. Sin embargo. ¿puede resumir el proceso de este descubrimiento? ¿Cómo fue que llegó a la conclusión de que en el testamento estaban las claves? 
 Bueno, no voy a entrar en detalles criptográficos, pero le diré que el mismo Nostradamus profetizó, con anticipación de cuatro siglos, el desciframiento de su obra que apenas ahora se ha iniciado. En el Almanaque para 1567, la cuarteta del mes de jumo dice: Par le thresor trouvé l'he-ritage du pére. (Por el tesoro encontrada la herencia del padre.) Este verso profético nos está diciendo que su verdadera herencia no es su pequeño tesoro, sino su obra profética, y que, por lo tanto, su mensaje sólo podrá ser encontrado con la ayuda de las cifras de ese tesoro, confiadas a documentos testamentarios firmados por el notario y los testigos, y guardados en los archivos oficiales. En la vida real, el pequeño tesoro que Nostradamus legó a sus herederos desapareció en poco tiempo. César, el último de sus hijos, murió muy pobre, en 1630. 0 sea que 64 años después de la muerte de Nostradamus ya no había rastro de los objetos y del dinero que había dejado a su familia. Felizmente los archivos oficiales salvaron el testamento con la relación de su pequeño tesoro. En mi libro demuestro que la relación detallada del tesoro físico, corresponde asombrosamente a la relación exacta de su obra profética. Quienes han leído algo acerca de las profecías de Nostradamus, saben que sus comentadores están de acuerdo en que las cuartetas se encuentran fuera de su lugar. Todos han pensado que debía existir una clave criptográfica en cierto modo exterior a la obra profética. No me cabe la menor duda que he encontrado esa clave en el testamento. Nostradamus tenía un mensaje muy importante para nuestros descendientes y se vio obligado a ocultarlo para que sólo pudiera ser descubierto cinco siglos más tarde. Nostradamus creó todas estas dificultades para asegurarse de que su verdadero mensaje apocalíptico no podría ser descubierto por sus contemporáneos. Temía con mucha razón a los hombres de su siglo, capaces de descubrir sus anagramas y las claves del criptograma bajo el que dejaba guardada su profecía. Han sido muchos los comentadores de Nostradamus, la bibliografía sobre su obra es abundante. Y es hecho evidente que cada personaje importante de la historia europea, y cada cambio fundamental de carácter político y religioso ha sido descubierto en las profecías nostradámicas, a pesar del desorden de sus cuartetas. Para descubrir todo esto los comentadores no necesitaban hacer un trabajo criptográfico. Es tal la exactitud filológica de las frases de Nostradamus, que no es muy difícil descubrir acontecimientos ya realizados. Ahora bien, yo no pretendo haber encontrado la reordenación definitiva de su obra; como decía apenas he abierto un camino. Es evidente que hay otras claves que permitirán una segunda reordenación de las cuartetas proféticas, pero de una cosa sí estoy seguro: esta segunda reordenación sería imposible sin la primera que yo he establecido.
¿Cuál es la fecha que Nostradamus ha fijado para la catástrofe apocalíptica? 
 Nostradamus predice una catástrofe cósmica que no será el fin del mundo, pero si el fin de nuestra era. Nos da la fecha central de esa catástrofe con una aproximación de diez años, entre 2127 y 2137 de nuestra era. Lo importante de esa fecha es que coincide con la cronología tradicional. He dedicado todo un libro, Los últimos días del Apocalipsis, a esta cronología, demostrando que es idéntica en los números secretos de la Biblia, y en los de la Gran Pirámide, así como también en los períodos cósmico de los caldeos, los indostanos y los aztecas. Estudiando por apartado cada una de estas cronologías, he encontrado que todas coinciden en señalar una fecha aproximada a la de Nostradamus para el fin del período cósmico en que nos encontramos. Sacando un promedio he precisado que esa fecha es el año 2137 de esta era. Las profecías y los grandes períodos de la cronología tradicional coinciden para anunciarnos que nuestra quinta raza o edad debe sufrir su aniquilamiento por el elemento aire, y que la fecha central de ese cataclismo apocalíptico será el año 2137 de nuestra era. En ese momento, después de 1252 años solares, el recorrido del Sol por el signo Piscis terminará igualmente la Quinta Edad, después de recorrer en 8608 años solares los cuatro signos: Géminis, Tauro, Aries, Piscis. Ter-minará también-el Kali Yuga de los indostanos y uno de los grandes períodos caldeas. Estamos, pues, recorriendo desde 1957, las 180 "semanas" o "años" anteriores a la catástrofe que señala El Apocalipsis.
 Se ha hablado ya de Nostradamus y de la cronología tradicional expuesta en "Los últimos días del Apocalipsis". Ahora bien, ¿cómo se conecta todo esto con la sorprendente hipótesis que ha lanzado en "La historia fantástica de un descubrimiento", su libro más accesible y que mayor difusión ha alcanzado?
 Como señalaba, la obra nostradámica se inserta dentro de la cronología tradicional, heredada y conservada por todos los pueblos de la antigüedad y que, según he estudiado, es la cronología de cinco humanidades. Cada una de estas humanidades ha vivido en una edad o período cósmico que siempre termina con una catástrofe. Nuestra humanidad es la quinta y deberá desaparecer, como dijimos, en 2137. Ahora bien, lo que yo expongo en la historia fantástica de un descubrimiento es la comprobación empírica de la cronología tradicional. Apoyado en pruebas fotográficas irrebatibles, demuestro la existencia de huellas antiquísimas que nos ha dejado la cuarta humanidad que vivió en el período cósmico anterior al diluvio. En siete regiones de la Tierra: Perú, Brasil, México, Egipto, Francia, Inglaterra y Rumania, existen esculturas, de un estilo desconocido, que la humanidad ha olvidado durante ochenta siglos.Estos trabajos monumentales fueron realizados in sito, en la roca natural, y deben contemplarse desde un punto de vista preciso, y cuando el sol se encuentra en una posición determinada. Estas esculturas corresponden a la protohistoria, o sea al período anterior al que la ciencia oficial llama prehistoria. La historia de nuestro descubrimiento, sumada a las pinturas de las cavernas, a la astronomía anterior al diluvio, a la matemática dexagesimal y a la semana de siete días. demuestra la existencia de esa humanidad tan importante como la nuestra. Fue raída de la faz del planeta durante la vida de Noé, como fue raída durante la vida de Adán una humanidad anterior al final de la Tercera Edad.
¿Cómo fue que empezó a encontrar las evidencias de esta humanidad desaparecida? 
 Bueno, todo esto empezó con un sueño. No lo tuve yo, sino Pedro Astete, en 1905. El sueño se relacionaba con un misterioso nombre: Masma. Astete investigó de inmediato esta palabra y se encontró con que en el vocabulario quechua esta palabra se refiere a una cueva mortuoria labrada en una montaña. También averiguó que Masma era el nombre de unas ruinas peruanas y el nombre del quinto hijo de Ismael, según la Biblia. Siguiendo la investigación, Astete llegó a conclusiones sorprendentes, pero la evidencia de que estaba en el camino correcto no se produjo sino hasta que juntos descubrimos la primera escultura. Todo esto se encuentra relatado en mi libro. No voy a contarlo porque sería repetir lo que ahí está mucho mejor expresado.
