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sábado, 5 de julio de 2025

EL SECRETO DE LA CORDILLERA POR GUSTAVO FERNÁNDEZ

 

A 3.300 metros sobre el nivel del mar, y a exactamente 1.650 kilómetros de donde escribo estas líneas, en las estribaciones cordilleranas mendocinas durmió, Dios sabe por cuántos milenios, un secreto.

 Un secreto que nos habla de una ignota cultura Un enigma que susurra esplendores de alguna Edad Dorada americana.

 Hoy, sin embargo, el gigante dormido se desperezó, y en sueños murmuró, revelando algunas incógnitas y despertando otras.

 El comienzo de esta historia debe remontarse a un tórrido febrero de 1982. En ese entonces, mi buen amigo Alejandro Chionetti y yo discutíamos, casi a diario, aspectos que hacen a la arqueología americana, buscando en vano que ciertas piezas extrañas encajaran en el monstruoso rompecabezas que la Historia nos proponía. En una de esas charlas interminables de café (y aún no sabemos realmente cómo ocurrió) decidimos pasar al terreno de los hechos, para rectificar o ratificar nuestras teorías. Cambiando (¡una vez más!) el escritorio por la mochila, la lapicera por la pala y el machete, la corbata por el pañuelo al cuello empapado de sudor. 

 Nació así Operación Paititi.

  Operación Paititi es un proyecto del denominado Grupo Expedicionario Nous, integrado por especialistas en distintas ramas cuyo objetivo tiende a la concreción de exploraciones científicas que prueben o desmientan aquellos enigmas de raigambre popular que nos entroncan con una o varias civilizaciones, desaparecidas milenios atrás. 

Este proyecto, en particular, trata de probar la existencia de una mítica ciudad inca, conocida como “Paititi” (“Eldorado”, en dialecto machiganga, de los indígenas de la zona) perdida en la selva amazónica, en su sector peruano, conocido como el Estado Madre de Dios.

 Esta ciudad, entre Otros aspectos, es legendaria por ser el punto donde los incas fugitivos ocultaron el fabuloso tesoro del inca Atahualpa, aquél que cubrió una vez de oro y tres veces de plata una habitación de diez por seis metros, hasta donde alcanzara la altura de su brazo extendido, como pago de su propio rescate que el conquistador Pizarro tuvo la habilidad de exigirle, para luego asesinarlo impunemente.

 Paititi quizás tiene una relación, diríamos mística, sagrada, con refugios subterráneos ubicados a lo largo de la Cordillera de los Andes, de origen desconocido. Tal, el caso de la famosísima Caverna de Los Tayos, complejo de desconocida extensión con evidentes signos de habitabilidad y reacondicionamiento artificial.

 Asimismo, buscamos demostrar que el Tawantinsuyu, o Imperio Inca, es el sucedáneo material y espiritual de un poderoso horizonte cultural, llamado “Masma" que, refugiándose en las altas mesetas cordilleranas -quizás para escapar a catástrofes naturales (¿Diluvio?) u ocultarse de potenciales enemigos- dejaron huella de su paso -y de sus sorprendentes conocimientos- en la construcción, erección, transporte y trabajo de impresionantes megalitos, producto de un Época Dorada hoy sólo perpetuada en las leyendas de todo el mundo.

 Idas y venidas, necesidades logísticas y el eterno vaivén económico arrasó la esperada partida hasta mediados de 1983. Entretanto Chionetti y yo consumimos muchos esfuerzos en la selección del personal, equipamiento, contactos...

 Luego, vino el imprescindible entrenamiento. Con el inestimable apoyo de miembros de Gendarmería Nacional, comenzó la instrucción, teórica y práctica. Finalmente, tras la instrucción de selva, la montaña.

 Con tal propósito partimos hacia la provincia de Mendoza, decididos no sólo a continuar nuestra preparación, sino también a elucidar algunas preguntas. Una de ellas fue motivada por la publicación en un periódico de esta ciudad, cinco años atrás, de un sugestivo suelto, En él, se hacía referencia a una “supuesta ciudad perdida”, ubicada cerca del paso El Pehuenche, en plena Cordillera, avistada por algunos lugareños y desde el aire.

 Nada se había vuelto a escribir sobre la misma. Nadie había investigado el caso. Y había llegado la hora de hacerlo. 

