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sábado, 17 de mayo de 2025

EL SECRETO DE TIAHUANACO POR BERND BASSER


En la frontera entre Perú y Bolivia, sobre los Andes, se encuentra la ciudad de Tiahuanaco, envuelta en leyendas y mitos. 

En un páramo desolado, sin árboles ni arbustos, a 3.800 metros de altura, en el aire enrarecido que acelera el corazón, expuesto al sol y a los vientos constantes, se esconde uno de los mayores misterios de este mundo. Tiahuanaco, o originalmente Inti Huahuan Haque = "Ciudad de los Hijos del Sol", pero también llamada la "Ciudad Eterna". 

Ya estaba en ruinas mucho antes de que los incas fundaran su imperio. Tiahuanaco no puede compararse con ningún otro sitio arqueológico; Simplemente no encaja en la imagen que los arqueólogos han creado y siguen creando de la historia sudamericana. 

El material de construcción, los bloques de piedra, algunos de los cuales pesan más de 100 toneladas (el más pesado se estima en 200 toneladas), fueron traídos de una cantera a 60 kilómetros de distancia a través de un terreno difícil.

Puerta solar cincelada en bloque de andesita
 

Si uno se sitúa frente al enorme complejo del templo, frente a la Puerta del Sol, ricamente esculpida y tallada en un enorme bloque de andesita, frente a los pilares de piedra erigidos como por gigantes: tres metros de alto, dos metros de espesor y hasta cinco metros de ancho. Si se miden las enormes losas de piedra del altar, cuyos fragmentos todavía miden seis metros de largo y cuatro de ancho, con un espesor de un metro y medio, entonces se comprende al ingeniero austríaco Arthur Posnansky, quien creía que un pueblo aún desconocido, dotado técnica y artísticamente, debió haber vivido aquí hace 18.000 años. (En el dibujo de la derecha se puede observar a uno de los cuarenta y ocho compañeros de la figura principal en el relieve de la Puerta del Sol de Tiahuanaco.)

 

La ciencia moderna ha datado la fundación de Tiahuanaco no más de 2.000 años atrás, pero incluso esta información no es segura. La descripción más antigua de este yacimiento proviene de Pedro de Cieza de León. Aún así, no podía entender ni estimar qué tipo de instrumentos o herramientas se utilizaron para tallar estos colosos de piedra, que debieron pesar el doble en su forma sin tallar. 

Es realmente inconcebible que los nativos primitivos hayan creado estas enormes estructuras.

Sus cinceles y hachas estaban hechos de piedra. Quedaban desafilados después de cada golpe y había que afilarlos constantemente.

Y sin embargo, los pilares y losas del Templo del Sol tan matemáticamente preciso, tan limpiamente tallado y ensamblado, que ningún albañil podría lograrlo hoy en día. 

Se han pulido bloques que superan en tamaño a los del antiguo Egipto, con una precisión de menos de medio milímetro. 

Se decía que los vehículos en los que se transportaban a través del agua los bloques que pesaban cientos de toneladas o más desde las canteras de la otra orilla del lago Titicaca eran pequeñas balsas de juncos. No pudimos lograr eso hoy. Por el contrario, tendríamos que utilizar nuestra tecnología moderna, como barcazas y remolcadores, para repetir tales hazañas. 

Los constructores de Tiahuanaco tampoco tenían carros ni animales de tiro a su disposición y se dice que no estaban familiarizados con las poleas. Pero ¿cómo lograron crear estos edificios ciclópeos? Sus conocimientos técnicos debieron ser abrumadores. 

Intento de reconstrucción del Kalasasaya de Tiahuanaco

En el sitio de ruinas de 450.000 m² se encuentran ahora los bloques, con sus superficies lisas como el vidrio, con bordes afilados como navajas y con un peso de muchas toneladas. Inevitablemente surge el pensamiento de los gigantes de la prehistoria. Y realmente hay gigantes allí: figuras de piedra, de cinco a siete metros de altura, cubiertas de símbolos aún no interpretados. Y puertas, cada puerta tallada en un solo bloque, puertas gigantescas. Y, sin embargo, no es lo suficientemente grande para los gigantes; Incluso las personas de estatura normal tienen dificultades para atravesar las aberturas de las puertas. Muchos bloques parecen haber sido fundidos, y lo que es único en la arquitectura peruana es que bloque tras bloque fue remachado con grapas de cobre. 

Además, los investigadores excavaron cámaras subterráneas exquisitamente construidas. ¿Quiénes eran estos constructores que manejaban bloques de roca que pesaban toneladas, como los nativos con los ladrillos de barro? 

Los creadores de Tiahuanaco probablemente no eran gigantes, pero eran poderosos; Para ellos nada era imposible. Cuanto más hallazgos salen a la luz (y ciertamente todavía hay mucho debajo de la tierra quemada), más claro resulta que los constructores de esta "ciudad en las nubes" deben haber sido personas de conocimientos extraordinarios. 

Los arqueólogos creen ahora que los misteriosos orígenes de esta cultura igualmente misteriosa probablemente nunca serán descubiertos. En cualquier caso, sus investigaciones, incluso con los equipos más modernos, como el magnetómetro de cesio (con este aparato se pueden descubrir estatuas, lugares y edificios en las profundidades de la tierra), han resultado infructuosas. 

 Los llamados «asientos de piedra de Tiahuanaco

Se ha establecido que los constructores de Tiahuanaco poseían un alto nivel de conocimientos astronómicos, y la construcción de estas estructuras con asombrosa precisión indica el perfecto desarrollo del arte de la topografía. Y así las tradiciones aseguran que en la zona de Tiahuanaco se asentaron inmigrantes que vinieron de lejos y basaron sus construcciones en las estrellas.  

Tenemos que agradecer a los Incas el hecho de que todo recuerdo del gran pasado de Tiahuanaco fuera borrado deliberadamente. 

Esto, por supuesto, complica la búsqueda del origen de esta ciudad. Muchos investigadores están convencidos hoy de que los urus que viven en el lago Titicaca, también llamado "Lago del Sol", son los remanentes de los antiguos pueblos indígenas. Y de hecho, los mitos Uru a menudo hablan de una ciudad de piedra. El nombre Uru es en realidad un término despectivo que les dieron los indios peruanos; Su verdadero nombre es Kot-suña , que significa "habitante del lago". 

No humanos con sangre negra: ¡Extrañamente, los Uru se niegan categóricamente a ser contados entre la raza humana! 

Y efectivamente existe una tradición que nos cuenta que Tiahuanaco fue el lugar donde los antepasados ​​descendieron del cielo. Además, los mitos relatan que de este lugar surgieron tres “portadores de cultura”. 