¿No resultaría poco convincente, desde el punto de vista científico, que un pretendido descubrimiento arqueológico se haya iniciado con un sueño? 
 En efecto, para los científicos esto puede resultar insuficiente como punto de partida; pero lo que sucede es que en nuestro inconsciente humano ha quedado profundamente grabada toda la experiencia anterior de la humanidad, la cual aflora durante el sueño. Esta idea no es mía. En cada uno de los hombres vive el recuerdo de esta antigua humanidad que esculpió las montañas..Pero me replicarán: ¿quién puede probar un sueño?.Aunque resulte increíble nosotros lo hicimos.
 Mucha gente que ha oído hablar de su teoría de las Montañas esculpidas piensa que es demasiado inverosímil. ¿Cómo explicaría esta reacción? 
 Para responderle debo volver a lo que ya dije; esta gente reacciona así porque son universitarios. En la universidad no les han enseñado lo que yo les digo, por lo tanto no les puede parecer "verosímil". Los llevas a que vean con sus propios ojos y dicen: "Esto no es obra del hambre, pudo haberlo hecho la erosión". ¿Pero cómo atribuir a la erosión estas magníficas formas escultóricas? ¿Cómo va a dibujar y a esculpir la erosión 14 cabezas humanas de cinco razas diferentes, en una sola roca de 25 metros de altura? Yo descubrí ese monumento escultórico en el Perú, en la meseta de Marcahuasi, y lo he mostrado al mundo en miles de fotografías. ¿Cómo va a tallar la erosión la estatua de un hombre, cuya cabeza esta esculpida de tal manera que tiene cinco miradas diferentes, según la hora del día, y sobre cuyo cuerpo está esculpido un manto lleno de símbolos humanos? Hablo de la estatua del Tepozteco que he descubierto en Tepoztlán, aquí al lado de Cuernavaca. Entre los símbolos que exhibe su mano se encuentra el número cinco, diferentes expresiones antropomorfas, y muchas cosas más. ¿Cómo creer que eso fue hecho por la naturaleza? ¿Cómo es posible que la naturaleza haya cubierto de esculturas -y esculturas que que tiene un sentido simbólico perfecto- una montaña, mientras en otras no hay nada? ¿Cómo la naturaleza va a esculpir figuras en las cimas de los cerros que sólo se pueden ver desde el aire, que sólo se pueden descubrir por medio de la fotografía aérea? ¿Cómo va hacer eso la naturaleza? Ahora, si me aseguran que todo eso lo ha hecho la naturaleza, ¡mi descubrimiento vale muchísimo más! Si yo he demostrado la existencia de todas esas esculturas en siete países distintos, y me comprueban que es la naturaleza su creadora, mi descubrimiento se vuelve más trascendente, porque entonces he descubierto una fuerza creadora de la naturaleza que nadie conocía. 
 Pero la naturaleza a veces crea formas caprichosas, como en el caso de las grutas en que las estalactitas y estalagmitas han formado figuras. ¿No seria un caso similar el de las esculturas que usted ha descubierto?
 En primer lugar tenemos que estar seguros si esas figuras de las estalactitas no han sido trabajadas por el hombre. ¡Y hay muchas que lo han sido! Principalmente aquellas que muestran formas perfectamente acabadas. En las grutas se puede demostrar que los antiguos artistas así como han hecho pintura, han hecho también escultura. Lo raro, lo inexplicable, sería que no hubieran sido escultores, sabiendo hacer la pintura que han hecho. Los artistas del Renacimiento lo mismo esculpían que pintaban; llevaban la proporción en el alma y hacían una arquitectura proporcionada, maravillosa. ¿Por qué el artista de las cavernas, que ha sido el mejor pintor del planeta, no podía hacer esculturas? Sólo los universitarios pueden pensar de otra manera. Así pues, en primer lugar, se ha hecho escultura en las cavernas. En segundo lugar, también es evidente que ciertas formas naturales, como las formas de las nubes, pueden parecer esculturas o tener la apariencia de determinadas figuras, sin que eso impida que aceptemos en ciertos casos la intervención humana. En tercer lugar, las esculturas de que yo hablo eran esculturas mágicas; en ese remoto pasado el hombre le preguntaba a la estalactita o a la piedra lo que era, y mejoraba su forma. No se trataba de hombres que por capricho personal y para agasajar su personalidad ridícula quisieran hacer de una piedra otra cosa distinta. Más bien se trataba del hombre unido a la naturaleza que no creía en la simetría. Era un arte puro, no un arte simétrico. No era el arte de las paralelas y de los ángulos rectos, era un arte de los ángulos vivos. Una piedra del sol, como la famosa Intihuatana que puede verse en Machu Picchu, tallada en la roca viva por la Cuarta Humanidad, es una escultura que si la cortáramos y la lleváramos a un concurso de arte ganaría todos los premios. No tiene dos líneas que sean paralelas ni una sola pulgada que sea recta. Es una piedra viva que recibe la luz del Sol durante todo el año y no repite nunca la misma sombra. De un equinoccio a otro, no parece igual. Esta roca, repito, fue tallada por la humanidad anterior, por los mismos hombres que pintaban las cavernas y esculpían las montañas. Eran hombres en unión con la naturaleza. Ningún artista-títere, de esos que hay ahora, podría hacer cosas igual.
Dice usted que la piedra del sol que se encuentra en Machu Picchu fue tallada por la humanidad anterior. ¿Supone entonces que toda la ciudad fue construida por esos mismos escultores de que habla? 
 No, de ninguna manera. La ciudad la hicieron los incas, pero ellos construyeron sobre esculturas que habían sido talladas en la roca natural durante la protohistoria. Toda la labor que yo estudio fue hecha en la piedra natural, no con piedras transportadas, todo lo incaico fue realizado de ese modo, transportando piedras. Los incas son de hoy, apenas empezaron hace nueve siglos, y tardaron sólo 400 años para formar un imperio. Su herencia cultural es mínima, se pasaron todo el tiempo guerreando y aumentando en exceso sus dominios. Llegaron hasta Quito. Culturalmente los incas no hicieron más que copiar algunas cosas de los pueblos que vencían y que realmente habían tenido una verdadera cultura. Quienes aceptan que los incas construyeron una cultura auténtica están en un error. En el Perú se ha hecho un mito alrededor de los incas, un mito que yo estoy contribuyendo a destruir. Creo que estas son ideas que deben salir a la luz, que deben conocerse, sobre todo en el Perú.
¿Hay una continuidad entre su experiencia como poeta y sus estudios? 
 Es lo mismo. Todo es lo mismo. El poeta no es más que un místico fracasado, un hombre que quiere despertar, pero que no ha superado la personalidad y, al no superarla, se queda sin recorrer el camino espiritual. Por eso la mayoría de los poemas "no son", uno que otro "es", y los demás no valen nada. ¿Por qué? Porque los poetas no han despertado completamente, porque no son místicos* 