 No hace al hecho comentar las dificultades atravesadas para localizar el origen del rumor. Centenares de kilómetros en todos los medios de transporte imaginables nos permitió arribar, en la mañana del 6 de enero de 1983, al pie de una desviada meseta, en un lugar conocido localmente como 'Invernada del Viejo”, 150 km. al sudoeste de la Ciudad mendocina de Malargúe, y a precisos 41 km. del punto donde los comentarios ubicarían al objeto de nuestros desvelos. 

 


Pocas horas después, tras despedirnos de los puesteros —únicos habitantes de la región— y de nuestros amigos de Gendarmería Nacional que hasta allí nos habían acompañado, comenzamos la ascensión. A las 19 horas decidimos instalar nuestro campamento, faltando aún seiscientos metros hasta la cumbre. Y en la mañana del siete de enero, nuestro grupo (el ya referido Chionetti, Marcelo Bernasconi y quien escribe) tocamos cumbre a las 9 de la mañana.  

 Era la primera vez que una expedición científica ascendía a la meseta. Era la primera vez que se lo hacía por su ladera SO, la más escarpada. Y, sin necesitar quizás de más, estábamos dentro de la primera veintena de personas que, desde que se guarda recuerdo, ascendió a la misma. 

  Un par de horas después, encontramos la “ciudad”. Primero, la decepción. E, inmediatamente, el asombro. 

  Todo se reducía a una formación laberíntica de rocas volcánicas sobre un inmenso mar de ceniza volcánica. Un paisaje realmente lunar. Recorriendo sus “'calles”, dentro de un perímetro de casi cuatro kilómetros, las sorpresas surgieron repentinamente: nuestra brújula —único medio de orientación en un laberinto cuyas “paredes”, de más de cuatro metros de altura y totalmente lisas, impedían sortearlas en escalada— enloqueció, indicando sensibles variaciones en la señalización de los puntos cardinales, así deambulábamos. 

  En consecuencia, y ya agotada nuestra provisión de agua —con cerca de 40 grados a la sombra— vagamos totalmente extraviados a lo largo de un día. La situación era preocupante. Escaldados por el sol, en principio insolados, los labios partidos y la garganta reducida de tanta sed, girábamos en desvariados círculos sobre un mismo punto. Ya desesperanzados, y avanzado el día, sólo la casualidad —una increíble y fortuita casualidad— hizo que encontráramos la salida y escapáramos con bien del difícil trance.   

 Anomalías magnéticas de origen desconocido. Eso había provocado la reacción inusual de la brújula a la cual habíamos confiado nuestros pasos. Un significativo laberinto (recuerden ustedes el valor iniciático de los laberintos en todas las grandes civilizaciones del pasado: khmers, celtas, cretenses, etcétera). Pero faltaba algo más.  

  A medida que el día transcurría y el sol describía su arco en el cielo, los efectos de luz y sombra hicieron que las formaciones rocosas resultaran extrañamente parecidas a las que podemos observar en la meseta de Marcahuasi, punto de origen o dispersión de la cultura Masma. Evidenciando avanzadísimos conocimientos de física y Óptica, los constructores y escultores masmas modelaron las rocas para que sólo a ciertas horas del día, ciertos días del año, rocas aparentemente informes tomen, ante nuestros ojos, nítidas y perfectas configuraciones antropomórficas y Zoomórficas.

 Algo similar, si bien sin tanta perfección, ocurre en lo que, desde ya, hemos denominado genéricamente “Meseta del Pueblo”; donde el paso del día descubre extrañas figuras en las rocas. El paisaje “lunar” a que hacía referencia, indudablemente contribuye en el efecto de conjunto. Al igual que en Marcahuasi, extrañas anomalías magnéticas. Al igual que en Marcahuasi, su disposición laberíntica. 


 El 8 y 9 de enero, el G. E. Nous trabajó en la llamada “Caverna de las Brujas”, en la localidad s Blancas, partido de Malargúe, estudiando los riquísimos yacimientos de fósiles de las proximidades, donde las piezas, de gran interés, se hallan a flor de tierra. En nada debe envidiar Bardas Blancas a la región de Ischigualasto, o Valle de la Luna, en la provincia de San Juan, yacimiento paleontológico de renombre mundial.

 En esta oportunidad, nos cupo descubrir dos puntos de interés, una oquedad, bautizada Por nosotros como la “Cueva del Andrógino" (y desafío a los lectores a descubrir el porqué de ese nombre) donde localizamos una "chimenea" ignorada por otros espeleólogos que la trabajaron en las cercanías y que parece penetrar verticalmente en el macizo montañoso. La falta de equipo adecuado impidió su investigación.

