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sábado, 3 de mayo de 2025

TEXTO DE LA ORACIÓN DE CUENCA por el profesor Dileep Kumar Kanjilal

 



En Ancient Skies, 2:6, se hace referencia a un objeto de oro del Museo de Cuenca, Ecuador.

La escritura hallada en esta estela ha sido identificada como la de Brahmi, cuyos registros conocidos se encuentran en las inscripciones del emperador indio Asoka del siglo III a. C. Estudios posteriores han identificado esta estela como una oración de 13 pies métricos con 4 letras en cada pie, y el hecho de estar inscrita en oro indica su carácter sacrosanto. La oración puede restaurarse de la siguiente manera:

apha (cama) sutrathuma

hamayapa gidhimari

japamthaiva  vupukheda

dvugumptavi dhyayama ca

thaisudasa talodadha

njhaiteda samegha

Om khavana tibranagha

Esto puede traducirse al español así: "El ofrecimiento de oblaciones (es decir, arrojar mantequilla clarificada al fuego) y la murmuración de oraciones son espontáneos; (pero) solo la murmuración de oraciones puede conducir al Cielo, como Sudasa, quien fue elevado (al Cielo). Oh, poderoso Señor, oramos con los sutras (aforismos) mientras sufrimos dolores físicos. Meditamos en ti, que vives bajo (o más allá) de las aguas (es decir, los grandes mares), que vienes con las nubes y que posees las garras afiladas."

El idioma aquí es sánscrito arcaico, pero es diferente del sánscrito budista y guarda afinidad con el Avesta. La métrica de este texto versificado pertenece a la clase de métrica védica conocida como Pratistha, que consta de cuatro letras en cada pie. Dos palabras que aparecen en el fragmento se encuentran en el Rigveda. La palabra "Sudasa" en la línea 5 se refiere con toda probabilidad al rey Sudasa, mencionado en el Rigveda (X. 133) como un ejecutante de grandes sacrificios. El monosílabo "Om" añadido a la palabra "khobhana" (skt. ksobhana) le confiere los rasgos de una oración, y "knobhana", como adjetivo del dios védico Indra, aparece en 103. En el Mahabharata y en el Visnusamhita (siglo III a. C.), esta palabra también aparece como epíteto de una deidad védica.

 La palabra "tibranagha" en la última línea guarda similitud con las palabras védicas "tibran ghosan" y "tibrah somasah" (Rv. VI. 75.1).

 Ahora nos preguntamos cómo y cuándo llegó esta oración a Ecuador. Se pueden encontrar registros históricos de comercio e intercambio marítimo con Egipto, Babilonia y el Imperio Romano en el siglo I a. C. Sin embargo, aún no hay constancia de contacto con la antigua América. La fecha del Rgveda se ha fijado en torno al 2500 a. C.(l). El tipo de métrica védica utilizada en la estela quedó obsoleta en la época de la compilación del Pingalacchandahsutra en los siglos III y IV a. C. El uso de esta métrica, por lo tanto, indica una etapa muy temprana del desarrollo métrico. En nuestro artículo anterior en Ancient Skies, sugerimos una fecha probable para la estela: entre los siglos VII y VIII a. C. Un análisis de su contenido parece situarla en una época aún más temprana.

 En las leyendas de Polinesia, Micronesia y Melanesia (2) existen historias y leyendas sobre la evolución de la tierra a partir de un huevo del Creador Supremo, como Brahma del panteón hindú, y algunas historias que podrían tener su origen en las mitologías de la India del tercer milenio a. C. Investigaciones antropológicas(3) han establecido la similitud de los habitantes de la Isla de Pascua con los Mundas de la India Central. Es difícil negar la probabilidad general de que el Sudeste Asiático esté conectado con la América Antigua.

  Los descubrimientos actuales del Dr. Erich von Däniken nos han situado al umbral de una nueva era de reconstrucción del mundo y de la civilización humana.

(1) History of Ind. Lit.- Winternitz Vol. 1, p. 271

(2) Oceanic Myithology - Poignarl, pp, 34-37

(3) Writing - D. Diringer, p. 92

*By Dr. Kumar Kanjilal, "Nishi-Saran," Deshbandhunagar, Calcuta 59, INDIA.


DESCIFRAMIENTO DE LA ESCRITURA CUENCA - REVISADO. POR EL PROF. DR. DILEEP KUMAR KANJILAL

 

En Ancient Skies 2:6 (enero-febrero de 1976) identificamos la escritura de la estela de oro, hallada en el Museo Crespi, Cuenca, Ecuador, como un ejemplar de la forma más antigua de Brahmi, probablemente perteneciente al siglo VII a. C., y su contenido se interpretó como el de una oración en sánscrito arcaico dirigida a alguna divinidad.

Ahora, una nueva dimensión parece haber sido añadida a esta interpretación con la publicación en 1980 de Saga América (1) del Dr. Barry Fell, profesor de biología en la Universidad de Harvard, en la que el autor se esfuerza por identificar la estela de oro como un zodíaco. Según el Dr. Fell, la estela "procede de Chipre, probablemente copiada en Centroamérica de un original chipriota, en algún momento anterior al año 300 a. C.".  Además, afirma que la estela "está escrita en la escritura pafia de Chipre, cuidadosamente ejecutada, y su idioma es cercano al minoico-hitita"(2).


En 1980, le escribí al Dr. Fell para llamar su atención sobre la identificación publicada en Ancient Skies, y él remitió el asunto a un árbitro. Se citan a continuación partes relevantes de sus comentarios:

 "He examinado las cartas del Dr. Dileep Kumar Kanjilal y su desciframiento del texto Cuenca publicado en Ancient Skies. Si bien no puedo comentar sobre el sánscrito, no creo que esta versión se publique en las Publicaciones Ocasionales de la Sociedad Epigráfica. Dado que 12 de los 13 signos son obviamente los signos del zodíaco en el orden correcto, el patrón debe ser un zodíaco. Es lógico que cada signo se nombre en el texto para que pueda haber trece signos. Solo por esto, su error parece plausible y el Dr. Kanjilal está equivocado".(3)

 Antes de la publicación del desciframiento en Ancient Skies, nuestros hallazgos se presentaron ante un grupo de eminentes epigrafistas en el Museo Indio de Calcuta el 7 de marzo de 1976, quienes, tras un examen detallado de todos los aspectos, incluida la posibilidad del minoico-hitita, aceptaron su identificación como una oración en sánscrito arcaico, escrita en la forma más antigua de escritura brahmí.(4)

 El árbitro del Dr. Fell admitió su desconocimiento del sánscrito (de hecho, del sánscrito arcaico)  y se demostrará en la siguiente  discusión que dependía de solo 12 de los 56 signos, sin abordar el problema fundamental de la relación brahmánica-minoica-hitita, y que además hubo un descuido al contar 13 veces en lugar de 14 la forma métrica. Dado que la opinión sobre un mismo objeto varía considerablemente en dos partes del mundo, nos gustaría exponer todos los aspectos del problema ante los lectores para que puedan emitir un juicio imparcial. 

 Hemos examinado tres fotografías de la estela de Cuenca. Una aparece en "En busca de dioses antiguos" de Erich van Däniken, en la página 228; otra, una excelente reproducción, aparece en "Léxico de Pra-Astronáutica" de Ulrich Dopatka, después de la página 160, y una tercera parte fue proporcionada por el Sr. Carlos Benedetto de Buenos Aires, Argentina. En todas las fotos, noté un pequeño orificio perforado en la placa, en el centro de un extremo, lo que indica que se usaba para colgarla en esa posición. Para ser justos, el orificio indica la parte superior de la placa; sin embargo, ¡el Dr. Fell presenta la escritura boca abajo! (El Dr. Fell afirma que trabajó con una fotografía que le envió el profesor Paul Chessman.) (5)

Además, existen diferencias sutiles entre la reproducción de los signos del Dr. Fell y la nuestra, que hemos marcado con una "x" en la suya. Además, él solo ha observado 54 signos, mientras que nosotros tenemos 56.

Antes de nuestro desciframiento, consideramos si la apariencia de la estela guarda semejanza con alguna de las variedades jeroglíficas, analíticas, pictográficas, geométricas o puramente alfabéticas. La comparación con las escrituras del antiguo mundo, a saber, la hitita, la minoica, los papiros y la semítica, mostró que la estela representaba un patrón avanzado similar al alfabético.

Habiéndose establecido parcialmente la similitud en el diseño, se aplicaron valores fonéticos hitita y minoica, que suman alrededor de 74, pero con resultado negativo. Se compararon las características tanto minoica como hitita, que son en parte geométricas y en parte alfabéticas, pero no se halló un significado consistente.

Tanto la hitita como la minoica abarcan estratos desde el 1500 a. C. hasta el 500 a. C. Una comparación independiente de la estela reveló que los signos abundan en trazos, círculos, semicírculos, bucles en la parte inferior, apéndices laterales, signos de cruz, cuerdas de arco, anzuelos y otras marcas, que la acercan a una forma de brahmi conocida en la India en el siglo IV a. C. La comparación con el siguiente estrato de lenguas básicas y derivadas del antiguo mundo también reveló asombrosas similitudes con algunas letras fenicias. La aplicación de valores fonéticos aproximados arrojó un significado bastante consistente en brahmi. El profesor A. Weber fue el primero en señalar que un gran número de letras brahmi podrían derivar de un arquetipo semítico del norte (fenicio).(6) El Dr. G. Buhler creía firmemente que el brahmi se había derivado del arameo; pero dado que los registros existentes de brahmi no estaban disponibles antes del siglo III a. C., se definió una variedad neo-semítica o proto-aramea.

Se consideró altamente probable que su origen fuera anterior al siglo VI a. C. Los arqueólogos tradicionales, como bien lo expresó Josef F. Blumrich (7), tienen una obsesión por Oriente Medio, lo que impide una evaluación imparcial. La escasez de datos y registros sobre un arquetipo brahmí -proto-arameo y una obsesión inconsciente por Oriente Medio impidieron al Dr. Fell explorar otras posibilidades de interpretación de la estela.