Daniel Ruzo


lunes, 28 de marzo de 2016

MARCAHUASI: VISIONES SOBRE SUS MISTERIOS

En contraste con el anterior artículo que publicamos sobre los "misterios" de la meseta de Marcahuasi (entrevista del Dr. F. Jiménez del Oso a Daniel Ruzo), solicitamos a importantes investigadores que han abordado este tema, sus opiniones al respecto.

 
Alex Chionetti (investigador de culturas antiguas, ufólogo y documentalista):

Ruzo fue uno de los visionarios más estudiosos del siglo xx con respecto al realismo fantástico. Su principal aporte fue el descubrimiento de la meseta. Marcahuasi es un lugar único en el mundo, cuyo efecto se multiplica si el visitante está preparado y con una mente abierta. Eso es lo que falto a del Oso... que fuera con los ojos de un psiquiatra freudiano a analizar piedras que para el neófito son puras piedras. Recuerdo cuando traté de hacer un documental para Discovery Science, el ejecutivo lo veía así. Lo mismo el presidente de la compañía que produjo mi segmento para Ancient Aliens; protestó después porque solo se veían rocas...y eso es lo que ves...fotografiada desde el aire se ve algo natural. Cuando uno está ahí y ve y siente las esculturas, uno percibe la presencia de otra humanidad, digamos la esculpida de los dioses. Mi teoría -no una especulación al aire- es que aprovecharon las formas naturales para darles más formas, acentuando ángulos y agregando detalles para crear figuras de animales y humanos, dentro de lo que llamábamos "modelación óptica". Una combinación de factores, de luz solar, poder telekinético, de esa cultura antidiluviana anterior a los preincas. Por eso es importante ver que otras técnicas posteriores todavía utilizan técnicas intermedias de modificación de bloques graníticos y dioríticos en las edificaciones preincas y propiamente dicho, incas, como encontramos en los primeros estratos de Macchu Picchu, o de Ollaytaytambo.
A la zona de Marcahuasi/valle de Santa Eulalia y sierra central del Perú llegan a cruzarse descendientes de colonias
atlantes, que mantenían ese conocimiento. Tal vez también hay una convergencia con los pueblos protohistóricos que moraban en el pacífico, donde otra isla continente se hundió y sus sobrevivientes se asentaron en las altas cumbres de las cordilleras.
 Astete fue un maestro predeterminado, un simbologista que guía a Ruzo hacia el descubrimiento. Un universo arquetípico desciende sobre ellos, y se convierten en báculos de un mensaje inmemorial. Del legado que todavía oculta en las profundidades de los Andes un mensaje críptico. Egipto tiene una esfinge que no contesta las interpelaciones que los aburridos arqueólogos dogmáticos hacen sin ver que también las culturas del mediterráneo y del Nilo, conectaban con esa caída del paraíso, esa expulsión del Edén, que fue la catástrofe "atlantídea". Algo parecido a la situación de la crisis social actual, de ciencia y técnica sin etos, y pese a ello, una de las humanidades más ignorantes que se puedan imaginarse.
Astete ve un sistema subterráneo que Ruzo ubica en el centro de la meseta (posiblemente la grieta cavernaria llamada El Infiernillo). El mismo Ruzo me delega en 1989, que vuelva a la meseta a cuadrangular las líneas de conexión entre las esculturas conectadas entre los solsticios y equinoccios. Según él ahí estaban depositados en forma de escrituras el legado de esa humanidad anterior. Ruzo sabia de la historia de la cueva de los Tayos, pero nunca la había estudiado, aunque recuerdo que le interesaba saber más, pero remarcaba que las altas cumbres eran más idóneas para resguardar tesoros que las oquedades amazónicas.
Daniel (Ruzo) muere con la esperanza de que se descubran mas indicios hacia la incógnita del pasado. Tal vez las claves estén más en lo que dijo el profeta Daniel, que Nostradamus, al que estudió hasta su muerte....
A. Chionetti en El Infiernillo