 Próxima, hallamos lo que denominamos “El Portal del Caballo”. Una extraña conformación, que semeja el cuello de un caballo o jirafa coronado por su testa, y que muy posiblemente obedezca a una manipulación artificiosa, indicaba el acceso a una caverna estrecha y alta en su entrada.  




 Un delgado desfiladero a su frente, con evidente aspecto de camino de acceso “ad hoc”, completaba el cuadro de concreta artificialidad del conjunto. Así, la presunción de que en la región algún pueblo desconocido había instalado sus refugios subterráneos, adquiere verosimilitud. 

 Dos inconvenientes, empero, malograron el intento de atacar ese punto: por un lado, un antiguo deslizamiento de tierra y piedras había cegado el extremo final del desfiladero, haciendo extremadamente difícil su intento. Además, promediando la aproximación, ráfagas de viento de más de 90 km/h golpearon en forma cruzada, obligándonos a regresar junto al precipicio de aproximadamente 300 metros de profundidad. La proximidad de la noche, la escasez de víveres y el haber detectado ofidios en los alrededores (habida cuenta de que carecíamos de suero antiofídico), impusieron el regreso, con vistas a próximos intentos. 


 Todo lo señalado demuestra que la actividad precolombina y tal vez prehistórica de hombres de avanzadísima cultura en el oeste de la República Argentina era mucho mayor de lo que hasta ahora se sostenía. Asimismo, estaríamos a las puertas de un descubrimiento sensacional: en contra de lo que afirma la arqueología ortodoxa, en nuestro país habría existido una civilización lo suficientemente avanzada como para realizar trabajos megalíticos. Quizás se trate de la penetración Masma hacia el sur. Una civilización emparentada con su simbología con las grandes de la Antigüedad.

 

Este capitulo pertenece al opúsculo Ovnis en el pasado argentino, del investigador Gustavo Fernández (q.e.p.d.). 


 

 

 

miércoles, 7 de abril de 2021

CUEVA MENDOCINA CONECTARÍA CON MUNDO INTRATERRESTRE Por SEBASTIAN ARANGUREN

Un ufólógo argentino que durante décadas profundizó en estudios sobre la posibilidad de mundos subterráneos que cobijarían bajo la faz de la tierra a civilizaciones desconocidas, aseguró que esa tematica abordada por investigaciones que combinaron tanto aspectos reales como legendarios, tiene en una cueva situada en Malargüe, al sur de la provincia de Mendoza, una de las tantas puertas que permitiría develar los misterios residentes en las entrañas del planeta.

  El investigador Javier Stagnaro ha dedicado más de 30 años de su vida a estudiar la realidad de los mundos que habitan en las cavidades de la tierra y que podrían explicar fenómenos y situaciones que hoy carecen de una respuesta definida, a partir que quienes habitarían esas profundidades podrían ser civilizaciones con mas de 250 mil anos de antigüedad. 

 Estos aportes forman parte de un libro próximo a editar por Stagnaro, en el cual vuelca sus conocimientos sobre el tema y ahonda en aspectos de una investigación que llevó a cabo junto con un grupo de estudiosos encaminados a comprobar si la Cueva de las Brujas, situada a unos 70 kilómetros de la ciudad mendocina de Malargue, foma parte de un cavernamiento mayor relacionado con otras galerías subterráneas en las cuales se asentarían otras civilizaciones.

 Stagnaro, cuyo libro llevará por título Austerria: los túneles de Agharta en América*, señaló a EXPEDIENTES SECRETOS que compilar su obra le llevó 36 años de estudios y otros 10 para volcar esa investigación por escrito, en la cual plantea lo que a su modo de ver son los testimonios directos que hacen referencia a los mundos subterráneos. 

 El trabajo de este investigador también especializado en el vinculo establecido entre armas ultrasecretas y los OVNIS, incorpora aportes de su búsqueda personal sobre las evidencias del mundo subterráneo, a lo que le añade elementos de la literatura universal, la mitologia, las leyendas y el folklore. 

 Uno de los puntos que Stagnaro no desdeña es, como manifestó, "los relatos de viajeros del siglo pasado y de exploradores y espeleólogos contemporáneos que aportaron información sobre el tema" en cuanto a búsqueda de aspectos concretos. 