Las palabras "cercano al minoico-hitita" han dejado mucho sin explicar, ya que el hitita tiene dos formas: jeroglífica y cuneiforme. El hitita cuneiforme se desarrolló hasta el 1200 a. C., cuando se continuó escribiendo, y el hitita jeroglífico surgió alrededor del 1500 a. C. y se mantuvo hasta el 600 a. C. Se considera que el minoico tuvo nueve etapas, comenzando con el minoico temprano medio y el minoico tardío, cada una dividida en tres etapas adicionales: minoico I, II y III. En general, el minoico II era en parte ideográfico y en parte fonético. El minoico III era más regular. Las variedades A y B del minoico medio se leen de izquierda a derecha. La escritura hitita comienza en la esquina superior derecha, independientemente de la superficie utilizada, con variaciones ocasionales. La mayoría de las inscripciones hititas fueron talladas en piedra, mientras que la minoica se grabó sobre diversos materiales, pero rara vez en oro. La escritura paphia también se asemeja a la minoica lineal A y B, que se lee de izquierda a derecha con variaciones ocasionales. El brahmi presenta afinidad isomórfica con unas 13 escrituras hitita, minoica, lineal B y chipriota. Los 56 signos de la estela de Quenca pueden rastrearse entre las variedades regulares e irregulares de Brahmi halladas en las inscripciones de Asoka.(8)

La lectura que el Dr. Fell hace de la estela de Cuenca de derecha a izquierda, comenzando en la esquina inferior derecha, viola los principios habituales de lectura de las escrituras hitita, minoica, pafia y brahmi que suelen seguir los epigrafistas. Las partes citadas del Dr. Fell y su árbitro, que he resaltado en cursiva, muestran que gran parte de su opinión es altamente conjetural, mientras que nosotros hemos intentado ser específicos en nuestro enfoque. 

 Los arqueólogos aún no creen en la existencia de una lengua independiente y su correspondiente escritura entre los antiguos americanos en la civilización premaya del siglo I d. C. y en la civilización preincaica del siglo VI d. C. Sin embargo, el Dr. Fell sugiere que la estela fue copiada en Centroamérica de un papiro original traído de Chipre. También sugiere que los artefactos encontrados en el Museo Crespi eran un producto especial de las fábricas fenicias y estaban destinados a la venta a los cartagineses, quienes los vendían a los amerindios a su llegada a los puertos de desembarco en Panamá o a la costa caribeña de Colombia y Venezuela, oro que abundaba en América. Las copias fueron grabadas en placas de oro. Todo esto suena bien, pero ¿Cómo pudieron los bárbaros, que no tenían sentido de la escritura, imprimir letras pequeñas y signos en placas de oro? ¿Qué interés tendrían por las letras? Puede que les interesaran las figurillas de las llamadas deidades, o incluso de animales, pero ciertamente algo ininteligible como un zodíaco con letras no les resultaría atractivo.

En Saga America, el Dr. Fell interpreta 54 de las 56 letras; 12 signos que representan 13 letras, que él explica como signos del zodíaco, y las 43 letras restantes como expresiones de buey, carnero, amigos divinos, gato, cangrejo, hija virgen de Zove, garras, bestia de cola venenosa, cabra, cuenco de libación y ballena. Por lo tanto, la mayoría de los signos se consideran una abigarrada variedad de objetos sin relación con los símbolos del zodíaco. Es evidente, entonces, que ha incorporado más de una máxima para desarrollar una interpretación bastante forzada. Los símbolos del zodíaco suelen seguir un patrón de derecha a izquierda que debería haberse mantenido si el grabador realmente hubiera querido representar un zodíaco. Sin embargo, aquí se ha seguido un recorrido en zigzag intervenido por diversos símbolos para ara lo cual no se ha propuesto ninguna explicación científica.

Resulta intrigante que el signo de "amigos divinos" aparezca después del signo de Géminis.

En vista de lo anterior, resulta difícil aceptar la identificación del Dr. Fell de la estela como un signo del zodíaco.

Incluso un examen superficial muestra que las letras de la estela están dispuestas lo más rectas posible, con pocas excepciones, tienen la misma altura, y la mayoría consisten en líneas verticales con apéndices, principalmente en el pie. Estas peculiaridades sirven para identificar la escritura como Brahmi. 

 En cuanto al hallazgo de una estela tallada en Brahmi en la lejana tierra de Ecuador, podemos ofrecer esta explicación histórica. Existía una larga tradición en la India: los preceptos religiosos o las transacciones comerciales importantes se inscribían en placas de oro, debido a su valor perdurable. La historia budista Jataka n.° 276 se refiere específicamente a un incidente en el que enviados de tierras lejanas llegaron a la India para recibir instrucción sobre los preceptos religiosos de Buda. 

 Tras aprenderlos de once maestros, los inscribieron en placas de oro y los llevaron a su tierra natal.(9) 

 Otras dos historias Jataka se refieren a la inscripción de los evangelios de Buda en placas de oro para su transporte a tierras lejanas.(10)

  Otra historia se refiere a la práctica de anotar los bienes familiares en placas de oro que los comerciantes llevaban a países lejanos durante sus expediciones marítimas.(11) Aún más importante es el hecho de que el rey de Benara talló la imagen de un pavo real dorado en una placa de oro y la enterró con en un estanque excavado posteriormente por sus sucesores.(12)

  Las relaciones marítimas con la lejana tierra de Babheru, que los estudiosos intentan identificar alternativamente como Babilonia o el Perú moderno, también se mencionan en los relatos de Jataka del siglo III a. C.(13) Estos hechos nos ayudan a establecer que el contacto entre la antigua América y la antigua India, tal como lo confirma la estela de oro de Cuenca, se encuentra dentro de los límites de la probabilidad histórica. En su libro, el Dr. Fell menciona haber descubierto los números sánscritos (Brahmi) 9074 en América y también un artefacto de cerámica budista. (14)

Para concluir, proponemos que el lector curioso pueda descubrir algunos signos del zodíaco, un cuenco de libación y signos de animales en otras inscripciones, como la inscripción en la roca de Girnar de Asoka, fechada en el siglo III a. C., al leerla de arriba abajo. Confiamos en que el cifrado de la estela de oro de Cuenca, publicado en Ancient Skies 2:6, resistirá la prueba del tiempo. 

Referencias:

(1) Times Books, Nueva York 10016.

(2) Saga America, págs. 68, 69 y 70.

(3) Carta del Dr. Fell del 25 de junio de 1980.

(4) Informe del seminario sobre la identificación de la estela, publicado en el Statesman, Calcuta, 7/3/76. (5) Saga América, págs. 82 y 83.

(6) ZDMG Banda X pág. 389.

(7) Kaskaara und die Sieben Welten, págs. 194, 195.

(8) Grundriss der Indo-Arischen Philogie Tafel

I-IX, 1896. /

(9) Buddhist Jataka Stories, translated by

W. T. Rhys Davids, Vol II.276.

(10) Ibid Vol V Nos. 511 & 512

(11) Ibid Vol IV No. 492

(12) Ibid Vol II No. 159

(13) Ibid Vol III No. 339

(14) Saga America, pp 287 and 327

*El Dr. Kanjilal cuenta con una maestría, un doctorado y una licenciatura en literatura. Actualmente, trabaja en el Servicio Educativo Superior de Bengala Occidental, en el Sanskrit College de Calcuta, India. Es miembro de la Sociedad Asiática, del Instituto de Investigación Oriental Bhandarkar y del Instituto K.S.R. Participará como ponente destacado en la Octava Conferencia Mundial de la Sociedad de Astronautas Antiguos, que se celebrará en Viena, Austria, en noviembre de 1982. Su dirección es "Nishi-Saran", Railpukur Road, Deshbandhunagar, Calcuta-59, INDIA.

Aquí me encuentro con la investigadora (q.e p.d) Bettina Allen, quien también estaba trabajando en el desciframiento de la estela mencionada en el artículo


domingo, 27 de abril de 2025

DESCIFRAMIENTO DE LAS ESCRITURAS DE CUENCA por el Prof. Dr. Dileep Kumar Kanjilal*.

 

                                                    ANCIENT SKIES



                            Official Logbook of the Ancient Astronaut Society


VOLUME 2, NUMBER 6  600 TALCOTT  RD PARK RIDGE, ILLINOIS 60068 USA  JANUARY-FEBRUARY, 1976

DESCIFRAMIENTO DE LAS ESCRITURAS DE CUENCA  Por el Prof. Dr. Dileep Kumar Kanjilal*.

El Dr. Erich von Daniken ha llamado la atención de los académicos sobre una estela de la colección del Padre Carlo Crespi de Cuenca, Ecuador, que contiene 56 signos que, en realidad, son letras talladas en piedra. (representado en la figura de la derecha). Esta estela es la n.° 336 de la colección pictórica del libro de von Daniken "En busca de los dioses antiguos". La imagen n.° 204 del mismo libro es una tablilla de piedra con 25 caracteres indígenas (véase la figura en la página 2). La n.° 205 también contiene 12 letras.

Los académicos opinan que los incas no tenían escritura en el sentido alfabético del término. Sin embargo, las letras encontradas en ella apuntan claramente a la existencia de una forma de escritura muy mejorada en Sudamérica, algunos siglos antes del nacimiento de Cristo, y un análisis minucioso revela que los escritos en la estela y la tablilla pertenecen a la clase de escritura Brahmi utilizada en las inscripciones, edictos rupestres, placas y versos pertenecientes principalmente al período Asokan de la historia de la India; es decir, en el siglo III a. C. Algunas de estas concuerdan con las escrituras del famoso Manuscrito Bower y la Colección Stein de Manuscritos depositados en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Sin embargo, se conserva el carácter indio temprano de la India. A la espera de un análisis más completo de la naturaleza e identidad de estas escrituras, presentamos aquí la tabla de las escrituras descifradas. Esto se basa en el fascículo de las inscripciones reproducidas en los volúmenes del Corpus Inscriptionum Indicarum de J. F. Fleet y E. V. J. Hultzsch y los Grundiss der IndoArische Philologie de G. Bühler. 

 De los 56 signos encontrados en la estela (n.° 336), unos 50 pueden identificarse como brahmi encontrados en las inscripciones de Asoka .

 De las 25 letras inscritas en la tablilla de piedra (n.° 204), unas 22 pueden identificarse igualmente como irregulares y formas tempranas de Brahmi.