Débora Goldstern (bibliotecaria, investigadora de civilizaciones antiguas. Sus estudios se centran especialmente en las teorías sobre el "mundo intraterrestre"):


Acerca del tema, mi primera referencia llegó a través de “El Retorno de los Brujos”, mítico libro de los autores franceses, Louis Pawles y Jacques Bergier, donde en un capítulo, comentaban acerca de los estudios de Ruzo. Pasado el tiempo, accedí a “La Historia Fantástica de un Descubrimiento”, y “El Valle Sagrado de Tepoztlan”, libros, donde Ruzo se extendía dentro de este misterio.
Supongo este abordaje, como una de las primeras lecturas que trata la cuestión protohistórica de Sudamérica, aún en discusión.
Dato importante a tener en cuenta cuando se pasa revista a la tesis de Ruzo, es su pertenencia a la Masonería, punto no menor por las implicancias que acarrea a nivel revelación. Claramente estamos ante un ALTO iniciado y de grado mayor, que dedicó casi toda su vida a poner el foco de la discusión en las extrañas formaciones del paisaje peruano de Marcahuasi,  y que a su entender, obra, de una raza misteriosa post-diluviana, la cual denominó Masma.
D. Goldstern en Tiahuanaco
Claro que la geología hasta el momento poco avala estas siluetas rocosas, que dicen producto de la ilusión óptica (pareidolia), aunque las dudas persisten. Personalmente, me gustaría observar in situ estas efigies para hacerme una idea más definida, y si realmente las mismas califican como restos de una civilización ajena al pasado americano.
La cuestión subterránea, también vinculada a Marcahuasi, que señala un tesoro oculto legado por esta raza desaparecida, es otras de las pistas aún sin comprobar, y que de concretarse, pudiera servir como futuro eje investigativo.



Bettina Allen (psicoterapeuta, investigadora de civilizaciones desaparecidas):

"Para descubrir una 'Obra Mágica' es necesario cultivar la Fe en aquello que se manifiesta en diferentes momentos de nuestra vida"
Pedro Astete.

 Fue Don Pedro Astete (1871/1940) quien manifestó estas palabras cuando descubrió el "Puente brillante" hecho de luz compacta que cruza el Cerro San Cristobal cerca de Lima (Peru) y se dirige por una senda angosta a una caverna que lleva a la Ciudad subterránea de "Masma".

En su trayecto hacia la caverna encuentra una concha marina, que "casualmente" es la insignia de Santiago (2° hijo de Jesús y María Magdalena) cuyos restos se encuentran en Compostela (España) que significa "Campo de luz" ¿coincidencia?.

Pedro Astete estaba unido por lazos de sangre real (Sangral) a Santiago y por lo pronto a Jesús y M. Magdalena, vale decir que Astete llevaba en su genética la simbología del Iniciado.

 Luego de visitar Masma en cuerpo fisico (no en sueños) y describir los objetos allí existentes -me cuenta Daniel Ruzo- Astete se conect'o con él, y se asociaron para investigar las Esculturas Protohistoricas  

B. Allen en Chichen Itzá
Marcahuasi:

Al igual que Tierra del Fuego (Argentina), los primeros habitantes de la desolada Meseta fueron los Egipcios.
Marcahuasi, plagada de esculturas protohistóricas, posee a la altura del "Monumento a la humanidad" tres entradas subterráneas al "Centro urbanistico- protohistorico" de Masma,  al decir de J. Moricz  en sus investigaciones en Marcahuasi.

Marcahuasi semeja un juego de Tarot, las señales son inequívocas; "El héroe"= baraja de "El emperador", "El altar de la Fortaleza" =  La fortaleza, "El altar de las mayoranas = La Luna......  

Siguiendo las esculturas realizamos una tirada de Tarot que nos da la pista del  destino de la humanidad  en el "Monumento a la humanidad" en Marcahuasi.

J. Stagnaro y  G. Aguado en la Cordillera de los Andes

 Con respecto a la relación subterránea con Marcahuasi,  Javier Stagnaro (ufólogo, espeleólogo, estudioso del "mundo subterráneo"), nos comentó que un grupo del Centro Argentino de Espeleología (CAE) -del cual es miembro-,  había participado hace varios años en expediciones a lugares importantes arqueológica y culturalmente del Perú (con el recordado explorador Julio Goyén Aguado a la cabeza), entre los que se encontraba la meseta de Marcahuasi, donde pudieron recoger datos sobre misteriosos túneles que conectan con otros sitios del país. En una de esas incursiones por Perú, hallaron un cementerio de Uros
J.G.Aguado con un esqueleto Uro encontrado en Perú


Para finalizar, una anécdota que conecta estos misterios con otros: los Ovnis. Nos contó Osvaldo Masanet (numerólogo, buscador de la ciudad de "El Paititi) durante su estancia en la meseta de Marcahuasi:

O. Masanet contándonos sus experiencias


Una noche abro la puerta del establo donde estábamos parando para ver el cielo y veo una estrella muy grande, cierro avisándole a mi amigo; él la mira extrañado por su tamaño y se retira para dormir, cuando vuelvo a abrir, se había iluminado toda la meseta como si fuera de día, cerré la puerta asustado y me dije: todavía no estoy preparado para esto; al rato volvió todo a la normalidad.

miércoles, 9 de marzo de 2016

DANIEL RUZO Y MARCAHUASI (F. JIMÉNEZ DEL OSO)

Compartimos un extracto del artículo del recordado doctor español Fernando Jiménez del Oso, para la revista de la cual él fue director: Espacio y Tiempo (n° 11,  Enero 1992). Su entrevista al investigador por antonomasia de la meseta de Marcahuasi: Daniel Ruzo. Un escrito bastante crítico a las indagaciones y teorías de Ruzo. Más allá del escepticismo de J. del Oso, prontamente publicaremos las pesquisas de otros investigadores con ideas más cercanas a las de Daniel Ruzo.