Los humanos (?) que bajaron a la Tierra desde el cielo podrían significar que seres de estrellas extraterrestres alguna vez aterrizaron en la región del lago Titicaca. En cualquier caso, las tradiciones Uru confirman esta fantástica afirmación. 

El etnólogo francés Jean Vellard, que vivió durante mucho tiempo entre el pueblo Urus, ahora extinto, en el lago sagrado, registró los recuerdos de estos habitantes del lago. A continuación se presentan algunos extractos:  

Nosotros, los otros, nosotros, los habitantes del mar, los Kot-suña, no somos humanos. Estábamos aquí incluso antes de que el sol comenzara a iluminar la tierra...

Estábamos aquí antes de los Incas, y antes de que el Padre del Cielo, Tatiú, creara a la humanidad, a los aymaras, a los quechuas, a los blancos. Incluso en el tiempo en que la tierra todavía estaba envuelta en penumbra, cuando sólo la luna y las estrellas la iluminaban (?). 

Cuando el lago Titicaca era mucho más grande que hoy... 

Incluso en aquel entonces nuestros padres vivían aquí. No, no somos seres humanos... 

Nuestra sangre es negra, por eso no podemos congelarnos. Por eso no sentimos el frío de las noches de mar.... 

No hablamos un idioma humano y la gente no entiende lo que decimos. Nuestras cabezas son diferentes a las de otros indios. 

Somos muy viejos, somos los más viejos, somos más viejos que la Humanidad. ¡No somos seres humanos! 

También es extraño que los Uru afirmen que ellos mismos lucían diferentes en el pasado que en la actualidad. Supuestamente tenían el mismo aspecto que los artistas de Tiahuanaco representaron a los habitantes de esa época en los bloques de piedra: con brazos y piernas largos y cabezas alargadas. 

Poco a poco, las cabezas y las extremidades habrían ido cambiando hasta adoptar su forma actual. 

En el exterior son similares a los humanos, pero en el interior son completamente diferentes hoy en día. 

¿Por qué los Uru se niegan tan rotundamente a ser contados entre los humanos?. En realidad sólo hay una respuesta a esto: ¡Los ancestros de los Urus vinieron de mundos extraterrestres en el espacio! 

Sus cuerpos cambiaron, o mejor dicho, se adaptaron gradualmente a las condiciones terrenales. De ahí el conocimiento de la diferente apariencia de sus antepasados. 

Desde el punto de vista científico, se debería prestar más atención a la tradición Urus, porque podría ser una prueba de que seres similares a los humanos procedentes de las profundidades del espacio encontraron un nuevo mundo habitable en la Tierra, donde podrían seguir viviendo en una zona pobre en oxígeno. 

Reconstrucción  del edificio Puma Punku

Probablemente fueron ellos quienes construyeron Tiahuanaco. Sólo los mitos pueden aún hablarnos de los orígenes de las culturas tempranas, y hay que notar que su núcleo, despojado de todos los adornos, contiene la verdad y, por tanto, la respuesta a las preguntas de dónde venimos y hacia dónde vamos...


Este artículo se publicó en la revista alemana Mysteria n° 12/79


Agregamos a este artículo que en ciertos lugares de Sudamérica se han encontrado esqueletos de antiguos Urus (quienes llegaron a la Tierra hace un millón de años como enanos), que no se han estudiado profundamente o cuyos estudios no se han dado a conocer.


El espeleologo Julio Goyén Aguado con un esqueleto de un antiguo Uru

Esqueletos de antiguos Urus en un enterramiento de Sudamérica


viernes, 25 de enero de 2019

Tiahuanaco, ciudad mágica (Peter Kolosimo)

De las ruinas de Tiahuanaco se ha escrito muchísimo y se sigue haciendo, a medida que nuevas investigaciones y nuevos descubrimientos son revelados, pero en esta ocasión queremos mostrar la visión sobre ellas, de uno de nuestros investigadores favoritos: Peter Kolosimo, quien junto a tantos otros pioneros del Realismo Fantástico nos formó en nuestra adolescencia y primera juventud, en los misterios de nuestro planeta y el universo, tanto exterior como interior. Aquí nos ofrece un artículo publicado en la magnífica revista española Mundo Desconocido (n° 28, Octubre 1978), dirigida por otro investigador importante: Andreas Faber Kaiser






Estatuas vivas para una puerta cósmica

Monolios gigantescos, galerías excavadas que trazan constelaciones conocidas e ignoradas, plataformas marcadas por llamaradas de terible potencia: ¿acaso dersde tiempos inmemoriales una raza desconocida construyera aquí sus fabulosos cosmódromos?

Grandes platos coloreados 

En la región de Tacna, en el límite entre Perú y Chile, donde se eleva el volcán Descabezado Grande, desde hace años inquietantes fenómenos difunden el terror entre la población: fragores que, por cierto, no provienen del subsuelo, resplandores imprevistos, coloreados, estelas de fuego en el cielo y, lo más sorprendente, la aparición de "grandes platos coloreados luminosos como el sol". 

 La gente del lugar nunca sintió hablar de discos voladores, pero extrañamente vincula tales manifestaciones con los "diablos de la noche que vienen del cielo", y también afirman haber visto alguno de forma no humana en los alrededores de la ciudad de Moliendo (en el Perú) y de África (en Chile).
  Tanto para tranquilizar a los habitantes de la zona, como para buscar aclarar el origen de los fenómenos, un grupo del Centro de Expediciones Andinas organizó una serie de sistemáticas exploraciones. No llegó a ninguna conclusión, pero a través de la observación aérea descubrió dos extensas plataformas frente al volcán. Y algunos estudiosos fascinados por las marcas estelares no tardaron en ver en ellas astropuertos de una raza desconocida construidos en la Tierra en tiempos inmemoriales. 



700 metros cuadrados 

Estos "cosmódromos" están a 3.200 metros de altura, miden alrededor de 700 metros cuadrados y están formados al menos por 270 bloques de lava unidos, cada uno de los cuales debe pesar cerca de 10 toneladas. "Se ven extraños signos negros" agregan dos miembros del Centro, "que hacen pensar en improntas dejadas por las llamas de los vehículos espaciales". 

 Además afirman haber descubierto la entrada a una misteriosa galería. Podemos creerlo o no: pero existe el hecho de que los indios conservan el recuerdo de una tradición según la cual un largo túnel partiría del Descabezado Grande para terminar en el límite entre Perú, Chile y Bolivia, a poca distancia del lago Titicaca donde, se dice, habría existido otra plataforma similar a las dos descubiertas por la expedición andina. 