Algo de historia 

"El Mundo Subterráneo en su calidad de continente habitado bajo nuestros suelos se encuentra arraigado en los mitos y leyendas de todos los pueblos, países o naciones a lo largo de toda la historia de la Humanidad", puntualizó Stagnaro. 
 El especialista manifestó que la relación con aspectos concretos de la realidad espacio temporal que nos toca vivir, difiere de la perspectiva de sus exploradores. Así -aseveró- mientras que para algunos todas las cavidades de la tierra que estudia la espeleología son formaciones naturales, otros sostienen -remarcó- que algunas de ellas son obra de civilizaciones desconocidas".
 La segunda de las teorías es la que, como apunta Stagnaro, es con la que comulgan exploradores y espeleólogos corno Juan Moricz o Julio Goyén Aguado, para quienes algunos de esos cavernamientos como los existentes en la región de Morona-Santiago, en la Cordillera Oriental del Cóndor, en Ecuador. "han sido trabajadas por una civilización desconocida con una antiguedad de 250 mil años".
 Para Stagnaro, "la relación inmediata de estas aseveraciones la vamos a encontrar en la mitología sumeria, cuyos dioses que se remontan a 450 mil años, se contactaron con Moricz contándole sus mitos y cosmogonias y como vinieron a la Tierra y se instalaron en el mundo subterráneo donde construyeron sus refugios, más precisamente en la llamada Cueva de los Tayos, allí en Ecuador"

Ramal Malargüe 

 La especulación de Moricz y Goyén Aguado se centró así a que como ocurría en ese punto del continente, una red profunda de galerías se entrelaza por debajo de la Cordillera do los Andes, extendiendo por todo Sudamérica la posibilidad de un hábitat para civilizaciones que no tuvieran necesariamente que ver con la humana.
  En 1987, luego de haber ingresado al Centro Argentino de Espeleología (CAE), del que era presidente precisamente Goyén Aguado, Stagnaro participó de una expedición a la Cueva de las Brujas, en Bardas Blancas, Malargüe, donde realizaron un amplio relevamiento de la zona. 
 "De esa expedición participamos junio a Goyén Aguado unas treinta personas y estuvirnos diez días investigando las cuevas de la zona. En aquel entonces -rememoró-la Cueva de las Brujas sólo había sido topografiada por el CAE en un tramo de un kilómetro y medio y se pensaba que podía tener algo así corno diez kilómetros de extensión.
 En su interpretación, la Cueva de las Brujas es hasta el momento "el cavernamiento más importante del país" y del cual, especificó, "no se puede decir con certeza si está o no conectada con la red de galerías subterráneas señaladas por Moricz y que existirían bajo la Cordillera de los Andes".
  "Es cierto que no se ha podido tener mayores precisiones en torno a las conexiones posibles o no de la Cueva de las Brujas con ese encadenamiento referido por Moricz -subrayó Stagnaro- pero si bien las investigaciones del CAE no lograron desentrañar la cuestión, Goyén Aguado creía firmemente en esa posibilidad". La de una entrada al mundo subterráneo por Malargue.

 REYES Y TALLERES DE OVNIS EN LAS PROFUNDIDADES DELA TIERRA

"Las creencias religiosas en torno a un mundo subterráneo en la India, Tíbet, Nepal, China y Afganistán son tan reales como las de los occidentales sobre la existencia de Jesucristo. O sea indiscutible". Así lo detalló Javier Stagnaro a EXPEDIENTES SECRETOS y recordó que en el país quienes oportunamente abordaron esas teorías fueron Fabio Zerpa y Héctor Antonio Picco.
  Stagnaro también subrayó que para Juan Moricz la civilización subterránea que había descubierto contaba "con talleres en donde se construían naves o vehículos que corresponderían con lo que llamamos comúnmente OVNIS y que tal vez seria más apropiado designar como platos voladores". 
 En ese sentido, apuntó que una de las obras que dio a conocer la relación del mundo subterráneo con los Ovnis fue "La Tierra Hueca", de Raymond Bernard, y puntualizó: en "Bestias, hombres y dioses", Ferdinand Ossendowski hizo mención en 1924 al reino subterráneo de Agarthi, donde según ese habita el rey del Mundo. 