EL SEÑOR DE TEPOZTLÁN

Tepoztlán es nombre náhuatl que significa "lugar de mucho cobre", y  representaba con un hacha de cobre sobre un cerro. Tepozteco, con la misma raíz, es el nombre que designa a un picacho donde aún pueden verse los restos de un anti-guo adoratorio chichimeca. Pero hay otro nombre más derivado del cobre: Tepoztecatl, el Señor de Tepoztlán; un personaje sin duda extraordinario. Nació de una princesa virgen, fue abandonado en una caja que arrastró la corriente del río, y recogido por un matrimonio anciano, que lo cuidó como a un hijo. Entre otras muchas proezas, también con resonancias bíblicas, emuló a Jonás, ya que, para acabar con un monstruo llamado Xochicalcatl, se dejó tragar por él, con el propósito de, ya en su interior, sacar del morral afilados cuchillos de obsidiana y cortar con ellos el estómago de la horrible fiera, abriéndose así paso hasta el exterior, al tiempo que la mataba. Como no podía ser menos, horadó cerros con sus puños, produjo enormes riadas con sus micciones, y convirtió en peñascos a sus enemigos. Pese a todo, no fue un dios, sino un simple héroe local, que unió a su cargo de señor de Tepoztlán, el de sacerdote de Ometochtli, dios de la embriaguez. Quizás sea necesario aclarar que tal deidad no protegía a los alcohólicos, sino que tutelaba la embriaguez sagrada, es decir, aquella que, propiciada por los alucinógenos, permitía a los iniciados entrar transitoriamente en el mundo de los espíritus. No es, pues, Tepoztlán, un lugar cualquiera; sobra allí material para que folkloristas y antropólogos pasen unas vacaciones instructivas y amenas. Y es también un terreno propicio para cualquier tipo de especulación, incluida una tan sugestiva, como la de que algunos de esos cerros no son formaciones naturales, sino estatuas, ya erosionadas y deformes, talladas por una cultura protohistórica.

EL VALLE SAGRADO DE DANIEL RUZO

Ésa es la tesis defendida por Daniel Ruzo en su libro "El Valle Sagrado de Tepoztlán", en el que, como tiene por costumbre, afirma, en lugar de sugerir, y dogmatiza, en vez de convencer: "Enclavado en las alturas centrales de México y dominado por dos volcanes imponentes, el Valle Sagrado de Tepoztlán guarda los recuerdos de reyes muy antiguos y los secretos y templos de una Humanidad que desapareció con el Diluvio."

-La posición de Ruzo se fundamenta sobre todo en el estudio de Nostradamus, autor del que posee la más extensa y costosa biblioteca; pero no sé hasta qué punto el hecho de contar con numerosas ediciones de las cuartetas del célebre astrólogo, convierte a Ruzo en el mayor experto sobre el tema; y, si su libro "El testamento auténtico de Nostradamus" debe considerarse el único que interpreta correctamente los enigmáticos versos - entre otras razones, porque debería darse igual margen de confianza a cada uno de los autores que presumen de haber descifrado lo que exactamente quería decir Nostradamus, que son todos -, también es indiscutible que Daniel Ruzo ha manejado documentos originales y que durante mucho tiempo se ha dedicado al estudio de esta cuestión. Así que sus razones tendrá cuando afirma que estamos viviendo los últimos ciento ochenta años de esta era, o, si se quiere, de esta Humanidad, "la quinta de la cronología tradicional", que comenzó hace algo más de ocho mil años, cuando las aguas del Diluvio volvieron a su cauce. Según su interpretación de las profecías de Nostradamus, este período final comenzó en 1957 y terminará en el 2137. Durante esos años, los humanos debemos tener acceso a todos los secretos dejados por las humanidades anteriores, porque en ellos se encierra un mensaje que nos concierne. A este respecto, debo manifestar mi encono hacia los remitentes de tales mensajes. No deja de ser irritante
que avisos y recomendaciones de vital importancia destinados a esta doliente Humanidad actual, sean tan crípticos y oscuros, que nadie los entienda y para nada sirvan. Claro está que no faltan traductores de esos mensajes;  pero, a la postre, resultan igualmente oscuros y basan sus conclusiones en claves que sólo a ellos convencen.