La serpiente de oro 


El Titicaca es un extraño lago: a 3.812 metros sobre el nivel del mar, mide 8.300 kilómetros cuadrados y sigue constituyendo un gran rompecabezas para la ciencia, sobre todo por su notable contenido salino. Basta con decir que en junio de 1970 una misión francesa excluyó de inmediato la posibilidad de usar su agua para irrigación: si se hubiera usado, el terreno circundante se habría convertido en un desierto.    En la lengua de los aymará (indígenas peruanos —alrededor de 500.000— descendientes de estirpes preincaicas), Titi significa puma y caca indica el color leonado, pero también es el nombre de un pez local que ocupa un papel considerable en las leyendas sobre la creación y el diluvio. La tendencia más reciente es la de traducir la denominación del espejo de agua como "Lago del puma y del pez sagrado", remitiéndose justamente a las tradiciones que lo describen como "seno de la humanidad".

  Aquí Viracocha, el dios supremo de los incas, habría cumplido su ingrato trabajo tendente a crear una raza perfecta: habría fallado cuatro veces, y ahogó los frutos de sus errores con el fuego de los volcanes, un diluvio tremendo, epidemias de una virulencia sin parangón y, finalmente, petrificando a los desobedientes a las leyes divinas. Se trata de creencias (recordadas todavía hoy) que se encuentran en todo el globo, que vemos reflejadas en el Popol Vuh de los mayas, en los relatos mesopotámicos, en los textos sagrados indios, sólo para citar algunos ejemplos. Pero aquí, en el enigmático lago encontramos algo más, vemos un despuntar de fantaciencia en las palabras que el emperador Atahualpa dirige a Pizarro:
 —Aquí está la impronta dejada por el Sol cuando tomó el impulso para subir al cielo.
  ¿De qué impronta se trata? "De una enorme quemadura en la piedra" nos enteramos por los cronistas de la Conquista. iY nos remiten a los "cosmódromos" de Tacna! 
 Y recién estarnos al comienzo de la ciencia ficción. Actuemos según Garcilaso de La Vega, uno de los más medidos historiadores (1537-1616) que cuenta haber descendido a las galerías cavadas debajo de la laguna de Urcos, entre Cuzco y el Titicaca, de las cuales —según antiquísimas tradiciones indígenas— habría "subido al cielo una enorme serpiente de oro". 

Galerías que son constelaciones 

Es la serpiente Amaru, que figura en el candelario de los antiguos peruanos y de los polinesios para señalar el comienzo del año. Y ese período coincide tanto para unos como para otros con la primera reaparición de las Pléiades, las estrellas que dejaron su impronta en los mitos más desconcertantes de la humanidad. 

 Las mismas galerías que se abrirían desde el Titicaca no sólo hacia el Descabezado Grande, sino en otras direcciones, marcan constelaciones conocidas e ignoradas. Lo afirma el escritor W. McCarthy refiriéndose a autorizados cronistas ibéricos y entre ellos a Cieza de León. 

Calles subterráneas 

"El gran viajero francés Alcide d'Orbigny", refiere por su parte Simone Waisbard, "señaló en el siglo pasado: 'Se ven por todas partes (en las cercanías del lago) bocas subterráneas'. ¿Exageraba? Su emulo, el austríaco Tschudí, habló de calles subterráneas que se extendían en toda la región, a veces alargándose hasta formar grandes cámaras cuidadosamente construidas y asegura haber visitado algunos pedazos, desgraciadamente obstruidos". Y el arqueólogo Kauffmann Doig declara que la Puerta del Sol de Tiahuanaco "podría sellar la entrada a un túnel desmesurado" con ramificaciones imprevisibles. 

Tierra de gigantes 



Estamos pues en Tiahuanaco, una de las más misteriosas y sugerentes ciudades muertas de\ globo. Hoy dista 25 kilómetros del lago, cuyo nivel baja cada vez más, pero en tiempos cercanos a nosotros el agua lamía este majestuoso conjunto. "En un titánico palacio hay una sala de 45 pies de largo y 22 de ancho, con un techo construido como los del templo del Sol de Cuzco", dice Cieza de León. "Esta sala tiene muchos grandes portales y muchas ventanas. La laguna baña los escalones que llevan al atrio. Los indígenas dicen que es el templo consagrado a Viracocha, el creador del mundo".

  Las leyendas pues, concuerdan, incluida la del diluvio y de los gigantes. La cual pretende que la ciudad fue edificada por titanes (¿cómo negárselos frente a tanta imponencia?), los mismos que, "desobedientes", habrían sido borrados de la faz de la Tierra por el dios. Al menos resulta curioso el hecho que sean recordados todavía, con una clara referencia a su petrificación, en el curso de ceremonias mágicas. El estudioso Bennett en 1932 fue admitido a participar en ellas, y al final lo des-pidieron las palabras que el sacerdote dirigió a todos los presentes:
  — Ya han visto. No vuelvan nunca más a este lugar, o se convertirán en roca como los gigantes.

Ciudad eterna 

También al diluvio y a los titanes parecen remitirse los intentos de interpretación del nombre de este enigmático centro. Según Luis E. Valcárcel se debería pensar en el lugar "donde se conjugan tierra y agua (de los monosílabos Ti = junto, Wa = Tierra, Na = unión, Co = agua). La explicación tal vez es demasiado simplista pero algunos términos aparecen en otras versiones (Miguel de los Santos Taborga: "Tia-l-Huanabco", el país bajo el agua del dios; Robert Schultz: "Tiava-Wan-Hake", la ciudad del Sol y del agua; Felipe Consío del Pomar: "Tiahua-Na-Ku", la ciudad eterna del agua, etcétera).
  De cualquier manera parece que la metrópoli fue dañada seriamente justo 9.500 años antes de nuestra era, después del cataclismo que causó el hundimiento de la Atlántida y levantó la Cordillera de los Andes a su actual altura. 

16.000 años 

Cuando los incas llegaron al Titicaca encontraron a Tiahuanaco ya destruída y desierta. Por lo tanto es imposible establecer su edad. Hay quien le atribuye 16 mil años (el ingeniero Posnansky, a quien debemos mucho en lo que concierne a la conservación de los últimos vestigios) pero sin duda las ruinas aparecen sobre restos de centros mucho más antiguos.
  Las excavaciones dirigidas por el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiahuanaco bajo la dirección del arqueólogo Carlos Ponce Sangines, con la colaboración de los geológos Max Mille y Gerardo Mogrovejo Terrazas, llegaron a conclusiones asombrosas: "Cinco ciudades yacen sepultadas, con Caparazones de toxodontos, mamíferos ungulados de edad antidiluviana (...) El estudio de las estratificaciones revela que largos siglos de esplendor quedaron truncados de golpe, que le siguieron períodos de decadencia y espectaculares renacimientos"
 Una datación, aunque sea aproximativa, es imposible. Se convendrá en mantenerla en una lejanía de millones de años (desde 5 a 250!) que los ufómanos asignan a la primera metrópoli, considerándola fundada por colonizadores marcia-nos o por bellas venusinas orejudas dentro de la moda de la zoofilia. 