  La pirámide de piedra en la imagen n.° 205 contiene varias letras, de las cuales al menos cuatro se asemejan al tipo regular de Brahmi. La cursiva de las escrituras en la tablilla de piedra n° 203 y de las letras al pie de la pirámide en la imagen n.° 207 parece sugerir un carácter neopúnico, pero no se puede aventurar ninguna conclusión basándose en una similitud superficial. 

 Los edictos de Asoka emplean dos escrituras: la Brahmi y la Kharosthi. La Brahmi se lee de izquierda a derecha y el texto de la estela parece ser sánscrito o prácrito, una de cuyas líneas puede traducirse como "los dolores del cuerpo" (línea X en la estela). La Brahmi guarda una considerable similitud con algunas escrituras semíticas del norte tempranas, que podrían datarse alrededor del año 1000 a. C. La pregunta candente ahora es cómo llegó la escritura brahmi a Ecuador. 

 El registro más antiguo conocido de brahmi se encuentra en las inscripciones de Asoka del siglo III a. C. Es obvio que el tipo de escritura brahmi se originó en la India mucho antes de Asoka. Pero la presencia de brahmi en Ecuador presupone un largo período de contacto histórico antes del nacimiento de Cristo.

  La existencia de costumbres, ritos religiosos hindúes, la práctica del saté (la quema de las viudas a la que Negástenes se refirió en el siglo III a. C.), el conteo de los números, el sacrificio de soma, las costumbres matrimoniales, los ritos nupciales entre los antiguos gobernantes arios de la India, la presencia de las historias del Ramayana y el Mahabharata, y el sistema de castas, constituyen evidencias innegables de la migración de la cultura aria hindú a las regiones de México, Perú y Ecuador en Sudamérica en la época precristiana. Aún se pueden rastrear rastros de la transformación de las leyendas del Mahabharata entre los incas del Perú.

 


El vocabulario ario-quichua de López en francés incluye una gran cantidad de palabras sánscritas. Resulta sorprendente que los registros de las civilizaciones perdidas de México o Perú-Ecuador no incluyan ninguna referencia al Señor Buda. 

 Los descubrimientos del Dr. Däniken no contienen el más mínimo rastro de la fe y la cultura budistas que se extendieron más allá de los límites territoriales de la India en el siglo II a. C. Tampoco lo contienen las colecciones del Padre Crespi. Por otro lado, las imágenes presentadas por el Dr. Däniken en su obra ricamente ilustrada "En busca de los dioses antiguos", que consta de 190 a 229 obras, representan historias y leyendas de la mitología hindú y la cultura naga pertenecientes a las épocas prebudistas de la cronología hindú. La fecha de la gran muerte del Señor Buda se ha fijado en el 486 a. C.

 Según la tradición cantonesa, las enseñanzas de Buda recibieron reconocimiento mundial durante el reinado del emperador Asoka, c. 273-230 a. C. Es razonable suponer que la escritura brahmi descifrada en la estela llegó a Ecuador antes del siglo III a. C. y, en consecuencia, su origen en la India puede situarse unos siglos antes; es decir, en el siglo VII u VIII a. C. Para los indólogos y paleografistas, esto tiene una gran importancia para reconstruir la historia antigua de la India.

PLACA DE PIEDRA No 205


1-The Hindu America - Dewan Chamanlal p 108

2- Corpus Inscriptionum Indicarum Vol 1, 1925

Ed E Hultzsch; Vol III 1888 - J F Fleet.

3 -The Hindu America. Chapters IV-VI

4. -The Wonder that was India - A L Basham p 47

*El Dr. Kanjilal tiene una maestría (medalla de oro) y un doctorado en Literatura por la Universidad de Oxford en Inglaterra. Actualmente trabaja en el Servicio Educativo de Bengala Occidental, Sanskrit College, Calcuta, India, y es miembro de la Sociedad Asiática de Calcuta.



domingo, 7 de agosto de 2016

GENE PHILLIPS, RETAZOS DE UN RECUERDO

Hace unos pocos días nos enteramos, a través de Cesar Reyes (editor de la página web http://www.antiguosastronautas.com), del fallecimiento del doctor Gene Phillips, fundador en la década de los ´70 de The Ancient Astronaut Society. El doctor Phillips escribió numerosos artículos, organizó y participó también en numerosas expediciones. Homenajearlo a él, es homenajear a la sociedad. Aquí, pequeños retazos de un recuerdo:
Boletín Ancient Skies (artículo de Gene Phillips)

Cuarto congreso mundial de The Ancient Astronaut Society, 1977, Río de Janeiro, Brasil


Joseph Blumrich (ex ingeniero de NASA), Dr. Phillips y Erich V. Daniken (1975)

Promoción de la sociedad,  de una de sus numerosas expediciones

Demostración por parte de ingenieros alemanes del vuelo de una réplica de uno de los famosos "aviones" precolombinos (congreso mundial de la sociedad, en Florida, 1997)

Anuncio de su 16 aniversario
Anuncio de su 24 aniversario


Foto histórica: Von Daniken, Andrew Tomas y Gene Phillips
Obsérvese la cantidad y calidad de los investigadores que formaron parte de la sociedad:


miércoles, 30 de diciembre de 2015

ENTREVISTA A ERICH VON DANIKEN por ENRIQUE DE VICENTE

Material de archivo: fantástica entrevista del destacado investigador español Enrique De Vicente a Erich Von Daniken para la revista mexicana Contactos Extraterrestres (N° 44, 30 de Agosto de 1978). Agradecemos esta colaboración a Javier Stagnaro



En su libro La respuesta de los dioses, Erich Von Dániken sostiene la teoría de que en algún lugar, por ahora ignorado, existe un depósito con las pruebas materiales de la presencia extraterrestre en tiempos remotos. A continuación presentamos la segunda y última parte de la entrevista con el astroarqueólogo Dániken.

CE: ¿Cómo sería ese depósito de pruebas materiales y por qué está tan seguro de su existencia?
 EVD: Bueno, mis detractores siempre me han pedido que aporte una prueba objetiva en apoyo de mi teoría. Y no renuncio a poder hacerlo algún día. Pero debe comprenderse que no es nada fácil. Consideremos que la mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por agua, bosques o selvas inaccesibles, desiertos de arena o de hielo, elevadas montañas y un largo etcétera. Apenas un 20 por ciento de la superficie terrestre es habitable, y de esa parte sólo se ha explorado por los arqueólogos el uno por ciento. Debido a todo ello no es muy razonable que se exija un legado palpable del paso de los dioses. Y sin embargo, esa prueba podría estar en cualquier parte, esperando a ser descubierta. Pero, ¿cómo localizarla? Sin embargo, el fantasma que persigo no puede ser una reliquia dejada por azar y que hubiera de ser encontrada azarosamente. Creo que deberían haberla dejado intencionadamente. Si los extraterrestres provocan la "hominización" sobre la Tierra, es lógico que supiesen cuánto podrían esperar de sus "productos", comprendiendo  que tarde o temprano el hombre se desarrollaría técnicamente, hasta alcanzar la navegación espacial. Sería lógico que quienes crearon la inteligencia humana dejasen un regalo de despedida para atestiguarnos su presencia y actividad. ¿Dónde habría que buscar ese legado? Desde luego no podrían haberlo dejado en un lugar bien visible, porque una cosa que llamase la atención habría sido recogida hace tiempo por generaciones anteriores, incapaces de interpretarlo. Además, sabían que las catástrofes naturales y las guerras podrían dar cuenta rápidamente de todos los santuarios accesibles. Las pistas que deberíamos buscar creo que corresponderían a puntos lógicos-matemáticos, sea de la superficie terrestre o del sistema solar. Científicos solventes, como Lunan Duncan, han sugerido ya ideas semejantes. Podrían haber situado en uno de esos puntos un satélite con toda la información dentro, dejando una serie de indicios que nos condujeran hasta el mismo. Pero también podrían haberla grabado en nuestro código genético, de tal manera que podríamos tener esa información dentro de nosotros mismos, al alcance de nuestra mente, sin saberlo y sin conocer de qué manera acceder a ella.

Daniken entrevistado en Madrid para la Televisión mexicana por una reportera de Televisa
LOS MAESTROS LLEGADOS DEL IMPERIO ESTELAR DE SCHWERTA

CE: En este momento, ¿sigue usted algún rastro concreto? En su último libro habla de la Crónica de Akakor y de la posible existencia de un depósito tecnológico en las profundidades amazónicas, en busca del cual tengo entendido que realizó el año pasado una expedición fallida.. .
 EVD: Toda esa historia se remonta a 1972, cuando el historiador y sociólogo alemán Karl Brugger —que hace años trabaja como periodista en Brasil—, conoció al jefe indio Tatunca Nara. Tras entablar amistad con el mismo, éste le narró "con pelos y señales" la historia de su pueblo desde el año 10,481 antes de nuestra era, fecha en la que partieron los dioses hacia su mundo, hasta nuestros días. Su narración ha sido publicada en Alemania en un libro apasionante' . En El libro del Jaguar se narra la colonización de la Tierra por los dioses, que llegaron unos 13,000 años antes de la llegada de los europeos, a bordo de unos barcos celestes que brillaban como el oro, aterrizando en medio de truenos, potentes luces y un temblor que conmovió la tierra. Procedían de Schwerta, un mundo muy lejano en las profundidades del universo, que formaba parte de un fabuloso imperio compuesto por tantos planetas como los granos de polvo de una carretera, de donde salieron para llevar a otros mundos su saber. Estos seres, que habían develado la suprema ley que rige el universo, dirigieron la construcción de Akakor, capital del imperio de los indios Ugha Mongulala, que se creen el pueblo más antiguo del mundo. Aquella era la sede de los dioses que reinaban sobre la Tierra. Poseían naves que volaban más rápido que ningún pájaro y piedras mágicas para mirar a lo lejos, en las que se reflejaba cuanto ocurriese en la tierra o en el cielo. Pero lo más maravilloso eran sus casas subterráneas, que legaron a sus servidores predilectos, indicándoles —antes de su partida— que se refugiasen en ellas para estar a salvo de la catástrofe que se aproximaba. Les prometieron volver si alguna vez los indios se encontraban en peligro.
 CE: Esta historia parece una novela de ciencia-ficción. Recuerda vivamente las diversas historias que guardan los pueblos sobre el diluvio universal y sobre los "Noés" a los que los dioses ordenan resguardarse en el Arca... ¿Regresaron los dioses nuevamente, según Tatunca Nara?
 EVD: Lo hicieron tras dos terribles catástrofes, aunque fueron pocos los que sobrevivieron para saludar a los "primeros señores", como les llaman. Ellos les habrían dado —según cuenta Tatunca Nara— tanto sus nombres como el lenguaje, la escritura, las leyes y la agricultura.