UNAS DUDOSAS ESCULTURAS CICLÓPEAS

 Por su parte. Daniel Ruzo está convencido de que la anterior Humanidad, la cuarta. y aún otras más viejas, labraron las montañas para esculpir rostros y animales. Obviamente, tales esculturas constituyen la parte visible del mensaje; la otra parte, la invisible, se oculta en el interior de cuevas - también, obviamente, no descubiertas -que en su día sirvieron de refugio a los elegidos para perpetuar la especie cuando se producía el cataclismo correspondiente. Como él mismo nos contaría después, tales cuevas cumplían, y han de volver a cumplir, la función de antro iniciático, en el que esos supervivientes sufrían una aceleración en su evolución psicoespiritual, mejorando así la especie. Si se observa la calidad de los humanos de ahora, es fácil deducir que tal iniciación no quedó impresa en el A.D.N. cromosómico, o que la Humanidad precedente era aún más impresentable que ésta, lo que ya es decir. Por lo que respecta a Tepoztlán, la aguda mirada de Ruzo descubre allí varias de esas esculturas ciclópeas; la mayoría resultan más que dudosas para un observador imparcial, pero hay una especialmente sugestiva; la que, según él, representa al propio Tepoztecatl. Es una roca de sesenta metros de altura, con la cumbre parcialmente cubierta por vegetación, que se asemeja a un hombre sentado, tapado con un manto del que emerge la cabeza. La similitud es tan evidente, que los habitantes de Tepoztlán la conocen por "El Cerro del Gigante"; pero. en tanto que las gentes comunes lo consideran un capricho de la Naturaleza, Daniel Ruzo no duda en afirmar que "se trata del cerro 'del hombre que bajó del cielo': es Tepozteco, "hijo del dios del Viento", que ha bajado a la Tierra. Es el hijo de Quetzalcoatl." Ni por un momento admite otra posibilidad que la de que se trate de una auténtica escultura, con la particularidad añadida de que, según las horas del día, tiene seis fisionomías diferentes: "Los escultores hicieron un trabajo tan perfecto, que nadie puede negar que se trata de una obra humana de excepcional calidad." Los lectores juzgarán ante las fotografías. Mucho menos evidente es "el cofre del tesoro de Tepozteco", llevado por un hombre cuya cabeza está cubierta por una escafandra. Sin embargo, Ruzo no duda de ello e, incluso, deduce que la escafandra es una prueba del alto nivel técnico alcanzado por la Humanidad desaparecida.
Éstas y otras deducciones acaso parezcan aventuradas al lego, pero él, curtido descubridor de este tipo de testimonios del pasado, está acostumbrado a hacerlas. Tepoztlán, aunque haya merecido un libro de su parte, no es más que una muestra secundaria del arte ciclópeo desarrollado por aquella extinta Humanidad sembradora de mensajes; el lugar principal, donde más abundantes y mejor definidas esculturas dejaron, es una meseta peruana llamada Marcahuasi, que dio motivo a Ruzo para escribir una de sus más reeditadas obras: "La historia fantástica de un descubrimiento. Los templos de piedra de una Humanidad desaparecida." ¿Qué lleva a un hombre a dedicar la mayor parte de su vida a la defensa de una idea indemostrable? ¿De dónde nace ese convencimiento que arrastra a Ruzo al apostolado en busca de adeptos para su causa? ¿Acaso oculta un as en la manga y basa su aserto en algo más que lo simplemente aparente? 

UN SOÑADOR NACIDO CON EL SIGLO

Sólo había una forma de saberlo: preguntándoselo a él mismo. No fue fácil dar con su casa. En Cuernavaca existen muchas colonias residenciales, y unas se funden con otras, sin límites precisos. Tampoco hay transeúntes a los que preguntar o comercios en los que informarse; se vive allí de puertas para adentro, y ni siquiera las fachadas orientan al paseante sobre el talante de los que allí habitan o el confort que se oculta detrás de los discretos muros. El despacho de Daniel Ruzo está instalado en la planta alta de una de esas mansiones. No es un lugar para recibir, sino para trabajar; incluso los muebles parecen haber conocido tiempos mejores en otras salas de la casa antes de llegar allí. Sentado ante la mesa, formando casi parte del mobiliario, había un hombre viejo, muy viejo, que sonreía amablemente. 
— Comencé a interesarme por Marcahuasi en 1951, al ver una magnífica fotografía del lugar en casa de mi amigo Enrique Damert - confiesa Ruzo -. Esa fotografía expresaba todo lo que yo había sospechado durante mi trabajo en el Cerro San Cristóbal, en Lima. En 1952, el señor Damert me regaló dicha fotografía e inmediatamente organicé la primera expedición a Marcahuasi, acompañado por mi hijo y un ingeniero que trabajaba conmigo. 
Así, de forma aparentemente casual, este peruano nacido con el siglo, se embarcó en un sueño fascinante del que aquella mañana, en Cuernavaca y a los noventa años, aún no había despertado. 
Ruzo estudió Derecho en su país, fue discreto poeta en su juventud, y desde 1927 dedicó parte de su fortuna a reunir cuanto material pudo sobre Nostradamus, otro de sus sueños. Como tantos intelectuales de esa época, ingresó en la masonería, perteneciendo desde 1937 al Supremo Consejo de la Masonería de Perú, con el grado 33. Durante los años cincuenta se integró en varios movimientos de corte esotérico y viajó por Europa y Asia, llevado por su interés hacia lo oculto. Sin embargo, el tema que estimularía definitivamente su insano apetito por los misterios del pasado, lo encontró en su propio país. A riesgo de dilatar este artículo más allá de lo razonable, es preciso hacer referencia a otro soñador - y éste lo fue metafórica y realmente -, responsable en buena medida del sueño de Ruzo. Se llamaba Pedro de Astete, y hace más de cincuenta años que se durmió para siempre, quien sabe si por mejor seguir la pista a sus oníricas visiones. Tuvo este hombre un sueño, un sueño de esos "diferentes", que, lejos de disolverse en la vigilia, se recuerdan después con todo lujo de detalles, como si el subconsciente tuviera empeño en que su mensaje no pasara desapercibido. 