Un Indiana Jones detrás de misteriosa civilización

Sin duda, la historia del húngaro nacionalizado argentino Juan Moricz, amerite un abordaje particular si de la investigación de los mundos subterráneos se trata. De hecho y como lo reconoce el propio Javier Slagnaro, en el investigador de origen europeo residen aspectos que permiten asociarlo con Indiana Jones, el personaje cinematográfico creado por el director de cine estadounidense George Lucas. 
 Muy lejos de Hollywood, Moricz defendía la teoría que bajo la tierra existía una humanidad más evolucionada de la que habita en la superficie, sobre lodo en lo tecnológico, a la cual había tenido la posibilidad de contactar en las profundidades do la Arnazonia ecuatoriana, donde según sus testimonios, dio con una extraordinaria biblioteca capaz de revelar los secretos intraterrestres.
  Las investigaciones de Moricz lo habían  Ilevado a la selva ecuatoriana, más precisamente al nudo georgiano de toda esta cuestión: una entrada al mundo subterráneo que existiría en la llamada Cueva de los Tayos, caverna a la que visitó en más de una oportunidad en la segunda parte de la década del sesenta, en algunas de ellas acompañado por Goyén Aguado. 
 El supuesto hallazgo que había conmocionado a Moricz era, como quedó dicho, el de una biblioteca que atesoraba placas metálicas escritas con caracteres ideográficos, que daban una versión distinta de acontecimientos ocurridos en la humanidad según la interpretación y el relato procedente de esa civilización hoy por hoy desconocida. 

 Humanoides intraterrestres

  De acuerdo a lo que habla recabado, las redes que enlazan todo el mundo subterráneo que se expande bajo Sudamérica, eran parte de la obra de esos seres superiores dispuestos a prestar ayuda a la humanidad terrestre.
  El investigador consideraba que la Cueva de los Tayos era una de las entradas a ese mundo Intraterrestre en el que habitaban humanoides que habían llegado hacía milenios y que encanaban una especie del tipo humano, pero superior.
  Sin embargo, Moricz no fue parte de la mayor expedición realizada en 1976 a la Cueva de los Tayos -nombre que recibe de unos extraños pájaros que moran en su interior considerados como auténticos fósiles vivientes- aunque si Goyén Aguado, quien ofició como guía del investigador a cargo, el escocés Stanley Hall. 
 La expedición tuvo unos setenta integrantes, 30 de ellos militares británicos, otros 20 soldados ecuatorianos y decenas de biólogos, médicos y arqueólogos en los que sobresalía un integrante singular: el astronauta Neil Armstrong, quien ocho años antes había sido el primer hombre en pisar la Luna.   Quizás por respetar la ausencia Moricz que no se puso de acuerdo con Hall en torno al espíritu y liderazgo de la misión, Goyén Aguado no llevó a los expedicionarios hasta la biblioteca intraterrestre. No obstante, la búsqueda de los expedicionarios les permitió hallar en las profundidades un gran lago habitado por peces ciegos y arañas gigantes entre miles de serpientes, hubieran erizado la piel del propio Indiana Jones. 

*El libro se puede adquirir solicitándolo en el blog o Facebook de Pablo Basterrechea

Este artículo fue publicado en Diario Popular de Buenos Aires, el Domingo 27 de Febrero de 2011

Julio Goyén Aguado en la Caverna de Las Brujas (foto Gustavo Cavallo)






Julio Goyén Aguado junto a Javier Stagnaro (expedición al volcán LLullaillaco)


Javier Stagnaro explorando una cueva del sur argentino


Juan Moricz y Julio Goyén Aguado en la Amazonia ecuatoriana



martes, 30 de diciembre de 2014

LA CAVERNA DE LAS BRUJAS, CIENCIA, MISTERIOS Y ALGO MÁS...