Estatuas vivas 

No se necesitan ciertas fantasías de este tipo para atribuirle a Tiahuanaco el apelativo de "ciudad mágica" que tantos estudiosos le han conferido. Es suficiente con recorrer algunos trozos de las antiguas crónicas como los que reproducimos a continuación. 
 Garcilaso de La Vega: "La obra más bella es una colina construida por manos humanas, con la cual los habitantes de esta ciudad han querido imitar la naturaleza. Para impedir que las masas de tierra se precipiten, han asegurado sus basamentos con murallas de piedra unidas a la perfección (...) Por un lado se ven dos gigantes de piedra con sombreros y largos mantos (...) Muchos portales enormes se han construido con un solo bloque".
  Diego d'Alcobaca: "En medio de las construcciones de Chuquiyutu (otro nombre de Tiahuanaco) en los alrededores del lago, hay una plaza de 24 metros cuadrados y a un lado de esta plaza se extiende una sala cubierta de 14 metros de largo. La plaza y la sala fueron labradas en una sola pieza: ¡esta obra maestra se cavó en la roca! Todavía hoy se descubren aquí muchas estatuas. Representan hombres y mujeres y son tan perfectas que se los creería vivos. Algunas figuras están en la actitud del que se dispone a beber, otras parecen a punto de atravesar un arroyo, otras son mujeres que le dan el pecho a sus niños"

La octava maravilla 

Jiménez de La Espada: "Hay un palacio que es una verdadera octava maravilla del mundo: piedras de 37 pies de largo y 15 de ancho han sido trabajadas de manera tal que encajan una en la otra sin que se descubra la conexión".
  Anónimo: "La gran sala del trono de Tiahuanaco tiene 48 metros de ancho y 39 de largo; la más pequeña (y más antigua) tiene 26 metros de ancho y 30 de largo (...) Los templos con terraza de Tiahuanaco son idénticos a los que se levantaron entre el Tigrís y el Eufrates".

La Baalbek del nuevo mundo 

Nada queda ya de estos espléndidos testimonios de una desconocida, grandísima civilización. Nadie podrá establecer ya cuánto se robó a Tiahuanaco y se dispersó en innumerables colecciones privadas de todo el mundo, pero basta con pensar en los monumentos que fueron destruidos y usados para construir caminos, palacios e iglesias, para comprender el alcance de las acciones vandálicas cumplidas.
  Para despedir de manera tan fascinante como triste la esperanza de aclaración de la "Baalbek del nuevo mundo" (así la llama el arqueólogo inglés E.G. Squier) ha quedado la Puerta del Sol, el mayor monolito esculpido sobre la Tierra, formado por un bloque de 3 metros de alto y 2 de ancho. Según Posnansky se trataría de un calendario y de un instrumento astronómico al mismo tiempo; otros estudiosos descubren en sus representaciones símbolos de la creación, de la potencia celeste, del diluvio, de fantásticas realizaciones humanas. 

Puerta cósmica 

Nos parece interesante la interpretación dada por Max Uhle, según la cual el personaje colocado en el centro sería el que rige el Olimpo andino, "el señor del trueno y del rayo, vestido de estrellas", el mismo que, con iguales atributos, es adorado en Amazonia. Uhle, recogiendo con paciente y minucioso trabajo las tradiciones aymará, piensa poder definir de esta manera a los otros desconcertantes seres: 

Lliphi-Lliphi, experto en razas y explosivos; Chijchi, guardián de las municiones; 
Akarapi, "patrón del frío y de la lluvia";
 Kada, hermana de Akarapi, señora de los hielos;
 Ritta, diosa de las nieves; 
Nina, guardiana del "sagrado fuego del rayo";
 Nina Pichinquilla, divinidad de los volcanes;
 Waira, desencadenador de los huracanes; 
Yallpa Kharkati, el "espíritu de los terremotos";
 Keko, el "dios que lanza los relámpagos". 


El más bello santuario 

Alrededor de estos atributos podrían tejerse innumerables fábulas cósmicas, alimentadas por las creencias aun vivas entre los indígenas. ¿Fábulas o reflejos de una insospechable realidad, como afirman los soviéticos Kasantzev y Jirov, que ven en las figuras de la Puerta del Sol representaciones de escafandras espaciales y de motores astronáuticos?
 Es imposible responder. Limitémonos pues a reconocer con Charles Wiener que Tiahuanaco "es el más bello santuario del mundo, con su desnudez, su extraña poesía, su fascinación de esencia inaprehensible". 



Agradecimiento eterno a Javier Stagnaro por el aporte de este artículo.


sábado, 6 de junio de 2015

CIVILIZACIONES "SIN RAICES" por Hans Schindler Bellamy


Últimamente se han realizado nuevos descubrimientos en las ruinas arqueológicas de Tiwanaku (Bolivia). Aquí recordamos un capítulo de la obra El libro de los Antiguos Astronautas, de Jacques Bergier y G. H. Gallet (Plaza y Janés, 1982), escrito por uno de los antiguos y principales investigadores de Tiwanaku, el profesor Hans Schindler Bellamy, autor entre muchos libros, de The Calendar of Tiahuanaco (1956)

Nacido, el 29 de marzo de 1901, en Viena (Austria). Profesor de lingüística en Viena y de arqueología preincaica en Sucre, Bolivia. Excavaciones en Perú, en Bolivia y en Israel (Jerusalén). Autor de numerosas obras filosóficas, mitológicas y arqueológicas.