EL TESORO SUBTERRÁNEO DE ASTETE

Había en el sueño una ciudad subterránea, un reducto donde permanecía a salvo del tiempo y de los hombres un tesoro constituido por valiosos materiales y aún más valiosos conocimientos. Astete supo en ese sueño que su misión era encontrar la ciudad y el legado, para entregárselo a los hombres de esta época. Y, como una clave de singular importancia, de su aventura nocturna se trajo un nombre: Masma. Buscó en vano la puerta que debía ser abierta con esa llave, hasta que en la Biblia encontró la misma palabra, Masma, como nombre del quinto hijo de Ismael, el padre de la raza árabe. No cejó en su empeño, y así terminó por hallar la misma palabra en Perú, aunque con un significado muy diferente, ya que Masma, en quechua, significa "casa con alar grande" y también "tinaja". Sólo faltaba encontrar esa palabra referida a algún lugar concreto; y, a fuerza de buscar, terminó encontrándola como nombre de una hacienda ruinosa en las inmediaciones de Jauja. Nada había allí que mereciese la pena, pero aquel precursor de Indiana Jones no estaba dispuesto a abandonar el tema, así que, manejando tan escasas piezas, inventó, más que dedujo, un mosaico original sobre el pasado americano en el que huancas y aimaras, dos viejos pueblos peruanos, descendían de los bíblicos cananeos e himiaritas. Por esa época, Ruzo y Astete entraron en contacto, quedando el primero seducido por los argumentos del segundo. Juntos continuaron la búsqueda de la inalcanzable Masma, estimulándose mutuamente, como es común en la "folie a deux", al tiempo que su amistad se hacía más profunda. Y un día de 1924, acodados en un balcón de la casa de Astete, en Lima, teniendo ante ellos el río Rimac y, al otro lado de él, el Cerro San Cristóbal, el destino puso ante los ojos del joven Ruzo el anzuelo en el que hoy, sesenta y siete años después, sigue enganchado. Hablaban de los mensajes encerrados en cuentos y leyendas, concretamente en un relato de Poe, "El escarabajo de oro". Una de sus conclusiones era que en ese tipo de mensajes literarios un árbol no es tal, sino un cerro desprovisto de vegetación; es decir, de aludir simbólicamente a un dato auténtico, la calavera del cuento de Poe estaría sobre un cerro pelado y no sobre un árbol. Todo habría quedado en una elucubración más, si la providencia no hubiera tenido preparado un golpe de efecto para aquella ocasión: en el Cerro San Cristóbal la lluvia había formado varias torrenteras que confluían en una, semejando en su conjunto un árbol.

EXPLORACIÓN EN EL CERRO SAN CRISTÓBAL

"Siguiendo el relato de Poe - escribe Ruzo en uno de sus libros - empezamos a contar las grandes ramas que salían del tronco. Al llegar a la séptima rama y recorrerla con la mirada en toda su extensión, sufrimos una verdadera crisis de asombro, algo que debe producirse cuando nuestra conciencia, condicionada al mundo físico, pasa de golpe al mundo mágico, a otro nivel de conciencia. Vimos la calavera de que habla Poe; muy grande, con las dos cuencas vacías de los ojos. Allí está y todos los limeños que quieran ver esa calavera pueden situarse a la vera del río Rimac y en la prolongación del Girón Camaná, y la verán." Aquello no podía ser simple casualidad, y Ruzo comenzó su exploración del Cerro San Cristóbal en busca de más piezas para su recién iniciado rompecabezas. Encontró cuantas quiso: desde determinados ángulos y a determinadas horas, según la incidencia de la luz solar, podían verse en las rocas cabezas de perro, de león, un cofre, una cruz... Si a ello unimos que el San Cristóbal fue cerro sagrado para los indios, no debe extrañarnos el entusiasmo de Ruzo y su deducción de que alguien, en tiempos muy remotos, había esculpido estatuas en ese y, muy posiblemente, en otros cerros. Como un singular marchante, Daniel Ruzo buscó - y  encontró - más "esculturas" en otras partes, con las que fue cimentando su hipótesis de una supercultura antediluviana dedicada a esculpir montañas para que los hombres del futuro supieran de su existencia y descifraran un - cómo no - apocalíptico mensaje dejado para ellos, es decir, para nosotros. Así pues, cuando en 1952 su amigo Enrique Damert le regaló aquella fotografía de Marcahuasi. no dudó encontrarse ante una muestra más del arte de aquellos escultores protohistóricos. Sin embargo, desde su primera visita a esa meseta, comprendió que se trataba de algo mucho más importante que cuanto hasta entonces había hallado.
— Encontré una maravilla que, tal y como había ocurrido en el Cerro San Cristóbal, no tenía explicación posible; no existía nada parecido en toda la historia de la Humanidad. Esta maravilla consistía en una enorme cantidad de monumentos escultóricos, conservados como ningún otro en el mundoleón, un cofre, una cruz... Si a ello unimos que el San Cristóbal fue cerro sagrado para los indios, no debe extrañarnos el entusiasmo de Ruzo y su deducción de que alguien, en tiempos muy remotos, había esculpido estatuas en ese y, muy posiblemente, en otros cerros. Como un singular marchante, Daniel Ruzo buscó - y encontró - más "esculturas" en otras partes, con las que fue cimentando su hipótesis de una supercultura antediluviana dedicada a esculpir montañas para que los hombres del futuro supieran de su existencia y descifraran un - cómo no - apocalíptico mensaje dejado para ellos, es decir. para nosotros. , gracias a la excelente calidad de la piedra que forma la meseta: un pórfido diorítico blanco.