 EL FRACASO DE LA "EXPEDICION AKAHIM"

 CE: ¿Y cuál fue el motivo de la llamada "expedición Akahim"? 
EVD: Akahim significa "fortaleza tres", igual que Akakor significaba "fortaleza dos". Ambas forman parte de los trece núcleos o ciudades subterráneas que los señores del espacio regalaron a los Ugha Mongulala y que se encuentran escondidos profundamente en las entrañas de las montañas, bajo los Andes. Tatunca asegura que el plano de dichas ciudades reproduce el esquema del sistema solar de Schwerta, del que procedían sus dioses. Las dos fortalezas citadas fueron destruidas recientemente por los indios, puesto que se habían vuelto demasiado peligrosas para ellos, al revelar a los blancos su presencia. Actualmente vivirían en Subakakor, ciudad construida en una enorme cueva artificial, dominada por el templo del Sol, de cuyo interior partirían doce corredores que conducirían a las restantes doce ciudades subterráneas. Nuestros planes consistían en llegar hasta Akahim y alcanzar desde allí el templo del Sol. Tatunca Nara, con quien estuve en contacto a través de un piloto alemán, me aseguró que así podría llegar hasta el depósito tecnológico dejado allí por los dioses extraterrestres. Si le damos crédito, habría allí un disco volador dorado, construido de un metal desconocido; un extraño vehículo "capaz de caminar por el agua y por las montañas" muy similar al utilizado por los americanos en la Luna, 
y a otros artefactos. Pero lo más interesante sería, según el jefe indio, la existencia de cuatro bloques de una piedra transparente, en cuyo interior se podrían observar cuatro misteriosos "muertos vivientes que yacen en el seno de un líquido que los cubría hasta el pecho. Se trataría —seguramente— de los cuerpos de tres dioses y una diosa, similares a los humanos, pero con seis dedos en las manos y los pies. 
CE: La verdad es que toda historia suena a relato basado precisamente en sus teorías sobre los dioses cósmicos, las leyendas de distintos pueblos y las fantásticas novelas del británico Lobsang Rampa... ¿Qué motivos tendría Tatunca Nara para revelarle un secreto tan celosamente guardado hasta este momento por su pueblo? 
EVD: Efectivamente, la cosa se fue volviendo más sospechosa a medida que avanzamos. El hecho es que Tatunca nos expuso clara-mente sus intereses: los "bárbaros blancos", corno llaman a los brasileños, están exterminando a todos los indígenas, fundamental-mente a raíz de la construcción de la carretera transamazónica, un enorme sistema viario que atravesará la selva virgen. Los expertos calculan que en el plazo de unos veinte años se habrá acabado totalmente con los 180,000 nativos que hasta hoy han sobrevivido en el inmenso territorio brasileño. Tatunca Nara —que afirma ser hijo de una enfermera alemana que fue raptada por un jefe indio— asegura haber realizado todo tipo de gestiones para preservar a los suyos del exterminio que llegará con la transamazónica, sin haber obtenido resultado alguno. Habiendo tenido conocimiento de mi obra a través del ex-piloto Ferdinand Schmid, pensó que yo podría dar a conocer en todo el mundo el triste destino que aguarda a su pueblo. Tras una serie de contactos escritos y a través de cintas magnetofónicas, me comprometí a escribir un libro sobre el asunto si me conducía hasta la ciudad subterránea. 
Encuentro en Río de Janeiro de los expedicionarios con el supuesto guía. De derecha a izquierda: Daniken, Tatunca Nara y Clark Darlton

¿UNA BROMA PESADA? 

CE: ¿Y qué ocurrió con la expedición que iniciaron? 
EVD: A mediados de abril, Tatunca partió hacia Akahim en busca de alguna prueba y fotografías de la ciudad que pudieran corroborar su historia. Convinimos en que, a lo sumo, a mediados de junio debería estar de regreso en Manaus, que es el principal centro comercial y ciudadano existente en los límites de la selva y donde reside habitualmente Tatunca, casado a su vez con una enfermera blanca. 

Desde allí viajaríamos a bordo de dos helicópteros hasta nuestra lejana meta. A principios de junio nos reunimos allí, acompañado por mi secretario Willi Dunnenberger y el escritor de ciencia-ficción Clark Darlton, con Ferdinand Schmid, que se había encargado de realizar todos los preparativos y conseguir las autorizaciones legales que re-quería nuestra empresa. Pero Tatunca no aparecía y tanto la empresa de helicópteros como la Oficina Brasileña para los Asuntos Indígenas (FUNAI) impusieron un plazo de cuatro semanas antes de iniciar la, expedición. Si Tatunca hubiera regresado de la selva a mediados de julio, no hubieran podido partir hasta mediados de agosto, lo cual complicaba enormemente las cosas. Así que, desengañados, el 11 de julio atravesamos nuevamente Brasil en avión. Apenas llegamos a Río de Janeiro recibí una llamada telefónica de Schmid, que había quedado en Manaus aguardando la llegada de Tatunca, explicándome que este último había regresado muerto de hambre y de cansancio. Les pedí que tomaran el primer avión hasta Río, donde pude conocer personalmente —por fin— al jefe mestizo, quien excusó su tardanza explicándonos que hacía veinte años que no visitaba Akahim, donde reside su cuñado, situada a más de mil kilómetros del lugar donde habita su tribu, resultándole muy difícil localizar el poblado. Cuando le pregunté qué había de las pruebas prometidas, aseguró haber entregado la cámara fotográfica a un comerciante que viajaba en una canoa más rápida que la suya, a fin de que se la entregara a Schmid en Manaus; pero no tuvimos la menor noticia del mismo. 
CE: ¿No le resulta bastante truculenta toda esta historia? 
EVD: Aunque muchas de las cosas que nos contó podrían ser ciertas, hay otras que nos resultaron bastante increíbles. Tatunca se dio cuenta de nuestro escepticismo y eso le enfureció, insistiéndonos en las enormes dificultades que implicaba una visita a la ciudad subterránea y de la oposición de los sacerdotes tribales a la llegada de nuestros helicópteros. Aseguró que durante los últimos cinco años se habían producido muchísimos cambios: el rumor de las máquinas subterráneas era diferente y en ellas se iban encendiendo luces, lo que —según sus escrituras— es un presagio del regreso de los dioses y cualquier helicóptero que intentara aproximarse se estrellaría. Yo no renuncio sin más a la expedición, pese a que todo lo ocurrido resulta dudoso y las explicaciones de Tatunca muy ambiguas. Este verano estoy dispuesto a intentarlo nuevamente, eso sí, siempre que, antes Tatunca me haga llegar alguna prueba material de la existencia de los aparatos subterráneos. 

EL REGRESO DE LOS DIOSES 

Por lo menos, no podrá decirse que no lo ha intentado. Porque lo cierto es que Dániken no es un escritor de gabinete, sino que se des-plaza a los lugares que describe en sus libros, ya que cuenta con los medios económicos para hacerlo. La fallida expedición a Akahim le costó a su editor una suma respetable. Pero si hubiera obtenido resultados positivos, toda inversión habría resultado despreciable.
 CE: Queda algo interesante en toda esta historia. Como en tantas otras, los dioses habrían asegurado antes de su partida que regresarían cuando la tribu de Tatunca estuviera en peligro, y éste asegura que su llegada es inminente...
 EVD: Insistió bastante en ello. Además, nos aseguró haberse encontrado en la sala subterránea de las máquinas con un hombre muy anciano que no pertenecía a su pueblo y del que nadie sabía su procedencia ni qué hacía allí, pero que debía estar en continuo contacto con los dioses y tal vez fuera uno de ellos. El jefe, cuñado de Tatunca, mostró un gran respeto por él, llamándole "la eminencia". Tatunca debió contestarle a numerosas preguntas acerca de mí y mi obra. Y finalmente le pidió que me comunicara que me daba 130 días de plazo para visitar su residencia, pero debía hacerlo por río y a través de la jungla y no por medios aéreos. Me concedía esa última oportunidad, corno único interlocutor válido y representante de nuestra civilización, sobre la que debería responderle a numerosas preguntas, para juzgar luego —según mis respuestas— si ésta había equivocado su camino. Repito que no sé qué pensar de toda esta historia y continúo a la espera de las noticias de Tatunca Nara. Si bien es cierto que en todas las tradiciones consta la promesa hecha por los dioses de que volverían algún día, ignoro cuándo piensan hacerlo.
 CE: ¿Y no podrían estar haciéndolo en estos momentos? ¿Serían los OVNIS las pruebas de su regreso? 
EVD: Yo no he visto ningún OVNI. Pero hay numerosos testigos dignos de crédito y no podemos dudar de su existencia. Estoy convencido de que existen estos fenómenos inexplicados y que se están multiplicando constantemente. Sin embargo, no sé de qué se trata exactamente y, suponiendo que sean extraterrestes, ¿qué razones podrían tener para realizar un aterrizaje oficial?. .. Habrá que esperar. 
Durante la expedición en busca de los vestigios extraterrestres el mismo Dániken se vio obligado a trabajar arduamente en pleno campo. El hidroavión representaba para los expedicionarios el único medio de comunicación con la civilización. 
Durante la expedición en busca de los vestigios extraterrestres el mismo Daniken se vio obligado atrabajar arduamente en pleno campo. El hidroavión representaba para los expedicionarios el único medio de comunicación con la civilización