El problema de arqueología probablemente mas misterioso y, sin duda, mas inquietante, es el del origen de muchas de las mas altas civilizaciones del pasado... y de algunas del tiempo presente. Estas civilizaciones "sin raíces" tienen muchos rasgos comunes y característicos. Parecen haber surgido "súbitamente" en pleno desarrollo en los lugares donde se encuentran sus huellas, a menudo desconcertantes por completo. Estos lugares de descubrimiento están generalmente situados en regiones muy elevadas del mirado. Prácticamente son siempre desérticas (o casi) en la actualidad, si bien parece que en el momento de su florecimiento existía allí un clima benigno, así como una flora y una fauna abundantes. En el curso del período comparativamente «breve» durante el cual fueron florecientes, estas civilizaciones mostraron generalmente pocos cambios. Parecen haber tenido fin de una manera casi tan brusca como empezaron y, por tanto, no haber sido debido a una acción enemiga, sino a alguna catástrofe o cataclismo tan grande como extenso (tal vez mundial). En consecuencia, los supervivientes de estas altas civilizaciones fueron poco numerosos y, probablemente por esta misma razón, casi desprovistos por completo de la capacidad mental y técnica de continuar o recrear la civilización perdida. He aquí por qué estos intentos, casi siempre muy lastimosos, suelen ser calificados habitualmente de «tardíos» o de «decadentes». Yo mencionaría sólo algunas de las más altas civilizaciones «sin raíces» que se encuentran acá y allá en el mundo (sin entrar en detalles por el momento), y cuya presencia está probada por restos maravillosamente originales o por vestigios «decadentes» dejados por sus descendientes o por ambos. Por ejemplo, tenemos la extraordinaria civilización antigua del Tibet, prácticamente borrada por la exuberancia de ulteriores aportaciones «religiosas» extranjeras: la (o las) cultura(s) preincaica de los altos Andes, principalmente de Perú. y Bolivia, y las antiguas culturas preazteca, tolteca, etc., de las altas mesetas mexicanas. La extraña, por no decir enigmática civilización maya, al menos en la forma en que la conocemos, no es, aparentemente, originaria de las altas tierras, mostrando, tanto en ello como en otros aspectos, similitudes con los orígenes de la civilización egipcia. Sin embargo, debemos mencionarla igualmente
como si se tratara, en todos los aspectos, de una civilización absolutamente «sin raíces». Aquí trataré, sobre todo, de la sola y única civilización sin raíces que, por una u otra razón, ha permanecido más o menos desconocida y oscura hasta el presente. Me ha interesado especialmente, en el curso de los treinta últimos años e incluso más, por los problemas relativos a la civilización de Tiahuanaco, cuyos restos, verdaderamente extraordinarios, se encuentran cerca del lago Titicaca, en Bolivia, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El inmenso campo de ruinas cubre numerosas hectáreas. Las construcciones son de acuerdo con el modo megalítico, enormes bloques, admirablemente escuadrados, de una piedra de dureza casi vítrea (andesita), que pesan hasta las 200 toneladas y que están unidos sin mortero. Las puertas y las ventanas están excavadas en grandes bloques monolíticos. Al no haberse encontrado nunca ninguna herramienta adecuada en los alrededores, sigue siendo imposible comprender cómo estas piedras pudieron ser talladas con una tal perfección. Numerosos edificios (probablemente «templos» u otros lugares de reunión de multitudes) están erigidos a la perfección, lo cual sigue siendo aún hoy una labor delicada, incluso con todos nuestros teodolitos y otros instrumentos topográficos. ¿Cómo fueron transportados estos enormes bloques, ya que la rueda era desconocida? Éste sigue siendo otro enigma. ¿Por qué estos vastos lugares de reunión fueron construidos allá donde hoy la población que vive en aquellos parajes apenas llena la pequeña iglesia? No se sabe. Las cosechas en estas alturas, más bien frías, son escasas, y la vida es dura en el aire rarificado. El mundo de los tihuanaqueños de otro tiempo debió de ser muy distinto en todos los órdenes. Especialmente debía de hacer mucho más calor, con mejores condiciones climáticas generales. Debió de haber árboles y una vegetación abundante y variada. La latitud de Tiahuanaco es subtropical. Por otra parte, y según los vestigios encontrados, se puede pensar que Tiahuanaco, en tiempos antiguos, debió de ser una ciudad portuaria, mientras que actualmente la orilla, cubierta de fango y de cañas, del lago Titicaca, se halla a unos 25 kilómetros de distancia. Los monumentos arqueológicos más notables de Tiahuanaco son la llamada Puerta del Sol y las altas estatuas monolíticas.
La fachada de la primera está incrustada de notables glifos, soberbia e impecablemente ejecutados, y las segundas están cubiertas de los mismos todo alrededor. Mi colaborador Peter Allan, ya desaparecido, y yo mismo, al considerar estos glifos como «inscripciones» cronográficas, creímos haber podido hacer «hablar» y revelar sus secretos, una vez que los intentos de otros numerosos especialistas no condujeron a ninguna parte. Estos admirables glifos, grabados en bajorrelieve plano, constituyen la única forma de «escritura» jamás descubierta en toda la América del Sur, e incluso en América del Norte, donde sólo las inscripciones mayas son algo similares y han sido objeto de interpretaciones cronográficas, aunque de género distinto.
Los glifos cronográficos de la Puerta del Sol y de las estatuas monolíticas de Tiahuanaco dan una sorprendente entrevisión de un mundo muy alejado, muy diferente de nuestro mundo actual. Por desgracia me es imposible entrar aquí en detalles, ya que se trata de algo más bien complicado. Así, pues, remito, a aquellos que se interesen por un difícil desciframiento de mi obra, escrita en colaboración con Peter Allan: The Calendar of Tiahuanaco.
La civilización de Tiahuanaco, que surgió tan abruptamente en el mundo, en un extremadamente alto estado de perfección, llegó, al cabo de un tiempo relativamente corto, a un fin tan repentino como brusco. Dicho fin fue debido, sin duda, a un diluvio catastrófico, un gran cataclismo de origen cósmico que sumergió la región de este centro de civilización única. Escaparon, sin duda, muy pocos de sus habitantes, probablemente logrando salvar sólo su vida, y tal vez un poco de savoir-faire técnico, gracias al cual intentarían seguidamente restablecer, en sus nuevos hábitats, ciertos aspectos de su civilización perdida. Su resultado fueron las distintas pequeñas civilizaciones locales de las tierras bajas, caracterizadas por los llamados estilos «decadentes» de Tiahuanaco, o tihuanacoides. La mayor parte de éstos están muy lejos de los estilos «clásicos» originales. Estos últimos eran «significativos», mientras que los primeros son caricaturas de aquéllos, carentes de significado. Tal fue el fin de la civilización de Tiahuanaco. Pero, ¿de dónde procedía originalmente la sorprendente civilización de Tiahuanaco? Como quiera que jamás se han descubierto en ninguna parte formas «primitivas» —aunque las mismas pudieron muy bien quedar destruidas por un cataclismo—, hasta un arqueólogo muy prudente y ortodoxo se siente terriblemente tentado de seguir la teoría audaz, pero inmensamente provechosa, de Von Dániken, según la cual las altas civilizaciones habrían sido implantadas en la Tierra por extraterrestres: los antiguos astronautas. Creo que la idea merece, sin duda, reflexión, y todos los argumentos en pro y en contra deberían ser minuciosa y seriamente pesados y examinados. Esta forma de actuar no debería ser tomada como una manera fácil de escapar a un callejón prácticamente sin salida, sino también como una solución realmente posible de lo que, de otra forma, permanece como uno de los más grandes enigmas de la arqueología.