EN LA MESETA DE MARCAHUASI

Otras dos figuras en el "Monumento a la humanidad"
La meseta de Marcahuasi está situada a unos 80 km de Lima, en la provincia de Huarochirí, exactamen-te a los 11046' 40.9" de latitud Sur y 76°36' 26.3" de longitud Oeste. Se levanta junto al pequeño pueblo de San Pedro de Casta, donde el viaje-ro ha de proveerse de caballerías y agua si quiere ascender a la mese-ta; ésta se halla a 3.935 m de altura y su punto más elevado llega a los 4.200 metros. Ya arriba, la superficie es de unos 4 km2 aproximadamente, en los que abundan roque-dales de variadas formas que, en opinión de Ruzo, no son naturales, sino esculpidos. En el aspecto arqueológico, la meseta no tiene gran interés: hay restos de viviendas, probablemente de las culturas locales Yunga y Yauyo (entre el 800 y el 1476 d. C.), una fortificación, almacenes y varias chulpas o recintos funerarios. Ninguna de esas construcciones guarda relación con las supuestas esculturas, ya que - siempre en opinión de Ruzo - el origen de éstas es mucho más antiguo.
— Antes del Diluvio, por supuesto. Es obra de una Humanidad anterior a la nuestra, ya que las bases mentales y psicológicas de ese gran trabajo no están de acuerdo con las directrices de nuestra Humanidad.
Monumentos esculpidos en dura pie-dra por gentes que, psicológica y técnicamente, nada tenían que ver con nosotros. Está bien; pero ¿para qué?
— Para señalar esa montaña sagrada, como tantas otras del planeta, con la finalidad de que los seres humanos no desaparezcan. Marcahuasi, como otros lugares, desempeñó la función de refugio. El Arca de Noé no era en realidad una embarcación, sino una caverna tallada en la roca que permitió albergar grupos de personas y animales. Hubo varias de esas "arcas" en la Tierra, y Marcahuasi es una de ellas.
Sin embargo, el trabajo de Daniel Ruzo hace constante referencia a figuras labradas, pero no a cuevas.
— Tiene que haberlas - afirmó con rotundidad -; tiene que haber cavernas subterráneas magníficamente trabajadas, con entradas y salidas perfectamente estudiadas, talladas en la roca.
Es posible, pero, de haberlas, el que más probabilidades ha tenido de encontrarlas es el propio Ruzo, que en estos últimos cincuenta años ha recorrido cada centímetro cuadrado de la meseta; incluso ha vivido a temporadas allí, en una rústica cabaña.
— No; no he encontrado las cavernas, pero estoy seguro de que existen, he hallado señales indicativas de ellas... Pero, si las hubiera encontrado, tampoco diría nada a nadie, para evitar que cayeran en manos de algún gobierno o de un grupo religioso, quienes, sin duda, las explotarían a su conveniencia.
"Inka man", "El profeta" y "El alquimista"

ACELERADADORES DE LA EVOLUCIÓN HUMANA

La mucama nos trajo café. Mientras lo tomaba pensé que, de haberlas encontrado, Ruzo no habría dudado ni un instante en divulgar la noticia. Marcahuasi es el tema de su vida, pero historiadores y arqueólogos opinan que sus aseveraciones carecen de fundamento; el hallazgo de esas cavernas apoyaría decididamente su hipótesis y le proporcionaría el prestigio del que en los círculos académicos carece. Pese a todo, es posible que tales subterráneos existan. Si es así, merecería la pena pasar un tiempo en ellas, porque, además de refugio, sirvieron, según Ruzo, como "aceleradores" de la evolución humana
— En Marcahuasi, como en todas las montañas sagradas, existe una energía, una fuerza telúrica importantísima; por eso fueron escogidas. Con toda seguridad, en algún punto dado de esas montañas se pueden producir curas milagrosas. En las cavernas se darían las circunstancias precisas para la producción de seres excepcionales - podríamos llamarlos "héroes" -, que se transforman a sí mismos.
La conversación giró después en torno a esa inminente catástrofe que, según la interpretación que él hace de Nostradamus ("El testamento auténtico de Nostradamus"), está ahí, a la vuelta de la esquina.

- Entre los años 2127 y 2137 de nuestra era. En ese plazo de diez años, en un momento dado del paso del Sol desde el sector zodiacal de Piscis al sector zodiacal de Acuario, sé producirá una catástrofe por el aire, que terminará con nuestra Humanidad. Entonces, esas montañas sagradas albergarán grupos humanos, que sobrevivirán para que las humanidades no desaparezcan. 
Nada más dijo Ruzo que merezca transcribirse; ni siquiera aportó datos que no figuren en sus libros; pero, aun así, aquel anciano amable dijo demasiado, si se tiene en cuenta que todas sus rotundas afirmaciones se basan en unas esculturas que, probablemente, no lo son siquiera. 'Es ése el nudo gordiano de su razonamiento: ¿tales formaciones son o no son artificiales? Por mi parte, he de confesar que el tema me pareció fascinante desde que vi las fotografías publicadas en la primera edición de su libro, en 1974. Pasados los años, me llamó la atención que en nuevas ediciones, así como en artículos y folletos, fuesen siempre las mismas fotografías o, al menos. los mismos encuadres.
La razón me la dio Ruzo al enseñarme esa mañana parte de su trabajo: millares de fotografías obtenidas en la meseta de Marcahuasi. ¡No hay tales esculturas! Sólo desde determinados puntos, aquellas formaciones rocosas se semejan a rostros humanos o a animales; basta desplazarse un par de metros para comprobar que esa aparente nariz o ese aparente mentón no se continúan, no están siquiera insinuados en el resto de la roca. Lo que de perfil parece algo, de frente no parece absolutamente nada. Una escultura, por deformada que esté, es un objeto tridimensional; las de Marcahuasi no lo son, se trata de informes rocas que, sólo desde un lugar concreto y diferente para cada caso, parecen figuras identificables. Por esa razón son tan heterogéneas las presuntas esculturas, encontrando el perfil de un león al lado del rostro de un venerable anciano o de una tortuga. Contemplando aquellas fotografías no pude evitar acordarme de mis primeros años como psiquiatra, cuando algunos pacientes me sorprendían al encontrar en las láminas del test de Rorschach (diez láminas con manchas de tinta, en las que el sujeto trata de identificar algo más que simples formas casuales) toda una variada fauna de animales, insectos, duendes...; girando la cartulina en su afán de hallar más y más semejanzas. ¡Durante décadas, Ruzo se había estado sometiendo, sin saberlo, a un test proyectivo! Después de aquella entrevista no fui a Marcahuasi, y creo que nunca iré, porque no hay allí nada que no pueda encontrar en cualquier sierra cercana a mi ciudad. Además, los psi-quiatras tenemos cierto rechazo a someternos a ese tipo de test, por si acaso... Sólo quedaba una cosa que hacer, así que me fui a "Las Mañanitas" a ahogar mi decepción en un zumo de papaya. Suerte que en esa ocasión no fue María Félix: ver dos mitos arrumbados en un mismo día habría sido demasiado.
Daniel Ruzo y Jiménez del Oso