LAS APARICIONES SON DE ORIGEN EXTRATERRESTRE

CE: Usted, que ha transformado a los dioses de los más diversos credos en visitantes extraterrestres, ¿en qué cree?, ¿qué piensa de las religiones?
EVD: Todas las religiones me merecen la máxima estimación, o mejor dicho, todas aquellas que tengan también en estima y en consideración a sus respectivos creyentes. Pero si explotan la ignorancia de éstos y les amenazan con castigos, no puedo verlas con buenos ojos. Para mí, el sacudirse la coerción confesional no supone de modo alguno el abandono de la fe de Dios, causa ,y origen de todo lo existente. Si los dioses extraterrestres nos proporcionaron la inteligencia, tenemos que preguntarnos cómo adquirieron ellos la suya. Podríamos remontarnos así en el tiempo a través de millones y millones de años, pero siempre debería haber un origen de todo lo creado, porque en algún momento llegaríamos a un límite. Mis investigaciones no me han llevado al ateísmo. Creo en los extraterrestres y en que estuvieron entre nosotros, pero también creo en su Creador, en Dios. 
CE: Usted ha visitado, en sus correrías por el mundo tras las huellas
de los antiguos astronautas, numerosos escenarios de apariciones milagrosas y luego ha escrito un libro sobre el particular. ¿A qué conclusiones llega en el mismo? 
EVD: Desde que visité Lourdes por vez primera, hace ya catorce años, comencé a comprender que el fenómeno de las apariciones y de las visiones nos afecta a todos. Estimo que deben existir más de 40,000 apariciones registradas. En ellas todo suele comenzar con la visión o encuentro de una persona o de un grupo pequeño con alguna entidad que asegura ser de naturaleza divina o celestial y que coincide con las creencias aceptadas en la época y el lugar, ya sea en. Oriente como en Occidente. Estos personajes poseen el poder de curar, de salvar a la gente o de aniquilarla, e influencian a las muchedumbres, entrometiéndose en los asuntos de carácter político y religioso. 
 Creo que hay apariciones o visiones que surgen de las mentes inteligentes, las cuales dispondrían de un mecanismo que las provocaría. Nacen de la imagen que el vidente, sugestionado por su entorno religioso, tiene formada en su mente. Pero el impulso creador de las apariciones es de origen extraterrestre. 
CE: ¿Podría explicarnos esto más detalladamente? ¿Cómo encaja en su teoría fundamental?
 EVD: Creo que no somos los únicos hijos de nuestros progenitores celestes. Tienen que haber en nuestra galaxia seres inteligentes que piensen, sientan y actúen como nosotros, puesto que los extraterrestres debieron llevar a cabo en la Tierra mutaciones artificiales orientadas en el sentido de formas de vida ya existentes en múltiples puntos de nuestra galaxia. Injertando unas características esenciales a los homínidos, los dioses les transmitieron —"a su imagen y semejanza"— su extrasensitiva y sumamente desarrollada percepción. En realidad, para ellos, este ingente trabajo de perfeccionamiento y humanización era algo así como un experimento técnico realizado para evitar que los conocimientos acumulados desaparecieran con ellos. Plantaron depósitos de su saber que, con el tiempo, se convirtieron en otros tantos centros de comunicación de todos los "hijos" creados a su imagen y semejanza. Para la transmisión de pensamientos las distancias no suponían una dificultad. Pero la transmisión telepática se vio insuperablemente dificultada por el surgimiento de diversos idiomas sobre la Tierra. Los sentimientos de amor, de odio, de paz, de violencia, tranquilidad o peligro, emitidos convenientemente, tienen una real universalidad entre todos los hijos de los dioses y podrían ser comprendidos en todo el Cosmos. 
Y vemos que toda aparición comienza con el envío de mensajes tranquilizadores, de índole fundamentalmente emotiva... 

ENCUENTROS LEJANOS DE TIPO EMOCIONAL

CE: ¿Quiere entonces decir que esas apariciones son extraterrestres? 
EVD: Ciertos grupos de descendientes de los dioses espaciales, que habrían sido visitados por ellos mucho antes que nosotros, nos llevarían miles de años de ventaja en su evolución. Habrían podido desarrollar y entrenar adecuadamente sus cerebros. Y nos estarían enviando a nosotros, que somos sus hermanastros, impulsos energéticos que estimularían y ampliarían nuestra conciencia. Así que la visión o la aparición no sería extraterrestre. Al vidente se le presentaría la imagen según él quiera verla, o sea, según sus creencias particulares. Pero en el mismo momento que penetrase en el ámbito de llegada de los impulsos extraterrestres quedaría transformado en médium, no pudiendo evitar el impacto de los mismos. Su cerebro entonces comenzaría a producir, inconscientemente, figuras que se le harían visibles, que podrían ser inmateriales o materiales —o sea, materializaciones ectoplásticas, producidas por su propio psiquismo—, pero que para él serían siempre reales y verdaderas. Los videntes no tienen la menor idea —en general—, acerca de cómo se producen sus visiones; al igual que los emisores extraterrestres no pueden saber exactamente qué clase de receptor estará situado dentro del campo de acción de sus impulsos. Pero lo cierto es que todas las apariciones declaran abiertamente su origen extraterrestre, extrahumano.
 CE: ¿Cuál sería entonces la finalidad de las apariciones? 
EVD: Los verdaderos videntes dan lugar con sus visiones a un paso gigantesco en el camino del progreso. Por ejemplo, Leonardo da Vinci fue uno de esos receptores que surgen cada mil años, uno de esos genios cuyas células grises parecen estar esperando los impulsos llegados del exterior. Hay muchos sabios, como Einstein, Bohr, Kekulé, que vieron sus geniales descubrimientos en sueños. .. Las auténticas apariciones han contribuido esencialmente a la tarea de abrir la consciencia de la humanidad. Así pues, los extraterrestres se comunicarían con nosotros por medio de emociones, símbolos o imágenes y música o sonidos, que tendrían validez universal. Algo muy similar a lo que se plantea en la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, realmente fascinante.

"ESTOS SON MIS PROYECTOS" 

CE: Tenemos entendido que acaba de aparecer un nuevo libro suyo en Alemania.. . 
EVD: No es exactamente un libro mío. Se trata de una recopilación de algunas preguntas o acusaciones que se me han ido planteando durante los últimos ocho años, a través de coloquios, conferencias y publicaciones en distintas partes del mundo, junto con mis respuestas a las mismas. Su título en alemán viene a ser algo así como Fuego cruzado contra Dániken. Y Ediciones Martínez Roca lo lanzará en España durante el próximo otoño. 
CE: ¿Prepara en este momento alguna otra obra? 
EVD: Sí. Se trata de un libro no ya de pruebas, sino exclusivamente de especulaciones, de imaginación, en torno al pasado y especialmente al futuro del hombre. ¿Qué le puede suceder en los próximos años? ¿Qué posibilidades tiene? ¿Qué ocurrirá si este planeta es destruido por una catástrofe atómica? Se tratará de una obra para especialistas e ingenieros que no renuncian a soñar. 
CE: Tras el rotundo éxito de su primera película, que no llegó a ser igualado por El mensaje de los dioses, ¿tiene en marcha algún otro proyecto cinematográfico? 
EVD: No exactamente cinematográfico. La televisión alemana prepara una serie de seis películas en color, con una hora de duración cada una, que estarán terminadas para el año próximo.
 Así es el fascinante "Mundo de Dániken", nombre por cierto de una exposición monográfica desarrollada hace unos meses en unos importantes almacenes alemanes, en la que sus libros y la música de sus películas se vendían en una enorme sala repleta de las numerosas estatuillas, estelas, reproducciones y fotografías por él recogidas a lo largo de sus viajes, contando con la proyección continua de sus filmes. Discutido y admirado. Acusado como farsante e idolatrado como profeta de un nuevo credo. Más de cuarenta millones de libros vendidos en 34 idiomas. Autor que ha marcado indiscutiblemente con sus ideas lo que llevamos del siglo, Dániken siempre es noticia.
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martes, 6 de octubre de 2015

EL MISTERIO DE SIRIO B por Erich von Daniken

Cuando se esgrimen los fundamentos de la teoría de los Antiguos Astronautas, uno de los caballitos de batalla, es la mitología de las tribus Dogon de África y sus cultos ancestrales. Y quien sino, Erich Von Daniken (Las Huellas de los Dioses, Walter A. Fuchs, 1980) nos puede relatar este misterio que al día de hoy sigue fascinando como hace tantos años.