Post-scriptum. En el curso de un reciente viaje de investigación a las altas tierras de Bolivia, por parte de un grupo de partidarios de Daniken, en el que participó Josef Blumrich, de la NASA, se encontró cierto número de instalaciones muy curiosas que, si algo significan, demostrarían que desde allí fueron lanzadas naves espaciales.


jueves, 7 de junio de 2012

HISTORIAS EXTRAÑAS: LOS VISITANTES



EL AUTOR NOS PINTA CON EL PINCEL DE LAS "REALIDADES PARALELAS", UN CUADRO INQUIETANTE DE LA MISTERIOSA TIAHUANACO Y SU PARENTESCO CON LOS MAESTROS DEL ESPACIO.
Una serie del Mayor Alvaro Pinedo A. (ONIFE-CEP. Bolivia)
Revista En La Cuarta Dimensión nº 154 (1987)

Entre celajes de sangre y el ópalo de las sierras que enmarcan el Titicaca, desciende,  fulgurante, majestuoso, el sol, semejante a un gran pectoral de oro pendiente en el azul tórax del cielo.
 Arduo fue el trabajo de aquel día. Los grandes esfuerzos realizados al extraer de su milenaria tumba, aquel monolito jorobado sin causarle deterioros, fueron muchos. Tuve que gritar, empujonear  y ayudar personalmente a los rudos peones aymarás, que a más de no comprender el castellano trabajaban con el miedo provenientes de las leyendas y supersticiones que dominaban  sus primitivas mentes. Todo aquel trajinar me dejó exhausto.
 Tendió su cuerpo sobre el angosto catre de campaña, dejando colgar sus brazos hasta que tocaron el suelo de tierra apisonada de su carpa. Relajó sus músculos doloridos y dejó vagar sus pensamientos por la densa bruma que rodeaba el pasado de aquellas enigmáticas ruinas. El trabajo de restauración del gran templo de  Kalasaaya era una obra monumental de la arqueología moderna. Cuando más se profundizaba ene el estudio de aquella misteriosa raza que creó a gigantesca civilización de Tiahuanacu, más desconcertante se hacía su origen. Largo rato anduvo merodeando por aquel ignoto pasado hasta que se fue adentrando en oscuro paraje de los sueños.

 Durmió algo, lo que todavía faltaba de la tarde, hasta que se hizo de noche. La llamada de su ayudante a la cena lo despertó. Mientras se dirigía a la carpa que servía de comedor al personal de ingenieros y arqueólogos que se encontraba en el campamento, sentía una rara sensación; algo danzaba ene su cerebro como un vago recuerdo. Las fantasías que llenaron su sueño no las podía precisar, ni darles su cabal significado. Esto le produjo un desasosiego molesto.
 Durante la comida poco habló con sus camaradas y ni bien terminó se disculpó y salió de inmediato.
 La noche estaba cuajada de estrellas. La Vía Láctea en todo su esplendor brillaba sobre la altipampa como el manto bordado de lentejuelas de un fabuloso bailarín del collado.
 Con el cuello levantado de su grueso sacón el joven arqueólogo dirigió sus pasos hacia el imponente muralla del templo.
 Largo rato estuvo deambulando sin rumbo, en sus meditaciones científicas gasta que, cansado, tomó asiento en una estela de piedra que aún no había sido puesta en el lugar que ocupara en el muro sur del gran templo. Soplaba una suave brisa, pero intensamente fría, que le congelaba las mejillas. La atmósfera era diáfana y ni una sola nube empañaba la noche. Las estrellas lucían con un brillo radiante, propio de aquellas alturas andinas. Contemplando aquellas fabulosas ruinas, producto de una civilización superior en muchas cosas a la contemporánea, y sumido en un sinfín de conjeturas, se encuentra absorto. Sus estudios y excavaciones no lo han llevado a una hipótesis lógica. Cada día trata de profundizar más en busca de la verdad sobre aquel asombroso pasado, pero se siente más desconcertado. Las preguntas que se plantea le martillan la mente; ¿quiénes construyeron aquella fantástica urbe?  ¿Qué origen tuvo? ¿Quiénes fueron capaces de crear aquella civilización en la que la astronomía, geometría, matemáticas y otras muchas otras ciencias ran conocidas perfectamente adelantándose milenios a su época?.