“Sí, a la Caverna de Las Brujas puede ir, allí hay buenas energías, energías positivas”. Siempre me pregunté qué quiso decir el gran espeleólogo vasco-argentino Julio Goyén Aguado (1941 -1999) a una espeleóloga que conocí, quien me refirió este comentario.
 En el extremo sur de la provincia de Mendoza, se encuentran bajo el cerro Moncol una serie de profundas galerías formadas a través de millones de años. Cuentan las leyendas, que su nombre (de Las Brujas) se originó en las ceremonias y danzas que hacían en sus oquedades, los nativos de la región, cuando los fuegos de las hogueras  provocaban sombras similares a seres tenebrosos o brujas en sus rocosas paredes. Otro relato nos dice que dos mujeres cautivas, escaparon de una tribu y se refugiaron en la caverna y que en una oportunidad los pobladores vieron salir de esa cavidad dos grandes lechuzas, suponiendo que estas mujeres se habían convertido en aves para escapar. Luego, comenzaron a verse también dos mujeres sucias y andrajosas que al anochecer salían y volvían a ingresar en la cueva.
 Parece ser que lo misterioso y paranormal nunca abandonó esos túneles.
Goyén Aguado y un compañero explorando La Caverna de las Brujas
Regresando a
Julio Goyén Aguado, la licenciada Bettina Allen -discípula del famoso explorador de las también famosas Cuevas de los Tayos, Juan Móricz-, nos cuenta que en la década de los ’70, fue testigo del comentario de G. Aguado, refiriéndose a una experiencia que él vivió junto a un compañero en  una sala de la Caverna de las Brujas: creyeron entrever, fusionado con las ambiguas y sobrecogedoras sombras, en esas tinieblas sin fin, una silueta con forma de gota de lluvia (así lo describió Goyén). Experiencia que, según ellos, les transmitió una sensación de paz. Podría decirse que Goyén Aguado, con más de 80 expediciones a Las Brujas, y su equipo, fueron  prácticamente los primeros en explorar e investigar esas oscuridades. Este célebre espeleólogo, creía que la Caverna de las Brujas, con sus inexplorados y laberínticos túneles, comunicaría, a través de la Cordillera de los Andes, con las cavernas ecuatorianas llamadas de Los Tayos, donde en sus más misteriosas profundidades, habitaron (o habitan actualmente) alguna desconocida civilización pre-diluviana. Otra experiencia hasta ahora inexplicable en esta caverna, nos la refiere el investigador y miembro del centro de investigación de Julio Goyén Aguado, Javier Stagnaro, en su libro Austerria, Los Túneles de Agharta en América (pág.87).
 En una exploración (1990) en la que participó con varios científicos y con G. Aguado como director, ocurrió que a todos a la vez se les quemo las lámparas de sus respectivas linternas, a tal punto que Goyén tuvo que soltar la suya por el calor que esta despedía; Javier Stagnaro dice que las explicaciones esgrimidas por los científicos no lograron convencer a todos los allí reunidos.  Otro relato, estremecedor por cierto, es narrado por el destacado investigador Gustavo Fernández: una noche, junto con dos acompañantes, pernoctando en la caverna, soñó con dos entidades humanoides de largos cabellos blancos, con vestimentas pálidas, que desde el fondo de esa sombría sala les ordenaban que se retirasen, y a la siguiente noche tuvieron que abandonar la caverna porque empezaron a escuchar "voces, susurros, gemidos y pasos" que se acercaban desde el fondo de esas oquedades…
 Como detalle curioso si se quiere, hay en una de las paredes, de una de sus incontables galerías, una figura que es llamada “la máscara de la bruja”.  El ya nombrado investigador Javier Stagnaro nos pregunta risueñamente, si en realidad dicha figura no se parece más a “un gris”, el estereotipo del ser alienígena.

Más allá de los enigmas que demuestra poseer La caverna de las Brujas, se han realizado a través de los años, en este cavernamiento, dos interesantes experimentos, llevados a cabo  por el Centro Argentino de Espeleológia (CAE) de Julio Goyén Aguado. Consistían las experiencias, en estudiar el comportamiento  psíquico y físico de un ser humano, habitando por varios días en el interior de la caverna. El primero tuvo lugar en el año 1974 con el espeleólogo Flavio Riverti como protagonista, quien se estableció por cinco días en su interior. El segundo ensayo, ya en el año 1981, fue experimentado por otro miembro del CAE, Carlos Benedetto, viviendo sin compañía, quince días en esta famosa caverna.
G. Aguado y miembros del CAE en Las Brujas

 Para ilustrar y completar estas investigaciones, presentamos este video, elaborado por el documentalista Andy Pruna y el Centro Argentino de Espeleología, recreando ficcionalmente las experimentaciones científicas de habitabilidad en la Caverna. Esta filmación corresponde a la década de los '80 y nos es presentada gracias a la encomiable labor de Javier Stagnaro.


Fuentes:
-Archivo Javier Stagnaro
-Canal de Youtube: Centro de Armonización Integral
-Youtube: Programa En el camino, ruta 40 Malargue, Mendoza (TN)