Reiteradamente, los exponentes de la "Ancient Astronaut Theory" sostienen que los extraterrestres que nos habrían visitado hace miles de años fueron manifiestamente de semejanza humana. Dibujos y grabados en las rocas, y antiguas mitologías lo demuestran así, e igualmente se desprende la misma conclusión de las representaciones religiosas. A lo cual se opone el crítico, por considerarlo irrisorio. Los extraterrestres, según él, se habrían desarrollado de manera muy distinta a nosotros y jamás se nos hubiesen asemejado. Y es este repetido aserto el que desearía yo invalidar con las consideraciones que a continuación expongo. En tanto que en cualquier planeta de otro sistema solar dominen similares condiciones prebióticas a las de la Tierra, la vida se formará y desarrollará en gran medida de manera semejante. Ello es muy simple, puesto que la evolución tiene formas condicionadoras. Y contra estas formas y leyes es impotente la vida en desarrollo. Ejemplos para las formas condicionadoras: hay muchos. La frente debe siempre desarrollarse en la proximidad de los ojos. Es éste el camino más corto para las neuronas y con ello la reacción. La nariz se encuentra siempre en la proximidad de la boca, pues el ser viviente quiere oler y probar, antes de comer. Las manos o asideros deben extenderse forzosamente hacia delante, y por cierto en el ángulo visual, pues deben ver lo que prenden. Como ya se ha dicho, para un tal desarrollo humanoide es premisa indispensable la existencia de un ambiente prebiótico semejante al que se encontrara en la Tierra. Y de hecho, es extraordinariamente elevada la probabilidad estadística de que existan planetas semejantes a la Tierra con similares disposiciones prebióticas. Las más recientes estimaciones cifran en doscientos mil millones las estrellas fijas sólo en nuestra Galaxia. La posibilidad de que otros planetas sean semejantes a la Tierra es pues considerablemente mayor de lo que hasta ahora se había supuesto. En estos planetas semejantes a la Tierra deben consecuentemente desarrollarse también entes vivientes similares a los terrestres, y hacerse inteligentes con el tiempo (cuando menos las especies apropiadas) hasta lanzarse un día al viaje espacial. Y cuando abandonan su sistema solar y ponen rumbo a otro extranjero, es consecuencia obligada que busquen para su aterrizaje un planeta semejante a la Tierra, o sea, parecido al suyo propio. Nosotros procedemos exactamente así. Enviamos nuestras sondas de investigación a los planetas de nuestro sistema solar, para examinar sus posibilidades de habitabilidad. Y así lo hicieron también los extraterrestres. Buscaron un planeta idóneo para su aterrizaje, que correspondiese a sus propias condiciones de vida, y en el cual pudieran establecerse y desarrollarse lo mismo que nosotros, yendo así a parar precisamente a nuestra Tierra. Una vez aquí, los extraterrestres manipularon genéticamente a nuestros primitivos antepasados, y por cierto "a su imagen". Así lo confirman las Mitologías de todos los pueblos, y también la Biblia. i Los "dioses" (plural) crearon a los hombres "a su imagen y semejanza"! Mas esto significa también que nuestro cerebro se desarrolló de manera semejante a la de los extraterrestres. El cuestionamiento del crítico se torna por consiguiente absurdo, pues los extraterrestres no se han desarrollado al azar lo mismo que nosotros, sino nosotros como ellos, y por cierto deliberadamente... siempre considerando como base de nuestras reflexiones al modelo lógicamente estructurado que contemplábamos delante. Somos el producto según su propia imagen. Por ello es también comprensible que nuestro pensamiento discurra obligadamente en el mismo sentido que el de los extranjeros que nos visitaron. Un hombre piensa en efecto en sentido humano y no en el de un cocodrilo. No tiene pues cabida alguna la objeción de que los extraterrestres no pudieran ser humanoides. Una inequívoca prueba mitológica para la visita de extraterrestres a la Tierra en un lejano pasado la ofrece el culto de los negros Dogon. Tras la II Guerra Mundial, en el año 1946, los etnólogos franceses Madame Dieterlen y Monsieur Griaule se trasladaron al África donde vivieron durante cuatro años en la tribu de los Dogon. A su regreso a Europa en el año 1951 publicaron un extenso y documentado artículo en el Journal de la Societé des Africanistas, revista especializada del "Musée de l'Homme" de París. El título del artículo rezaba: "Un Sistema-Sirio sudanés". Los dos investigadores habían constatado que los negros Dogon celebraban cada cincuenta años una festividad específica, a la que denominaban "Fiesta Sigui". Al preguntarles los etnólogos cuál era el motivo de la misma y su significado, los negros les respondieron que era debido a que cada cincuenta años Po-Tole circunda a Sirio. Po-Tole, según los negros, es invisible. Los investigadores indagaron de dónde podían saber los Dogon que una estrella a la que llamaban Po-Tole circundaba cada cincuenta años Sirio, si no podían verla. Y su respuesta fue pasmosa: "Nommo, el Padre, que vino del Universo, nos lo dijo así." Y Nommo había dicho aún mucho más a los negros Dogon.
Les dijo, por ejemplo, que Po-Tole era la estrella más pequeña del sistema Sirío. Que hasta era muy pequeña y se componía de una materia que era llamada por los negros "Sagala". Esta materia era sumamente penada. Tan pesada que un puñado de ella pesaba tanto como "toda la orilla de la costa del mar". Otro indicio más era también distintivo de la pequeña estrella que circundaba a Sírio. Po-Tole es una palabra doble. Po designa a una especie de cereal, y Tole significa muy pequeño. Puede pues traducirse por "el grano más pequeño". Y en efecto el acompañante de Sirio es extraordinariamente pequeño en comparación a esa gigantesca estrella. Añádase a ello además que los negros Dogon representan la revolución oval del acompañante de Sirio en los dibujos que efectúan con pasta de mijo en máscaras y rocas. Como aclaración desearía incluir algunas observaciones sobre el sistema de Sirio. Sirio es la estrella más brillante en el cielo nocturno nórdico, como todo el mundo sabe. Se encuentra en la constelación del Gran Can y fue ya conocida por los antiguos egipcios con el nombre de Sotis. Sólo a mediados del siglo XIX, y tras largos años de observación, el astrónomo americano Bassel descubrió ciertas oscilaciones en Sirio, desacostumbradas en una relativamente inmóvil estrella fija. Durante décadas fueron medidas y registradas esas oscilaciones, hasta que se descubrió que se repetían regularmente cada cincuenta años. Ulteriores cálculos dieron por inequívoco resultado que Sirio debía estar circundada por una invisible acompañante, la cual era manifiestamente capaz de influir en el equilibrio gravitacional de la estrella principal. Y esta acompañante invisible fue bautizada con el nombre de "Sirio B". Hasta que en nuestro siglo, hacia 1929, el astrónomo americano Clarke logró descubrir ópticamente con un
potente telescopio a la hasta entonces invisible Sirio B exactamente en la posición calculada. Posteriormente el acompañante pudo ser fotografiado con aparatos de gran capacidad. A simple vista, Sirio B sigue siendo aún invisible, pero con ayuda de poderosos medios auxiliares modernísimos pudo estimarse que el acompañante de Sirio es una de las llamadas "blancas enanas", o sea, una pequeñísima estrella de extraordinaria densidad. La relación de Sirio A a Sirio B es, según el más reciente conocimiento, de 0,42: 27.000. Sirio B sería, pues, una estrella extremadamente compacta con una inconcebible densidad. Sirio B circunvala a Sirio A en exactamente 50.004 años. La Mitología de los negros Dogon está pues muy expresivamente confirmada por la Astronomía moderna. Esta tribu ha sabido siempre que Sirio está circunvalada por una invisible estrella acompañante. Y ha sabido, además, que para realizar una de esas revoluciones emplea cincuenta años. Sirio B es invisible. A pesar de lo cual sabían de ella los Dogon. Sirio B es muy pequeña. Se trata pues de una blanca enana. Sirio B es de una elevadísima densidad. También esto concuerda y los Dogon lo han sabido asimismo siempre. Tenemos pues cinco pruebas inequívocas de que a la tribu Dogon le fue transmitido por su "celestial Maestro" un conocimiento que nosotros ignorábamos hasta hace poco. Mas en última instancia los críticos arguyen que es posible que alguien a comienzos de este siglo visitara a los negros Dogon y les contase sobre Sirio B. Pero el propio culto de los negros descarta esta objeción.


En cada fiesta del cincuentenario Sigui los Dogon elaboran un determinado brebaje en la choza del jefe de la aldea. Cada familia se halla obligada en esta ocasión a fabricar un recipiente con tallos entrelazados de plantas y meter en él un poco del brebaje ligeramente alcohólico, al cual se le añadirá agua en la propia choza. Tras la fiesta del cincuentenario son colgados los recipientes vacíos de la viga maestra de la correspondiente choza, donde se marchitarán y ya no serán más utilizados. Al contarse estos resecos recipientes se sabe exactamente cuántos siglos hace que los negros Dogon celebran su Fiesta Sigui. El comienzo de este culto se retrotrae al menos al siglo XI, y entonces no había hombre alguno en este planeta que supiese algo sobre la blanca enana Sirio B, la duración de su período, sus proporciones gravitarias y su tamaño y densidad. Veo en estos hechos incontrovertibles una terminante prueba de que la Tierra recibió otrora la visita del Universo. Y quien duda de esto, no alcanzará manifiestamente a poseer una perspectiva universal, o no se hallará en posición de asimilar estos nuevos conocimientos. Las huellas de los "dioses" pueden hallarse por doquier en nuestro globo; basta con abrir los ojos y aprender a ver... a ver con los ojos de hoy y sin las polvorientas gafas de un científico emperrado en sus rancias ideas de las que no quiere apearse. Dos ojos ven más que uno, y cinco pares de ojos más que los míos solos. Por ello doy la más cordial bienvenida al eficaz concurso que me prestan los autores de esta obra en el examen de la cuestión. No espero ninguna prueba terminante, pero quizá sí valiosos datos... y hasta nuevos indicios de aquellas Inteligencias que en el más oscuro pasado visitaron la Tierra y fueron después convertidos en dioses o héroes. La nueva Ciencia de la Astro-Arqueología va a cobrar por ello gran trascendencia social, y aun cuando todavía faltare el último indicio de la acción extraterrestre en la Tierra, recuérdese a Schliemann, a quien bastaron las Leyendas y los Mitos para encontrar a la desaparecida Troya. Tengo una gran esperanza de que esta obra contribuirá a convencer a muchos más hombres, que no estamos solos en el Universo... y que nunca lo estuvimos.



lunes, 10 de agosto de 2015

BOCHICA, EL EXTRATERRESTRE PRECOLOMBINO

Artículo publicado en la revista Espacio y Tiempo (n° 19, Septiembre 1992) por Miguel Roberto Forero García

Bochica

El "caso Bochica" está registrado en Colombia con el insignificante rótulo de mito. Así aparece en los textos escolares de Historia y algunos indigenistas consideran su llegada a Suramérica como algo confuso e indemostrable. Hoy. sin embargo, tenemos informaciones menos imprecisas y documentos que acreditan su permanencia en tierras colombianas, y sabemos más de lo que pudieron saber al respecto los inmigrantes europeos llegados después del Descubrimiento. Frecuentemente, las actividades del enigmático viajero extraterrestre se confunden con el éxodo de los protopobladores continentales llegados de las regiones fluviales del Amazonas y del Orinoco. Es más, algunos autores, como el Padre Gumilla, conjeturan que pudo ser un retoño del tronco genealógico de los nautas del Arca, que en época post-diluviana arribó al Brasil después de un largo itinerario transpacífico. El asunto data de 1540, cuando un anciano cacique convertido a la fe cristiana confió a los capellanes
del licenciado fundador Jímenez de Quesada una noticia como para santiguarse: la visita de un hombre venido de las estrellas. A él se lo habían contado sus antepasados, que lo escucharon de otros más viejos y, éstos, de labios de quienes lo vieron llegar. Los aterrados frailes conocían desproporcionadas historias sobre razas con hombres de tres cabezas, el mohán de los ríos, comarcas donde brotaban el oro y las piedras preciosas... pero absurdos como éste, jamás.