 Una voz lo sacó de su meditación: -“Buenas noches, ¿puedo hacerle compañía? ”-. Quien había hablado era un hombre de estatura elevada que se hallaba a pocos pasos de él. No había sentido su llegada, y a la luz de las estrellas pudo observar su aspecto: llevaba un poncho oscuro, al parecer de lana alpaca, que le llegaba hasta cerca de los tobillos; su cabeza descubierta lucía un cabello  de tonos dorados que le caía en ondulada melena hasta cerca de los hombros.
 Su aspecto era el de uno de los tantos turistas hippies que continuamente visitaban las ruinas. De principio la intromisión le causó cierto disgusto, ya que él había buscado la soledad par coordinar sus ideas. Disimuló su contrariedad y trató de ser amable.  Con tono cortes respondió:  -Encantado contemplemos este paisaje en el que duerme un pasado esplendoroso, lleno de misterio.
 Con un ademán le indicó tomar asiento a su lado. Un buen rato estuvieron sumidos en un silencio casi místico, hasta que el extranjero, con cierto acento raro pero en buen español preguntó:  -¿Qué opina usted sobre estas ruinas, quiénes cree que fueron sus constructores?
 Estas preguntas tocaron la llaga que atormentaban al arqueólogo y le produjo la necesidad de abrir una válvula de escape a su tensión emocional. Dando rienda suelta a sus pensamientos le habló a su ocasional compañero en forma vehemente:  -Esto es algo que me lo vengo preguntando a cada rato y por más que mi empeño y conocimientos tratan de dar una respuesta lógica no la encuentro. Es algo que me tiene obsesionado. ¿Quién pudo traer estas enormes rocas, muchas de las cuales pesan más de cien toneladas? Ni siquiera hay indicios de que conocieran la rueda ¿Cómo podían tallar las figuras geométricas que podemos observar? ¿Cómo adquirieron conocimientos tan avanzados en astronomía como para poder hacer el calendario venusiano que hay tallado en la Puerta Del  Sol,  sin telescopios como los que hoy poseemos? Existen mil enigmas más que nos revelan una cultura enorme, fantástica. Realmente no puedo contestar a estas preguntas,  pese ha haber dedicado todos mis estudios a esta parte de la arqueología americana.
 El énfasis puesto por el científico al contestar no pareció turbar en lo más mínimo ni sorprender  al extranjero, que tomando su rostro hacia él, le dirigió una mirada afectuosa, acompañada de una sonrisa que realzaba la armonía de sus facciones y el color dorado casi rojizo de sus ojos.  Con voz suave de barítono respondió:  -Quien sabe yo pueda ayudarlo en algo a resolver este gran misterio que lo viene atormentando.
 Esta respuesta hizo que se fijara con más atención en su acompañante. Tenía un rostro casi bello,  conservando rasgos varoniles en una cabellera rubia, suave y ondulada. Recién se fijó en lo raro del color de sus ojos. Era la primera vez que contemplaba este color rojizo en un ser humano. No tenía nada de desagradable. Por el contrario, denotaban una profunda paz interior. Ese conjunto de rasgos, iluminado por la pálida luz de las estrellas, daba algo de fantástico en aquel ser.
 ¿Qué podía saber aquel ocasional visitante de las ruinas, que no supiera él, que se pasaba días, meses y años, estudiándolas? Pero subyugado por la tremenda personalidad que de él emanaba contestó:
  -Le ruego que me diga todo lo que sabe sobre este sitio.
 -Le voy a contar una historia que me fue relatada hace mucho y que despertó en mí un gran deseo de visitar estas milenarias ruinas. Motivo por el que me tiene a su lado.
 Tras una pausa comenzó su narración en esos términos:
  –Antes quiero aclararle, aunque le cause asombro, que vengo de un planeta situado en un sistema solar parecido al de ustedes a once años- luz.
 Esta afirmación y la forma completamente natural en que hablaba le causaron gracia y pensó que se hallaba ante algún hippie en uno de sus desvaríos por causa de alguna droga, de las muchas que usan en nuestros t tiempos. Pero decidió escucharlo, ya que su conversación y sus maneras eran tranquilas. En esta forma trataría de huir a la realidad que le había estado torturando todo este tiempo. Decidió acompañar a su interlocutor a su mundo de fantasías, además, era un tipo agradable aunque algo raro. Prosiguiendo su charla continuó:
 -Nuestro sol, al igual que el de su mundo pertenece a la Vía Láctea como la llaman sus astrónomos. Es una de las miles de las galaxias que existen en el universo que en realidad son soles de los cuales, muchísimos como los nuestros, están rodeados de mundo en los que se encuentra la vida en sus más variadas formas.  Como un tributo sempiterno al creador. Es una isla más en el infinito archipiélago del universo.
 Hace ya varios milenios nuestras naves siderales descubrieron éste su mundo de belleza magnífica, entonces habitado por seres sumamente primitivos que se debatían en oscura noche de su lenta evolución.
 Varios de nuestro exploradores decidieron quedarse a colonizarlo,  a fin de sacar a aquellos pobre seres de su semi- animalidad, para la cual pidieron  permiso a las inteligencias que gobiernan nuestro planeta.
 El permiso les fue concedido a condición de que lo hicieran con sus propios medios sin la enorme tecnología de que disponemos, ya que no se puede interrumpir la evolución paulatina a la que está destinado cada mundo de acuerdo a los espíritus que encarnan en sus habitantes, de ahí que fueron muy pocos los pioneros que quedaron con pequeños equipos sumamente indispensables para poder sobrevivir en medios tan hostiles, estos hombres y algunas mujeres excepcionales que se figaron una tarea tan altruista como la de ayudar a salir del completo caos moral a aquellos seres de espíritu tan poco evolucionados. Contaban también con sus poderes cerebrales, que se asocian directamente con los espirituales.
 De allí nacieron grandes civilizaciones como la Babilónica, Asiria, Sumeria, Egipcia y otras muchas de Asia y África; en América las Mayas, Tolteca, Marcahuasi, Tiahuanacota, Incaica y otras.
 Como le manifesté, quedaron muy pocos equipos, limitando sus medios técnicos, empleando más bien sus facultades paranormales, como las denominan hoy sus psicólogos y psiquiatras. Mediante a telepatía pudieron entenderse con los habitantes de este mundo, aprender sus lenguas rudimentarias y darles una idea de la palabra escrita y la gramática, en gran parte ayudados por algunos aparatos que conservaron y en otras por el poder de a psicoquinesia y empleando la levitación, lograron construir los gigantescos palacios y templos de las ciudades que fundaron; forjaron dinastías que fueron aleccionadas en los poderes mentales y espirituales que todo ser humano tiene según la perfección a la que lo lleve su evolución espiritual, poderes heredados de la gran Inteligencia por los hijos de su creación en todo el cosmos.
 El extraño acompañante hizo una pausa y se cruzó de brazos en espera de algún comentario de parte del arqueólogo, al que en verdad su narración le había interesado y, aún más, despertado su curiosidad. Lo invitó a proseguir, sin hacer ningún comentario.
 -Siga, le ruego que continúe.
 -Hace unos doce mil años en estas regiones donde ahora nos encontramos, el lago Titicaca llegaba hasta este lugar y en sus orillas vivían diseminadas algunas tribus de Collas y Aymarás en pequeños Ayllus (1), entre los gélidos vientos de las cordilleras, siempre cubiertas de nieve. Tenían adaptaciones biológicas que les permitían vivir en esta atmósfera enrarecida por falta de oxígeno, debido a la gran altura, grandes pulmones, tórax muy desarrollado, constitución robusta en cuyas venas circulaba un litro más de sangre y un millón de glóbulos rojos por  milímetro cubico saturado de oxigeno.. Era un pueblo de montañeses casi animales. Hasta hoy en día sus lejanos descendientes, que habían el altiplano de su país y el Perú, conservan estas características, que los diferencia de los hombres de la costa. No sabían labrar la tierra. A parte de los animales y peses que lograban cazar a golpes de piedra con sus Huaracas (2), se alimentaban de raíces y tubérculos de algunas plantas  y el cogollo de la Tórtora, de la cual también fabricaban sus chozas, mezclándola con barro. También se comían  a los cautivos o muertos del enemigo en las continuas contiendas que sostenían con los Ayllus vecinos. Adoraban cualquier cosa que les causara miedo o asombro. No tenían idea de la existencia e inmortalidad del espíritu.
 De vez en cuando interrumpía su relato para mirar hacia las estrellas, permaneciendo en silencio, para luego continuar:
 -Cierta noche de aquellas remotas épocas, un objeto brillante atravesó el firmamento. Se detuvo cerca de la orilla del lago, permaneciendo bastante tiempo inmóvil en el espacio. Aquella estrella llamó la atención de los aborígenes y cuando comenzó a bajar, produjo un tremendo pánico. Se deslizó hasta una colina próxima y se posó en ella.
 Se conmocionaron los habitantes de la zona. Algunos quedaron mirando asombrados, otros corrían a buscar refugio en sus chozas o entre  los peñascos de las inmediaciones. El espanto duró toda la noche. Por la mañana  asomaron caras curiosas entre las rocas y las chozas de la aldea.
 La estrella ya no resplandecía como de noche pero el sol a tocarla con sus primeros rayos, que también asomaban curiosos entre las colinas, hacía saltar destellos de su pulida superficie.
 Aquel extraño peñasco que era para sus mentes, al mediodía se abrió dejando paso a una pareja de deslumbrantes seres. Con pausado paso avanzaron hacia el Ayllu. En las mentes de aquellas gentes solo había una explicación, eran dioses bajando del cielo, desde sus refugios pudieron ver aquellos seres; eran macho y hembra, de gran estatura y de una belleza jamás vista por ellos. Sus cabellos eran rayos del mismo sol, su piel blanca como la nieve que cubría las jibas de la cordillera. De pronto sus rudos sentidos empezaron a percibir palabras suaves que les indicaban acercarse. Les decían que eran sus protectores, que venían a enseñarles una vida mejor.