EL ATERRIZAJE DE PASCA

El arribo de una inmensa nave interplanetaria - que no otra cosa pudo ser - sucedió durante la fiesta de Huan, después de recoger la cosecha del maíz, cuando la concurrencia era enorme en las abruptas serranías de Pasca, al oriente de Santa Fe de Bogotá.
Según la versión indígena, fue en septiembre de un año imprecisable, seis mil antes de hoy, cuando al ponerse el sol bajó de las nubes una "casita de luz", símil utilizado por los naturales del país para señalar el extraño aparato aterrizado ante la muchedumbre, que veía arder la hierba por efecto de un "fuego invisible", exento de humo y de llama, producido tal vez por el sistema de propulsión iónica del ovni.
De aquel aparato metálico, "del color de la plata batida", redondo y más grande que los bohíos, detenido a pocos centímetros del suelo, salió un hombre desconocido y tambaleante a quien desde entonces llamaron Bochica, "Supremo Dios de la Tierra y Patrono de los Caciques". Era de gran estatura, afable, pacífico y comunicativo quien, hablando en su misma lengua, prometió a los chibchas convivir con ellos y servirles por muchos zocames (años) hasta que se cumplieran veinte de treinta y siete lunas, o sea, un zocam-gueta, equivalente a 70 años de los nuestros, al cabo de los cuales se marcharía con el viento, como en efecto ocurrió. Claro está que los aterrados hombres de Dios no entendieron esto de la nave y del aterrizaje. En materia de vuelos su conocimiento no iba más allá del aleteo del cóndor planeando sobre su presa, o del milagroso viaje del profeta Elías en el vistoso carruaje de fuego ensamblado por el Señor para su ascenso a los cielos. Achacaron entonces el aterrizaje de Pasca a un abominable satanismo digno de combatirse con la bendición de capillas en cada uno de los parajes visitados por el exiliado celeste. Esta es la razón para que en muchos caminos rurales de Boyacá todavía existan estos puntos de oración a donde acuden los campesinos a espantar el diablo. Desde luego, en este caso, el celo de los eclesiásticos no causó tanto daño como el del arzobispo Diego de Landa, en México, con la destrucción de inapreciable literatura informativa de las culturas azteca y maya.

¿CÓMO ERA BOCHICA?

Los únicos documentos competentes para precisar su figura son los escritos por los misioneros españoles durante su estancia en el Nuevo Reino de Granada. Muchos de los valiosos elementos descriptivos de estos manuscritos se refrescan magistralmente en la producción histórico-literaria del Padre Pedro Simón, de Lucas Fernández de Piedrahita, del cura Aguado y de Juan de Castellanos, minuciosos cronistas del siglo XVI, para quienes no fue indiferente la misteriosa aparición de Bochica y su periplo por tierras del Nuevo Mundo. Estos materiales informativos, de primera mano, sirvieron para elaborar un identi-kit o retrato hablado, trabajo de historiadores, anatomistas y expertos en dibujo manual e imágenes electrónicas que prepararon el perfil aproximado de un hombre que vivió hace siglos. Del identi-kit no fue posible una copia. Quien conservaba el original falleció y su archivo fue a manos de personas refractarias a esta clase de retrospecciones, quienes lo destruyeron. Bochica, también conocido con los nombres de Nenqueteba, Sadigua o Chimizipagua, tendría sesenta años, a escala terrenal, cuando desembarcó en las serranías de Pasca. Su piel era blanca, limpia y sonrosada; amable el rostro cubierto por espesa barba. Los ojos grandes y expresivos, como de porcelana azul, y la cabellera, encanecida. Andaba lentamente con paso majestuoso y le vieron alzarse entre la multitud significando su condición superior. Probablemente este fenómeno de levitación individual se presentó al contrariar la "tiranía vertical" por efecto transitorio de la gravedad terrestre con respecto a la de su planeta natal, diferente de la nuestra.
A propósito de este visitante prehistórico escribía en 1854 don Ezequiel Uricoechea y Rodríguez, consumado americanista, cosas como éstas: ... no puedo terminar sin decir algo más respecto del personaje misterioso que en tiempos remotos les sirvió de legislador y al que veneraban como a un Dios. Llegó por el oriente sin que sepamos cómo. Traía una barba larga y cabellera atada atrás con una cinta y una túnica sin cuello. Se apareció una tarde al ocultarse el sol en lo alto de un arco iris. Convocó a la nación y les ofreció remedio a sus males, no suprimiendo los ríos que podían serles útiles, sino dándoles salida". ("Memoria sobre Antiguedades Neo-Granadinas")

LA PISADA DE CUÍTIVA

Su peso y estatura corpóreas se han calculado examinando la huella de su pie, dejada sobre una piedra arenisca en el viejo camino de Cuítiva, población del Departamento de Boyacá, cercana del Templo del Sol construido por su inspiración en el valle sagrado de Suamox (hoy Sogamoso). Esta prueba muda encaja perfectamente en el confuso rompecabezas prehistórico armado por especialistas en paleopatología y por los arqueólogos que han revisado la amplia zona de influencia del furtivo visitante. La huella no se ha sometido al carbono 14, pero su datación no ofrece mayor problema. Basta observar la fina capa de oxidación que la cubre para comprobar que el proceso de sericitación ha transformado lentamente los feldespatos de la loza por acción químico-mecánica de agentes ambientales, posible únicamente en piedras muy antiguas. Mide 28 centímetros de largo por 9,5 de ancho en la franja metatarsiana y corresponde al pie de un bípedo, de extraordinario desarrollo muscular-esquelético, que debió pesar 85 kilos y medir 1,90 metros, talla imposible en los chibchas, gentes pequeñas por lo general. Hasta ahora no se ha podido desconocer el valor de esta estela que acredita la presencia física y los parámetros anatómicos de alguien que no era de aquí.

 EL HOMBRE DE LA MANO AL PECHO

 En las inmediaciones del princial Observatorio Astronómico Precolombino de "El Infiernito", en Villa de Leyva, se desenterró la estatua de piedra de un hombre de gran corpulencia y apostura. Esta pieza, que hubiera aportado inestimable información, fue destruida por el martillo de fanáticos parceleros que, con el pretexto de limpiar la comarca de "perturbaciones demoníacas", la hicieron pedazos. Uno de éstos, muy expresivo por cierto, hoy en el Museo Arqueológico de Sogamoso, era parte de un cuerpo de casi dos metros de estatura y corresponde a la mano derecha, abierta y en tranquilo reposo, sobre el pecho o cerca del mentón, de quién posó para el anónimo escultor aborigen. Salvadas las distancias, recuerda al famoso cuadro de El Greco. La mano, de 25 x 15 centímetros, fue labrada con exquisito gusto y esmero en piedra arenisca, de grano fino, fácil de pulir y, a juzgar por la oxidación que la baña, especialmente notoria en las líneas de fractura, debió ser esculpida en época anterior a la conquista española, lunas después del aterrizaje de Pasea. Quienes conocieron la estatua consideran que el personaje en cuyo homenaje se erigió era de mucha valía, por la nobleza de la obra y el absoluto sentido de grandiosidad, que así lo demuestran. Por lo demás, el lugar donde se halló indica que el homenajeado acaso fue el gestor del imponente Observatorio, único en el país chibcha.

CUANDO EL CIELO DECÍA SÍ

El centro más importante del saber precolombino fue este Observatorio que no pudo haber sido construido por gente sin capacitación tecnológica, o sin información muy completa de la bóveda celeste. Al no existir en tierras chibchas peritos en estas materias, forzosamente quienes lo erigieron eran de procedencia externa. En opinión de los entendidos, el Observatorio chibcha es similar al de Stonehenge, en Inglaterra, y una inexplicable réplica del crónlech de Carnac, existente en la Bretaña Francesa, cuadrangular como el nuestro. Para construirlo los aborígenes debieron tener, sin duda, la asesoría de un hábil arquitecto y de artesanos previamente adiestrados en la organización de conjuntos megalíticos, infrecuentes en sus territorios. El de Leyva lo construyeron sobre un rectángulo de tierra arenosa de 34,30 x 11,60 metros y erigieron allí 112 columnas de piedra dispuestas en dos hileras, de tal manera que las separaciones entre cada columna van desde los 0,38 centímetros hasta los 6,50 metros.
Las alturas son variables. Se encuentran columnas de sección cilíndrica de 6,80, 3,40 y 2,75 metros. El rectángulo está orientado hacia los cuatro puntos cardinales: el eje longitudinal va de Este a Oeste y et transversal de Norte a Sur. Las columnas sirven como miras para observar el orto y el ocaso de-Sol y de la Luna, localizar los planetas por la posición celeste y. además, realizar complejas operaciones matemáticas conforme al miento de los astros sobre las lineas del triángulo y las diagonales del conjunto, convertido en el computador lítico más ingenioso y exacto del mundo arcaico. Los arqueólogos nacionales aún debaten su utilidad práctica: unos sostienen que sirvió para fijar la fecha de las consagraciones sacerdotales, la hora para celebrar rituales mágicos y el culto astral. Otros creen que a través de la asombrosa instalación se calculaban las temporadas de sequía o de intensas lluvias, determinantes de la siembra y recolección de las dos cosechas anuales de quimua (chenopodiun quimue), grano rico en aminoácidos consumido en gachas por los indios. La hipótesis más atrevida es la planteada por el escritor Erich Von Dániken, con quien en años pasados lo visité. Dániken opina que también habría sido utilizado para "determinar qué días se podía engendrar o se debía evitar la cópula". Es más, el investigador suizo llega incluso a formular esta pregunta: "¿Pasaron por allí los Ogino-Knaus del paleolítico divulgando la buena nueva de la esterilidad cíclica de la mujer?" Probablemente este recóndito y abrigado lugar indígena estuvo con-sagrado a la placentera y controlada siembra de la semilla humana, cuando el Cielo decía que sí. ¡Vaya usted a saber!... No está de más anotar que se halla en cercanías y apuntando hacia la tenebrosa laguna de Iguaque, cuna de la Humanidad a partir de Bachue, Eva precolombiana en la cosmogonía chibcha.

 ¿BOCHICA UTILIZÓ LA ENERGÍA NUCLEAR?