 Después de este primer contacto telepático fueron poco a poco venciendo el miedo y la agresividad de aquellos feroces aborígenes. La pareja de cosmonautas estuvo ocupada algunos días en este acercamiento, para luego informar a sus superiores, que ya estaban listos a quedarse entre aquellas criaturas, con el fin de hacerles dar unos pasos en su evolución.
 El sacrificio de aquellos misioneros del cosmos se consumó al partir la nave hacia su mundo de origen. Quedaron casi sin medios técnicos, sólo con su bagaje de conocimientos, y la fuerza de sus nobles espíritus, aislados para siempre de su maravilloso mundo. Por propia voluntad. Prueba del infinito amor a sus semejantes.
Trabajaron arduamente, acomodando sus artes y ciencias al medio ambiente en que se hallaban y a la mentalidad de aquellas gentes a quienes tenían que sacar paulatinamente de su bestialidad.
De allí surgió esta gran civilización megalítica, gobernada por los descendientes de aquella pareja.
Reinaron por mucho tiempo, haciendo progresar enormemente aquella comarca. Pero con el correr de los siglos sus lejanos descendientes empezaron a retrogradar, contaminados por las bajas pasiones heredadas de la mezcla de sangre con los nativos, mezcla que fue imponiéndose poco a poco tomando mayor porcentaje. Emplearon sus poderes en fines mezquinos y egoístas, dominando a sus semejantes hasta esclavizarlos, agrupándose en castas privilegiadas. Este fue el principio del fin de esta y todas las grandes civilizaciones que hoy ustedes, los arqueólogos, no logran explicar. De dónde provienen y por qué desaparecieron en forma tan misteriosa. Es por esto también que los antropólogos no se dan idea de cómo y por qué la evolución de los cavernícolas pitecántropus es interrumpida y el Homo Sapiens en toda su plenitud aparece en África, Mesopotamia y América, hace miles de años, sin dejar rastro del eslabón, que hoy sus estudiosos llaman perdido. Como lo están comprobando hoy sus arqueólogos, antropólogos y paleontólogos.
-Dígame ¿de dónde sacó usted esas extraordinarias hipótesis? Que pensando bien, no salen de la lógica, aunque sean bastante fantásticas.
-Tengo que decirle que se basan en hechos estrictamente históricos de mi planeta.
Había pasado un largo tiempo desde que comenzaron aquella charla. El viento altiplánico arreciaba su melodía inmemorial entre los macollos de la paja brava, lamiendo con su gélido soplo las desnudas rocas de las ruinas; Tocaba su quena en triste caluyo ante los imperturbables oídos de los grandes monolitos, mudos testigos del remoto esplendor de aquella civilización perdida en el tiempo.
En las altas mesetas de Los Andes las temperaturas bajan rápidamente, a más de 0 grados, por lo que el frío se torna insoportable. Como si ambos interlocutores se hubieran puesto de acuerdo, se levantaron y el extraño hombre tendió la mano al arqueólogo, despidiéndose de la forma más simple.
-Adiós, amigo, y hasta siempre.
Y se alejó con paso ágil entre las moles de piedra del templo, dirigiéndose hacia la pirámide de Akapana.
Lo vio alejarse perdiéndose entre los negros pliegues del poncho de la noche. La inquieta luz de los vientos en los oídos, le repetía las palabras del extranjero. El frío le comenzó a hacer las orejas y la nariz, pero permaneció un largo rato sin moverse, parado, cavilando sobre las fantasías de aquel hippie. ¿Quién era?  ¿De dónde había salido? ¿Hacia dónde se dirigía a esas horas?. En estas meditaciones lo sorprendió una luminosidad que salía detrás de la pirámide. Lentamente emergió una forma discoidal de considerable tamaño, que semejaba una luna de metal pulido y brillante. Este singular objeto fue tomando altura a bastante velocidad, adentrándose en la profunda bóveda del infinito, hasta ser un astro más entre los millares que conforman la Vía Láctea.
La visión lo dejó perplejo. Una vez más se preguntó en aquella noche de raros acontecimientos ¿De dónde provenía aquel extraordinario aparato? De pronto se hizo la luz en su mente. Comprendió que ésta aparición estaba estrechamente relacionada con el visitante que le había hecha tan fantásticas revelaciones.
Había tenido un encuentro con uno de aquellos señores del espacio. Un “Viracocha” de las milenarias leyendas de los habitantes del altiplano andino.
Con la cabeza metida entre el cuello de su sacón se dirigió a paso lento hacia su carpa. Tenía las respuestas al enigma que siempre le presentó Tiahuanaco, hasta llegar a obsesionarlo. Pero ¿quién podía creerle y mucho menos comprender las revelaciones que le confío el ser con quien había hablado? Correría el riesgo de que lo tomaran por un paranoico, o quien sabe creerían que había usado alguna droga que le produjo alguna alteración mental, o que todo era producto del exceso de trabajo.
Aquel gran secreto quedaría entre él y los visitantes del espacio. La aventura que vivió sólo serviría para hacerle comprender que la humanidad tendría que abolir el exclusivismo para dar paso a una verdad innegable. Y es que existen muchos astros poblados por seres inteligentes, dotados por un espíritu inmortal y que Dios es el elemento vital del cosmos, que puebla de seres maravillosos el universo, para su eterna gloria.

(1)    Aldeas
(2)    Mondas