Es apenas una presunción libre, originada en un episodio que la historia no registra, o si de pronto lo hace es para ofrecerlo como algo obvio, olvidando que en el momento de producirse no era posible sin la eficiente participación de alguien familiarizado con el uso de un extraño aparato. Lo encubierto por los historiadores oficiales permite sospechar que Bochica precisó de una potente energía para realizar la proeza hidráulica, hoy irrepetible, que llevó a cabo, salvo que se utilice el poder destructor del átomo. Para los indios el agua significaba la alianza entre el Cielo y la Tierra, pero también la hambruna y el desastre de sus sementeras cuando las inundaciones cubrían sus tierras. Era el caso de la Sabana de Bogotá, inutilizable por estar convertida en un inmenso lago "desde tiempos muy atrasados", como escribía en 1624 Fray Pedro Simón en sus "Noticias Historiales del Nuevo Reino de Granada". Pero cuando el maestro Bochica supo de tal aflicción, ofreció solucionarla poniendo por testigo a Cuchavira (el arco iris) y lo cumplió desde las orillas de la gran inundación. Aquella vez, subido a una pequeña eminencia del terreno, extendiendo su brazo, "arrojó entonces la vara de oro que tenía en las manos, abriendo esta brecha suficiente en las rocas del Tequendama, por donde se precipitaron las aguas dejando enjuta la llanura y más fértil por el limo acumulado" (E. Uricoechea. "Memorias Neo Granadinas". 1854).
En presencia de Cuchavira prometió desecar la gran sabana de Bogotá. ¿Utilizó la energía nuclear para realizarlo?
En el sistema referencial de los indios la vara de oro es un buen símil: llama la atención hacia el objeto desconocido capaz de haber pulverizado las rocas que represaban las aguas y, al darles salida, formar el salto del Tequendama, con una caída de 145 metros, al sur de Bogotá. ¿Pero qué pensar del aparato utilizado para desalojarlas en tan breve maniobra? Pudo tratarse de un minireactor en el que por desintegración del plutonio o de otro elemento radiactivo - por ejemplo, el uranio 235 -, se obtuvo una fuente de energía muy poderosa, tan eficaz que en pocos segundos produjo el vaciamiento del lago. No de otra manera se explica esta asombrosa operación hidráulica que, si quisiéramos acometerla hoy día, demandaría una estrategia similar, costosa y de alto riesgo. Dicen que luego del fulgurante disparo del haz lumínico, escapado de la vara de oro manejada por Bochica, los acantilados se evaporaron. Las aguas de los pantanos hervían al soplo de un fuego abrasador y la luz del Sol se opacó con las cenizas y el polvo que esmerilaban el entorno. Los árboles perdieron sus hojas, abatidas por el torbellino salido de las entrañas del valle y, aun cuando era sua-mena (mediodía), apareció Za (la noche) cubriendo toda la Naturaleza. Las aves huyeron espantadas y los animales de los páramos, enloquecidos, no sabían qué dirección tomar. ¿No es éste el patético relato de una explosión atómica dirigida, como las realizadas en el desierto de Mojave o en el atolón de Mururoa?

LA TEORÍA DEL ÉXODO

En Colombia la historia oficial y, desde luego, quienes la escriben consideran a Bochica como un personaje extraño insertado en las sugestivas leyendas puestas a rodar en Amerindia por la imaginación popular. No le conceden categoría humana; pues sólo así la formidable y tecnificada civilización chibcha resultaría del impresionante talento creativo y del ingenio de los nativos, refractarios a cualquier tipo de intervención o de coloniaje cultural. Ni para qué hablar, entonces, de su origen extraterrestre. Menos aún del extravagante suceso de las Serranías de Pasca, que exacerba a los académicos. Ellos admiten al extraño Dios de las tribus andinas no como persona física y mental, sino como "un proceso sociológico de enseñanza artesanal y política, pero, además, de adoctrinamiento religioso". Esta teoría, que no carece de atractivo, la presenta el profesor Gabriel Camargo Pérez, miembro de la Academia Colombiana de Historia, calificado como el mayor especialista nacional en tradiciones del pueblo chibcha y autor de varios libros sobre este tema. Para él, Bochica "es un fascinante mito de la prehistoria colombiana que, sin duda, radica en la andadura de los primeros hombres que descubrieron y cruzaron las cuencas fluviales de la Amazonía y la Orinoquía de este país en un viaje admirable". Añade, además, que "el remoto origen de tan amañada imagen habría que buscarlo en las migraciones transmarítimas que sucesivamente arribaron algún día, en la época del proto-poblamiento continental, y luego aparecieron en el altiplano Cundiboyacense para estacionarse aquí durante siglos". Camargo Pérez, durante la entrevista que le hice en exclusiva para Espacio y Tiempo, apoyó su convicción en precisiones que abren espacio para cotejar el mito o la leyenda de Bochica a partir del supuesto de que no se trató de un hombre de carne y hueso. sino de un grupo más o menos numeroso de personas que "balseando" por la inmensa red fluvial surcolombiana llegaron hasta la sabana de Bogotá, en el centro oriental del país, hace 12.500 años. y. tras un lento nomadismo exploratorio. se radicaron en estas tierras. Por otra parte, agrega el profesor Camargo, "si gentes ilustradas crearon parábolas bíblicas, dioses del Olimpo, ciudadanos atlantes. alfombras mágicas y miles de fantasmagorías, debemos aceptar que quienes no habían recibido legados escritos, ni revelaciones evangélicas, envolvieron en mito el origen del Universo y de muchas cosas y personas. Por eso debemos recurrir, y estamos recurriendo, al prodigio de las ciencias modernas, y con la ayuda de Dios, para interpretar los secretos que ha escondido la historia en el arcano del tiempo y aproximarnos a la esquiva pero justa verdad de Bochica".

HEREDERO DE LA SABIDURÍA INTERIOR

El suceso humano de Bochica es, para el astrónomo, ingeniero y geógrafo Juan José Salas, director del Planetario de Bogotá y científico muy reputado en Colombia, un asunto muy serio del cual aún no se ha dicho todo. "Nos hemos contentado con candorosas reseñas de su peripecia y pare de contar". Considera Salas que "por carencia de pruebas, puesto que las encontradas hasta ahora son insuficientes, este personaje continúa, a la luz de la ciencia, bajo el irritante rótulo de mito. Pero, de acuerdo a las tradiciones religiosas de los aborígenes colombianos, es un auténtico personaje excepcional por sus conocimientos y su destreza en la realización de obras difíciles"... "No olvidemos que las religiones de los pueblos antiguos acogen dioses y personas bienhechoras que hacen tránsito en la historia local, se destacan por sus merecimientos y desaparecen luego. Esta es una constante universal aun en comunidades de bajo perfil cultural. Nuestro personaje desarrolla el magisterio de lo práctico y lo útil. Desde tejer mantas hasta desvelar el secreto mundo de los astros". Al preguntarle si Bochica pudo haber desecado la inmensa sabana de Bogotá y cómo lo hizo, Salas apuntó que "la varita mágica de oro da mucho que pensar. No se puede tomar como una alegoría sin fundamento, pues, además de manifestar un alarde de conocimientos superiores, evidencia la posibilidad de que fuera un experto en el manejo de las aguas y que con la construcción de canales, acequias y atarjeas las evacuó. Hoy podríamos hacerlo, pero en aquellos tiempos  debió ser empresa muy difícil. Pienso que en edades muy anteriores se crearon tecnologías gracias a los cocimientos heredados, por supuesto, de otra Humanidad que pobló la Tierra hace millones de siglos. Humanidad portentosa por su saber, desaparecida en circunstancias que son un secreto. Tal vez por la acción de catástrofes naturales, epidemias asoladoras o procesos degenerativos incontrolables. Esto pudo ser así, como también que nuestro Bochica sea el heredero de esa pro-.funda sabiduría perdida, como él, en la oscura franja del pasado".

ADIÓS MAESTRO

La aparente "defunción" de Bochica, el extraterrestre precolombino, desborda la realidad para penetrar en el campo de lo sobrenatural. Para los cronistas del siglo XVI fue lo más obvio y, por lo mismo, le dedicaron pocos renglones. Suficientes para redactar un fascinante capítulo de ciencia ficción. El Padre Simón, en sus "Noticias Historiales", da fe del acontecimiento luctuoso e incluso cae en la exageración. Calcula la permanencia terrestre de Bochica en cifra bimilenária, que sobrepasaría la existencia biológica de cualquier mortal, así fuera un longevo patriarca bíblico. Reseña, además, los últimos sunas (meses) de su vida social itinerante, por cierto muy activa, cuando visita a los caciques amigos, organiza "talleres" para enseñar la fabricación de telares y la tinturación y tejido de mantas, dejando, a manera de manual de instrucciones, un diseño mecánico pintado "en alguna piedra lisa y bruñida, por si se les olvidaba". En su manuscrito, el religioso lo hace "desaparecer" en el Valle Sagrado del templo solar como por arte de encantamiento. Y nuestro personaje hace mutis en el escenario del suceso. Para Fernández de Piedrahita el asunto merece más atención. Ocurre en el entorno geoantropológico al que alude la pluma de su colega, o sea, el Valle del Suamox, centro religioso justamente llamado "La Roma de los Chibchas". Su relato es más minucioso y explícito, al añadir elementos de juicio que lo mejoran notablemente: "hacer morir" a Bochica de muerte prosaica, para luego "catapultarlo" al Cielo "en el mesmo cuerpo, no en ánima".
Olvidó, por supuesto, contarnos quiénes se encargaron de poner en órbita al ilustre difunto y el "empaque" en que fue "remesado", datos que hubieran aclarado este inquietante enigma. De aquí en adelante persiste el misterio en torno al personaje más popular de las leyendas colombianas. De él se puede decir todo: que no fue terrestre, sino inmigrante de mundos ignotos; que es tan sólo un mito para decorar la prehistoria del Nuevo Mundo; que tampoco fue de carne y espíritu, sino la personificación de un pueblo buscando su espacio en la Historia Universal. 
Antonio M. Benitez, pintor primitivista, recidente en uno de los sitios frecuentados por Bochica, alegoriza así su presencia entre los Chibchas








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